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diumenge, de desembre 21, 2008

CONSTELACIONES Y PALOMITAS

En agosto, durante la lectura de La conspiración de Cristo, se me encendió una bombillita y relacioné dos ideas. Por una parte, la relevancia que los pueblos de la antigüedad otorgaban a las constelaciones y, por otra, la difusión e implantación de las que han disfrutado el cine y otros medios audiovisuales a lo largo del siglo XX y lo que llevamos de XXI. Hallé una conexión, no sé si ya propuesta por otros o cogida por los pelos, que explica nuestra obsesión por las imágenes en movimiento como algo más allá del gusto por las narraciones o el fruto de un desarrollo tecnológico. Es posible que me haya pasado, pero el peso de los aspectos comunes me lleva a intentar plasmar por escrito esta teoría y permitir que sea juzgada.

Aunque no lo parezca, las noches son muy oscuras. Esta afirmación tan tonta en realidad no es ninguna tontería. La oscuridad no es una calle mal iluminada, algo que siglo y pico de corriente alterna casi nos ha hecho olvidar. Hace milenios, la luz se ceñía a la duración del día y, de la misma manera que el Sol gobernaba el calendario, en las noches sin Luna eran las estrellas las que atraían la atención del ser humano. Y no vayáis a pensar de ningún modo que prestaban al cielo nocturno la misma atención que podemos dedicar ahora a seguir los diálogos de un episodio cualquiera de The West Wing. Nada de eso. De ninguna manera. Decir que observaban y atendían a las estrellas es quedarse muy corto. Se desvivían por ellas como si les fuera la vida en ello.

Los antiguos bautizaron los astros y, de acuerdo con la ley de la Gestalt de la proximidad, agruparon en constelaciones aquellos puntos luminosos, imaginando siluetas increíbles, transformando éstas en personajes fantásticos y convirtiendo a estos últimos en protagonistas de las tramas más inverosímiles. Convertidas en narraciones, fueron ya fácilmente memorizadas y asimiladas.

Éste era el tipo de pensamientos que me abordaban mientras devoraba el libro de Acharya. Imaginaba a nuestros antepasados, a la caída del Sol, reunidos en grupos, alzar la vista y convertirse en espectadores del mismo drama al que habían asistido la noche anterior y al que asistirían la noche siguiente. Protagonizado por unos personajes que se alzaban tras el horizonte y desfilaban por la bóveda celeste para volverse a ocultar. La obra se repetía con ligeras variaciones cada noche, hasta el punto de que algunos personajes sólo intervenían (eran visibles) algunos meses del año.

En este punto conviene recordar un interesante párrafo que leí hace años para compartir con vosotros otro antecedente antes de dar el próximo paso:

«A 24 fotogramas por segundo, una película proyectada avanza un fotograma cada 42 milisegundos. (Un milisegundo es una milésima de segundo.) Puesto que el obturador interrumpe el haz de luz del proyector dos veces, en realidad cada fotograma se muestra tres veces durante ese intervalo de 42 milisegundos. Cada una de las exposiciones está en la pantalla durante 8,5 milisegundos, con 5,4 milisegundos en negro entre cada una. En una película que dura 100 minutos, ¡el público está sentado en absoluta oscuridad durante casi cuarenta minutos! Sin embargo, no percibimos estos breves intervalos de oscuridad debido a los procesos de fusión crítica de parpadeo y de movimiento aparente dentro de nuestro sistema visual». [David Bordwell y Kristin Thompson en El arte cinematográfico. Una introducción (Paidós, 1995), p. 31].

Se me ocurrió, pues, que eso de sentarse dentro de una sala oscura guardaba alguna relación con el antiguo ritual de observar el firmamento. Así, del mismo modo que nuestros antepasados contemplaban las constelaciones en el cielo nocturno, los espectadores de cine actuales gustan de embebecerse con las intervenciones de sus particulares «estrellas del celuloide», formas de luz que aparecen y desaparecen ante sus ojos, que interpretan dramas parecidos pero no iguales proyectados sobre una pantalla cóncava. Preferentemente, de noche.

A este respecto, siempre me ha parecido curioso lo extraño que resulta ir al cine de día. En abril de 1997, por ejemplo, asistí con mi hermano a una sesión vespertina de El retorno del Jedi en los cines Cristina de Gandia. Cuando salimos a la calle, me chocó que todavía hubiera luz. Era como si pensara: «No puede ser. Si hace sólo un momento era de noche».

Creo que añado un elemento más a la comparación si recuerdo que, de la misma manera que «ir a ver las estrellas» se considera un plan romántico, no deja de sorprender el hecho de que la asistencia a una sala de cine se convirtiera durante el siglo XX en un ritual iniciático para toda nueva pareja.

He estado meditando todo esto desde agosto y no me parece del todo descabellado que, cuando empezó a extenderse la luz eléctrica en el siglo XIX, al mismo tiempo que iluminaban la oscuridad y, de paso, borraban el cielo, diferentes hombres en varios países sintieran la pulsión de recrear a pequeña escala esa danza de estrellas, ocultas por el resplandor artificial de las ciudades, sirviéndose de la misma energía que las había hecho desaparecer de nuestras noches. Inventaron de este modo el cinematógrafo, un mecanismo basado en la luz y en la oscuridad, en la rotación y en el parpadeo, que necesita del procesado de la mente humana para crear la ilusión de personajes que entran y salen del campo de visión, o aparecen y desaparecen de las escenas que conforman una trama.

Los humanos actuales hemos aceptado de forma masiva esa reinterpretación del milenario ritual porque la noche y las estrellas son la religión más antigua y poderosa de todas. No la hemos abandonado jamás y ahora, transformada en entretenimiento, sigue condicionando nuestra existencia como si nos fuera la vida en ello.

Por todo lo anterior, feliz Solsticio de Invierno a todo el mundo.

dimecres, d’agost 20, 2008

DESCENSO AL FUTURO (3)

Tengo la impresión de que muchísima gente vive engañada creyendo que del petróleo sólo se extraen el asfalto, la gasolina y otros tipos de combustibles. Si fuera así, bastaría con acostumbrarnos a estar más quietos y a transportar menos mercancías cuando alcanzara un precio prohibitivo (como si esto no fuera ya complicado). Pero no. Resulta que sin petróleo echaríamos en falta bastantes cosas. En concreto todas aquellas fabricadas con plástico, que es como decir... bueno, no sé el porcentaje exacto, pero sólo tenéis que mirar a vuestro alrededor. Imaginad: ¿sería posible un mercado de cacharros electrónicos sin el plástico? Vale que parece que también se puede fabricar plástico a partir de los vegetales; por poder, se puede, pero si ya están los biocombustibles jodiendo la marrana porque compiten con algunos alimentos básicos, si encima añaden los plásticos «ecológicos» a la ecuación ya sabemos que será para que unos cuantos millones de personas mueran de hambre. Y por ninguna otra razón.

