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dimecres, de març 31, 2010

SUPERHÉROES DEL ESTE

-Jack Kirby, cocreador de Captain America y Fantastic Four, entre muchos otros personajes, nació en Nueva York en 1917 con el nombre de Jacob Kurtzberg, hijo de inmigrantes austríacos.

-Will Eisner, creador de The Spirit, nació en Nueva York en 1917, hijo de inmigrantes, su padre un pintor vienés y la madre rumana.

-Stan Lee, guionista y responsable de la fama obtenida por Marvel Comics en los 60, nació en Nueva York en 1922 con el nombre de Stanley Martin Lieber, hijo de inmigrantes rumanos.

-Jerome "Jerry" Siegel, cocreador de Superman, nació en Cleveland en 1914, hijo de inmigrantes lituanos.

-Gil Kane, dibujante, nació en 1926 con el nombre de Eli Katz en Riga, capital de Letonia. Emigró a Nueva York con su familia en 1929.

-Harry Donenfeld, uno de los fundadores de lo que acabaría convirtiéndose en DC Comics, nació en Rumanía en 1893. Emigró a Nueva York con su familia en 1899.

-Jack Liebowitz, socio de Donenfeld y responsable de la fusión entre All American Comics (donde nacieron Flash, Green Lantern, Hawkman y Wonder Woman) y Detective Comics (Superman, Batman) que resultó en National Comics, editorial que, junto con la distribuidora Independent News y otras empresas, integraría el conglomerado National Periodical Publications (más tarde: DC Comics). Jack nació en Ucrania en 1900 con el nombre de Yacov y no adoptaría el apellido Lebovitz hasta los 3 años, heredado del segundo marido de su madre. Emigró a Nueva York con su familia en 1910.

Todos de ascendencia judía.

Menos Ucrania, el resto (Austria, Rumanía, Lituania y Letonia) son todos países de la Unión Europea. Demos gracias de que los padres del comic book de superhéroes llegaran a EEUU a principios del siglo XX y no a la España de principios del XXI.

dimecres, de desembre 03, 2008

¿DÓNDE ESTABAS, MARVEL GOLD?

Jamás de los jamases había ocurrido que no escribiera ni siquiera un post al mes. Ya cuidaba yo de ello. Sin embargo, en noviembre, nada. Supongo que es mi peculiar estilo de celebrar el tercer aniversario del blog. Ocurre que siempre actualizo desde el portátil y acostumbro a dejar éste en lo que podríamos llamar mi despacho, carente de conexión. De esta manera, allí escribo sin distraerme en internet y aquí me dedico a leer a mansalva (demasiado), al alemán (bastante menos) o a otras actividades analógicas.

A pesar de mi pereza digital, seguía anotando ideas para posibles textos, a los que sigo queriendo dar forma en un futuro cercano. Simplemente por el placer de seguir lanzando mensajes al océano, voy a comprometerme conmigo mismo a colgar un mínimo de un post a la semana desde ya. A ver cuánto dura la promesa.

Empecemos con algo sencillito. Hace poco he podido disfrutar con la saga de los Vengadores Operación: Tormenta Galáctica, en la edición en tres tomos que ha sacado Panini en los últimos meses. Me ha resultado muy entretenida y se la recomiendo a cualquier lector de superhéroes con unos cuantos años de afición. De la misma manera, no la recomendaría en absoluto para todo aquel que empezara a sentir cierta curiosidad por el género y creyera que va siendo hora de pillarse alguna lectura protagonizada por engreídos exhibicionistas daltónicos ciclados. Para eso, mucho mejor acercarse al Daredevil de Frank Miller o al Superman o Los 4 Fantásticos de John Byrne porque... bueno, así es como empecé yo.

No voy a contar nada del argumento más allá de lo que se puede leer en las contraportadas. Operación: Tormenta Galáctica es una macro-saga Marvel narrada en 19 partes repartidas en siete colecciones publicada en 1992. Lo que más me ha llamado la atención ha sido la capacidad de los guionistas para avanzar en la trama sin perder de vista quién es el protagonista de cada episodio. Éstos se van centrando en Capitán América, Quasar, Wonder Man, Iron Man o en a quién le toque cada vez al tiempo que se va desarrollando la acción principal. Parecerá una chorrada, pero es un detalle hacia aquellos lectores que en su momento sólo pretendieran leer un tebeo más de su personaje, sin atender al resto de la historia --y que no quisieran o no pudieran permitirse el desembolso de adquirir las otras colecciones.

Si dirijo mis alabanzas hacia los guionistas y alejo a los neófitos de esta saga es más que nada por los dibujantes. Sólo un estómago curtido en abominaciones puede tolerar esos rayajos sin despreciar el género en su integridad. No es que sean malos, pero podrían ser mucho mejores.

Estos tebeos cuentan, además, con un interés añadido, pues fueron los encargados de inaugurar, junto a la estupenda etapa de Roger Stern y John Byrne en Captain America, el formato-colección Marvel Gold de Panini, nueva plataforma, esta vez en color, a tamaño comic-book, cubiertas en rústica y precio ajustado, desde la que recuperarán sagas añejas de Marvel (reservemos el adjetivo «clásico» para otros destinatarios).

Pues qué queréis que os diga: yo estoy encantado. Es un formato manejable (vamos, que se puede abrir), fiel a las proporciones de página y, sobre todo, su precio no es un abuso. Hace unos días, la nueva web de Marvelmanía anunciaba el plan editorial que reserva Panini para los tebeos añejos durante el 2009 y la cosa pinta bastante atractiva. Para mí, claro, que sólo sigo fiel a Daredevil y me paso por el forro el resto de la actualidad Marvel y los tomos hipertasados. Me parece un acierto que Panini publique a partir de ahora estas «novedades» para cubrir un espectro de clientes que tenía descuidado: yo mismo.

diumenge, de juny 15, 2008

META-PORTADAS (1)

No sé si se lo habré contado a alguien ya y tampoco me importa si me creen o no, pero a excepción de haber sido testigo en directo, desde el verano del 88, de la etapa de John Byrne en Superman, y algunos números del Daredevil de Frank Miller publicados en Los cómics de El Sol unos pocos años después, mi verdadera inmersión en los tebeos de superhéroes no sucedió hasta hace unos diez años, cuando empecé a probar otras colecciones que no fueran Daredevil o Superman... y apareció la Línea Excelsior de Forum.

Los noventa me pillaron leyendo manga (Toriyama, Shirow, Katsura,...), y por esta razón no me di cuenta, cuando tuve en mis manos por primera vez el Bartman #4 (mayo 1995), de que la portada firmada por Matt Groening y Bill Morrison...

