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dimecres, de març 04, 2009

LA BASURA ES NUESTRO ZEITGEIST

Podría decir que lo encontré entre las páginas de un libro mientras ordenaba la librería de mi hermano mayor, después de su trágica muerte en un accidente de avión en navidades. Podría decir que estaba en casa de mi abuela, traspapelado en un cajón. Que lo he descubierto cubierto de tierra, entre los restos de la demolición de un antiguo colegio femenino de mi pueblo. Incluso, que le hacía compañía a unas bolsas de basura al lado del contenedor.

Pero no. Ni tengo hermano mayor, ni conozco a ningún fallecido por accidente aéreo, ni creo tener ya nada en los cajones de mi abuela. Pero sí encontré una vez un billete antiguo de algún país europeo entre las ruinas de la demolición de un colegio femenino, y mi madre trajo a casa un día una colección de vinilos rescatados de un contenedor.

Lo cierto es que en algún momento del verano pasado, puede que en agosto, al principio de un bloqueo creativo de meses, me dio por revisar un poco el armario para ver si todavía podía tirar algo. De vez en cuando me da por ahí. Aunque parezca mentira, aunque otros puedan tomar por basura algunas de mis pertenencias, mi condición de coleccionista de cómics me ha llevado a desarrollar la capacidad de distribución espacial hasta tal extremo, que consigo el aprovechamiento óptimo de las cuatro dimensiones de nuestro continuo -doy fe, además, de que esta habilidad no es heredada. Según se multiplican los volúmenes de papel grapado o encolado, me veo obligado a abrir grietas en el plano de la realidad e insertar allí, en las nuevas oquedades resultantes, las cada vez más escasas y meditadas adquisiciones.

En esas estaba yo cuando me encontré con esto:

El envoltorio de un producto de Matutano de hace doce años, seguramente expulsado -vomitado, diría yo- a causa de las eternas disputas de coordenadas. Ya ves, por un lado crees que has escontrado sitio para un libro más y por otro se te reaparece un paquete de Matutano de cuando el reestreno de la trilogía de Star Wars. Mi primer impulso fue escanearlo y tirarlo, pero por alguna razón lo he tenido a la vista todos estos meses, cubriéndose de polvo y recibiendo un baño intermitente de luz solar. Casi de inmediato descarté venderlo por Internet debido a los problemas que conlleva (seguro que acababa perdiendo dinero) y porque me sentiría culpable si me lo comprara un pobre diablo. Un amigo me informó hace poco -hay que ver de lo que se entera uno- de que Matutano ya no existía y he decidido que el envoltorio duerma el sueño de los justos aplanándose entre las páginas de un libro.

A buen seguro, este paquete no fue el único que me comí entonces. Guardé, por alguna razón, lo que estaba destinado a convertirse en basura segundos o minutos después de ser consumido. Ahora, el poder sostener esta lámina de plástico en mis manos me lleva a preguntarme cuánto tiempo debe pasar hasta que un desperdicio se transforma en un objeto rebosante de información sobre la sociedad que lo ha producido. O cuánto hasta que pueda volver al mercado revestido de un aura vintage. O cuánto más hasta que se convierta, incluso, en una obra de arte.

Millones de cuestiones similares yacen bajo otros millones más en millones de vertederos en todo el mundo, esperando no ser aireadas jamás por un arqueólogo. No; el destino de los excrementos es ser excavados por la Gran Lombrith. Su mensaje desvela que la información desaparecerá bajo toneladas de residuos de la sociedad de consumo, y la inteligencia que todavía sobreviva mantendrá alejado a cualquiera de los focos de esta civilización.

diumenge, de desembre 21, 2008

CONSTELACIONES Y PALOMITAS

En agosto, durante la lectura de La conspiración de Cristo, se me encendió una bombillita y relacioné dos ideas. Por una parte, la relevancia que los pueblos de la antigüedad otorgaban a las constelaciones y, por otra, la difusión e implantación de las que han disfrutado el cine y otros medios audiovisuales a lo largo del siglo XX y lo que llevamos de XXI. Hallé una conexión, no sé si ya propuesta por otros o cogida por los pelos, que explica nuestra obsesión por las imágenes en movimiento como algo más allá del gusto por las narraciones o el fruto de un desarrollo tecnológico. Es posible que me haya pasado, pero el peso de los aspectos comunes me lleva a intentar plasmar por escrito esta teoría y permitir que sea juzgada.

Aunque no lo parezca, las noches son muy oscuras. Esta afirmación tan tonta en realidad no es ninguna tontería. La oscuridad no es una calle mal iluminada, algo que siglo y pico de corriente alterna casi nos ha hecho olvidar. Hace milenios, la luz se ceñía a la duración del día y, de la misma manera que el Sol gobernaba el calendario, en las noches sin Luna eran las estrellas las que atraían la atención del ser humano. Y no vayáis a pensar de ningún modo que prestaban al cielo nocturno la misma atención que podemos dedicar ahora a seguir los diálogos de un episodio cualquiera de The West Wing. Nada de eso. De ninguna manera. Decir que observaban y atendían a las estrellas es quedarse muy corto. Se desvivían por ellas como si les fuera la vida en ello.

Los antiguos bautizaron los astros y, de acuerdo con la ley de la Gestalt de la proximidad, agruparon en constelaciones aquellos puntos luminosos, imaginando siluetas increíbles, transformando éstas en personajes fantásticos y convirtiendo a estos últimos en protagonistas de las tramas más inverosímiles. Convertidas en narraciones, fueron ya fácilmente memorizadas y asimiladas.

Éste era el tipo de pensamientos que me abordaban mientras devoraba el libro de Acharya. Imaginaba a nuestros antepasados, a la caída del Sol, reunidos en grupos, alzar la vista y convertirse en espectadores del mismo drama al que habían asistido la noche anterior y al que asistirían la noche siguiente. Protagonizado por unos personajes que se alzaban tras el horizonte y desfilaban por la bóveda celeste para volverse a ocultar. La obra se repetía con ligeras variaciones cada noche, hasta el punto de que algunos personajes sólo intervenían (eran visibles) algunos meses del año.