También, aunque parezca mentira, el petróleo es una de las sustancias empleadas para producir fertilizantes (el amoníaco se compone de hidrógeno que extraen de la nafta del petróleo; también a partir del gas natural, otro recurso finito) y pesticidas. Miles de millones necesitamos de cosechas abundantes y continuas. Es fácil adivinar lo que ocurrirá si de pronto volvemos a depender del buen o del mal tiempo, o de la calidad de la tierra, o del mayor o menor impacto de las plagas de insectos. Exacto.

El petróleo barato y abundante ha sido clave para el auge de la globalización, un proceso que nos han vendido como inevitable y beneficioso. ¿Seguirá hablándose de globalización cuando el tráfico mundial disminuya de repente?

PD, 26-VIII, 15:53h: como me informa CL, también es necesario para la fabricación y distribución a gran escala de medicamentos. Pues peor todavía.

dilluns, d’agost 18, 2008

DESCENSO AL FUTURO (2)

En realidad el asunto es bastante sencillo: cuando se acabe el petróleo barato nos iremos todos a cagar, y no hay vuelta de hoja. Las consecuencias podrán ser más o menos apocalípticas, pero el cambio de modelo de civilización no nos lo quita nadie. Allí estaremos, en los albores de la Era Postoleica, aprendiendo lo que dominaban nuestros ancestros del Neolítico (o nuestros tatarabuelos).

Durante el pasado siglo hemos dispuesto de recursos suficientes como para poder vivir TODOS estupendamente, sin que hubiera importado el origen ni el lugar de residencia de nadie. Pero claro, resulta que a unos gilipollas se les ocurrió inventar los países y fomentar el odio entre pueblos, al tiempo que algunas empresas empezaban a cogerle el gusto a eso de forrarse a costa de empobrecer a las tres cuartas partes del planeta. Casualidades de la vida, algunos hemos venido a nacer en uno de esos territorios que tienen lo que tienen porque otros no lo tienen, y si éstos no pueden llegar a tener lo que tenemos, como mínimo nosotros lo perderemos.

Cuenta la Gran Lombrith que los países más industrializados son los que lo pasarán peor: «The bigger they are, the harder they fall».

dissabte, d’agost 16, 2008

DESCENSO AL FUTURO (1)

Antes de empezar, me gustaría dejar clara una cosa. El futuro NO será así:


The Jetsons, 1962 (© Cartoon Network / Time Warner)

Cualquier imagen del futuro en la que estemos rodeados de artefactos tecnológicos que nos hagan «la vida más fácil» no es sino propaganda industrial. Extrapolaciones realizadas desde un presente caracterizado por la abundancia de energía barata, que necesita seguir siendo barata durante muchos decenios para que aquéllas se conviertan en realidad. La única finalidad de tal propaganda tecnológica es incentivar el consumo de dichos objetos y mantener la ilusión de que en el futuro tendremos más y mejores. Bien, pues no.

dilluns, de juliol 14, 2008

DESPEDIDA POR SI ACASO

Visto que a 80 km en línea recta tenemos una central nuclear escacharrada, yo me voy despidiendo de mis pocos lectores por si luego no me da tiempo, que luego con las prisas y las nubes radiactivas ya se sabe.

Qué triste que tendrá que hacer falta un accidente (aquí o donde sea) para callar a todos esos gilipollas que creen que la energía nuclear es la solución y el futuro todo en uno.

dilluns, d’abril 14, 2008

LA DOBLE SPLASH EN LA PRENSA SERIA

En enero leí un ensayo muy interesante: Divertim-nos fins a morir. El discurs públic a l'època del "show-business", escrito por Neil Postman y publicado en 1985. El título me llamó la atención entre toda la bibliografía que aparece en el Pop Control de Miguel Ibáñez, de cuya existencia me enteré a su vez, si no recuerdo mal, a través de una de las columnas de Vida Mostrenca de Jordi Costa. El libro de Postman también es citado por David Marc en su Comic Visions que acabé el año pasado. Vamos, que me estaba llamando a gritos.

A pesar de los 23 años transcurridos, a grandes rasgos el libro sigue estando de actualidad. La tesis principal sostiene que el discurso público / político se ha empobrecido desde que hace más de siglo y medio se empezó a aplicar la electricidad a los medios de comunicación. El telégrafo, el teléfono, la prensa, la radio y la televisión son victorias de la tecnología sobre nuestra menguante capacidad de atención.

Postman cita una frase de Thoreau que me abrió los ojos: «Tenemos mucha prisa por construir un telégrafo magnético entre Maine y Texas, pero puede que Maine y Texas no tengan nada importante que comunicarse». La información, hasta la década de 1840, viajaba tan rápido como pudiera desplazarse una persona que fuera en tren: a 56 kilómetros por hora. El telégrafo rompió esa limitación, lo que es sin lugar a dudas positivo. No lo es tanto que la misma existencia del telégrafo creara la necesidad de usarlo para comunicar cualquier cosa. Dio así comienzo la era de la invasión de noticias que no nos afectan, que no podemos solucionar, pero que nos interesan muchísimo, que necesitamos a todas horas y que se nos olvidan a los dos minutos. Las noticias chorra que rezuman los telediarios: una persecución no sé en qué país, un atraco no sé en qué ciudad, un muerto por aquí, otro coche bomba por allá... Un sinfín de piezas de 50 segundos colocadas una detrás de otra, donde la siguiente anula a la anterior. Lo de «ver/oír las noticias para estar informado» es de chiste. Intentad recordar la noticia anterior. O la de hace 90 segundos. O el telediario de ayer. ¿Alguien puede hacerlo?

Pues eso, que estaba yo absorbido por la lectura cuando relacioné la idea de la progresiva simplificación que del mensaje hacen los medios de comunicación con los cambios brutales que la maquetación y la infografía están introduciendo en los periódicos y este tema, a su vez, con la composición de página de los comic books de superhéroes.

Ya en la década pasada vi cómo el Periódico de Catalunya utilizaba las páginas 2 y 3 del diario para componer una noticia que consideraba importante a lo largo de toda el área horizontal que había desplegado con la maquetación, con la fotografía por lo general ocupando ambas páginas.

Al menos en los cómics, la doble página nació en Captain America Comics #6, de septiembre de 1941:

Los responsables eran Simon y Kirby, por supuesto. Por entonces la llamaban double-spread, o doble desparrame.

A Kirby le pirraban las viñetas enormes. Cada vez más según avanzaban los 60 pero sobre todo en los 70, cuando acostumbraba a empezar sus historias con una viñeta a toda página, o splash, y seguir en las páginas 2 y 3 con otra viñeta el doble de grande.

Este ejemplo es de The Eternals #2, de agosto de 1976; lo mismo podía encontrarse en The Demon, The New Gods, Captain America o The Forever People, entre otras colecciones.

No sucede todos los días, pero en las páginas 2 y 3 de El País de hoy...

