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diumenge, de desembre 27, 2009

LISTA DE LIBROS LEÍDOS EN 2009 (2)

Continuemos con los libros acabados entre abril y julio:

10. Entrevistas breves con hombres repulsivos. David Foster Wallace, 1999. [Mondadori. Barcelona: 2001]. Hechizador. Vale, reconozco que no soy capaz de rememorar ningún fragmento en especial de este libro, como sí me ocurrió con el anterior que leí de Wallace, Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, pero al menos sí recuerdo la muy agradable sensación experimentada con su lectura. Me sigue fascinando cómo construye con frases y párrafos una montaña rusa literaria de placer; no sólo me divierte el contenido, sino la prosa misma. El traductor, Javier Calvo, tiene parte de responsabilidad, claro.

11. El cine de ciencia ficción. Explorando mundos. VVAA, 2008. [Valdemar. Madrid: 2008]. En esta ocasión, desde Valdemar nos han recopilado un buen puñado de escritos que conforman un surtido catálogo de películas de ciencia ficción. Y como tal funciona muy bien: para descubrir nuevos títulos.

12. Geheimnis um... einen entführten Prinzen. Enid Blyton, 1951. [Erika Klopp Verlag / Tosa Verlag. Berlín / Viena, 1971]. Tiene gracia: en toda mi infancia no cae un solo libro de Enid Blyton en mis manos y tiene que sucederme camino de los 30 y traducido al alemán. Los protagonistas son cinco niños, pero no los Famosos Cinco, sino otros cinco: los «averiguadores». La historia en sí no es gran cosa, pero para practicar alemán ya me vale. Unos malos raptan a un príncipe, los niños se echan unas risas, dan unas vueltas siguiendo pistas y todo acaba la mar de bien. Más que me leería igual.

13. Los lagartos terribles. Isaac Asimov, 1968-1971. [Alianza Editorial. Madrid: 1993]. Una lástima. Otro librillo brevísimo que leí tan rápido y del que no recuerdo nada.

14. El siglo de los cirujanos. Jürgen Thorwald, 1956. [Círculo de lectores. Barcelona: 2000]. Aunque sentía curiosidad, no imaginaba que me iba a interesar tanto. Basado en los registros de su abuelo, Henry Steven Hartmann, Thorwald reconstruye la historia de la medicina desde el primer tercio del XIX, cuando aún faltaban años para la primera intervención quirúrgica bajo narcosis en 1846. Es conmovedor asistir a los esfuerzos de una serie de hombres por evitar el dolor a sus pacientes y, de paso, salvarles la vida. El relato no termina con el descubrimiento de la anestesia; casi más difícil fue el concienciar a los mismos sanitarios de la importancia de la higiene y de la esterilización. Al respecto, me quedo con el episodio de Semmelweis, quien en 1846 empezó a trabajar en la sección de obstetricia del Hospital General de Viena. Entonces nadie relacionaba las muertes de las parturientas con el hecho de que los estudiantes exploraran a las pacientes con las mismas manos que acababan de practicar una autopsia. Semmelweis entonces ordena que se laven las manos antes de entrar a la sala de partos y, más tarde, amplía el requisito también entre reconocimientos. La mortalidad se desploma. Sin embargo, nadie le imita, pierde su plaza y vuelve a Budapest, donde empieza de nuevo.

15. Donovan's Brain. Curt Siodmak, 1942. [Tandem. Londres: 1972]. Para quien no lo sepa, Curt Siodmak era un guionista de cine hermano del director Robert Siodmak. Ambos coincidieron en Berlín con Billy Wilder, Edgar G. Ulmer y Fred Zinnemann; los cinco acabarían trabajando en Hollywood. Este Siodmak se especializó en historias de horror y ciencia ficción y en estos géneros se encuadra Donovan's Brain. El tal Donovan muere en un accidente de avión pero un científico logra mantener su cerebro con vida y consigue comunicarse con él. Después había una chica, Donovan ocultaba un secreto y también había cierta suma de dinero de por medio. Dejando aparte lo del cerebro, la historia tira más por lo detectivesco. Muy curiosa.

16. El guión. Sustancia, estructura, estilo y principios de la escritura de guiones. Robert McKee, 1997. [Alba Editorial. Barcelona: 2009]. No basta con leer manuales de guión para saber escribir guiones. Ni siquiera con releerlos, subrayarlos y estudiarlos. Ni siquiera aquellos manuales más completos, como éste de McKee. De hecho, considero MUY difícil escribir un buen guión para un largometraje de ficción. A parte de practicar mucho e ir consolidando la estructura (cosa que no hago tanto como debiera), creo que me sería muchísimo más útil analizar concienzudamente las obras maestras del guión cinematográfico, como pueden ser El apartamento o Chinatown. Es más: me apetece hacerlo.