...era en realidad una copia-homenaje de la portada de The Amazing Spider-Man #50 (julio 1967), a cargo de John Romita y Mike Esposito:

A este tipo de copias-homenajes se les suele llamar «swipe» y, en ocasiones, los responsables de la nueva versión reconocen la paternidad de la composición mediante la fórmula «after...» seguida del nombre del autor original (o incluso «après...» si el original es francés). En este caso, por ejemplo, debería leerse un «after Romita», pero no aparece por ningún lado.

Las portadas de los comic books de los Simpson incluyen unos cuantos swipes de superhéroes, y de aquéllos me voy a nutrir para ir mostrando aquí poco a poco los que conozca. Y así, como quien no quiere la cosa, da comienzo una nueva serie.

divendres, de gener 18, 2008

HARTAZGO. SEXTA PARTE (FINAL)

¿Cómo acabo? Debería haber escrito todo de una, cuando empecé hace una semana y todavía estaba el tema caliente. Sí, habría sido lo mejor. Claro que si lo hubiera rematado todo de una o dos sentadas no habría profundizado tanto en el tema y no lo habría disfrutado tanto. Por otra parte, el o los textos habrían sido más cortos y habrían aumentado las posibilidades de que los hubiera leído alguien más. Los textos cortos, sin embargo, no me salen siempre, y menos cuando un tema me inspira tanto como éste de las ediciones. He de añadir, en favor de la tesis de la prontitud (que no de la brevedad), que la sangre caliente espolea más y no deja tiempo a que surjan novedades que a uno le cambien el parecer. Pero modificar la opinión según el contexto, ¿es no tener opinión?, ¿es tener una opinión débil?, ¿o nos aleja del fanatismo y es por tanto sano? Lo que es cierto es que me gustaría que el lodo se posara de nuevo en el fondo de la balsa y el agua recuperara su nitidez. Que Planeta vuelva a ser Planeta en lugar de Planeta.

RESUMEN DE LA LONGANIZA: que ahora sólo compro Daredevil y que he dejado Green Lantern, Superman, 52, The Sandman y La cosa del pantano, pero que es posible que vuelva con dos de ellas el mes que viene. Por otra parte, cada vez me sale más a cuenta comprar los tomos en inglés. ¿Y todo esto no lo podías contar en cuatro líneas?». «Lo acabo de hacer, ¿no?»].

Para nada es reprochable que uno siga comprando un título con defectos en su edición, pero es preocupante la ceguera respecto de esos defectos. Cada uno tendrá sus motivos para seguir una u otra colección, yo expuse aquí los míos sobre Las aventuras de Superman, y por qué en aquel momento me compensaba su compra. Claro que puede verse todo como un intento de justificar lo injustificable, y de haberme fabricado yo a mí mismo la ilusión de que me compensa cuando no me satisface del todo.

Sin embargo, una cosa es un mecanismo mental de justificación y otra el permanecer ciego ante los defectos y empecinado en su defensa. ¿Qué ocurriría con todos aquellos lectores satisfechos que felicitan ahora a Planeta y califican sus ediciones de «muy buenas» si de repronto Planeta volviera a editar como antes? ¿Se sentirían decepcionados? ¿Exigirían tebeos peor rotulados? ¿Con los títulos mal adaptados? ¿Diálogos sin palabras en negrita? ¿Que volviera la cAItóca mtacqEaóiUn? ¿Que se conservara el negro para adaptar las palabras o letras en colores que a veces aparecen en los bocadillos originales? ¿O no notarían mejora alguna?

En los últimos meses han cambiado bastante mis hábitos de compra. El mes pasado Planeta interrumpió The Sandman y La cosa del pantano; también en diciembre, en los primeros días, compré el último número de 52; en octubre, en su número 5, me cansé de los chapuceros títulos de Superman; y el primer número de Green Lantern, de junio, fue el último que compré. Teniendo en cuenta que Civil War también acabó el mes pasado, lo único que me queda es Daredevil. Bien pensado, ¿para qué quiero más?

Pero, ay, el lector de superhéroes siempre quiere más. La semana pasada me llevé una alegría en el quiosco con el Superman #8, de este mes de enero. A primera vista, parecía que habían adaptado sorprendentemente bien el título del episodio de Superman #660 (marzo 2007): «The Art of the Prank». Como no me atrajo la historia, no lo compré y no pude confirmar si el diseño era fiel o no, pero al menos me satisfizo ver que prescindían del «recuadro que todo lo tapa». Depende de cómo se porten el mes que viene para que vuelva a picar.

También hace pocos días he podido ver por encima el avance del Green Lantern #5, de febrero, que Planeta ha colgado en su web. Y... ¡han corregido algunos aspectos de los que me quejé en la carta que les envié en verano! Puede ser que no me hayan hecho ningún caso y se hayan dado cuenta ellos mismos de que el «recuadro que todo lo tapa» no es una solución al diseño de los títulos, pero el caso es que han mejorado. Si la coedición con Italia les impide jugar con los títulos de los episodios de algunas colecciones, lo correcto es dejar el título en inglés en ambas y no cubrirlo con un rectángulo coloreado de lo más chusquero. No sólo eso: ¡también han incluido los nombres de los editores americanos! Es que merecen que les compre el tebeo (las negritas se les resisten, eso sí).

Con The Sandman no creo que siga. Al menos no este año. Por las referencias, me esperaba una obra rematadamente buena, y no ha sido así. Los episodios me dejaban más bien indiferente, con excepción de «El son de sus alas» («The Sound of Her Wings», The Sandman #8, agosto 1989; nº 4 de Planeta), que fue el primero y el único con cuya lectura disfruté de verdad. Son agradables las referencias a Chesterton y a Shakespeare, pero no, The Sandman no es para mí.

La cosa del pantano cada vez iba a mejor, pero ahora mismo tampoco tengo muy claro si seguir o no. Al menos no en la edición de Planeta. Además, ya tengo demasiado para leer como para encima cargarme más. No. Que no. En todo caso... miraría el tomo que Planeta sacará el mes que viene a ver si me convence... o le daría una oportunidad en inglés un año de estos.

Bendito inglés. Los tomos en inglés son otra cosa. Las grapas originales pueden resultar tan caras que casi dejan tan mal sabor de boca como un defecto de edición, pero los tomos... los tomos en inglés compensan.

El mes que viene, por ejemplo, Planeta empieza el CDC: Wonder Woman, que en cuatro tomitos recopilará los 24 números que dibujó y medio guionizó George Pérez hace veinte años. Son números que me interesan. Puestos a establecer prioridades para las novedades de febrero, casi diría que por estar dibujados por Pérez me interesan más que La cosa del pantano escrita por Alan Moore. Más que nada porque es una etapa que no conozco. También porque es un formato más barato (y más pequeño). Y habría que ver la edición.