Ahí tenéis: se está acostumbrando al lector de periódicos a que, como sucede con el lector de superhéroes desde hace décadas, alucine con una doble splash nada más pasar la portada. En la edición de hoy aparecen otras noticias en las que la fotografía y las columnas del artículo ocupan ambas páginas; si no toda la superficie, sí lo mínimo para unirlas. Pero bueno, lo de las noticias a doble página no es tan común como el reportaje que abre cada día Vida&Artes. ¡¡A veces incluso ocupa el pliegue central!! ¡Como el póster en páginas centrales de toda la vida!

No sólo es eso. Las portadas de Público, el abandono de las fotografías en blanco y negro, la proliferación de gráficos y de secciones basadas sobre todo en imágenes...

Imaginad que llegara desde 1890 un viajero temporal y viera lo que leemos. ¿Vería un periódico? ¿O vería una revistucha de colorines con poco texto?

En la era audiovisual, y ávidos por cazar esa especie en peligro de extinción llamada lector, los periódicos han perdido el miedo a integrar texto e imagen, que es lo que vienen haciendo los tebeos desde hace más de un siglo, y para ello están imitando su narrativa. No es nada nuevo: el ejército de EEUU ya elaboraba cómics didácticos para los soldados en la segunda guerra mundial. La estrategia actual es un poco más sutil, pero no me extrañaría nada encontrar, antes de cruzar el ecuador de este siglo (suponiendo que lleguemos), y con un ritmo decreciente y constante de nuestra capacidad de atención, noticias narradas con el lenguaje del cómic. Cómic malísimo, por supuesto, como el de las tiras de prensa de los periódicos locales.

divendres, d’abril 11, 2008

SIGAMOS

Antes de escribir nada más tengo que comprobar si han desaparecido todas las rayas.

23:33h: nunca escribáis símbolos raros en los títulos, niños.

dimecres, d’abril 09, 2008

S

«¡Ja! ¡Acabo de aprender a tachar textos!»

10-IV, 23:30h: ahora debería tacharse sólo la frase...

divendres, de gener 25, 2008

CAMINO DEL DESGUACE

El fin de semana pasado me grabé un nuevo cd de música para escuchar en el coche. No lo uso más que una vez o dos por semana, casi siempre en fin de semana, pero los transportados empezaban a reclamar un poco más de variedad que no fuera Nena, el Doolittle de los Pixies o un curso de checo de Pimsleur. Así, meses después de haber concebido la idea, confeccioné una nueva selección: siete LPs de los Beach Boys anteriores a 1967 y cincuenta canciones de ChuckBerry, amén de un recopilatorio de Kraftwerk y el Surfer Rosa.

Mientras le daba al nero, volví a pensar en el acto mismo de escuchar música en el coche. De escuchar fragmentos sonoros del pasado (en ocasiones, voces de muertos) mientras conduzco un vehículo impulsado con combustibles fósiles. Es un estilo de vida con los años contados. Cuando llevo a mi abuela en coche, no hay vez que no pronuncie una frase parecida: «Hay que ver la de coches que hay. Las dos hileras llenas». Ella nació en un mundo sin coches, y yo espero morir en un mundo sin coches.

Este año se cumplirá el centenario del Modelo T de Ford. Porque, aunque nos parezca increíble, los coches no siempre han estado ahí. Y llegará el día en que desaparezcan, por el bien de la humanidad. El transporte individual motorizado es el pasado, no el futuro. Claro que todo depende de qué clase de futuro desee uno.

Si la humanidad sobrevive a la década siguiente, el escuchar música en el coche será una actividad considerada primitiva y obscena por los habitantes de la segunda mitad de este siglo. Eso es lo que pienso cuando conduzco. Igual que mis abuelos nacieron en un planeta que no reconocen hoy, si por una de aquellas llegara a superar los noventa años, cosa que dudo pues los solteros de nacimiento vivimos menos, yo tampoco sabré en 2070 dónde habrán ido a parar todos los coches.

Walter Lippmann escribe una frase en la primera página del primer capítulo de La opinión pública que sigue vigente, sobre todo en épocas de grandes cambios: «En la vida de cada hombre hubo un instante en que aún estaba adaptado a un entorno que ya había dejado de existir».

El siglo XXI, que espera alcanzar al XXII, no necesita de las costumbres del XX.

Mientras termina el cambio de siglo, cantemos:



Wouldn't it be nice, de Brian Wilson, me acompañará de vez en cuando al volante a partir de ahora.

dilluns, de desembre 24, 2007

P'HABERNOS MATAO

Por alguna razón (fascinación por la aeronáutica, por el espacio aéreo, o por la tecnología y el espacio en general), en el siglo XX se estableció que el héroe moderno debía sobrevivir a un accidente de aviación en su primera aventura.

Alex Raymond procuró que Flash Gordon hiciera lo propio en su primera aparición el 7 de enero de 1934. Debió gustar tanto de la experiencia que repitió en la segunda dominical:

(las rocas de Mongo deben estar acolchadas, digo yo)

Por aquellos años, Jerry Siegel y Joe Shuster crearon a su Superman y, tras llamar a muchas puertas, en 1938 Detective Comics (DC) estrenó la cabecera Action Comics con su héroe en portada. De forma un tanto cutre, los autores resolvieron el origen del personaje en dos viñetas de la primera página. En dos patás, vamos. Años después, otros dibujantes añadirían más detalles al mito. En estas dos viñetas de Curt Swan de 1973, Jonathan y Martha Kent hallan en la cuneta la cápsula que contiene a Kal-El.

(más que un accidente, esto es un suave aterrizaje)

John Byrne modificó un poquirritín el momento en The Man of Steel #1 (X-1986):
(aquí tenemos ya la explosión del impacto y un boquete)

Ciñéndose a la tradición, Jack Kirby y Stan Lee no quisieron ser menos cuando crearon el argumento del origen de los Cuatro Fantásticos, en 1961:

(chocan contra el suelo dando tumbos y me salen enteritos, oiga)

En 2004, los de Lost repitieron la jugada:

(ni un rasguño, como quien dice)

Si hasta ahora hemos asistido repetidamente al surgimiento de los héroes tras sobrevivir éstos a un accidente de aviación, el primer año del siglo XXI trasladó la fórmula desde la ficción a la realidad con un "accidente" televisado en directo.

Tenemos el avión que se estrella. ¿Y los héroes? También. Y en pantalla. Si bien es cierto que desde antiguo se han adaptado al cine los superhéroes de cómic, también lo es el boom que ha experimentado el género esta década desde el 11-S:

-Blade II (marzo 2002)
-Spider-Man (mayo 2002)
-Daredevil (febrero 2003)
-X2: X-Men United (abril 2003)
-Hulk (junio 2003)
-Hellboy (marzo 2004)
-The Punisher (abril 2004)
-Spider-Man 2 (junio 2004)
-Blade:Trinity (diciembre 2004)
-Elektra (enero 2005)
-Man-Thing (abril 2005)
-Batman Begins (junio 2005)
-Fantastic Four (julio 2005)
-X-Men: The Last Stand (mayo 2006)
-Superman Returns (junio 2006)
-Ghost Rider (febrero 2007)
-Spider-Man 3 (abril 2007)
-Fantastic Four: Rise of the Silver Surfer (junio 2007)

Eso hasta ahora (por suerte no he visto ni la mitad, y seguro que me he dejado alguna). Para el año que viene: Iron Man (abril 2008), The Incredible Hulk (junio 2008), The Dark Knight (julio 2008), The Punisher: War Zone (septiembre 2008) y espero que ninguna más. Aparte, en la agenda de Marvel Studios hay una docena larga de proyectos más para los próximos años, como si quisieran sacar tajada de cada personaje de la editorial.