En este punto conviene recordar un interesante párrafo que leí hace años para compartir con vosotros otro antecedente antes de dar el próximo paso:

«A 24 fotogramas por segundo, una película proyectada avanza un fotograma cada 42 milisegundos. (Un milisegundo es una milésima de segundo.) Puesto que el obturador interrumpe el haz de luz del proyector dos veces, en realidad cada fotograma se muestra tres veces durante ese intervalo de 42 milisegundos. Cada una de las exposiciones está en la pantalla durante 8,5 milisegundos, con 5,4 milisegundos en negro entre cada una. En una película que dura 100 minutos, ¡el público está sentado en absoluta oscuridad durante casi cuarenta minutos! Sin embargo, no percibimos estos breves intervalos de oscuridad debido a los procesos de fusión crítica de parpadeo y de movimiento aparente dentro de nuestro sistema visual». [David Bordwell y Kristin Thompson en El arte cinematográfico. Una introducción (Paidós, 1995), p. 31].

Se me ocurrió, pues, que eso de sentarse dentro de una sala oscura guardaba alguna relación con el antiguo ritual de observar el firmamento. Así, del mismo modo que nuestros antepasados contemplaban las constelaciones en el cielo nocturno, los espectadores de cine actuales gustan de embebecerse con las intervenciones de sus particulares «estrellas del celuloide», formas de luz que aparecen y desaparecen ante sus ojos, que interpretan dramas parecidos pero no iguales proyectados sobre una pantalla cóncava. Preferentemente, de noche.

A este respecto, siempre me ha parecido curioso lo extraño que resulta ir al cine de día. En abril de 1997, por ejemplo, asistí con mi hermano a una sesión vespertina de El retorno del Jedi en los cines Cristina de Gandia. Cuando salimos a la calle, me chocó que todavía hubiera luz. Era como si pensara: «No puede ser. Si hace sólo un momento era de noche».

Creo que añado un elemento más a la comparación si recuerdo que, de la misma manera que «ir a ver las estrellas» se considera un plan romántico, no deja de sorprender el hecho de que la asistencia a una sala de cine se convirtiera durante el siglo XX en un ritual iniciático para toda nueva pareja.

He estado meditando todo esto desde agosto y no me parece del todo descabellado que, cuando empezó a extenderse la luz eléctrica en el siglo XIX, al mismo tiempo que iluminaban la oscuridad y, de paso, borraban el cielo, diferentes hombres en varios países sintieran la pulsión de recrear a pequeña escala esa danza de estrellas, ocultas por el resplandor artificial de las ciudades, sirviéndose de la misma energía que las había hecho desaparecer de nuestras noches. Inventaron de este modo el cinematógrafo, un mecanismo basado en la luz y en la oscuridad, en la rotación y en el parpadeo, que necesita del procesado de la mente humana para crear la ilusión de personajes que entran y salen del campo de visión, o aparecen y desaparecen de las escenas que conforman una trama.

Los humanos actuales hemos aceptado de forma masiva esa reinterpretación del milenario ritual porque la noche y las estrellas son la religión más antigua y poderosa de todas. No la hemos abandonado jamás y ahora, transformada en entretenimiento, sigue condicionando nuestra existencia como si nos fuera la vida en ello.

Por todo lo anterior, feliz Solsticio de Invierno a todo el mundo.

dilluns, de desembre 24, 2007

P'HABERNOS MATAO

Por alguna razón (fascinación por la aeronáutica, por el espacio aéreo, o por la tecnología y el espacio en general), en el siglo XX se estableció que el héroe moderno debía sobrevivir a un accidente de aviación en su primera aventura.

Alex Raymond procuró que Flash Gordon hiciera lo propio en su primera aparición el 7 de enero de 1934. Debió gustar tanto de la experiencia que repitió en la segunda dominical:

(las rocas de Mongo deben estar acolchadas, digo yo)

Por aquellos años, Jerry Siegel y Joe Shuster crearon a su Superman y, tras llamar a muchas puertas, en 1938 Detective Comics (DC) estrenó la cabecera Action Comics con su héroe en portada. De forma un tanto cutre, los autores resolvieron el origen del personaje en dos viñetas de la primera página. En dos patás, vamos. Años después, otros dibujantes añadirían más detalles al mito. En estas dos viñetas de Curt Swan de 1973, Jonathan y Martha Kent hallan en la cuneta la cápsula que contiene a Kal-El.

(más que un accidente, esto es un suave aterrizaje)

John Byrne modificó un poquirritín el momento en The Man of Steel #1 (X-1986):
(aquí tenemos ya la explosión del impacto y un boquete)

Ciñéndose a la tradición, Jack Kirby y Stan Lee no quisieron ser menos cuando crearon el argumento del origen de los Cuatro Fantásticos, en 1961:

(chocan contra el suelo dando tumbos y me salen enteritos, oiga)

En 2004, los de Lost repitieron la jugada:

(ni un rasguño, como quien dice)

Si hasta ahora hemos asistido repetidamente al surgimiento de los héroes tras sobrevivir éstos a un accidente de aviación, el primer año del siglo XXI trasladó la fórmula desde la ficción a la realidad con un "accidente" televisado en directo.

Tenemos el avión que se estrella. ¿Y los héroes? También. Y en pantalla. Si bien es cierto que desde antiguo se han adaptado al cine los superhéroes de cómic, también lo es el boom que ha experimentado el género esta década desde el 11-S:

-Blade II (marzo 2002)
-Spider-Man (mayo 2002)
-Daredevil (febrero 2003)
-X2: X-Men United (abril 2003)
-Hulk (junio 2003)
-Hellboy (marzo 2004)
-The Punisher (abril 2004)
-Spider-Man 2 (junio 2004)
-Blade:Trinity (diciembre 2004)
-Elektra (enero 2005)
-Man-Thing (abril 2005)
-Batman Begins (junio 2005)
-Fantastic Four (julio 2005)
-X-Men: The Last Stand (mayo 2006)
-Superman Returns (junio 2006)
-Ghost Rider (febrero 2007)
-Spider-Man 3 (abril 2007)
-Fantastic Four: Rise of the Silver Surfer (junio 2007)

Eso hasta ahora (por suerte no he visto ni la mitad, y seguro que me he dejado alguna). Para el año que viene: Iron Man (abril 2008), The Incredible Hulk (junio 2008), The Dark Knight (julio 2008), The Punisher: War Zone (septiembre 2008) y espero que ninguna más. Aparte, en la agenda de Marvel Studios hay una docena larga de proyectos más para los próximos años, como si quisieran sacar tajada de cada personaje de la editorial.