17. The Great Comic Book Heroes. Jules Feiffer, 1965. [Fantagraphics Books. Seattle: 2003]. Un hito en la bibliografía sobre el comic book, las primeras reflexiones al respecto en una época en que la prensa estadounidense empezaba a prestar atención al medio (precisamente en The Village Voice, donde publicaba Feiffer). Cuando apareció este libro en 1965, cada capítulo introducía la reedición de una aventura de cada uno de los personajes tratados. En la edición de Fantagraphics se omiten las historias y queda una sucesión de textos breves sobre Superman, Batman, Spirit, Wonder Woman, Captain America y alguno más. Al menos en mi caso, una lectura obligada. Como curiosidad, el diálogo al final de Kill Bill: Vol. 2 sobre Superman y Clark Kent está sacado de aquí.

18. Los pájaros. Camille Paglia. [Editorial Gedisa. Barcelona: 2006]. Un análisis a fondo, escena por escena, de una de mis películas favoritas. Muy recomendable para quien comparta el interés.

19. David Lynch. Thierry Jousse. [Cahiers du cinéma / Prisa Innova. París / Madrid: 2008]. Casi lo mismo que el libro sobre Eisenstein. Un trabajo muy ameno para repasar la filmografía de Lynch.

20. Max und Moritz / Die fromme Helene / Hans Huckebein. Wilhelm Busch, 1865-1872. [Insel Verlag. Frankfurt am Main: 2001]. Una preciosidad. Aparte de contemplar los magníficos dibujos, he disfrutado sobre todo leyendo los versos en voz alta, paladeando la musicalidad del alemán. Por si fuera poco, las historias, además, son divertidas.

Y con esto nos plantamos en mitad del verano. Continuará.

divendres, de desembre 25, 2009

LISTA DE LIBROS LEÍDOS EN 2009 (1)

No hay manera. Me prometí en enero leer menos este año y no ha podido ser. Acostumbro a practicar el vicio de la lectura encerrado en casa, en solitario y, claro, la vida social se resiente. Por otra parte, considerando las contadas alegrías que me reporta el salir por ahí, creo que salgo lo justo y todavía podría leer un poco más.

Otra cosa es que recuerde lo que he leído o pueda componer algún párrafo coherente al respecto. De hecho, mi memoria es tan lamentable que voy a proponerme escribir (para mí), a partir del mes que viene, unas pocas líneas sobre cada libro que acabe de leer. Con un poco de suerte, hasta quizá refrene el impulso lector.

A continuación, trataré de hacer memoria de aquello que leí durante el primer trimestre de este 2009 que termina:

1. Bola de sebo y otros relatos. Guy de Maupassant, 1880-1884. [Diario El País. Madrid: 2007]. Es lo primero que leo de Maupassant, autor muy recomendado por un par de amigos, y lo cierto es que estos tres cuentos se me han quedado bastante grabados. Vamos, que me han impresionado y gustado a la par. «Bola de sebo» es un relato cruel en tanto que reconocemos cómo los intereses son capaces de mover nuestras simpatías, aunque ello signifique chafar la dignidad de una persona.

2. Failed States. The Abuse of Power and the Assault on Democracy. Noam Chomsky, 2006. [Henry Holt. Nueva York: 2007]. Me encanta leer a Chomsky porque me ofrece ordenaditos y referenciados los sucesos relacionados con la misión imperialista estadounidense. Sus temas fetiche son EEUU, Israel y los abusos de poder de algunos organismos internacionales. Lo que me ocurre con sus libros es que, por una parte, junta tal cantidad de datos que después me es imposible recordar muchos y, por otra, que los mismos tampoco me sorprenden, pues ya se saben o se intuyen. Y aunque parezcan éstas razones negativas, no lo son, porque agradezco que esos hechos estén ahí, escritos, listos para refrescarme la memoria en cualquier momento. Además, en algún momento del año que viene lo sacará Público en su colección de los sábados, así que no descarto releérmelo en castellano.

3. Der Ruf der Tagesfische. Leonhard Thoma, 2007. [Hueber Verlag. Ismaning: 2007]. Otra recopilación de relatos de Thoma que nos mandan leer en la escuela oficial. Esta vez me costó más que con Die Blaumacherin pillarle el truco --vamos, entenderlo--, pero una vez lo conseguí obtuve una lectura bastante satisfactoria. Gracias también al autor, claro, que compone unas radiografías de personajes muy logradas.