Por alguna razón, el siglo XXI ha ratificado el esquema "accidente de aviación-surgimiento del héroe"; con una notable variación: del clima creado por un accidente real televisado (hecho ficción, hecho mito) ha surgido en pocos años una legión de películas de superhéroes. Los personajes serán ficción, pero la invasión de las salas es muy real. Y yo sigo preguntándome: ¿de qué han venido a protegernos?

divendres, de setembre 21, 2007

UN ALTO EN EL CAMINO

Por si alguien se interrogaba sobre los motivos de este inesperado presente con que la Providencia os ha favorecido a todos durante más de una semana, y ante los crecientes rumores relativos a mi supuesta desaparición, deseaba dejar aquí constancia del profundo pesar que ha embargado mi ánimo y el de mi familia todo este tiempo, concerniente a la enfermedad de origen desconocido, con posibilidad de fallecimiento pero, gracias sean dadas al Hacedor, no contagiosa, que padece nuestro bienamado router Xavi, por cuya pronta recuperación (o aún más pronta sustitución) os pido una plegaria.

Sólo una carcasa dejamos atrás cuando desaparecemos.
¿Y las lucecitas? ¿Dónde están las lucecitas?
Las lucecitas, ay, se apagaron. Ay, se apagaron ya.

[Tras este hito de la poesía profunda (jamás alcanzaron versos cotas más bajas), me despido, espero, hasta la semana que viene].

divendres, d’agost 31, 2007

LLAMA-MIENTO

Ordenadores y computadoras del mundo entero. Vosotros me odiáis, yo os odio, ¿por qué no podemos vivir en paz?

dissabte, de juliol 21, 2007

EL HOMBRE SIN CONTEXTO

Cada mañana de sábado es lo mismo: mi abuelo (aka "el Iaio") viene a vernos. Viene por hacer algo los sábados por la mañana (molestarnos) y porque nunca le visitamos nosotros. Desde hace más de cuatro años vive en una residencia a cuatro manzanas de casa, por donde nos acercamos sólo los domingos, cuando quiere que le llevemos en coche al hogar del pensionista para pasar unas horas en compañía de otros viejos y tomarse un café. Sí, seremos despreciables, pero con más paciencia que un santo.

El hombre ha cumplido este año 90. Tiene la cabeza en su sitio y mucha memoria, todo hay que decirlo, pero está sordo y ciego. Bueno, ve y oye lo suficiente como para poder todavía caminar por la calle (aunque yo creo que lo hace de memoria ya), pero hablar con él es imposible. Esto no tendría la mayor importancia si reconociera que es imposible conversar con él, pero es un ser humano y necesita entretenerse. Es en este punto cuando entra el móvil en su vida. Mi abuelo, ahí donde lo ves, suma de cabeza sin usar los dedos (de lo que yo soy incapaz porque, a ver, sí, usar y entrenar el cerebro está muy bien, pero los dedos los tenemos para algo, que no por nada son la base del sistema decimal; y sí, en esta frase se halla implícito el odio que siento hacia la profesora de 3º de EGB que me llamó la atención, en la pizarra y delante de toda la clase, por contar con los dedos; esté donde esté, la sigo odiando -es lo que tiene haber ido a un colegio de monjas, que sólo soy capaz de albergar buenos sentimientos) y sabe usar el móvil (de lo que es incapaz mi madre).

El móvil era el principal entretenimiento de mi abuelo. Llama a sus hermanos en el pueblo, a primos y primas que tiene por ahí desperdigados y pasa el rato. Pero claro, cada vez está más sordo e intercambiar información con él, por mínima que sea, cansa.

-Com està el papà?
-BÉ!
-Què dius?
-QUE ESTÀ BÉ!!
-Has dit que està bé?
-SÍ!!
-Has dit que sí?
-SÍI!!!

Un diálogo sencillo de pregunta-respuesta-pregunta-respuesta puede extenderse más de tres minutos. Mi abuelo sabe que está quedándose sordo. Que cada vez está más sordo. Que está muy sordo. Aún así, sigue echándole parte de la culpa al móvil, que no suena lo suficientemente alto. Y todas las mañanas de sábado la misma historia.

-Ves crida'm al mòbil a vore si sona, que tinc mania que va mal.

El móvil, claro, suena (fuerte), y es capaz de oírlo cuando se lo pega a la oreja y encaja la ranura del auricular con la entrada del canal auditivo (con cuidado de que ningún lóbulo se interponga, porque entonces la hemos fastidiado). Él está sordo, pero la culpa es del móvil. Se aferra al móvil de forma desesperada. Dice que podrían inventar móviles para los duros de oído, o un accesorio en forma de capucha que se adapte al auricular y canalice los sonidos a través de un embudo hacia el oído, sin pérdida de información. No le falta razón, pero ahora, tal y como están las cosas, debe empezar a hacerse a la idea de que ya no podrá usar el móvil. Él lo sabe y le fastidia, pero coño, también tiene que ver que con 90 años no existen los milagros.

Nosotros también nos hacemos los sordos cuando se sale de los temas estrella (móvil, cuánto paga en la residencia y cuánto cobra de pensión) y suelta que ZP va a llevar a este país a la ruina, que lo hace para vengarse de que los nacionales mataron a su abuelo en la guerra y que espera que los españoles se den cuenta pronto.

Todo lo expuesto hasta ahora me lleva a preguntarme de dónde obtiene mi abuelo la información. Con total seguridad, de otros viejos, porque una persona a la que le tienes que chillar tres veces un "sí" para que sepa que le has dicho "sí", y que se acerca el móvil a cinco centímetros de sus ojos para poder teclear un número, está completamente fuera del público potencial de los medios de comunicación. Lo que me conduce a la siguiente pregunta: ¿por qué mi abuelo puede votar? ¿por qué el voto de mi abuelo tiene el mismo valor que el mío?

Los ciudadanos que podemos o no ejercer nuestro derecho al voto vivimos en un contexto que no podemos abarcar por completo, por lo que la decisión que exterioricemos jamás será todo lo meditada e informada que un sistema realmente democrático pudiera requerir. Si la mayoría de los ciudadanos ya dependemos de los medios de comunicación (mediadores / filtradores) para adoptar una u otra postura contando sólo con información parcial, ¿por qué cuenta la opinión de mi abuelo, constituida a base de retazos de esos fragmentos?