Por alguna razón, el siglo XXI ha ratificado el esquema "accidente de aviación-surgimiento del héroe"; con una notable variación: del clima creado por un accidente real televisado (hecho ficción, hecho mito) ha surgido en pocos años una legión de películas de superhéroes. Los personajes serán ficción, pero la invasión de las salas es muy real. Y yo sigo preguntándome: ¿de qué han venido a protegernos?

dissabte, de desembre 15, 2007

BUSCARON Y SE PERDIERON

Tener un contador no sólo sirve para saber cuánta gente pasa por el blog sin dejar ni un mísero comentario (claro que para comentar hay que leer el post -o no). Desde la sección "cómo llegan los usuarios a mi sitio", apartado "a través de qué enlace", empecé a copiar hace un par de meses las palabras y frases que la gente introduce en los buscadores antes de naufragar en este blog y, de tanto en tanto, cuando me acuerdo, he seguido haciéndolo.

Primeras y precipitadas conclusiones: 1) la gente busca cosas muy raras; 2) es muy posible que muchos de esos 10-15 visitantes diarios vengan a través de los buscadores y que el número de seguidores fetén no pase de cinco, si es que llega a uno.

Aquí la lista (iba a dejar las palabras según parece que fueron escritas, pero al final he optado por corregir la mayoría):

-cinto ernia. [Mi abuelo tiene un par].

-imágenes de la biblioteca mejor equipada de Alemania.

-caricaturas lombriz.

-estreno película Déjate caer. [Parece que este año se ha rodado una película que se llama igual que el blog. Se estrena en febrero: si es mala igual les demando]. Variaciones: película Dejate caer / Déjate caer película / Déjate caer film crítica.

-tranvías de vapor vikipedia.

-qué es el narrowcasting.

-MYWAY ANDNOW SID QUEER. [Separar las palabras suele funcionar para encontrar algo].

-génesis del número en el niño? [¿Mande lo qué?].

-relojes digitales en andenes de estaciones. [Pero no en todas].

-PELÍCULAS BÉLICAS GRATIS.

-fumetto.

-despelotadas / chicas despelotadas. [¿Cuándo he escrito yo sobre esto?].

-caso hipotético.

-packager Planeta. [A ver si pronto recupero este tema].

-etimología de juicio.

-DÍA DE LA RAZA.

-paredes grafiteadas.

-caminar en barras paralelas.

-Jungle Julia.

-películas parecidas a Zodiac.

-la película, yo fui testigo de un crimen. [¿Y esto? ¿Qué debo haber escrito para que me llegue alguien con esto?].

-etimología números cardinales.

-Alberto San Juan.

-SONIDOS ATURDIDORES. [Ni que yo fuera Klaw, el amo del sonido].

-ejemplo de justicia.

-números cardinales en catalán. [Aquesta és fàcil: un, dos, tres, quatre, cinc, sis, set vuit, nou, deu].

-Bartleby. [Un cuento muy recomendable].

-etimológicamente significado de senador.

-dibujantes de Los Vengadores.

-salía Helen. [No sé quién será].

-Alex Raymond.

-Pato Donald ducha. [La verdad, hay desviaciones para todos los gustos. Y no, tampoco recuerdo haber escrito sobre eso].

-Álex Faúndez. [Qué grande].

-Darmstadt Karlshof 2005 fotos. [Ais...].

-folio plastificado para camillas. [No sé a qué se puede referir].

-cuántos meses dura el embarazo de una vaca. [De 276 a 290 días, esto es, unos veinte días más que los nuestros, o los de nuestras hembras. Bueno, mías no].

-etimología números.

-TSHA, TSHA: 2005-06,TSHA ejemplos de justicia. [Hay que ver la cantidad de cosas diferentes que puede significar TSHA].

-etimología del número 10.

-concepto líneas circulares.

-revista de cine Imágenes. [Entre las que informan del cine comercial, la única que vale la pena].

-genérico cabecera. [¿Veis como no me invento las palabras?]

-qué es un casos hipotéticos.

-set etimología.

-historia de la deriva continental.

-pronunciación fe [sic] los números en alemán.

-qué es el espíritu científico.

-a prueba de muerte.

-qué es un caso hipotético.

-folletos gratis.

-gun shop [...y ponía algo más, pero no lo entendí].

-1 episodio Gominolas. [Si dispones de media hora larga, mírate el primero, pero olvida el resto hasta dentro de un tiempo].

-comparación entre Fotogramas y Cinemanía. [Hace ya mucho que dejé de seguir tanto una como otra].

-destino de los soldados nazis. [Interesante. De la historia de los soldados no sé nada, pero muchos de la Gestapo acabarían en la policía alemana (no sé de qué se extrañaron cuando se supo este año: después de todo, eran gente con experiencia, y los escrúpulos no son necesarios), y otros tantos científicos nazis fueron rescatados por los EEUU a través de la Operación Paperclip, entre ellos, Wernher von Braun, constructor del cohete Saturn V del Programa Apollo de la NASA, y algún que otro de esos médicos que gustaban de experimentar con humanos. Por supuesto, toda esa información convierte los juicios de Núremberg en una farsa].

-vender Crisis Infinitas Zinco. [Lo siento, pero ya tengo la edición de Norma y es un truño que no quiero tener repe ni regalado].

-5 ejemplos de justicia. [Alguno habrá, digo yo].

-etimología de los números. [Este tema interesa a más gente de lo que yo pensaba].

-Gominolas personajes.