4. Las tumbas de Saint-Denis y otros relatos. Alexandre Dumas, 1839-1849. [Diario El País. Madrid: 2007]. Al contrario de lo que me ha ocurrido con Maupassant, por más que paso las páginas de esta recopilación no consigo recordar de qué iban estas historias. Sí que me viene alguna imagen que otra, desconectada, pero nada más puedo decir.

5. El remedio invisible. África, Occidente, y la lucha contra el sida. Helen Epstein, 2007. [Alba Editorial. Barcelona: 2008]. Este ensayo cayó en mis manos porque lo vi expuesto entre las novedades de la biblioteca justo en unas semanas en las que andaba necesitado de información sobre enfermedades que se ceban sobre el tercer mundo. De normal no le habría prestado tanta atención, pero oye, me enganchó. En breve, trata de la extraordinaria difusión del sida en el África oriental y meridional a causa de las relaciones simultáneas que suelen mantener los hombres (las mujeres son más de quedarse en casa, pero pueden ser «visitadas ») con varias parejas: que si una en casa, que si otra dos casas más allá, que si una tercera en la ciudad, que si una cuarta cerca del lugar de trabajo... El problema no es en sí la cantidad de parejas sexuales, sino la frecuencia de los encuentros, pues cuanto más próximos son al momento del contagio, más activo está el virus para contagiar al siguiente. Como parece que no les va mucho tomar precauciones y será dificil que se acabe implantando la monogamia sucesiva a la occidental, las soluciones realistas pasan por que traten de no aumentar su repertorio de parejas o, como parece que funciona en África occidental, recurrir a la circuncisión. En efecto, el prepucio contiene unas células que facilitan la recepción del virus y la circuncisión masculina reduce el índice de contagios en los hombres y también, aunque menos, en sus parejas femeninas. La cuestión estará en cómo conseguir que se dejen convencer. Aparte, lo que más me sorprende es la facilidad de la gente para tener sexo.

6. King Kong, 75 años después. VVAA, 2008. [Valdemar. Madrid: 2008]. Es éste un librillo de los que edita cada año Valdemar en su colección Intempestivas con ocasión del festival de Sitges. Contiene tanto un breve análisis de cada una de las versiones fílmicas de King Kong (1933, 1976 y 2005) como un repaso a los diferentes exploits.

7. Sergei Eisenstein. Stéphane Bouquet, 2007. [Cahiers du cinéma / Prisa Innova. París / Madrid: 2008]. Me pillé unos pocos títulos de esta colección, y ha valido la pena. En este caso, es un muy buen material de referencia para repasar en poco tiempo la obra de Eisenstein, aprender algunos detalles y recordar qué películas me quedan por ver.

8. Gangs de Nueva York. Bandas y bandidos de la Gran Manzana. Herbert Asbury, 1928. [Edhasa. Barcelona: 2003]. Muy, muy interesante y recomendable. Para la película de Scorsese, ambientada en la década de 1860, los guionistas apenas aprovecharon una porción muy pequeña de las historias que describe Asbury sobre la vida urbana de Nueva York desde finales del XVIII hasta principios del XX. El libro abunda en anécdotas sangrientas protagonizadas por los salvajes que habitaban entonces la ciudad. Y con «salvajes» no me refiero a los indios Lenapi que poblaban la isla de Manna-hata. Disfruté sobre todo la primera mitad, hasta la batalla de los seis días de julio de 1863.

9. Armas, gérmenes y acero. Breve historia de la humanidad en los últimos trece mil años. Jared Diamond, 2006. [Editorial Debate. Barcelona: 2006]. En pocas palabras: una pasada. Vivía ignorante de este autor hasta que, digamos, me lo presentó una amiga, y fue una lectura apasionada desde la primera página. Un repaso a la historia global considerando las condiciones de partida de cada grupo humano que responde, por ejemplo, a por qué los humanos hemos domesticado unas especies y no otras, o a por qué fueron los europeos quienes invadieron América y no pudo ser al revés.

dijous, de juliol 30, 2009

PELÍCULAS VISTAS ESTE 2009

Días antes de asistir, la semana pasada, a una proyección gratuita de El silencio antes de Bach (Pere Portabella, 2007), repasé mi agenda y me di cuenta de que este año solo he visto otra película en pantalla grande: Los cronocrímenes (Nacho Vigalondo, 2007). Y fue en enero, por 3 euros, y también como parte de la programación cultural del ayuntamiento de Gandia. Total, que sin darme cuenta no he pisado un cine comercial en lo que va de año. Tampoco lo echo de menos.