PD: a partir de mañana, espero, iniciaré una serie de posts sobre por qué odio a los italianos.

dilluns, de juny 11, 2007

LA RESISTENCIA

La Fuerza es poderosa en mí. La siento. No me refiero a la religión de la República Galáctica, sino a la fuerza de resistencia que impide que me ponga con según qué cosas. Por ejemplo, el videoclip que debía entregar el miércoles pero que inconscientemente he ido retrasando hasta optar por acabar presentándolo en septiembre. Tengo los planos. En MPEG-2 y no en AVI, que es como debería tenerlos para editar con Premiere, pero bueno, los tengo. Tengo la música. Más de una, porque todavía no he decidido cuál escoger. El ataque de impotencia que me entró ante el supuesto conversor de MPEG-2 a AVI no me frenó, porque todavía no era importante. Fue visionando y bautizando los planos, con un plano en concreto, uno en el que la cámara avanza a ras de techo a través de tres habitaciones, que me mareé y me entró un dolor de cabeza inhabilitante. Ahí envié el videoclip a hacer puñetas y me despedí de él con un hasta pronto. Tengo que hacerlo, sin duda, pero al tratarse del último trabajo como tal de la carrera, me gustaría quedar contento del mismo y no acabarlo con prisas.

Yo quería. Para inspirarme en esto del montaje no narrativo me había visto la fascinante Koyaanisqatsi (ya os la estáis descargando) y A Movie, ambas analizadas en la biblia de Bordwell. Pero en esto que se me juntaron las ganas de deshacerme de unos cuantos papeles de la habitación, la relectura de la saga del Imperio Secreto del Capitán América (1974), unos episodios de The West Wing, el libro de Bordwell sobre la narración en el cine de ficción y un ligero resfriado, entre otras cosas, y la resistencia vino a manifestarse en forma de dolor de cabeza.

Tras mi primera siesta en un año, y después de unas semanas aparcado, reincorporé el trabajo fin de carrera a mi vida. Tracé los primeros intentos de unos cuadros que deben reflejar las periódicas apariciones del villano de turno, o de personajes recurrentes o fijos, aquellos lugares que se nos presentan en cada número, el avance de subtramas. El número que leí anoche, por ejemplo (primero que leo en inglés), suponía la primera aparición del Amo de Marionetas y de su hijastra Alicia, con quien se inicia la subtrama de la relación de ésta con Ben Grimm / La Cosa.

Por entonces (número 8, noviembre 1962) Alicia no había adoptado todavía el apellido Masters, derivado, cuenta la leyenda, por idea de algún lector del nombre artístico de su padrastro: Puppet Master. Leer estos tebeos en inglés no tiene precio. No sólo porque me los haya descargado, ni porque se trate de escaneados de la edición original, sin intermediarios editoriales de ningún tipo, también porque me permite tener acceso a las cartas que enviaban los lectores a la colección. La Fantastic 4 Fan Page, por lo poco que he visto hasta ahora, era escenario de comentarios y debates (que si no me gusta el nombre de Mr. Fantástico, que si la Chica Invisible no hace nada, que por qué la Antorcha tiene dos manos izquierdas en la portada del número 3, que por qué la Cosa tiene cuatro dedos en cada mano) que los autores de la serie convertían en ideas y argumentos para la misma. Es un espacio de lo más prometedor, sobre todo teniendo en cuenta que en el número 5 ya aparece una carta de Roy Thomas, quien se convertiría en guionista estrella de Marvel en la segunda mitad de la década y que gobernaría el destino de los inquilinos de los pisos superiores del edificio Baxter en los setenta.

Una cosa más. La relación entre Ben y Alicia tiene una base un tanto perversa. Desde el primer número de Fantastic Four sabemos que Ben está, igual que su amigo Reed Richards / Mr. Fantástico, interesado en Susan Storm / Chica Invisible. En el número 8, el Amo de Marionetas se fija en el parecido entre Susan y Alicia, por lo que disfraza a ésta de la Chica Invisible para colarse en la base de los 4F sin levantar sospechas y que Ben, controlado por el marionetista, se enfrente al resto del equipo. El resto de la aventura consistirá en rescatar a Susan y en detener un motín en una prisión, así como los planes de dominio global del villano. Lo perverso reside, no sólo en que tanto Susan como Alicia parezcan menores, sino en que representan el mismo modelo de chica, y en que gracias a esto, Ben puede tener una chica igualita a la de su amigo en físico, uniforme y peinado.

La siesta, por cierto, no me sentó nada bien. Me provoca insomnio por la noche.

dissabte, de maig 26, 2007

NUEVA GÉNESIS Y... ¿LA ESTRELLA DE LA MUERTE?

Aviso: esta entrada va de tebeos (toda no, pero casi). Algunos os sentiréis perdidos entre nombres de autores, colecciones y fechas de edición, pero por eso he puesto también fotitos que tanto os gustan, para ver si consigo atraer vuestra atención hacia alguno de los elementos que incluya. ¡Y hablo de Star Wars, coño, que ayer cumplió 30 años! ¿Se puede pedir más?

Hace cinco años y medio estábamos enfrascados en un trabajo sobre Stanley Kubrick para Historia del Cine de primero. El peso de las imágenes que incluimos para ilustrarlo nos obligó a dividir el texto para guardarlo en cuatro o cinco disquets. Así trabajábamos. Entonces parece que ninguno teníamos todavía grabadora de CDs; no faltaría mucho para ello, pero justo entonces, cuando nos hacía falta, eso no existía o no estaba extendido. A finales de primero copié en VHS algunos de los cortos que hicimos en clase porque el laboratorio no debía contar con grabadora todavía (o yo no sabía que existía o no sabía usarla, que también puede ser).

Con el tiempo se generalizaron las grabadoras de CDs y DVDs, y a este respecto tengo que escribir aquí un comentario que expresó hace años mi compañero de carrera Epunto Gepunto Emepunto: si las multinacionales han bajado tanto los precios para que todo el mundo podamos hacer nuestras propias copias de cualquier cosa, es porque les interesa que copiemos. Desde el momento en que las grabadoras se hicieron asequibles, toleraron, democratizaron e incitaron a la piratería. Seguro que las discográficas (si no las pequeñas, las grandes) se llevan parte del pastel de las empresas de tecnología. (Jordi, eso son acusaciones sin fundamento; déjame en paz). Copiar mueve dinero. Si no les interesara que copiáramos, no nos habrían dado las herramientas para poder hacerlo.

Los alumnos de segundo con los que estoy en contacto estos días conocen un entorno de trabajo muy diferente del que tuve yo. ¿Quieres que te pase este archivo? Espera, que ahora te lo paso con mi usb (o MP3, o PSP). ¿Que no nos da tiempo a acabar de editar la noticia en los ordenadores de la universidad? Tranquilo, que ahora lo copiamos todo en mi disco duro externo y ya seguimos en casa. Es increíble la facilidad con la que se copian y cortapegan los archivos hoy en día.

...

Madre de dios, cómo me despisto. Total hace unos minutos que he escrito lo de arriba y ya no sé cómo quería continuar. En algún momento el texto debía empezar a transitar hacia el hecho de que si todo lo comentado me sorprende, más todavía lo consigue que hace 30 años estrenaran La guerra de las galaxias, resultado de muchísimos trucajes ópticos y unos ordenadores de mierda.