-diseños con las letras ZP.

-dibujos de pobres chabolas y animales. [Debe ser algún niño que buscaba ahorrarse un trabajo del colegio].

RESUMEN: el público reclama que escriba sobre justicia, etimología y casos hipotéticos. Tras meditarlo medio segundo, no creo que tal cosa suceda.

[¡Oh, cuán retorcido soy! Les acabo de colar un post compuesto de palabras que no son mías y que, a buen seguro, gracias a colocar todas juntas aquellas de mayor éxito, ¡catapultarán este blog a cotas de chorrocientas visitas diarias! ¡¡Será recordado como mi Sankara particular!!].

dijous, d’octubre 04, 2007

LA GUERRA ZETA-YPSILON

Es que... casi tres semanas sin Internet y tenían que coincidir con el tiempo en que ha podido verse en el youtube el documental de Steve Ditko. Asco de vida. Ahora que contamos con router nuevo, volvamos a la carga.

Se me ocurrió hace tiempo. Me di cuenta de que todos los presidentes electos de la democracia (o lo que sea que tenemos) cuentan con una Z en ambos apellidos. Aquí la lista:

1. Adolfo SuáreZ GonzáleZ (1976-1981)
2. Leopoldo Calvo Sotelo (1981-1982)
3. Felipe GonzáleZ MárqueZ (1982-1996)
4. José María Alfredo AZnar LópeZ (1996-2004)
5. José Luis RodrígueZ Zapatero (2004-)

(Calvo Sotelo no cuenta porque no salió de unas elecciones generales).

Me resulta curioso. Primero porque en mi familia no hay apellidos con zeta, y a primera vista me parece que no abundan tampoco entre los apellidos valencianos (sí, por supuesto, en los traídos por los castellanos).

Estadísticamente, supongo que en España habrá muchísimos patronímicos con la terminación -ez, y que no debe ser tan raro que los presidentes cuenten con esa letra en sus apellidos (¿pero todos?). Por otra parte, me gusta imaginar que existe algún tipo de regla en nuestra lista de presidentes, que los jefes de gobierno pertenecen a una oscura y atávica organización parecida a un "club de los presidentes" o incluso a un hipotético "club de los Zetas", con lemas como «los últimos serán los primeros», «¡vivan los Zetas!», «¡Zetas al poder!», «¡Zetas, reuníos!», «rezeteando el mundo desde 1976», «¡Heil, Zeta! ¡Borra una Zeta y otras dos ocuparán su lugar!»... o cualquiera que se os ocurra. Al menos a mí, me tranquiliza pensar que Mariano RajoY BreY no forma parte de este grupo y por eso jamás gobernará. (A no ser, claro, que el "club Ypsilon" conspire en la sombra para derrocar a los Zetas). En cambio, el tantas veces alejado por los suyos del camino a la Moncloa Alberto RuiZ-Gallardón JiméneZ sí formaría parte de él (sí, Gallardón no es el segundo, aunque lo parezca).

La respuesta, dentro de unos meses o de unos años.

PD: por cierto que Eduardo Zaplana HernándeZ-Soro también entra dentro de esta quiniela. ¿Casualidad? Miedo me da.

dissabte, d’agost 25, 2007

LAS PELÍCULAS ENGAÑAN, PERO NO MIENTEN

Esta semana he ido a ver El ultimátum de Bourne. Aparte de comentar que por primera vez los distribuidores españoles han acertado con el título (a saber: The Bourne Identity la estrenaron como El caso Bourne y The Bourne Supremacy como El mito de Bourne; es destacable que cada título original ha buscado una palabra con una más evidente procedencia latina que el anterior, imagino que para ver si nos dábamos por aludidos --con "ultimátum" no han tenido más remedio que respetarla), quería decir, si todavía hay alguien ahí, que no pierda el tiempo yendo a verla o, lo que es lo mismo: ¡corre a verla, no pierdas el tiempo!

Pero no quería escribir (hoy) sobre esta película. Antes de contemplar la última maravilla de Paul Greengrass, proyectaron en la sala el trailer de Invasión, otro remake de Invasion of the Body Snatchers. Después de haber identificado algunas escenas de la versión de Don Siegel («Mi marido no es mi marido»), me sorprendió ver cómo habían convertido una historia que no era de zombies en otra que sí lo parece. La misma trama, hace más de medio siglo, fue interpretada tanto por lo que es, una invasión extraterrestre, como por lo que cada uno quisiera ver en ella según sus ideas y el contexto de la época: la expresión de un miedo a la infiltración de comunistas en territorio estadounidense o una metáfora de la "caza de brujas" emprendida por el senador Joseph McCarthy. Pero no era una película de zombies. Tal vez sea sólo impresión mía, pero es la que me ha asaltado viendo en trailer.

Lo anterior me ha recordado que el cine, las películas, son en sentido estricto una ilusión, una alteración del espacio-tiempo del primer al último fotograma (o del primer al último campo, porque los fotogramas tienen los días contados), pero no mienten. Con la perspectiva que proporcionan las décadas, los investigadores han identificado corrientes dominantes en las diferentes cinematografías. El expresionismo alemán puede tener, como algunos dicen, su único y puro exponente en Das Cabinet des Dr. Caligari, pero rasgos de su estilo contaminaron otras películas alemanas de la época e incluso cruzaron el atlántico para mayor gloria del cine negro. Y nació en Alemania y no en otro lugar porque esas imágenes desquiciadas comulgaban con el sentir de un país que había perdido la guerra.

El éxito de las melodías de Broadway y derivados a finales de los 20 principios de los 30 no se debe tan sólo a una innovación tecnológica o a unas condiciones espectatoriales en las que todavía no existía la televisión. Coincidieron en el tiempo con otra serie de películas que con posterioridad han sido clasificadas como "de monstruos" (Dracula, Frankenstein, Freaks, King Kong, The Invisible Man) y que se estrenaron en los años que siguieron al crash de 1929. Mientras las primeras son pura evasión para alejar de la mente los problemas, las segundas llevan a la pantalla los miedos de una nación que vive tiempos difíciles. Esto se vio reflejado también en las tiras de historietas de los diarios, que vieron nacer aquellos años a Buck Rogers (1929), Tarzan (1929) o Flash Gordon (1934), algunos de ellos adaptaciones de historias pulp, donde también apareció Conan el bárbaro (1932).