Los motivos son varios. El principal: que me he hartado de pagar 6 euros por ver una película doblada. Lo que no me he gastado este año en cine se ha ido en libros, tebeos y mi cerveza semanal, que me cunden y me satisfacen más.

En cambio, veo las que saco de la biblioteca, me dejan o me descargo. Estrenos del año ninguno, como demuestra la siguiente lista en la que figuran, salvo error u omisión, las películas que he visto en los últimos siete meses, en orden:

-La venganza de Don Mendo (Fernando Fernán Gómez, 1961).
-El ángel exterminador (Luis Buñuel, 1962).
-Männer (Doris Dörrie, 1985).
-En el mundo a cada rato (2004).
-Babel (Alejandro González Iñárritu, 2006).
-Invisibles (2007).
-Ride the High Country (Sam Peckinpah, 1962).
-The Constant Gardener (Fernando Meirelles, 2005).
-El señor de la guerra (Lord of War, Andrew Niccol, 2005). Ésta sí la vi doblada con un amigo.
-Thank You for Smoking (Jason Reitman, 2005).
-Paris, je t'aime (2006).
-The End of Suburbia (Gregory Greene, 2004).
-Bride of Frankenstein (James Whale, 1935).
-The Lost World (Irwin Allen, 1960).
-The Village of the Damned (Wolf Rilla, 1960).
-The Quatermass Xperiment (Val Guest, 1955).
-The Man from Planet X (Edward G. Ulmer, 1951).
-12 Angry Men (Sidney Lumet, 1957).
-It Came from Outer Space (Jack Arnold, 1953).
-Fantastic Voyage (Richard Fleischer, 1966).
-Creature from the Black Lagoon (Jack Arnold, 1954).

Esta última, además, la vi el 24 de mayo, por lo que han pasado dos meses hasta que he vuelto a ver una entera. Ya digo, ni me he enterado. Ahora: me quitan los libros y los tebeos y me subo por las paredes.

dilluns, d’abril 06, 2009

VIDES PECUÀRIES ON LINE

Empieza una nueva semana en la que espero verme con tiempo y ánimos suficientes como para sentarme en mi habitación y materializar unas pocas ideas que me gustaría que formaran parte del blog. Matizo: si tal cosa ocurre se deberá menos a mi iniciativa y más al hecho de que la biblioteca donde acostumbro a escribir textos con fines diferentes a su presencia aquí cerrará algunos días por fiestas.

Dicho lo cual (lo cual = no esperéis que cuelgue nada más antes del jueves), procedo a enlazar por fin el corto documental que grabamos el año pasado, Vides pecuàries, realizado entre amigos, todavía satisfechos de haber participado en el mismo.


Vides Pecuàries from lalomitafilms on Vimeo.

Espero que os guste.

dimecres, de desembre 31, 2008

LISTA DE LIBROS LEÍDOS EN 2008 (2)

En el mes de julio no acabé ningún libro. Fue entonces cuando apreté el ritmo y corregí los tres primeros capítulos del proyecto pensando que ya lo iba a acabar. Pero no. Y al contrario, en agosto me bloqueé y no pude escribir durante un tiempo, lo que me ocasionó un apetito lector que me llevó a devorar once libros en tres meses, hasta el mes de octubre. Son los títulos que siguen:

9. La conspiración de Cristo. La mayor ficción de la historia. Acharya S., 1999. [Valdemar. Madrid: 2006]. 650 páginas de apasionante lectura. Llevaba meses persiguiendo este título de la colección Intempestivas de Valdemar (mi editorial fetiche), con una ausencia absoluta de suerte. En las librerías me decían que estaba agotado o que la distribuidora no lo tenía. Era tal mi interés que telefoneé a la distribuidora y pregunté por el problema: habían enviado sus ejemplares a Barcelona y no quedaba ninguno para Valencia (espero que no haya ningún tejemaneje ideológico por detrás). La librera se enteró de que había llamado a la distribuidora a sus espaldas y me armó medio pollo porque pensó que desconfiaba de ella. Resultado: medio año sin entrar en esa librería. Al final pedí el libro a través de la web de la editorial y en cuatro días lo tenía en casa. Menos de una semana después, estaba listo. Resultado: convicción casi absoluta de la inexistencia histórica de nadie llamado Jesús de Nazaret.

10. Artículos. Mariano José de Larra, 1928-1837. [Cátedra. Madrid: 2000]. Debido a un tipo extraño de superstición, esperé a acabar este libro hasta que no superara en edad a su autor, un suicida de 27 años. La impresión es muy positiva. Y extraña. Por los ecos de la vida urbana actual que resuenan en los ambientes del Madrid de hace casi dos siglos. Muy recomendable. De haber nacido en 1980, Larra habría tenido un blog (más visitado que éste, por supuesto).