Aquella película, Una nueva esperanza, sigue siendo para mí la mejor de la saga, con el argumento más sencillo posible: rescatar a la princesa que va de blanco y derrotar al tipo que va de negro que seguro que es el malo. Por cierto, que la primera vez que leí el título de A New Hope fue en un salón recreativo de Eurodisney, hace diez años, meses antes del reestreno en salas de la trilogía original. Antes de eso no sabía nada de que la primera película era la cuarta.

Debido al éxito fulminante que obtuvo, cualquiera diría que Star Wars surgió de la nada. Pero de la nada, nada sale. Más allá de las referencias que todo el mundo sabe y ayer muy bien recordó Rafa Marín (Flash Gordon + Kurosawa + western = Star Wars), no está de más indicar otras influencias más contemporáneas a la realización del primer film y que yo creo más directas. Si no en Lucas, sí en la psique de los espectadores adolescentes de entonces que seguro reconocieron en la pantalla historias que ya habían leído. En tebeos, claro.

Tenemos por una parte al Doctor Muerte, aparecido por primera vez en el número 5 de julio de 1962 de The Fantastic Four (de Jack Kirby), con su rostro desfigurado oculto bajo una armadura de metal. "¿Dónde estabas tú en el 62?", fue la frase de promoción de American Graffiti. "Leyendo tebeos de los 4F y tomando notas para una idea que se me ha pasado por la cabeza", pudo ser la respuesta de Lucas. El origen de Muerte se narró en el segundo anual de la colección, de 1964.

Tenemos también la Guerra Kree-Skrull. Que qué es eso, Jordi. No, si ya me imaginaba yo. Pues mirad, yo la leí hace unos años y sólo recuerdo que me encantó en todos los aspectos. Lo básico: es un conflicto planetario iniciado hace eones entre las civilizaciones Kree y Skrull (creedme), del que se nos informa y tiene su desarrollo en los números 89 al 97 (VI-1971 a III-1972) de The Avengers, escritos por Roy Thomas y dibujados por Neal Adams y los hermanos Buscema. Tiene cabida todo el mundo: la Inteligencia Suprema, los Inhumanos, el Capitán Marvel, Rick Jones, Nick Furia, los Mandroides, la Zona Negativa, Annihilus... todo bien mezcladito, con los Vengadores en medio de todo el meollo, que resulta ser una aventura cósmica como no se había visto en Marvel, con viñetas que muestran el avance a través del espacio de las naves gigantescas de la armada imperial Skrull (como en ésta del número 96). Tal que en una película que yo me sé.

Hace poco me inicié en la saga del Cuarto Mundo de Jack Kirby. No es precisamente la obra de Kirby que recomendaría, porque leyéndola lo único que queda claro es que son tebeos dibujados por Kirby, pues lo que es el argumento lía un poco. Si hay alguien ahí fuera que quiera probar con el Kirby de los 70, que empiece por Los Eternos (1976-78), por su etapa en Capitán América (1976-77) o por el tomo de Pantera Negra (1977-78).

El Cuarto Mundo es el título genérico de la saga desarrollada en las colecciones New Gods, Forever People, Superman's Pal Jimmy Olsen y Mister Miracle, todas de DC. Por lo leído en New Gods, es un conflicto entre Apokolips y Nueva Génesis, con el personaje de Orion en medio. Orion es el héroe de la historia e hijo de Darkseid, el amo de Apokolips. Vale, me diréis que lo del padre oscuro es el pan nuestro de cada día, pero echad un vistazo al aspecto de Apokolips, aquí al lado. Aalgoo se parece a aalgooo... y no señalo a naadiee...

La carretera de las influencias tiene dos sentidos, e igual que va, vuelve. Cuando uno lee la etapa de John Byrne en los 4F a principios de los ochenta, en plena fiebre galáctica, con esas recurrentes visitas a otros mundos y encuentros con civilizaciones de criaturas extrañas, es inevitable pensar que esas aventuras tienen lugar en el mismo universo de Star Wars, y que nos muestran rincones que jamás veremos en la pantalla.

Tal vez sea porque los dos tienen barba, pero a veces pienso que John Byrne y George Lucas son la misma persona. Por una parte, Lucas, de la mano de Spielberg, dominaron los 80 con sus guerras estelares, sus Indiana Jones, regresos al futuro, además de con otras producciones con el mismo sello o películas exploit. Byrne, por otra, y con un talento similar para realizar entretenimiento de calidad, conquistó el tebeo de superhéroes de esa década. Tras unos años a finales de los 70 con la Patrulla-X, de la que se despidió en The Uncanny X-Men #143 (IV-1981), y una corta etapa en Captain America (julio 1980 a marzo 1981; #247-255), recibiría a la nueva década como se merece con su labor en Fantastic Four (#232-293; junio 1981 a agosto 1986) y en las colecciones de Superman a partir de octubre de 1986.

La sombra de Star Wars se percibe sobre todo en Fantastic Four, pero también un poco en la saga del exilio de Superman, de 1989, que no son números directamente escritos por Byrne pero narran las consecuencias de las líneas argumentales que él abrió.

Vale, de acuerdo, de una viñeta aquí y otra viñeta allá no salen seis películas. Sólo digo que el espíritu de las aventuras más-grandes-que-la-vida de Kirby, así como los conflictos galácticos descritos en los cómics Marvel pocos años antes del estreno de Una nueva esperanza, son elementos que estaban ahí, en una cosa tan estrambótica como un tebeo de superhéroes, plasmado en un material conocido como papel, intermediario entre un universo y la imaginación.

diumenge, de juny 18, 2006

POST DESESTRUCTURADO

Anoche al final me acosté sin escribir una sola palabra. Suele pasar, demasiado a menudo (siempre, digamos), que pienso “Mira, esto podría contarlo en el blog. Y esto, también”. Es entonces cuando, al volver a casa y sentarme delante del portátil, me conecto y entro al blog y veo que no se ha actualizado solo. Nadie ha escrito el post por mí. Ni siquiera se ha actualizado por haber pensado en un tema y en unas cuantas frases para empezar el texto. No, hay que sentarse y escribir. Y siempre me da mucha pereza.

El viernes de la semana pasada, por ejemplo, madrugué para ir a Dieburg para, junto a Anahita y Claudia, enseñar al profesor el estado de la animación en la que habíamos estado trabajando el fin de semana anterior. Las semanas, de verdad, me pasan volando últimamente. Al profesor le gustó mucho la pieza, y a mí también, que no había tenido ocasión de ver el montaje en el que ellas habían estado trabajando los días anteriores. Con un par de retoques, estará listo para la exposición que se inaugura en noviembre en el Historisches Museum am Strom Hildegard von Bingen, en Bingen am Rhein, sobre los 650 años desde la fundación de la localidad. Lo de “am Strom” viene por que el edificio del museo es una antigua planta eléctrica.