Además de las películas de ciencia-ficción con amenaza extraterrestre (léase comunista) como la de Don Siegel, las posguerras también nos han dejado soldados tan habituados al frente que no pueden reintegrarse en la vida civil. Es el caso de Travis Bickle (Taxi Driver) y John Rambo (First Blood), como más representativos de las últimas décadas, pero también de Eddie Bartlett (The Roaring Twenties) y de otros personajes de cine negro que no recuerdo y que se convierten en matones o en boxeadores en los films de los 40-50 (por ejemplo, Crossfire, con Robert Mitchum).

La tendencia de este principio de siglo la marcan las películas de zombies y de superhéroes. Sabía que se estaba preparando otra versión de Invasion of the Body Snatchers, pero el trailer me cogió por sorpresa («¿Ya?»). La pregunta que se hace siempre ante un remake es: ¿hacía falta? Este interrogante no hace más que desviar la atención sobre otro mayor: ¿por qué Invasion... y por qué ahora? ¿Por qué el mismo año que se ha estrenado otra (28 semanas después) que tampoco es de zombies pero lo parece? ¿Por qué en la misma década en que este subgénero experimenta un resurgimiento? («pues por eso mismo, coño, que es que pareces tonto: Hollywood ve dinero y copia el modelo»; «ya, pero... tienen éxito porque la gente va a verlas, que Hollywood no ratifica un género que no haya sido respaldado por taquilla. No crean géneros así porque sí»).

LAS DUDAS QUE ME ASALTAN:
-¿Vivimos en una sociedad de zombies?
-¿Somos todos zombies?
-¿Tenemos que ser todos iguales y pensar las mismas cosas?
-¿Es inevitable que acabemos convirtiéndonos todos en zombies, en réplicas sin juicio propio?

En lo que respecta a los superhéroes, no creo que sean fascistas, como suele repetirse. Más bien me parecen (en su mayoría) personajes que responden ante una sociedad regida por unos poderes que a) sí son fascistas, b) se inclinan por los poderosos, y c) resultan incapaces de proteger al pueblo, tarea que los superhéroes se ven obligados a realizar ante el fracaso (intencionado o no) de los poderes públicos. Son fantasías de la clase media que desea ser protegida de la delincuencia y las injusticias.

En muchos tebeos el criminal no es entregado a la justicia. Ni siquiera los propios agentes se enfrentan con éxito a él. El superhéroe se enfrenta al villano (a veces por petición expresa del jefe de policía de turno) y éste: a) huye a tiempo, b) es vencido pero logra escapar, o c) es vencido, encarcelado por la policía y se fuga con posterioridad para una ulterior batalla con el protagonista. La justicia fracasa y se deja en manos de los superhéroes. Con un poder así podrían ser dictadores, pero no lo son. En cambio, tienen que preocuparse de llegar a fin de mes.

(Me acabo de perder. ¿Dónde estaba? ¡Ah, sí!). Todo esto también viene a cuento del Capitán América. Cualquiera que no haya leído nunca el Capitán América (yo mismo, antes de leer nada de él) piensa que es un fascista al servicio del gobierno de los Estados Unidos. Eso podría ser verdad en algunas épocas, pero en esencia es una falacia. Steve Rogers no es así, y se ha podido comprobar por última vez en la última saga de Marvel Civil War, en la que el personaje se posiciona en contra del acta de registro promovida por su gobierno (algo que ya ha hecho en el pasado) y a favor de las libertades por las que siempre ha luchado. En este sentido, Matt Murdock / Daredevil tampoco me ha fallado, al contrario de lo que ha ocurrido con Peter Parker / Spider-Man, que se ha convertido en una marioneta en manos de Tony Stark / Iron Man.

Los superhéroes llevan viviendo tranquilamente en las páginas de los comic books desde hace 70 años (oh, casualidad, desde finales de los 30 y la 2ª GM), con trasvases a otros medios (animación, seriales radiofónicos, tiras de prensa, series de TV, películas) de mayor o menor fortuna, pero creo que las adaptaciones cinematográficas de los últimos años han traspasado la categoría de moda para convertirse en signos de nuestro tiempo. Igual que el auge de lo zombi. Los superhéroes han venido para defendernos de algo, y eso no es bueno.

dissabte, de juliol 07, 2007

DOUBLE-SIZED 100TH ANNIVERSARY ISSUE!

Ha amanecido una jornada aciaga en la historia de la distribución en Gandia. Hoy, no hay tebeos. Oremos a Santa Hebdomadaria, patrona de la distribución, para que el lunes tengamos en nuestras manos nuestra ración de cuadernillos de colores:

«Porque nosotros no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él». (I Timoteo, 6.7). [Ésta es la gran verdad que el capitalismo se esfuerza por ocultarnos cada segundo de nuestras vidas].

Un día sin tebeos me proporciona más tiempo para escribir aquí. ¿De qué podría hablar hoy? ¡Espera! Si blogger lleva bien las cuentas, ¡el de hoy es mi texto número 100! (mmm... 100 entradas en unos 20 meses no es un dato para echar cohetes, precisamente. ¡Calla! La gente no tiene memoria, no se lo recuerdes). ¡Empecemos!:

Puede que ninguno le hayáis echado un vistazo a este interesante enlace. Yo insisto. Vale, el texto de Anton Szandor LaVey es una locura paranoica, pero esto no equivale a decir que sea una ficción, pues incluye reflexiones / advertencias interesantes (además de locuras paranoicas y conspirativas, que me encantan). Mi preferida es la del ruido blanco, idea apuntada hace décadas por Umberto Eco:

«En el campo de la música ligera [...] el disco, la radio, el hilo musical, y el juke box proporcionan al hombre de hoy una especie de "continuum" musical en el cual moverse en todos los momentos del día. El despertar, las comidas, el trabajo, las compras en los grandes almacenes, la diversión, el viaje en coche, el amor, la excursión, el momento que precede al sueño, se desarrollan en este "acuario sonoro" en el que la música ya no se consume como música, sino como "rumor". Este rumor se ha hecho hasta tal punto indispensable que sólo dentro de algunas generaciones será posible percatarse del efecto de semejante práctica sobre la estructura nerviosa de la sociedad». [Apocalípticos e integrados (1964), p.291. Tusquets. Barcelona: 2001].