Gracias a que Planeta publica CDC: Wonder Woman me he enterado de que existe una serie de recopilatorios en inglés de la etapa de Pérez en Wonder Woman. El primer tomo, Wonder Woman: Gods and Mortals, parece coincidir con el primer número de Planeta. El tomo de Planeta cuesta 7.95 euros (a los que habría que sumar los 6.30 del tren que cuesta ir y volver a Valencia en caso de que el ejemplar no se distribuyera aquí o no quisiera comprarlo ya). Si lo pido por Amazon Alemania me sale por unos 10 euros más 6 de gastos de envío.

Vale que en frío la edición de Planeta es más barata, menos de dos euros más barata, pero si comprara el TPB de DC tendría una edición en tamaño comic book y sin fallos (o con muchísimos menos). Vale también que el precio del billete del tren se divide entre otros artículos que pueda comprar en Valencia, pero es que los gastos de envío también se reparten. Sólo con que pidiera otro libro, recurrir a Amazon ya es un euro más barato.

De todas formas, miraré qué tal me parece el tomo de Planeta si lo veo el mes que viene, pero teniendo la alternativa del TPB no creo que lo compre. También podría esperarme a que Planeta se hundiera con DC y comprar CDC: Wonder Woman a mitad de precio cuando lo salden a finales de año. Sin embargo, la edición original tira mucho, y no es tan cara. El formato CDC será todo lo barato que será pero, cada vez más, a mí me sale caro tener una edición con defectos si sé que pagando muy poco más tengo una edición impecable que no me defraudará. Tal y como están las cosas, prefiero no tener un disgusto en la estantería.

Por suerte, nadie me obliga a comprar tebeos, ni a necesitar los primeros números de la Wonder Woman de George Pérez exactamente el mes que viene. De verdad, no hay nada como aprender a aplazar las compras. Además, gracias a dejarme las colecciones de Planeta estoy volviendo a saborear el manga y conociendo otros autores y temáticas.

EPÍLOGO: A veces pienso que no vale la pena discutir. Unos seguirán comprando aunque impriman el tebeo en papel higiénico y otros seguiremos sin querer pagar las chapuzas. Además, que yo escriba todo esto no cambiará nada, y sólo habrá servido para aclararme las ideas. Lo cual no es poco.

Si muchos lectores están satisfechos porque su nivel de exigencia es inferior, bien por ellos, que sigan comprando. No voy a poder convencerles. Sin embargo, sigo creyendo que no debería importarnos sólo si tal título se publica o no, sino también cómo.

El famoso «es esto o nada» no puede usarse siempre como argumento porque es tramposo. Se usó hace nueve años con las Bibliotecas Marvel porque de verdad era «aquello o nada»: se pretendía publicar los primeros veinte años de las colecciones más importantes, y eso suponía tantos tebeos que o se encontraba la manera de sacarlos baratos y rápido o no habrían alcanzado ni una fracción del éxito que obtuvieron. Las BM ayudaron a refrescar los recuerdos de unos lectores y a dotar de memoria a otros, que si hubieran tenido que usar como referente de lo que es el Universo Marvel lo publicado en los noventa, lo habrían enviado todo a la mierda. Por azar cósmico, las BM coincidieron con la vuelta de Marvel a la continuidad y al espíritu de su mejor época, la calidad de los nuevos comic books redundó en las BM, y la calidad de éstas en las ventas de aquéllos. Todo confluyó y encajó como dos piezas que antaño fueron una sola.

Las BM podían ser pequeñas y en blanco y negro, pero el formato se adecuaba al propósito y estaban muy bien editadas. El «es esto o nada» no sirve para las colecciones actuales en grapa o en tomo mal editadas. No tiene ningún sentido, o para mí no lo tiene, seguir pagando por un tebeo en el que los títulos se adaptan con un «recuadro que todo lo tapa», o por tomos que no se pueden abrir. Yo sí creo que, al menos en algunos casos, el consumidor es soberano, y sí me parece que dejar de comprar una colección es la forma más correcta de mostrar mi desagrado respecto de una política editorial. Y si va acompañado de una carta a la editorial en la que se exponen los motivos por los que uno deja de comprar una colección, mejor todavía, porque no hay otra vía para que se den por aludidos ni sepan qué pensamos.

Dejar de comprar y escribir una carta es lo que hice yo. Me parece que ha servido de algo.

Me gustaría dar por zanjado el tema, pero sé que volveré sobre él en los próximos meses. Ya sea porque la editorial insiste en los defectos como política, ya sea porque quedan lectores con las tragaderas muy altas.

Ves, no me gusta lo que acabo de escribir, porque la culpa no es de esos lectores que siguen comprando las colecciones que les gustan, sino de Planeta por haber reducido, en cuestión de año y medio, sus niveles de exigencia. No creo que sea intención de las editoriales, pero consiguen que los lectores nos enfrentemos cuando las únicas responsables de todo lo que ocurre son ellas.

Y aquí seguimos nosotros, que en vez de hablar de las jugadas que más nos han gustado nos detenemos a discutir si tal equipo ha fichado a tal jugador, si alguien discutió con no-sé-quién en los vestuarios, si parece que el jugador estrella de nuestro equipo preferido está a punto de irse al extranjero, que si los jugadores se fueron de parranda... Podría decirse que esto no es fútbol, igual que puede decirse que los movimientos editoriales no son tebeos, pero resulta que el fútbol es jugado y gestionado por personas, y tras los tebeos también hay personas que los editan. No se hacen solos: las personas importan. Y un equipo diferente realiza tebeos diferentes. En este caso peores, pero con vistas de mejora.

Suficiente. Además, yo debería estar escribiendo el proyecto.

diumenge, de gener 13, 2008

HARTAZGO. CUARTA PARTE

En la que servidor rememora los defectos evidentes manifestados en el coleccionable de Planeta Las aventuras de Superman y detalla cómo, a pesar de los cuales, siguió con la colección hasta finalizarla.

Expondré un ejemplo personal. Confieso que he comprado completa la colección de Las aventuras de Superman que Planeta estaba sacando hace un año, a pesar de los escaneos y a pesar de que del número 20 (marzo 2007) en adelante desaparecieron las palabras resaltadas en negrita.