11. El fabuloso libro de las leyendas urbanas. Demasiado bueno para ser cierto. Jan Harold Brunvand, 1999. [Alba Editorial. Barcelona: 2004]. Una colección de tropecientas historias de lo más variopintas que se han transmitido de individuo a individuo durante las últimas décadas (como mínimo). Muy curioso.

12. Mecanoscrit del segon origen. Manuel de Pedrolo, 1974. [Edicions 62. Barcelona: 1997]. De lo más mejor que he leído este año. Ignoro si esta obra de Pedrolo es conocida en el ámbito hispano, pero por aquí es famosa porque constituye un hito de la literatura de ciencia ficción en catalán. Y qué catalán: sólo por ver hasta dónde fue capaz Pedrolo de llevar el idioma ya vale la pena leerla. La premisa: unos extraterrestres devastan el planeta y sobreviven Alba, de 14 años, y Dídac, de 9. El final: estremecedor. En medio: 150 páginas.

13. Anticuerpos. Kevin J. Anderson, 1997. [Plaza & Janés. Barcelona: 1998]. Esta novela de Expediente X llevaba cinco años en la estantería, esperando su momento. Más años todavía hace que busco Calcinación espontánea, el título que me falta de las novelas de TXF, escrito por el mismo autor, famoso por su labor en series como Star Wars o Dune. No, si al final tendré que hacerme con alguna copia del original inglés, titulado Ground Zero. Digo que como era la última que me quedaba de las que tengo, en cierta manera me la estaba reservando, aunque imaginaba que la historia no iba a ser nada del otro mundo. Es eso exactamente, pero también muy entretenida. De vez en cuando se agradece un texto para encefalogramas planos.

14. ¡Zap! Miguel Ibáñez, 1995. [Futura Ediciones. Barcelona: 1995]. ¡Es un obsequio personal del autor! (moltes gràcies, Mike!). El pobre hombre debió zamparse demasiadas horas de televisión para poder escribir este libro y, en un acto de generosidad, decidió compartir estas páginas con el resto para que no necesitemos someternos a tamaña tortura de forma directa. Un volumen muy extraño con algunas verdades recónditas.

15. La máquina del tiempo. Herbert George Wells, 1895. [Diario El País. Madrid: 2004]. Como ocurre con tantos clásicos que han sido volcados al cine, uno cree conocerlos sin haberlos leído. Nada más lejos de la realidad. Ésta es una novela más extraña si cabe por su breve extensión, característica que precisamente le ha permitido originar tantas versiones.

16. Comic Book Nation. The Transformation of Youth Culture in America. Bradford W. Wright, 2001. [The Johns Hopkins University Press. Baltimore (Maryland, EEUU): 2003]. Un trabajo excepcional. Wright ha culminado una historia del comic book atendiendo a los mensajes que éstos han transmitido en cada década y a cómo los sucesos históricos del siglo XX se han visto reflejados en las páginas de los tebeos estadounidenses. Imprescindible.

17. Monster Show. Una historia cultural del horror. David J. Skal, 1993. [Valdemar. Madrid: 2008]. Un análisis muy interesante y revelador que delata las conexiones entre los acontecimientos traumáticos tan abundantes del siglo XX y el cine de terror. El ensayo ahonda en una reflexión que resumí hace tiempo en una frase: «las películas engañan, pero no mienten». Más todavía que el reflejo del siglo pasado en un género cinematográfico, me ha sorprendido el texto paralelo relativo al desgajo de la figura de la mujer respecto de su función reproductiva, y cómo desde la revolución sexual de los 60 el resultado de la concepción (el hijo) se ha convertido en el personaje monstruoso definitivo. Skal reparte unas pinceladas aquí y allá sobre el tema, desde Frankenstein hasta Rosemary's Baby, sin saciar mis ganas de profundizar en esta línea; lástima que el caótico sistema de notas y bibliografía me dificultará el dar con algún título de referencia. No obstante esto último, muy recomendable (como todo lo que he leído de Intempestivas).