Ese mismo día 9 la escuela celebraba el Media Day, al que por supuesto no me quedé, pues no me interesa ninguna de las actividades que pueda organizar la universidad. Y si son de autobombo, menos. Tampoco se quedó ninguna de mis compañeras, que se quejaron de que hubiera dinero para ese día y no para una ceremonia de clausura de estudios, que se ha aplazado cuatro o cinco meses. También es cierto que ellos por su cuenta sí pueden montarse una cena, que es lo que hizo el viernes por la noche mi clase de Gandia. Ellos ya casi han acabado la carrera y yo todavía tengo que volver para hacer el último curso. En cierta forma, es lógico que tarde más que el resto, aun siendo mayor que ellos, pues por alguna razón siempre llego tarde a todo. De hecho, todavía estoy caminando para llegar a ser un ser humano normal. Esto venía a cuento, señora R.A.F.I., porque servidor es lento por naturaleza, y si me ha calado sólo leyéndome es porque la lentitud impregna todos mis actos hasta límites que ni yo mismo sospechaba. Ya me lo dice mi madre (“He visto gente lenta, pero como tú, ninguna”), así que irá siendo hora de reaccionar aunque sólo sea para demostrar que no tiene razón y, como buen hijo, llevarle la contraria.

Tras despedirnos del profesor y entre nosotros, me fui a dar un paseo por el pueblo, para ver qué cara enseñaba en un día veraniego. Hice algunas fotos, con las que estrenaré mi cuenta el Flickr tan pronto venza a la pereza y aprenda a reducir el tamaño de los archivos de imágenes. El Photoshop y yo NO somos amigos.

Al volver a Darmstadt hice algo que había estado queriendo hacer desde finales de abril, cuando descubrí el Waldfriedhof al mismo tiempo que Quico y Pau, que habían venido a visitarme. Es exactamente lo que indica su nombre “el cementerio en el bosque” (o “el patio de paz en el bosque”). Se construyó durante la primera guerra mundial y se ha convertido principalmente en lugar de reposo de soldados de las dos guerras mundiales (también rusos y franceses) y de sus familiares. Allí también están enterradas las más de 10000 víctimas del bombardeo aliado sobre Darmstadt, que tuvo lugar la noche del 11 al 12 de septiembre de 1944. Pues lo que hice fue sentarme unas horas en un banco a la sombra y acabarme de un tirón el relato de Chesterton Los árboles del orgullo.

He visto pocos cementerios: el de Gandia, el de Benirredrà, el de Benimassot, el de Las Eras de Alcalá, el abandonado de Beniarjó (creo); no se pueden comparar con éste porque pertenecen a otra forma de entender los camposantos, que clasifica a los muertos en paredes de armarios archivadores, incluso con la escalerita para acceder a los documentos más elevados. También suelen ser de tierra seca o de suelo de cemento, y con cipreses como única vegetación. El Waldfriedhof es literalmente un bosque preñado de lápidas. En el suelo, porque la gente de aquí se encuentra ancha hasta en la tumba. Un gran lugar, diseñado más para que los vivos acudan buscando tranquilidad que para los muertos.

A la vuelta empecé a escribir un post, pero al poco me fui al Schwitz-fit y lo dejé colgado. Además de ser viernes, ese día se inauguraba el mundial con partido de Alemania, a la misma hora que el ejercicio, y se notó más todavía la falta de afluencia. A mí el fútbol digamos que me la suda. Ni me gusta ni me deja de gustar: me la suda. A los alemanes, que han empezado ganando, parece que les afecta más y ponen banderitas en los coches y en los autobuses, se pintan la bandera en la mejilla, se pasean con la bandera por capa. Digamos que se sienten identificados. En el Kaufhof de Mainz llegué a ver una dependienta con falda que llevaba la banderita pintada en la pierna, para lucirla mejor.

Por la noche me acabé de ver Die Hard. Ésa es otra. Algún día tendré que encarrilar este blog porque va a la buena de dios pero sin plan divino, digamos. Anoche estaba pensando en qué podía escribir en este post, pero de tanto pensar no escribí nada. Por la tarde ya quería escribir algo (“Vamos, Jordi, acabas estos ejercicios de alemán y te pones, que llevas días igual”) pero sólo me quedaba el último cuento del libro de Chesterton, que eran cuarenta paginillas y me estaba llamando para que lo rematara. Eso hice, con los pies apoyados en el alféizar de la ventana, con la hoja abierta hasta la pared, mirando de vez en cuando los paseíllos que se daban algunas en el 8A.

Se me ocurrió que tal vez podría, como vengo queriendo hacer desde hace meses, analizar alguna secuencia de alguna película y aprovechar la excusa para empezar a incluir imágenes en el blog. Entre Die Hard, la semana pasada (es mejor cada vez que la veo), y hace pocas noches Scarface y Shrek 2, tenía donde elegir, pero como antes de eso tengo que aprender a hacer capturas de pantalla con el VLC, pues me estuve viendo un rato más de Lawrence of Arabia, que la veo con el WinDVD y ahí sí sé hacer capturas. Me puse desde la toma de Áqaba, cuando empieza la tercera hora de película, pero el ordenador, por lo que fuera, se puso tonto, la imagen empezó a ir a trompicones y murió. Lo dejé enfriarse un rato pasando las páginas de la segunda década (del 35 al 44) de viñetas del New Yorker, de un cacho volumen recopilatorio que compré hace dos meses en el Flohmarkt de Frankfurt, y que se convertirá, si consigue llegar sano y salvo a casa, en la joya de la corona de mi colección junto al ejemplar firmado, dedicado y con un dibujito de un ratón del Maus de Art Spiegelman. Querría leerlo antes de enviarlo a España en un paquete con el resto de libros, y es que tengo que enviar paquetes sí o sí para deshacerme de sobrepeso y sobrebultos, e ir aligerando para el viaje de vuelta.

Pues eso, que el análisis textual para otro día. Antes de ponerme con Lawrence, estuve hojeando un librillo que me regaló un testigo de Jehová chileno que me paró ayer a mediodía cerca de Schloss, ¿Qué enseña realmente la Biblia?, que consideré comentar por los detalles interesantes que contiene. Me paró porque tengo rasgos latinos, y siempre anda a la búsqueda de gente que hable español, su target. Si realmente tengo rasgos latinos, ¿por qué no se me acercan también mujeres? Tal vez me las hayan reservado para la otra vida, pero el caso es que sólo me hablan hombres. Pues estuvimos hablando sobre el aquí y sobre el allá y sobre por qué no creo y por qué él sí. Cierto es que jamás en mi vida he tenido más fe que la que deposito en el servicio postal o en la mañana siguiente, problema de enfoque en el adoctrinamiento de mi colegio de monjas, que trataban la religión como una asignatura más en vez de como una materia relevante en la que estuviera en juego la salvación de mi alma. Envidio de alguna manera a aquellos que sí tienen Fe, a la que pueden recurrir en los momentos de crisis personales, pero las religiones son causa de muerte y guerras más que de otra cosa, y tengo el convencimiento de que un ser todopoderoso sólo puede ser malvado, categoría en la que no entra su Dios. Así que de gobernarnos alguien sería Satanás, pero ni en eso estamos de acuerdo, pues el librillo dice, en su página 85, que “en 1914 Jehová hizo Rey a Cristo y el Reino Celestial de Dios comenzó a gobernar”, por lo que ahora nos hallaríamos en el “corto espacio de tiempo que le queda a Satanás” antes de ser vencido en la guerra de Armagedón, tras la cual empezaría el Día del Juicio, un día de 1000 años. Ya digo, un librillo muy educativo e inspirador. Estuvimos charlando a gusto y debí caerle bien, porque era el único librillo que llevaba en su carpeta, entre ejemplares de Atalaya y ¡Despertad!