Cuando empezó Las aventuras de Superman, Planeta hacía un año largo que publicaba DC, y lo único que les había comprado hasta entonces había sido el famoso Batman: Año Uno de Frank Miller y David Mazzucchelli por un euro (un tebeo estupendo a un precio fantabuloso) y el primer tomo de La saga de Ra's al Ghul, también protagonizado por Batman. Nada más. El primero lo compré porque hacía años que quería leerlo y el segundo para probar a ver qué tal. No compré nada más por varias razones: a) no me interesan demasiado los superhéroes de DC; b) por entonces compraba más Marvel; c) me fui a Alemania un año.

Lo del Batman: Año Uno a un euro es muy curioso. A mí la edición me parece óptima, inmejorable, casi definitiva: bien editada, encuadernada en rústica, a color, en tamaño comic book, una bonita rotulación, buen papel. Hace menos de tres años, no comprar este tebeo a un euro, en caso de tener un euro que gastar, en caso de que uno no dispusiera ya de una edición anterior, y en caso de que uno estuviera interesado en los superhéroes, era un acto incomprensible. El editor de Planeta/DC anuncia, para este 2008, la reedición de Batman: Año Uno en formato Absolute: más grande (no respetuoso con el formato original) y mucho más caro. Cada día tengo menos claro para quién editan. Cada día tengo más claro que para mí no. Puedo entender que publiquen en Absolute miniseries de unos cuantos números que alcancen un grosor considerable, calidad aparte, pero publicar Batman: Año Uno, que no llega a las 100 páginas de historieta, en un formato enorme, me parece un disparate. Sin embargo, no pongo el grito en el cielo: a) viniendo de Planeta, ya nada me extraña; b) en tanto que no tengo intención de comprarlo, no me afecta.

Desde que Planeta empezó a publicar DC, desde que Planeta sacó el coleccionable de Batman, yo soñaba con una reedición de la etapa de John Byrne en Superman. Tenía muchas ganas de poder leer entera por primera vez la etapa de John Byrne. John Byrne no fue lo primero que leí de Superman -este honor recae en unos tebeos dibujados por Curt Swan en mi muy manoseado retapado número 7 de Zinco- pero, con ocho años, yo notaba la diferencia que suponían los episodios firmados por un tal John Byrne, y los prefería sobre los demás. Si hubiera empezado con otros tebeos de peor calidad, seguramente no seguiría leyendo hoy superhéroes. Cómics sí, porque ya leía Tintín y todo lo que tuviera viñetas. Tal vez los superhéroes se me hubieran atragantado como les ha ocurrido a otros lectores; por suerte, no fue así.

Las aventuras de Superman de Planeta empezó a distribuirse a la semana de volver yo de Alemania. Me gustaba la edición: tamaño comic book, rústica, color, papel satinado, negritas... Más caro que el coleccionable de Batman y más caro que el mismo producto vendido en Italia (se iniciaba por entonces la edición para otro país), pero todavía con un buen precio: 4,50 euros por cuatro comic books.

Los tres pilares de maquetación, encuadernación y rotulación eran sólidos. A la altura del número 10 (octubre 2006) aparecieron las primeras páginas raras, en el «color de puntitos» de antaño. En el número siguiente, de octubre también, los primeros escaneados chungos con un color borroso que daña la visión. Por entonces ya había empezado a fallar la prometida distribución semanal, y con el número 16 (con fecha de diciembre de 2006 pero aparecido en enero) se encartó una nota del editor, ya por entonces David Hernando, en la que se disculpaba tanto por la calidad de los materiales como por la aperiodicidad, e informaba a los lectores de que para solucionar los inconvenientes Las aventuras de Superman sería quincenal durante un tiempo. La verdad, no entiendo por qué no se disculpan más, pues esos actos ablandan el corazón de los lectores más iracundos y consiguen que traguemos unas páginas escaneadas.

Aquí, una viñeta con color de puntitos, por si alguien no sabe lo que es (LAdS #10)

Era vergonzoso, cierto, que una editorial ofreciera escaneos de calidad tan ínfima. Como admirador del extinguido «color de puntitos», albergo una alta tolerancia hacia esas páginas, que para nada me impiden disfrutar igual del tebeo; excepto, tal vez, en el caso del episodio de la Viuda Negra en el Spiderman de John Romita #36 (diciembre 2001), jamás corregido. [A la derecha, la Viuda Negra con un «color de puntitos muy separados»]. Los colores borrosos, empero, son otro cantar. Leí comentarios de lectores que dejaban de comprar (o decían que dejaban de comprar, que no es lo mismo) la colección por ese motivo. Yo valoraba que los tres pilares, además del precio, seguían ilesos. Si, por ejemplo, Las aventuras de Superman se hubiera publicado en el formato de Clásicos DC (CDC), cuyos Nuevos Titanes también eran ya famosos por sus páginas borrosas, ni siquiera John Byrne habría evitado que yo dejara el título tarde o temprano. Cada tomito de CDC: Nuevos Titanes incluye casi lo mismo que cada ejemplar de LAdS, pero más pequeño, más caro y con peor papel.

Los escaneos parecían restringirse, oh casualidad, a los episodios dibujados por Byrne, y casi desaparecieron cuando concluyó su etapa en el número 21 (marzo 2007). Un rápido vistazo a la colección me certifica, con un pequeño margen de error, que los únicos números que incluyen historietas completas de colores difusos, considerando que no me importa el «color de puntitos», son los siguientes: #11, 13, 14, 16, 17, 27 y 28, con alguna página esporádica en #34 y #37.

Con esos números defectuosos en un plato de la balanza, y en la otra los tres pilares, amén del precio, el formato comic book y el hecho de disponer de toda la etapa de Byrne en Superman, seguida de los números que desarrollan líneas de acción iniciadas por él y que fueron cerradas por otros autores tras su marcha, decidí seguir. Me compensaba. Además, pasaba por una época comprensiva con Planeta; ya digo: una nota de disculpa hace mucho.

Esto se supone que es una viñeta borrosa (LAdS #11). De verdad que en papel se aprecia mejor

El mismo defecto, en CDC: Nuevos Titanes, es muy diferente: 7,50 euros por unas 100 páginas en color, a tamaño reducido, con esa calidad de impresión, es muy caro. Más teniendo en cuenta que Selecciones Marvel ofrecía el mismo número de páginas, a tamaño comic book, sin defectos mayores, por 6 euros. Entendería, sin embargo, que hubiera lectores que estimaran tanto esa colección que les compensara. De hecho, los hay, pues CDC: Nuevos Titanes sigue saliendo. Espero que haya mejorado. Cuando miré algún número en la tienda, a mí no me compensaba, por mucho que me atrajera el dibujo de George Pérez.