18. El horror de Dunwich. Howard Phillips Lovecraft, 1928. [Alianza Editorial. Madrid: 1993]. Quince años ha tenido que esperar este librillo. Fue publicado dentro de la colección de Alianza Cien, aquélla que vendía cada ejemplar por cien pesetas. Era una gran iniciativa, y me apena que no sobreviviera al euro. Al respecto, echo en falta una editorial española que se atreva con formatos económicos de bolsillo; pero de verdad, al estilo de la Reclam de Stuttgart, que desde hace décadas pone en el mercado librillos idénticos en tamaño a los de Alianza Cien, ¡y hasta publica obras en sus idiomas originales! (¿Cómo se atreven? ¡¿Dónde se ha visto eso?!). Sobre la historia de Lovecraft, decir que es lo primero que leo de él, que me ha encantado y que es en verdad aterrador.

19. El poeta y los lunáticos. Gilbert Keith Chesterton, 1929. [Valdemar. Madrid: 2006]. Con éste ya suman trece los títulos de Chesterton digeridos, a un ritmo mínimo de una ración por año. No me ha llegado tanto como otras obras suyas y eso ha hecho que lo leyera con el piloto automático. A pesar de todo, la lectura de Chesterton me sigue resultando muy agradable.

Concluirá en la tercera parte...

diumenge, de desembre 21, 2008

CONSTELACIONES Y PALOMITAS

En agosto, durante la lectura de La conspiración de Cristo, se me encendió una bombillita y relacioné dos ideas. Por una parte, la relevancia que los pueblos de la antigüedad otorgaban a las constelaciones y, por otra, la difusión e implantación de las que han disfrutado el cine y otros medios audiovisuales a lo largo del siglo XX y lo que llevamos de XXI. Hallé una conexión, no sé si ya propuesta por otros o cogida por los pelos, que explica nuestra obsesión por las imágenes en movimiento como algo más allá del gusto por las narraciones o el fruto de un desarrollo tecnológico. Es posible que me haya pasado, pero el peso de los aspectos comunes me lleva a intentar plasmar por escrito esta teoría y permitir que sea juzgada.

Aunque no lo parezca, las noches son muy oscuras. Esta afirmación tan tonta en realidad no es ninguna tontería. La oscuridad no es una calle mal iluminada, algo que siglo y pico de corriente alterna casi nos ha hecho olvidar. Hace milenios, la luz se ceñía a la duración del día y, de la misma manera que el Sol gobernaba el calendario, en las noches sin Luna eran las estrellas las que atraían la atención del ser humano. Y no vayáis a pensar de ningún modo que prestaban al cielo nocturno la misma atención que podemos dedicar ahora a seguir los diálogos de un episodio cualquiera de The West Wing. Nada de eso. De ninguna manera. Decir que observaban y atendían a las estrellas es quedarse muy corto. Se desvivían por ellas como si les fuera la vida en ello.

Los antiguos bautizaron los astros y, de acuerdo con la ley de la Gestalt de la proximidad, agruparon en constelaciones aquellos puntos luminosos, imaginando siluetas increíbles, transformando éstas en personajes fantásticos y convirtiendo a estos últimos en protagonistas de las tramas más inverosímiles. Convertidas en narraciones, fueron ya fácilmente memorizadas y asimiladas.

Éste era el tipo de pensamientos que me abordaban mientras devoraba el libro de Acharya. Imaginaba a nuestros antepasados, a la caída del Sol, reunidos en grupos, alzar la vista y convertirse en espectadores del mismo drama al que habían asistido la noche anterior y al que asistirían la noche siguiente. Protagonizado por unos personajes que se alzaban tras el horizonte y desfilaban por la bóveda celeste para volverse a ocultar. La obra se repetía con ligeras variaciones cada noche, hasta el punto de que algunos personajes sólo intervenían (eran visibles) algunos meses del año.

En este punto conviene recordar un interesante párrafo que leí hace años para compartir con vosotros otro antecedente antes de dar el próximo paso:

«A 24 fotogramas por segundo, una película proyectada avanza un fotograma cada 42 milisegundos. (Un milisegundo es una milésima de segundo.) Puesto que el obturador interrumpe el haz de luz del proyector dos veces, en realidad cada fotograma se muestra tres veces durante ese intervalo de 42 milisegundos. Cada una de las exposiciones está en la pantalla durante 8,5 milisegundos, con 5,4 milisegundos en negro entre cada una. En una película que dura 100 minutos, ¡el público está sentado en absoluta oscuridad durante casi cuarenta minutos! Sin embargo, no percibimos estos breves intervalos de oscuridad debido a los procesos de fusión crítica de parpadeo y de movimiento aparente dentro de nuestro sistema visual». [David Bordwell y Kristin Thompson en El arte cinematográfico. Una introducción (Paidós, 1995), p. 31].