Este argumento, para mí, no incluye sólo la música, sino que puede extenderse a todos los ruidos producidos por los electrodomésticos que nos envuelven, arrullan y adormecen. Ese «dentro de algunas generaciones» es nuestro presente. En este instante, mi entorno sonoro se compone del ventilador del portátil, de una canción que escucha mi madre en el piso de arriba, del rumor de algún vehículo que circula por la calle y de algún ocasional pajarillo. Desde la revolución industrial, el hombre ha cedido el puesto a las máquinas creadas por él como principales generadores de ruido en los núcleos urbanos. Es sintomática la sensación que nos aborda cuando se para el aire acondicionado, apagamos el ordenador, extraemos la llave del contacto del coche. "Así que esto es el silencio", pensamos. "Me incomoda", sentimos. A esta extrañeza e incomodidad se refiere Eco cuando anuncia el efecto que produce el ruido continuado en nuestro sistema nervioso.

Otra consecuencia maligna de los electrodomésticos, no apuntada por LaVey, es la opción de standby, que posibilita que las empresas de energía se enriquezcan las 24 horas del día durante los 365 días del año aunque no estemos usando los aparatos. Esa comodidad, tan práctica a primera vista, de encender el televisor con el mando a distancia, es una herida que le podríamos ahorrar al planeta. El mando a distancia, sin embargo, no es la única excusa para la proliferación del standby en nuestras casas. La aplicación más diabólica del standby son los relojitos que sin venir a cuento acompañan los electrodomésticos. La cadena musical, el microondas, el horno, tienen reloj. El vídeo, el reproductor DVD y la radio. ¿Habéis contado cuántos relojes tenéis en vuestras casas? Demasiados. ¿Y para qué sirven, mas que para gastar luz y recordarnos nuestra esclavitud del tiempo? ¿No nos basta con el reloj del móvil o el de pulsera -quien todavía lleve? ¿No es un incordio, cada vez que se va la luz, poner todos esos relojes digitales en hora? ¿No os genera ansiedad que parpadeen incesantemente, esperando a que cedamos y los pongamos, por fin, en hora? Sabed que cada vez que los ponemos en hora perpetuamos la relación de esclavitud entre el tiempo y nosotros, sus inventores y vasallos. Sabed también que existe otra forma para que dejen de parpadear: desenchufándolos.

Esto del tiempo me lleva a otro texto incluido en Cultura del apocalipsis que, entre licántropos, necrófilos, psicópatas, esquizofrénicos, faquires, satanistas, eugenesistas y la influencia de las sociedades secretas en el orden mundial, más me impactó. Es el titulado «La agricultura, motor maligno de la civilización», escrito por John Zerzan (los valientes lo pueden encontrar aquí en inglés). Ya el título llama la atención, no se puede negar. El primer párrafo dice lo siguiente:

«La agricultura, base indispensable de la civilización, apareció originalmente a medida que surgieron el tiempo, el lenguaje, los números y el arte. Como materialización de la alienación, la agricultura es el triunfo del alejamiento y la línea divisoria definitiva entre la cultura y la naturaleza, y entre unos y otros humanos» (p.367).

Empieza fuerte y no hace sino coger velocidad. Yo sabía que el origen de la escritura estaba ligado a la agricultura, por aquello de la necesidad de llevar un control de las cosechas y de las transacciones agrícolas, pero no había caído en que la idea del tiempo (un concepto mental) también es resultado de la Revolución Neolítica. Antes de la agricultura existían, sí, los días, pero no el hoy, ni el mañana, ni el ayer, ni el dentro de un mes ni la semana que viene. El control de la producción agrícola y ganadera exige fijarse en el cambio de las estaciones para determinar cuándo es más conveniente sembrar o segar tal o cual legumbre o cereal, cuándo están en celo las cabras o cuánto dura el embarazo de una vaca. Un ciclo de las estaciones es un año y de repente, con cada circunvolución, somos un año más viejos. Al recolector-cazador paleolítico todo esto se la suda.

Lo del tiempo ya me pareció curioso, pero hay más. La agricultura (como también dice el artículo de Wikipedia sobre la Revolución Neolítica que os he enlazado más arriba) conlleva el sedentarismo y el incremento de la población, cuya densidad y concentración en ciudades empieza a aumentar, lo que a su vez origina las enfermedades endémicas. Nace la propiedad privada, las ciudades estado y la organización social, que han devenido en guerras y en el exterminio masivo de hermanos.

La agricultura no es mejor ni más segura que la recolección porque concentramos nuestros esfuerzos en un número limitado de cultivos (menor variedad de alimento, dieta más pobre) que dependen de las inclemencias del tiempo, culpables de las buenas y las malas cosechas. Éstas son fuente de pobreza, hambrunas y enfermedades.

«El desequilibrio ecológico provocado por los monocultivos y los fertilizantes sintéticos provoca enormes aumentos en las enfermedades y plagas del cultivo; desde la II Guerra Mundial, las cosechas perdidas debido a los insectos se han duplicado» (p.386).

Los libros de texto de nuestro sistema de adoctrinamiento señalan que el paso de una sociedad paleolítica a una neolítica es bueno, y que posibilita el surgimiento de excedentes en la producción (léase "depósito bancario" y "ahorro"), así como la división y especialización del trabajo y el progreso. Todos estos argumentos no son sino justificaciones establecidas desde un punto de vista que justifica el sistema actual capitalista, como si el gérmen del capitalismo tuviera 10000 años y fuera el orden natural de las cosas. Pues bien, no lo es. Si los siglos de progreso de la humanidad que nos han vendido es a costa de un deterioro exponencial del entorno que conducirá a nuestra extinción, el progreso ya no me parece tal. (Claro que... la extinción de las especies no es más que un proceso natural, y si en lugar de extinguirnos regresamos a un estadio anterior, pues no estaría tan mal).