El formato en sí de CDC no me disgusta: lo que me previene de comprar según qué números es su realización técnica. Por ejemplo, el CDC: El cuarto mundo de John Byrne, a ese tamaño y a ese precio, pero sobre todo con esa muy deficiente rotulación de los títulos, no lo he querido ni en los saldos que ofrecía Planeta el mes pasado. Por mucho que me guste John Byrne.

Vaya, lo que empezó como «voy a ver si escribo algo sobre las ediciones de Planeta ahora que el tema vuelve a estar caliente y de paso actualizo el blog, que ya hace días» se ha convertido en un monstruo al que todavía no veo la cola. Otro día, espero que mañana, la quinta parte.

dilluns, de desembre 24, 2007

P'HABERNOS MATAO

Por alguna razón (fascinación por la aeronáutica, por el espacio aéreo, o por la tecnología y el espacio en general), en el siglo XX se estableció que el héroe moderno debía sobrevivir a un accidente de aviación en su primera aventura.

Alex Raymond procuró que Flash Gordon hiciera lo propio en su primera aparición el 7 de enero de 1934. Debió gustar tanto de la experiencia que repitió en la segunda dominical:

(las rocas de Mongo deben estar acolchadas, digo yo)

Por aquellos años, Jerry Siegel y Joe Shuster crearon a su Superman y, tras llamar a muchas puertas, en 1938 Detective Comics (DC) estrenó la cabecera Action Comics con su héroe en portada. De forma un tanto cutre, los autores resolvieron el origen del personaje en dos viñetas de la primera página. En dos patás, vamos. Años después, otros dibujantes añadirían más detalles al mito. En estas dos viñetas de Curt Swan de 1973, Jonathan y Martha Kent hallan en la cuneta la cápsula que contiene a Kal-El.

(más que un accidente, esto es un suave aterrizaje)

John Byrne modificó un poquirritín el momento en The Man of Steel #1 (X-1986):
(aquí tenemos ya la explosión del impacto y un boquete)

Ciñéndose a la tradición, Jack Kirby y Stan Lee no quisieron ser menos cuando crearon el argumento del origen de los Cuatro Fantásticos, en 1961:

(chocan contra el suelo dando tumbos y me salen enteritos, oiga)

En 2004, los de Lost repitieron la jugada:

(ni un rasguño, como quien dice)

Si hasta ahora hemos asistido repetidamente al surgimiento de los héroes tras sobrevivir éstos a un accidente de aviación, el primer año del siglo XXI trasladó la fórmula desde la ficción a la realidad con un "accidente" televisado en directo.

Tenemos el avión que se estrella. ¿Y los héroes? También. Y en pantalla. Si bien es cierto que desde antiguo se han adaptado al cine los superhéroes de cómic, también lo es el boom que ha experimentado el género esta década desde el 11-S:

-Blade II (marzo 2002)
-Spider-Man (mayo 2002)
-Daredevil (febrero 2003)
-X2: X-Men United (abril 2003)
-Hulk (junio 2003)
-Hellboy (marzo 2004)
-The Punisher (abril 2004)
-Spider-Man 2 (junio 2004)
-Blade:Trinity (diciembre 2004)
-Elektra (enero 2005)
-Man-Thing (abril 2005)
-Batman Begins (junio 2005)
-Fantastic Four (julio 2005)
-X-Men: The Last Stand (mayo 2006)
-Superman Returns (junio 2006)
-Ghost Rider (febrero 2007)
-Spider-Man 3 (abril 2007)
-Fantastic Four: Rise of the Silver Surfer (junio 2007)

Eso hasta ahora (por suerte no he visto ni la mitad, y seguro que me he dejado alguna). Para el año que viene: Iron Man (abril 2008), The Incredible Hulk (junio 2008), The Dark Knight (julio 2008), The Punisher: War Zone (septiembre 2008) y espero que ninguna más. Aparte, en la agenda de Marvel Studios hay una docena larga de proyectos más para los próximos años, como si quisieran sacar tajada de cada personaje de la editorial.

Por alguna razón, el siglo XXI ha ratificado el esquema "accidente de aviación-surgimiento del héroe"; con una notable variación: del clima creado por un accidente real televisado (hecho ficción, hecho mito) ha surgido en pocos años una legión de películas de superhéroes. Los personajes serán ficción, pero la invasión de las salas es muy real. Y yo sigo preguntándome: ¿de qué han venido a protegernos?

dijous, de setembre 27, 2007

¡¡VIVA KIRBY!!

Una versión primitiva de este texto iba a ser el siguiente post... hace dos semanas. Como lo he dejado criar, pues el muchachote se ha engordado bastante en este tiempo. Sólo espero que no se os indigeste.

Hace más de dos semanas terminé de leer Tales to Astonish (*), no la serie de comic books editada por Atlas/Marvel entre 1959 y 1968 y que cambió su nombre por el de The Incredible Hulk a partir de su número 102, sino el libro escrito por Ronin Ro (un pseudónimo), una especie de biografía de Jack Kirby y un retrato de su época. No pretende ser LA biografía de Jack Kirby, pues este título, por las expectativas creadas, corresponderá a la escrita por Mark Evanier, quien se convirtiera en asistente del dibujante hacia el final de su segunda etapa en Marvel, y cuya publicación estaba anunciada para el mes que viene. Y digo estaba porque según explicó él mismo el pasado fin de semana, Kirby: King of Comics se retrasa al menos hasta febrero.

Leído el libro, no acabo de entender cómo nadie (hasta donde tengo noticia) ha realizado todavía una película (biopic, documental o lo que sea) sobre Jack Kirby en concreto o sobre los inicios de la industria del comic book en general, porque los altibajos de las primeras décadas cuentan con puntos de giro de sobra para convertirse en un guión excelente. Existe Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, de Michael Chabon (quien obtuvo por esta novela el Pulitzer de 2001), ambientada en esa época pero protagonizada por personajes que, aunque ficticios, están basados en personas reales. En las vidas de Joe Kavalier y Sammy Clay hay retazos de otras parejas creativas de entonces, como fueron Jerry Siegel y Joe Shuster (Superman, 1938), pero sobre todo de Joe Simon y Jack Kirby (Capitán América, 1941). Hace dos años me enteré de que una adaptación del libro se hallaba en fase de preproducción y, según la IMDb, ahí sigue, con fecha de estreno para 2009. Veremos si se concreta algún día. También contamos con Marvel Super Heroes' Guide to New York City (2004), un documental de Travel Channel que introduce la atmósfera de aquellos pioneros en su tramo final.