Se me ocurrió, pues, que eso de sentarse dentro de una sala oscura guardaba alguna relación con el antiguo ritual de observar el firmamento. Así, del mismo modo que nuestros antepasados contemplaban las constelaciones en el cielo nocturno, los espectadores de cine actuales gustan de embebecerse con las intervenciones de sus particulares «estrellas del celuloide», formas de luz que aparecen y desaparecen ante sus ojos, que interpretan dramas parecidos pero no iguales proyectados sobre una pantalla cóncava. Preferentemente, de noche.

A este respecto, siempre me ha parecido curioso lo extraño que resulta ir al cine de día. En abril de 1997, por ejemplo, asistí con mi hermano a una sesión vespertina de El retorno del Jedi en los cines Cristina de Gandia. Cuando salimos a la calle, me chocó que todavía hubiera luz. Era como si pensara: «No puede ser. Si hace sólo un momento era de noche».

Creo que añado un elemento más a la comparación si recuerdo que, de la misma manera que «ir a ver las estrellas» se considera un plan romántico, no deja de sorprender el hecho de que la asistencia a una sala de cine se convirtiera durante el siglo XX en un ritual iniciático para toda nueva pareja.

He estado meditando todo esto desde agosto y no me parece del todo descabellado que, cuando empezó a extenderse la luz eléctrica en el siglo XIX, al mismo tiempo que iluminaban la oscuridad y, de paso, borraban el cielo, diferentes hombres en varios países sintieran la pulsión de recrear a pequeña escala esa danza de estrellas, ocultas por el resplandor artificial de las ciudades, sirviéndose de la misma energía que las había hecho desaparecer de nuestras noches. Inventaron de este modo el cinematógrafo, un mecanismo basado en la luz y en la oscuridad, en la rotación y en el parpadeo, que necesita del procesado de la mente humana para crear la ilusión de personajes que entran y salen del campo de visión, o aparecen y desaparecen de las escenas que conforman una trama.

Los humanos actuales hemos aceptado de forma masiva esa reinterpretación del milenario ritual porque la noche y las estrellas son la religión más antigua y poderosa de todas. No la hemos abandonado jamás y ahora, transformada en entretenimiento, sigue condicionando nuestra existencia como si nos fuera la vida en ello.

Por todo lo anterior, feliz Solsticio de Invierno a todo el mundo.

dissabte, de juliol 26, 2008

SPECTRA, DÍA 3 (SÁBADO 19) - PROYECCIONES

Sí, lo sé, han pasado más de tres meses desde lo de Spectra, pero no veáis cómo ha crecido el proyecto desde entonces. Una semana de éstas estará acabado (de verdad). Me hubiera gustado rematar el Spectra durante el último mes, pero hasta he aparcado un par de libros para no retrasar lo principal. Aunque lectura nunca me falta: siempre hay Nationals, Imágenes y tebeos acumulados. A lo que iba: la conciencia me impide dejar incompleta esta serie de posts, sobre todo cuando falta tan poco para el final. Al tajo, que esto había que acabarlo algún día, y también me sirve para desconectar un poco.

0. La última tarde del Spectra me planté en el Octubre un buen rato antes de que empezaran los actos previstos. La jornada anterior había descubierto el trabajo de Joan Fontcuberta y me apetecía conocerlo de primera mano gracias a las exposiciones que había instaladas en el sótano del edificio: Deconstruint Osama (Deconstruyendo a Osama) y un montaje parcial de Sputnik. Pude confirmar mis sospechas: Fontcuberta es un cachondo.

0,5. Sin saberlo, estaba ya situado muy cerca del espacio donde iban a tener lugar tanto las proyecciones como las conferencias programadas para la tercera jornada: en el salón de actos del mismo sótano, mejor habilitado para las actividades e intervenciones audiovisuales que nos habían preparado. He de reconocer que tras la saturación de charlas de los dos primeros días, el tercero me resultó más relajado, y a ello contribuyeron tanto la oscuridad, el lugar cerrado y la pantalla como la mano invisible que decidió el orden de las intervenciones.

1. Hacia las 17h, tras una presentación de Mike Ibáñez, el documental Subliminàlia inauguró la tercera jornada de Spectra. Locutado en catalán por el propio Mike, y producido por Mess/Age, me pareció más bien una vídeo creación o un collage que un documental, pero no estamos aquí para discusiones de género. Durante una media hora, ofrece imágenes de anuncios de prensa y de televisión de los años ochenta y principios de los noventa, en los que se detiene para dirigir nuestra atención sobre ciertos detalles que seguro nos han pasado inadvertidos, una serie de imágenes ocultas dentro de otras imágenes que constituyen (o eso pretende transmitir el vídeo) ejemplos de publicidad subliminal.

