dijous, de març 15, 2007

UN EJEMPLO DE JUSTICIA

-¡Orden en la sala! ¡Orden, digo! Muy bien. Se abre la sesión en el caso del imputado, Jotapunto Cepunto Depunto, contra la Corte Imperial Suprema Fallera, parte promotora de la acusación. Señor Jotapunto Cepunto Depunto, se le ruega suba al estrado.

(Rumor en la sala mientras el señor Jotapunto Cepunto Depunto sube al estrado).

-Señor Jotapunto Cepunto Depunto, ante la acusación de haber deseado la muerte de todos los falleros y el fin de la fiesta valenciana por excelencia, ¿cómo se declara?

-Inocente, señor Juez.

(Rumor en la sala).

-Le recuerdo que está bajo juramento. Le repito la pregunta...

-La he comprendido perfectamente.

-¡Qué insolente!

(Rumor en la sala).

-¡Silencio! ¡Silencio! Tomen nota, el acusado se declara inocente de los cargos. Es el turno de la acusación y de la defensa. ¿Puede la acusación exponer sus términos?

-Por supuesto, Su Elegantísima Señoría.

(Aplausos en la sala).

-Muchas gracias... ¡Orden! ¡Orden!

-Gracias, Excelencia. ¡Ejem! Señor Jotapunto Cepunto Depunto, ¿no es cierto que usted, repetidas veces en el pasado, y aun siendo valenciano como es de nacimiento y ascendencia por parte de padre hasta cinco generaciones como mínimo, ha deseado la finalización de la fiesta valenciana, no por un año ni por dos, lo que ya supondría suficiente tragedia para todos los valencianos y españoles de bien que amamos esta celebración tradicional, sino para toda la eternidad, con toda la ignominia y vileza de pensamiento que eso supone?

-¡Protesto, señor Juez! La acusación está estableciendo juicios de valor contra el honor de mi defendido.

(Rumor en la sala).

-Mmm... no se acepta. La defensa está describiendo los hechos.

(Aplausos en la sala).

-Gracias, oh, Excelso Representante de la Judicatura.

-¿Ha acabado usted?

-No, Amabilísima Señoría, me resta decir del acusado que es un desconsiderado y un mal valenciano.

(Aplausos en la sala).

-Muy bien. Es ahora el turno de la defensa.

-Gracias, Señoría. Siguiendo la línea del discurso de mi compañero en la acusación, yo también me ceñiré a los hechos, si bien disten de aquello que entiende por su verdad, la cual ni se asemeja ni está basada en hechos empíricos.

(Rumor en la sala).

-El presunto delito por el que se encuentra mi defendido, un ciudadano de bien, aquí hoy ante este tribunal, luchando por su honor que se ha visto gravemente herido por las injurias de la Corte Imperial Suprema Fallera...

(Rumor en la sala).

-...el presunto delito, sigo, que consistiría en haber deseado la muerte de todos los falleros y el fin de las Fallas no constituiría, en puridad, delito alguno, si nos atenemos a la doctrina...

(Rumor en la sala).

-Según afirma el profesor Jotapunto Cepunto Emepunto en el capítulo undécimo de su obra Curso de Derecho Penal español, Parte General, Tomo II, Teoría jurídica del delito, y cito textualmente, “no puede constituir delito el mero pensamiento”.

(Rumor en la sala).

-Nos hallamos aquí, Señoría, ante un pensamiento que mi defendido jamás ha llevado a la acción y que por tanto jamás ha trascendido el ámbito de su propio cerebro, esto es, que no ha tenido consecuencia alguna y que, en resumen, no ha afectado a la vida ni a la integridad física de ningún fallero de los aquí presentes.

(Gritos en la sala).

-¡Orden! ¡Orden! Le recuerdo que dispone de un tiempo limitado, así como que el Gobierno Central Fallero está tramitando una Imposición para hacer del mero pensamiento un hecho delictivo. ¿Ha acabado ya?

-Todavía no, Señoría. Eso que dice es cierto, Señoría, si bien todavía no es una decisión firme. Continúo. Hoy aquí importan los hechos y hechos son las acciones a las que me voy a referir. Las preguntas que voy a formular a continuación no van dirigidas a usted, Señoría, ni a la acusación, sino a toda la sala y a la sociedad valenciana en general.

(Rumor en la sala).

-¿Es o no es un hecho que no es mi defendido quien cada día a las siete de la mañana quiebra la tranquilidad de las calles tirando cohetes y despertando a la gente trabajadora de bien que todavía descansa? ¿Es o no es un hecho que no es mi defendido quien cubre las calles de banderas valencianas, recordando por su abrumadora presencia otros tiempos de menos libertades en éste y otros países europeos? ¿Es o no es un hecho que no es mi defendido quien se adueña de las calles interpretando y/o reproduciendo a un volumen estridente música regional, que por su intensidad impide el pensamiento libre y dificulta la ejecución de una actividad intelectual tan sana, extendida y presuntamente defendida por la administración como es la lectura? En otros países más amantes de la justicia a esto último se le calificaría como fascismo. ¿Es o no es un hecho que no es mi defendido quien corta las calles durante una semana dificultando el tránsito de personas y vehículos en gran parte de la ciudad? ¿Es o no es un hecho, y con esto acabo, Señoría, que no es mi defendido quien, no contento con cortar la circulación, provoca incendios en la vía pública con grave riesgo para personas, inmuebles y orden público?

(Alboroto en la sala e imprecaciones contra el defensor y el acusado).

-¡Silencio! ¡Silencio! ¡Silencio, por favor! ¡Orden, orden en la sala! La defensa ha expuesto con vehemencia sus argumentos. Es hora de que la Corte Imperial Suprema Fallera se retire para deliberar su veredicto.

(Aplausos en la sala).

-¿Cómo? Según acordamos en la vista, Señoría, éste era un juicio sin jurado, y el fallo debía sostenerse en su decisión. ¡Desde el momento en que la misma acusación, la Corte Imperial Suprema Fallera, dicta la sentencia, este juicio se convierte en una farsa!

-No levante más la voz, abogado, si no quiere que le acuse de desacato. La Corte Imperial Suprema Fallera fallará con sabiduría, como viene siendo habitual.

-Pero no es justo, Señoría, usted sabe que no es justo.

-Los tiempos en los que yo tenía voz en lo que era justo y lo que no son cosa del pasado.

-¿Pero? Si usted no, entonces...

-¡Silencio, abogado! A la espera del veredicto, se cierra la sesión por hoy.

(Mazazo y aprobación general).