Jack Kirby, por si queda alguien que no lo sepa (y, por desgracia, todavía hay muchísima) fue el creador de muchos de los personajes de Marvel. Para ser más concreto, de casi todos los principales de la hornada de los sesenta (menos de Spider-Man y Daredevil) que han disfrutado de una cabecera más o menos regular y más o menos ininterrumpidamente hasta ahora. Y que, por cierto, han dado y siguen dando mucho dinero. Dinero del que la familia Kirby ha visto bien poco.

Kirby era lo que se dice un puto machaca. Una máquina no sólo de dibujar, sino de crear. El hombre bien pudo haber creado él solito gran parte del Universo Marvel (el tiempo me ha convencido de que Kirby creaba y Stan Lee daba forma y dialogaba; no le resto méritos a Lee en la configuración de lo que conocemos como Universo Marvel, pero atribuirle crédito como guionista supone restar el mismo a Kirby. Y eso sí que no), bien pudo haber recibido en vida el reconocimiento que merecía por parte de amigos, lectores y compañeros de profesión, pero durante la mayor parte de su vida laboral en la industria del comic book no pasó de ser un dibujante que, entre 1961 y 1965, acababa de 5 a 6 páginas al día, con una media entonces de más de 1100 páginas al año. Con una calidad media alta-alta. Era, y seguiría siendo de existir alguien así hoy, un chollo para cualquier editorial. Intentad encontrar a un dibujante que se encargue de, mínimo, tres colecciones al mes, dibuje unas cuantas portadas y además le quede tiempo para componer las páginas de otros títulos que no dibuja, para que los nuevos artistas aprendan el estilo de la casa. El toque Marvel. Los estilemas de Kirby.

(Jack Kirby y Joe Sinnott, dibujante y entintador legendario de The Fantastic Four, respectivamente, en 1975)

Al principio puede echar para atrás. Lo sé. A mí me pasó. Le ha pasado a otros que no fueron contemporáneos de Kirby. Pero en cuanto uno se da cuenta de que el hombre no sólo ha dibujado esto, sino también aquello, e incluso lo de más allá, y averigua que lo hizo a la vez (y sin esbozar: si sobraba una página, dibujaba otra que encajara en la historia y guardaba la vieja para ser usada en otro episodio [Ro, p.155]); y que después creó esto, y eso otro, y aquello, y lo de más allá, y descubre que durante toda su vida no paró de crear personajes; y uno vence sus iniciales reticencias al dibujo y a la abundancia de viñetas (una primera sensación que no dice nada de la calidad de las páginas puesto que no es real, sino resultado de haber crecido leyendo otro tipo de tebeos), la verdad sale a la luz: Kirby estaba más para allá que para acá, y las calles de sus páginas eran las redes de pesca de las que servía para traernos multitud de conceptos del mar de LA imaginación (pues sólo hay una, como dice Alan Moore en Promethea).

Así, con los años, Kirby se ha convertido en uno de esos autores que generan en mí el impulso de "conseguir todo lo que ha hecho", que en el terreno del cómic también me producen Will Eisner, Alan Moore, Charles Schulz, John Byrne, Joe Sacco, Bill Watterson, Osamu Tezuka, Jiro Taniguchi y... poca gente más (vale, también deberían estar Alex Raymond, Winsor McCay y Hal Foster, pero los dos primeros tendrán que esperar a mejores ediciones). Por supuesto disfruto con muchos otros autores, y aunque tenga en muy alta consideración etapas y obras, me basta con esas etapas y esas obras. (Y aunque el Peanuts de Schulz sólo sea una obra, su magnitud supera a muchas otras juntas).

Desconocía muchísimas cosas antes de leer el libro de Ronin Ro. Una de las que más me llaman la atención es el cuestionamiento de la misma existencia del “método Marvel” de hacer comics. Ya había leído algo al respecto, en la entrevista que Eisner realizó a Kirby en 1982 (**), en la que el segundo afirma que él escribía y dibujaba en la Marvel de los sesenta y «Stan Lee escribía los títulos de crédito» [Eisner, p.221], lo que es casi lo mismo que decir que el “método Marvel” no existe. Para los profanos: de toda la vida se ha explicado que el llamado “método Marvel” consiste en proporcionar al dibujante un argumento del episodio, una descripción general o una lista de las escenas que deben aparecer, para que el dibujante planifique la acción y la distribuya en las páginas de historieta que ha de entregar ese mes. El dibujante puede llenar algunos huecos entre secuencia y secuencia, puede diseñar los personajes, pero según esta teoría, de ningún modo imagina los derroteros del argumento. Muchos dibujantes se vieron atraídos por esta forma de trabajar, sin guiones cerrados ni detallados, que les permitía muchísima libertad para explayarse en su arte. Y si bien un aspecto del mito del “método Marvel” es cierto, el de que los dibujantes planificaban la acción, parece muy probable que, al menos en los inicios del resurgir editorial de Atlas / Marvel en los 60, y sobre todo en los casos de Jack Kirby y Steve Ditko (padre de Spider-Man –con guión- y Dr. Strange), esa libertad no era tanto un privilegio concedido por el presunto guionista o el editor (aunque sí, de todos modos, algo inusual y muy de agradecer), como una necesidad impuesta por el ritmo de trabajo y por las crecientes responsabilidades de Stan Lee como editor, escritor de las páginas de correo y otras secciones y, sobre todo, relaciones públicas de la editorial.

Vale que algunas declaraciones del Jack Kirby de los últimos años, con todo aquello de la lucha por los derechos intelectuales sobre los personajes y la recuperación de sus originales, no fueran de lo más afortunadas, sobre todo aquellas en que afirmaba que Stan Lee no había hecho nada de nada, que jamás habían trabajado juntos o que él había creado Spiderman (sin guión), pero no puedo dejar de pensar que algo de cierto debe haber en todo ello. Esto explicaría, además, la famosa amnesia de Lee sobre qué comics ha escrito, y la notable diferencia entre las creaciones de un Kirby-solo frente a las de un Lee-solo (lo que constituye, a mi parecer, el mayor argumento a favor de Kirby; a favor de Lee, decir que su ausencia en los diálogos se nota en las colecciones del Cuarto Mundo que Kirby-solo realizó en los setenta para DC).

Lo cierto es que Lee ha reconocido que, al menos respecto de Ditko y Spider-Man, no tenía ni idea de qué le iba a entregar el dibujante cada mes. Lleno de justicia y de significado es el hecho de que Ditko aparezca acreditado como responsable del argumento a partir de The Amazing Spider-Man #25 (junio 1965) y hasta su último número, el #38, de julio de 1966 (con la sola excepción del #31). Con Kirby nadie tuvo ese trato, y eso le fue quemando por dentro hasta finales de la década, cuando expiró su contrato con Marvel y NADIE se lo renovara a pesar de que siguiera trabajando para ellos. Esto, sumado a la circunstancia de que Stan Lee se había apropiado de Estela Plateada, y de que Marvel se estaba forrando con sus personajes mientras él no recibía un chavo por ello, pudo con él y se pasó a DC para competir contra sí mismo.