El progreso mismo no es algo real, sino otro concepto mental, un estereotipo, como muy bien explica Walter Lippmann en su libro de 1922 La opinión pública (llevo una semana con él y es el libro más inteligente que he leído en mi vida):

«[La teoría de la evolución] pasó de ser una hipótesis biológica de carácter técnico a convertirse en fuente de inspiración de prácticamente todas las áreas del conocimiento: modales y costumbres, morales, religiones, filosofías, artes, máquinas de vapor, tranvías eléctricos... todo "evolucionó". La palabra "evolución" se convirtió en un término muy general, pero también muy impreciso. [...] El profesor Bury explica cuánto tiempo hubo de transcurrir hasta que la idea de progreso dejó de ser un juguete especulativo. "A las ideas especulativas no les resulta sencillo", dice, "penetrar en la conciencia general de la comunidad y transmitir información, hasta que asumen alguna forma externa y concreta u obtienen el beneplácito de alguna prueba material de naturaleza asombrosa. En el caso del progreso, ambas condiciones se cumplieron (en Inglaterra) entre 1820 y 1850". La revolución mecánica se encargó de proporcionarnos la prueba más asombrosa. "Los individuos nacidos a principio de siglo han visto antes de cumplir los 30 el rápido desarrollo experimentado por la navegación a vapor, la iluminación de pueblos y hogares mediante gas y la inauguración del primer ferrocarril". Milagros de esta índole forjaron en la conciencia del ciudadano medio la idea de la fe en la capacidad de perfeccionamiento del progreso humano». [pp. 102-103. Langre. Madrid: 2003].

Zerzan concluye su texto (y yo también, de paso) con una cita de los antropólogos Richard B. Lee e Irven DeVore, (¡ey! ¡Cita a gente de verdad!) quienes se colocan en el lugar de unos posibles arqueólogos interplanetarios del futuro que arriban a nuestro planeta y hallan restos de «...un periodo muy largo y estable de caza a pequeña escala y de recolección que fue seguido por un florecimiento aparentemente instantáneo de la tecnología... que condujo a una rápida extinción. "Estratigráficamente", el origen de la agricultura y la destrucción termonuclear parecerán básicamente simultáneos» (pp. 389-390).

Ea, ahí queda el último texto largo que veréis por aquí hasta que tenga ganas de volver a perder otra tarde. ¿Cómo? ¿Que debería haber parado hace diez párrafos? ¡Pero entonces no sería un double-sized 100th anniversary issue! ¡Venga! ¡Ahora a por el dos...! ¡...a por el ciento uno!

dijous, de maig 17, 2007

MITIN, RAYA DE COCA, MITIN

¡Es tiempo de elecciones en todo el país y las hordas de la democracia llaman a nuestras puertas para robarnos nuestras voluntades! ¡Encolan sus abominables y retocados rostros estropeando aún más si cabe la visión de las horrendas calles que pisamos cada día! ¡Sus furgonetas de colores merodean inmisericordes introduciendo promesas y sonidos aturdidores en nuestras desprevenidas mentes! ¡Asaltan los medios de comunicación y conquistan el espacio radioeléctrico y digital anunciando la llegada de un nuevo orden! ¡SU nuevo orden! ¡Vienen a someternos! ¡Vienen a insultarnos! ¡Pretenden que olvidemos sus acciones! ¡Que finjamos que no hemos visto nada! ¡Que renovemos nuestra confianza! ¡Nos piden el voto!


Si fuéramos honestos, desaparecerían las campañas electorales. Primero, dilapidan recursos públicos. Segundo, no sirven para nada. Tercero, quitémonos las caretas por completo y reconozcamos que no tenemos democracia. Lo que nos han vendido como democracia es un régimen con dictaduras que aparentemente se renuevan cada cuatro años. Durante cada legislatura, el pueblo dispone realmente de muy pocas herramientas para ejercer el poder que, según se dice sucede en democracia, le pertenece.

Mediante sufragio, el pueblo delega en unos representantes que se deben más a su partido que a sus votantes; es la "disciplina de partido" que no aparece mencionada en el artículo 23 de nuestra Constitución. Los votantes ni siquiera han podido elegir de entre todos los candidatos posibles, buscando la combinación que les parezca óptima, pues las listas cerradas nos obligan a un "todo o nada". Me encantaría poder votar a uno de aquí y a otro de allá, porque en definitiva, o así debería ser, son personas las que resultan elegidas por el resultado de los votos, y no siglas. También para verles aprendiendo a gobernar juntos y a experimentar ese concepto que les es tan extraño de "respeto al contrario". Los partidos políticos son generadores de odio: separando, dividiendo a la gente según sus ideas, se refuerza el concepto del "otro". Cuantos más "ellos" haya, menos "nosotros" seremos.

No acaba ahí la cosa. Tras el recuento de votos, el reparto de escaños siguiendo la ley D'Hondt, que en pocas palabras regala escaños a los partidos mayoritarios y no concede ni siquiera uno a los que no llegan al mínimo (pero sí están más cerca de ese escaño que el partido que finalmente lo obtiene). También está aquello de que en este país cada voto no vale lo mismo.

Y otra. Que gobierne un partido sólo porque haya obtenido el 51% (o el 55%, o el 60%; tanto da) de los votos tal vez sea anunciado por su cúpula y en los medios como un triunfo espectacular, y tal vez según la tradición popular se le otorgue de autoridad necesaria para efectivamente constituir gobierno, pero tal y como lo veo, el 55% sigue siendo poco más de la mitad de los votantes, no de los electores, que son más, y tampoco de la población, que es el todo, y si no falla el cálculo no habrá sido tenida en cuenta la opinión de casi la mitad de los votantes. Resultado: un partido apoyado por poco más de la mitad de los votantes acaba gobernando a todos los ciudadanos. Un gobierno de mayoría absoluta (facilitado por la ley D'Hondt) NO es democracia. Que lo llamen "gobierno de la mayoría" si quieren.