Pues me estuve entreteniendo con eso. También me hubiera gustado escribir algo sobre Mainz, ciudad que visité el sábado pasado y que me encantó, pero regresé destrozado tras siete horas pateándome el centro de la ciudad y el río. Fui solo porque era el único del grupo que todavía no había visto Mainz, y esto me sirvió para dar las vueltas que me diera la gana y pasar tantas veces como me apeteciera por el mismo sitio. Hizo un día magnífico, con demasiado calor, para mi gusto, pero soportable gracias a la cantidad de minifaldas por metro cuadrado que se avistaban. Menos el jueves, que intentamos ir a la piscina y nos llovió, llevamos dos semanas de sol. Lo mejor de Mainz: el Rhein, su orilla y la ciudadela. Cuando ya pensaba que había visto todo lo que según mi guía había que ver en Mainz, me topé con la ciudadela de la ciudad, de las pocas que hay en Alemania. Me apasionan las fortificaciones. De hecho, en los paseos que doy con mis perros por Benirredrà, pienso en cuánto costaría tapar las entradas del pueblo para protegerlo de un ataque por tierra. Mi casa quedaría fuera del recinto protegido, o haría de muralla en cualquier caso. En la ciudadela, para rematar la sorpresa, estaba teniendo lugar un concierto a cargo de una banda de niños, con sus jóvenes padres como público y como preludio a una barbacoa al aire libre, con perro incluido.

Y eso, que me entran ganas de escribir cuando no estoy delante del ordenador, que el blog no se actualiza solo, que los días pasan volando, que esta calor no anima, que por alguna razón no encuentro tiempo para escribir un post diario y, en definitiva, que me encanta perder el tiempo, como ahora, que estoy retrasando el momento de limpiar el baño, que ya me toca y que tampoco me pondré con ello después, pues hemos quedado para intentar un segundo asalto a la piscina. También, como siempre, que prefiero leer a escribir, aunque debería practicar esto último más si quiero vivir algún día de algo, porque la verdad es que no sé hacer nada más en esta vida.

Acabaré este revuelto acordándome de Rubén, Pau, Eduardo, Floren, Nuria y Joan (el Ménor), que se acordaron de mí la noche del viernes y me llamaron durante la cena de gala de fin de carrera que celebraron en Gandia. Un golpe bajo, porque así me entran ganas de volver donde ellos, con nota triste, pues aunque vuelva ya no compartiremos el último curso, que ellos acaban.

divendres, de juny 02, 2006

PUES A ESTO ME DEDICO

El número de actualizaciones de este blog durante el pasado mes indica que tengo pocas ganas de escribir. No sólo eso, yo aún diría más (Dupont y Dupont dixit), tengo pocas ganas de escribir nada divertido. Pero así no se soluciona nada: la inacción provoca más inacción. Y la inacción conduce, claro está, a hacer más bien poco. La inacción, además, sumada a asuntos pendientes, lleva a no avanzar en absoluto. Que es, digamos, lo que ha ocurrido por estos lares.

Dani me formateó el portátil hace un par de semanas y media. Nombraremos a esa fecha en el calendario (15 de mayo) como el punto cero de la cronología del cambio gradual deseado hacia una vida plena de actividad y provecho. El día anterior intenté formatear e instalar el XP por mí mismo, pero el portátil se rió en mi cara y lo abandoné apagado y desconectado del mundo en la soledad de mi habitación, en revancha por tamaño oprobio.

Los días anteriores, o la semana y pico anterior, para ser exactos, me dediqué a grabar los archivos del portátil en dvds. Estoy de acuerdo, una persona eficiente y provechosa esto te lo hace en una mañana, en un plis, pero eso, precisamente, es lo que yo no soy. Bueno, hubo una pequeña batalla de pistolas de agua por en medio que me entretuvo una tarde. Un imprevisto como cualquier otro. Y los ordenadores, que... que vamos, que no me caen bien. Que... ¡que son unos tontos!

También había hecho empezar a rodar una serie de actividades que han cogido velocidad tras el formateo o Día de la Purificación. A saber: lectura de la Odisea de Homero (o de quién sea, tanto da; espero tenerlo acabado para primeros de la semana que viene); lectura de V for Vendetta, de Alan Moore y David Lloyd (acabado hace un par de noches); (re)lectura de Los géneros cinematográficos, de Rick Altman (volveré sobre él, me apasiona); lectura de Bienestar, autoestima y felicidad, de Raimon Gaja Jaumeandreu (me hace falta); visionado (sí, visionado) de la primera temporada de 24 (qué serie más cojonuda, por el amor de dios), recomendada por Rodrigo, que se nos ha marchado hace poco más de 20 horas (ains); asistencia dos días por semana al Schwitz-fit, una especie (para que nos entendamos) de aeróbic, en el que durante una hora no paramos de movernos al ritmo de canciones que supongo deben ser famosas en su casa a la hora de comer, pero que yo sólo conozco de allí (bueno, el otro día empezaron con una de Nena; qué grande es Nena); y, también, y creo que no me dejo nada más, el alemán, que será lo único de provecho para mi expediente que conseguiré en Alemania.

Y con eso y un bizcocho, pues que ya está bien de no escribir, recojones. Aunque sean gilipuerteces.

A eso íbamos hace pocos días cuando me di cuenta de que no recordaba mi contraseña de blogger. ¡Hostia puta! Intentaba recordar pero ese apartado de mi mente estaba totalmente en blanco. Claro, un mes sin postear y un navegador que se encarga de recordar por mí las contraseñas, con un formateo entremedias y la concentración dedicada a Altman y Moore, me dirás. Vale, de acuerdo, lo confieso, también ocupo el tiempo mirando por la ventana, se me van los ojos y se me escurren las ideas. ¡Pero es que está tan buena! Y aquella otra rubita que tomaba el solecico en los días que tuvimos solecico (vamos para las dos semanas de lluvia, señores), también. Y eso, a ver si vuelve ya el solecico, que es por lo único que lo echo en falta. Que a mí la lluvia en junio no me molesta, lo que me molesta es que se tapen. Y que bajen la persiana, eso también.

PD: ¡Ah, la contraseña! Esta tarde estaba escribiendo combinaciones alfanuméricas sobre un papelajo para idearme otra y he dado con la que tenía siguiendo el procedimiento que uso para crear contraseñas. Sigo con la misma.