Ro especifica que lo que quemó de verdad a Kirby y lo volvió contra Marvel y Stan Lee no fue que no se le acreditara como coargumentista o coguionista ni, incluso, por no obtener ningún beneficio de unos personajes que o creó o ayudó a desarrollar, sino porque la versión oficial que Marvel y los medios de comunicación difundían era la imagen de un Stan Lee como creador absoluto del Universo Marvel. Eso le comía por dentro.

Debe señalarse también que si Siegel y Shuster han sido reconocidos como creadores de Superman, y si hoy en día aparece la leyenda "Superman created by Jerry Siegel and Joe Shuster" en cada tebeo del personaje, no es porque los dirigentes de DC fueran mucho mejores que los de Marvel, sino porque Siegel y Shuster llevaron a juicio a la editorial en los años setenta.

En definitiva, un entrante muy apetecible que me ha abierto el apetito para disfrutar (y aprender) todavía más, lo más pronto posible, con The Comic Book Makers, de Joe y Jim Simon, otro libro sobre los pioneros escrito por uno de ellos, y la mencionada biografía escrita por Evanier (cuando salga). Qué ganas les tengo.

(*) RO, Ronin. Tales to Astonish: Jack Kirby, Stan Lee, and the American Comic Book Revolution. Bloomsbury Publishing. New York: 2005.

(**) EISNER, Will. Shop Talk. Conversaciones con Will Eisner. Norma Editorial. Barcelona: 2005.

PD: en honor a la verdad, he detectado un par de errores. El primero, en la primera página: se dice que Kirby nació el 25 de agosto, cuando lo hizo el 28. El segundo, en la p.177, donde se describe el "primer encuentro" entre Kirby y Sinnott en 1975, cuando parece ser que se conocieron tres años antes. Sí, en 1972, y en ningún momento mientras Sinnott entintó a Kirby, entre 1965 y 1970. Lo que son las cosas. A ver si el Bullpen tampoco existió.

dilluns, d’agost 13, 2007

JUICIO AL PACKAGER (y 6, ...por ahora)

«Espero de verdad, señoría, que mis parlamentos de las sesiones de la semana pasada no condujeran a esta sala a la idea errónea de que la base de todo el problema expuesto se halla en la empresa encargada de las adaptaciones. Nada más alejado de mi intención inicial. En la jornada de hoy, prevista como la última en caso de que no se presenten más dilaciones, me propongo dilucidar, esclarecer y señalar el vórtice del caso, con la esperanza de que consiga así anular cualquier posibilidad de resquicio para el surgimiento de la duda».

«De entre la última de mi colección de carpetas repletas de ejemplos y evidencias que han sustentado hasta este momento mi disertación, extraigo ahora los últimos documentos que me acompañarán e ilustrarán en mi intervención final, a la vez que reforzarán e iluminarán mis palabras como sólo la verdad puede».

«Contemplen con detalle por favor este fragmento de la segunda página del número 841 de Action Comics, del pasado septiembre; un dibujo de Pete Woods».

«Este episodio marca el retorno del personaje de Superman como tal a la colección, tras una época en la que Clark Kent / Kal-El, por detalles argumentales en los que no voy a detenerme, había perdido sus poderes. Action Comics, por si queda alguien que no lo sepa, es la cabecera en la que el personaje revolucionó los cómics en junio de 1938. En la mente de dos adolescentes de Cleveland nacería unos años antes. El título de este Action Comics #841 es "Back in Action", que podría traducirse como "de vuelta a la acción" o "de nuevo en Action (Comics)". El doble sentido está marcado por la tipografía de la palabra "action", que emula la misma palabra de la cabecera. Esta es».

«La imagen actual de la cabecera de Action Comics ha variado muy poco desde su confección hace 70 años, ejemplo histórico de durabilidad de un diseño que sobrevive a las décadas. La empresa 9 Letras, consciente del abrumador peso de la historia del título, y ávida por aplicar su política de máximo respeto a la imagen original, entrega el siguiente resultado a Planeta, que lo publicó en el primer número de Superman del pasado junio».

«Las similitudes, por supuesto, se hallan tan sólo en la imaginación de los editores. Es sobre la editorial donde debe caer todo el peso de la responsabilidad; quien, en última instancia, ha ratificado y consentido repetidamente el nulo respeto por una edición de cómics digna. El packager, al fin y al cabo, es una empresa subcontratada que entrega sus encargos de la forma más rápida y barata posible. Es por ello que, si después de haber entregado un primer número en las condiciones que acabamos de ver, y nadie desde la editorial ha puesto ninguna objeción (y nadie la debe haber puesto, pues el problema persiste), la empresa no duda en repetir la jugada una segunda vez...».

«...y una tercera...».

«Si les siguen pagando por una décima parte del tiempo y del esfuerzo que podrían invertir de hacer las cosas bien, ¿por qué no seguir?».

«Querría también, en mis últimos minutos ante este tribunal, explicitar que ni durante la sesión de hoy ni a lo largo de las jornadas predecentes, he enfrentado a la sala las opiniones que la parte que represento pueda tener sobre cómo se debería adaptar y editar un cuaderno o un álbum de historietas. Hemos expuesto, ante todo, hechos. Hemos visto cómo son las ediciones originales de algunos comic books de superhéroes, cómo se han adaptado en el pasado en este país y cómo la misma editorial los adapta hoy en día. Es muy posible que esta acusación careciera de fundamento cuando en 2005, tras la pérdida de los derechos de Marvel, Planeta empezara a editar publicaciones de DC, debido a los procelosos sucesos que por entonces ocuparían la atención de la editorial. Pero hoy, casi dos años y medio después de aquello, era esperable que hubiera recuperado el nivel de calidad que la elevó al primer puesto. Esto no ha sucedido. En cambio, cuando ahora se enfrenta a situaciones como la siguiente...».

«...esta es toda la calidad que hoy puede ofrecernos Planeta...».

«Y lo peor de todo, lo más lamentable de este asunto, es que...».

«Tienen ahora elementos de juicio. Juzguen ustedes».

dimecres, d’agost 08, 2007

JUICIO AL PACKAGER (3)

«No es el propósito de este alegato descalificar la solución recuadro por sí misma. Se ha usado en el pasado con buen resultado, como puede apreciarse en esta viñeta-página (o splash) dibujada por John Byrne que abre el número 11 de Superman, de noviembre de 1987, y que fue publicada por Zinco en julio del año siguiente en el número 28 de la colección española del personaje».