¿Qué podemos hacer durante cuatro años? Aparte de no votar ni participar de los asuntos públicos, disponemos de la iniciativa legislativa popular, que nos permite proponer la aprobación de una ley si presentamos medio millón de firmas. Uau, qué generosos. Se nota que temen al pueblo (yo también).

Me diréis que si no viviera en democracia no podría siquiera expresarme aquí, o que la aplicación de la fuerza sobre la población civil sería más contundente y sangrienta, que nuestras libertades estarían claramente limitadas o hurtadas. Cierto, pero tiempo al tiempo. Las dictaduras tal y como han pervivido en el imaginario son cosa del pasado. Ahora funcionan de forma más sutil.

¿A qué viene esta rabieta? La semana pasada visitó nuestra universidad una hija del Che, Aleida. Sin estar de acuerdo con todo lo que dijo, y teniendo mis reservas previas sobre la figura del Che (por lo de matar gente y eso), sí recordó que en Europa presumimos de democracia, o de "gobierno de la mayoría", pero a la hora de la verdad, cuando esa mayoría de la población se opone a una guerra, importamos una mierda.

No debería votar. No me sienta bien. Me deja mal cuerpo. Me siento sucio. Usado. Porque votando, aunque sea "en contra de", revalido y perpetúo este sistema. Pero "los otros" me gustan menos.


PD: la viñeta es del Superman #24 (XII-1988), de Roger Stern y Kerry Gammill.

PPD: en "se le otorgue de autoridad" yo buscaba un verbo diferente, pero ya sabéis cómo me patinan las neuronas.

divendres, de maig 11, 2007

LA DISTRIBUCIÓN EN 1992

Nada, que se hernia uno el domingo escribiendo para que la gente tenga algo que leer (no necesariamente interesante) durante la semana y así se le recompensa, sin comentario alguno. Lo de herniarse es un decir, claro. Y lo de gente, también, pues dudo que uno o dos lectores extraviados puedan considerarse pluralidad de personas. Pero bueno, nadie dijo que la fama fuera fácil.

Ni el recurrir al pervertido de la Renfe de Valencia os inspira nada. Me obligaréis a rebajarme en un todo por la audiencia y describir al pervertido que teclea estas letras. Otro día. Ahora, antes de introducir un tema de verdad, una pausa.

Estoy hasta los huevos. Cómo habrá que decirlo. Qué tendrá que pasar. Lo que estamos teniendo en la Safor desde el martes, este calor infernal, NO ES BUEN TIEMPO. A no ser, claro, que en el futuro nos guste vivir en un desierto. Que haga tanto Sol no es bueno. Tomar el Sol es peligroso. El calor puede provocar la muerte. Buen tiempo, agradable y saludable, es que esté nublado y lloviznee un poco, incluso que truene y diluvie. Por eso, desde aquí, propongo la aniquilación del Sol sin cuartel, y declaro la guerra a la alegría y los buenos sentimientos que este "buen tiempo" induce en los mortales al derretirles los sesos. También solicito una mutación del lenguaje que modela la realidad.

Tras la pausa, y como prueba de que la bondad no me ha abandonado aún del todo, recuperaré de mi memoria un recuerdo agradable como parte de la terapia que sigo, consistente en extirpar, extraer, exorcizar, esa clase de remembranzas, para aprender a reconocerlas y que no me invadan nunca más.

Ocurrió en 1992. Antes de las Olimpiadas. Servidor se hallaba en casa en cama víctima de algún tipo de grave enfermedad. No sería nada, pero no recuerdo haber guardado cama tanto tiempo después de aquello (¿sería entonces cuando morí y mis pensamientos fueron introducidos en el cuerpo de un miembro de la Iniciativa Dharma?). Había pasado por quirófano unos años antes, y por ello había recibido unos álbumes de Tintín que todavía están fechados como "16·3·88 Operación Jordi". Sí, me pasé las fallas en el hospital. ¡Dios mío! Acabo de caer. ¿Sería entonces cuando me sometieron a la extirpación de las glándulas falleras y me transformaron en un valencianito defectuoso? Bueno, el caso es que en el momento de los hechos contaba con antecedentes. En la primavera del 92 volvió a ocurrir: mi padre trajo un tebeo a su hijo enfermo. En esta ocasión fue, creo, el número 100 de Súper Mortadelo, que incluía un póster de regalo para celebrar la efemérides. Ya aquel día, en la cama, pensé que se trataba de un acontecimiento de dadivosidad excepcional, y me alegró más incluso que los tintines. Si me sorprendió el presente de mi padre, pasmado me dejó el hecho de que todavía hubiera sido capaz de localizar en los quioscos, adquirir y traer a casa algunos de los números anteriores al #100. Creo recordar que, ya sano, yo mismo encontré alguno en algún expositor, hasta el punto de juntar todos los ejemplares desde el número 86 (con excepción del #98 y #99). Aquello me introdujo en los senderos inescrutables, procelosos e impredecibles de la distribución. ¿De qué forma habían sobrevivido hasta seis meses esos números de Súper Mortadelo, yaciendo sin amo entre revistas no relacionadas, acosados diariamente por las devoluciones? Sin duda lo mágico, lo maravilloso, tiene mucho que ver en ello.

Por supuesto, había leído (y releído y releído) y guardado ya algunos tebeos antes de 1992. Pero fue aquel hecho el que me introdujo en la compra personal de tebeos en quiosco, que se vio reafirmada con la salida de Dragon Ball ese mismo año. Con Dragon Ball Planeta consiguió, no sé cómo, la distribución semanal. Durante 153 semanas. Tres años. ¡Y qué tres años! No recuerdo graves demoras, o no fui consciente de ellas. Dentro de muy poco lo volverá a intentar con 52, la serie semanal de DC que sucede entre Crisis Infinita y Un año después. Expectantes nos tiene sobre si será capaz de repetir la empresa.