«No dispongo de la página original (algún día...), pero se intuye que, limitados por la tecnología, los encargados de la adaptación cubrieron con un recuadro rosa el título inglés y encima trataron de imitar su grafía con cierta gracia. Tal vez la edición americana también acreditara a los autores del episodio dentro de un recuadro rosa, no puedo afirmarlo, pero lo que sí es cierto es que los de Zinco ampliaron o trazaron dicho recuadro hasta ocultar la totalidad de las palabras del título original, que sí ha sido conservado en la última edición de este Superman #11, efectuada por Planeta en el número 12 de Las aventuras de Superman, aparecido el pasado octubre».

(nótese que el «Buenos días, Miss Lane» ha sido cambiado a «Buenas tardes, Srta. Lane»)

«Aquí se ha optado por combinar el respeto al título original y traducir sólo los créditos. La traducción del título, sin artificio alguno, ocupa el lugar que hubiera correspondido al párrafo con información de la editorial. Es una solución tan elegante como rápida, sobre la que no guardo queja alguna. Lo curioso de todo este asunto es que los mismos responsables de la página anterior, la empresa 9 letras, son también los autores de... esto:».

«Sobre este punto me extenderé en una sesión posterior. Ahora, para reponer a la sala del desagradable impacto causado por la anterior imagen, procedo a mostrar la portada del citado número 28 del Superman de Zinco, que servidor no se cansaba de releer aquel verano de 1988. Se trata, por cierto, del primer comic book de superhéroes en formato comic book que sostuvieron mis manos (pero no del primer Superman que leí, aunque sí, todavía, el único superhéroe que había leído). Esta es:».

«La adaptación de la portada original, aunque carente de acentos,...»

«...es magistral, y recuerda una época (liquidada por Planeta hace poco) en la que las editoriales no sentían ninguna repulsión por respetar los textos y los bocadillos en portada».

dilluns, d’agost 06, 2007

JUICIO AL PACKAGER

Señor Cliente y parte demandante, exponga ahora brevemente, y sólo a título introductorio, el contenido de su acusación.

«Con todo el respeto, señoría, me gustaría saber por qué, cuando a alguien que se le presupone profesional, se le encarga la adaptación gráfica del título del episodio correspondiente al comic book Superman #654, publicado originalmente en Estados Unidos y con fecha de portada de septiembre de 2006,...»

«...y entrega a la editorial lo siguiente, que aparece publicado en nuestro país en el primer número del último volumen de Superman, distribuido el pasado mes de junio,...»

«...le pagan por ello. Así mismo, igual pregunta asalta mi mente cuando, a la hora de enfrentarse a la adaptación del título del siguiente episodio, Superman #655,...»

«...el mencionado profesional devuelve a la editorial lo siguiente, publicado en la tercera página de historieta del segundo número,...»

«...y le siguen pagando por ello. Para acabar ya y no extenderme más, cosa que espero hacer en próximas sesiones, una última cuestión me aborda por las noches, atormentando mis momentos de sosiego. ¿Por qué, cuando el mismo profesional se enfrenta a la adaptación gráfica del título del episodio Superman #656...»

«...y entrega lo siguiente a la editorial...»

«...no se lo tiran a la cara y le explican que ya está bien de bromas?».

dimarts, de juliol 24, 2007

PACHECO AFTER PACHECO

¿Por qué Pacheco dibuja la misma portada dos meses seguidos?

(Y ahora, a ver si acabo el post de verdad).

dimarts, de juliol 10, 2007

LA NUEVA EUROPA

Por si queda alguien que se preocupe por mí, que no se asuste si no actualizo durante semana y pico. Mañana salgo para Italia.

Sólo espero que no esté tan lejos como la pinta Dan Jurgens...

(The Adventures of Superman #463, febrero 1990)

Que lo pasen bien.

dimecres, de juny 20, 2007

SUPERMAN Y NEUTRÓN, JÓVENES CASTORES

El sábado llegó a mis manos el primer número del nuevo volumen de Superman publicado por Planeta, tras un volumen anterior al que no he prestado la más mínima atención. Los motivos para volver al redil:

-un precio por número americano anterior al 2001.
-la edición en grapa, que el personaje no conocía en España desde ni se sabe (me bajé del carro cuando coleaba Zinco, en la primera mitad de los 90).
-Kurt Busiek, Carlos Pacheco y Jesús Merino.

¿Y Superman? No espero que me llegue a interesar tanto el personaje como me pasaba (y me sigue ocurriendo) con la etapa de Byrne, pero sí encontrar historias que merezcan la pena. Sobre todo, volver a leer tebeos maquinados por Busiek (en ambas colecciones: Superman y Action Comics) y dibujados por Pacheco. Qué cosas. Actores y directores españoles cruzan el charco para trabajar en Hollywood (o en el extranjero) y se informa a todo el mundo. Un español dibuja un icono de 70 años, el héroe más reconocible, y nos enteramos los de siempre.

Este primer número también supone el regreso de otro elemento, si no frecuente, sí habitual en la lectura de tebeos. Pinchad la imagen:

En la cuarta viñeta de esta cuarta página se da el típico ejemplo de "personalidades intercambiadas", también conocido como "este personaje no puede decir esta frase", "síndrome de los jóvenes castores", o "fallo de continuidad que expulsa al lector durante unos segundos fuera del relato".

La frase que inicia Superman en la segunda viñeta, «No sé qué serán esas esferas que orbitan a tu alrededor...», es completada por su contrincante («¡...pero tampoco te van a ayudar!») en vez de por él mismo, quien también pronuncia una frase ajena en la cuarta viñeta.

El intercambio de textos en los bocadillos es algo que ocurre de vez en cuando, y hay que verlo como una apelación por parte de packager hacia una lectura más activa y creativa, sin la que el lector se limitaría a interpretar en su mente de forma automatizada el espacio y el tiempo entre viñetas, así como la duración y la coreografía en el interior de cada una de éstas, sin mencionar, por supuesto, que esta simple (?) traslación de frases aporta un revitalizante desvío en el trayecto que sigue nuestra mirada a través de la página, que nos guía mediante la posición de los textos de apoyo, la ubicación de los bocadillos, la distribución de las viñetas, el raccord de movimiento o de mirada de los personajes, las líneas maestras del dibujo...

El síndrome de los jóvenes castores (los tres sobrinos del Pato Donald que siempre dividen su frase en tres para que cada uno de ellos pronuncie un fragmento, como una mente con tres bocas) es la aportación del packager patrio a la demostración de que nos hallamos ante el lenguaje más fascinante del mundo.