1,5. ¿Era publicidad subliminal? Pues no lo sé. Sobre todo recuerdo las calaveras distorsionadas halladas en el reflejo del capó de un coche o entre las burbujas de una botella, que pueden ser calaveras de verdad (al menos lo parecen), pero quién sabe si fueron colocadas intencionadamente. La publicidad subliminal definitiva es aquella de la que ni el mismo diseñador es consciente.

2. Sin ninguna pausa, como había advertido Mike, dio comienzo la proyección de Los zombis de los zares rojos, un documental grabado de alguna Noche Temática de La2 al que le faltaba algún minuto del principio, tal vez segundos. Buscando, he averiguado que está dirigido por Jerzy Sladkowski mediante la productora de Varsovia Besta Film para las cadenas ZDF y Arte, que lo emitieron como último capítulo de la miniserie documental Geheimes Russland (Rusia secreta; 1996-1998). Su título original: Moskau-Die Zombies der roten Zaren.

2,5. Se puede descargar, pero también lo he encontrado en el youtube vía google video. En alemán, claro. Para conseguir volver a meterme en la piel de mí mismo aquel día de abril, me lo he vuelto a ver a ratos durante la última semana. Lo cierto que es que me estaba enterando de más cosas de las que pensaba, pero por suerte he topado también con una traducción al inglés que me ha ayudado a entenderlo del todo; a pesar de que flaquea (y omite) en algunas ocasiones, me parece que en general es bastante fiel.

3. Los zombis de los zares rojos es un documental sobre la influencia que las señales electrónicas ejercen sobre nuestro organismo. Lo que explican no tiene nada que ver con las torres de alta tensión o de telefonía, sino sobre cómo las señales de baja frecuencia, en ocasiones con mensajes codificados, pueden ser utilizadas para alterar la mente y curar enfermedades físicas o psicológicas o, incluso, manipular la voluntad de las personas a distancia. Según el vídeo, a este tipo de actuación se le llama en Rusia «tratamiento psicotrónico» (a la psicología mediante la electrónica).

3,5. Uno de los mayores expertos en este campo es el Dr. Igor Smirnoff, quien ha desarrollado el método de «psicocorrección» (psychokorrektur), capaz de sanar a pacientes mediante la estimulación del subconsciente. Para introducirnos el alcance internacional del Dr. Smirnoff, el narrador nos informa de que el FBI reclamó sus servicios en 1993 para que aplicara sus técnicas en el asedio de Waco (Texas). Smirnoff pretendía crear mensajes específicos para cada miembro conocido de la secta de los Davidianos que se hallara en la casa, codificarlos, convertirlos en ruido para que sólo fueran perceptibles inconscientemente y emitirlos mediante las señales de teléfono, radio o televisión. Así, dice, saldrían de uno en uno. El FBI no quiso esperar el tiempo que tardaría en prepararlo todo y llevó a cabo la masacre.

4. Tras Smirnoff, el narrador nos presenta a los zombis de Moscú que dan título al documental, un grupo formado por miles de ciudadanos que creen que están siendo constantemente vigilados por las autoridades y que afirman haber sido objeto de experimentos relacionados con el control mental.

4,5. Antes de conocer a algunos de estos zombis, ofrecen un diálogo muy interesante entre un entrevistador y una investigadora, extraído de un documental ruso que una televisión nacional se negó a emitir (parece que presionada por alguna opinión externa). La mujer describe, sin entrar en más detalles debido a la carencia de patente, un líquido que contiene cierto tipo de información y que inyectan en los pacientes. ¿Una locura? Han conseguido que los datos se desplacen por el éter, y la sangre misma es un fluido que contiene nuestra más exacta descripción: ¿por qué negarnos a la posibilidad de información inyectable o ingerible?

5. Acto seguido, la narración nos traslada hasta el apartamento de una mujer que nos relata los síntomas que padece debido al «tratamiento psicotrónico» al que es sometida día y noche. Yerina Koslova lleva al cuello un aparato para neutralizar las ondas psicotrónicas que bombardean el bloque en el que vive, y nos enseña también un gorro de confección casera para protegerse contra el dolor que le provocan las bajas frecuencias.

5,5. Antes de seguir, me gustaría apuntar una cosa. Lo fácil es tachar a esta mujer y al resto de zombis de Moscú como locos. Es reconocible como gag cómico la imagen de un conspiranoico que se fabrica un sombrero de aluminio para que las señales de radio no afecten a su cerebro. Aceptando que esta persona pueda haber desarrollado cierta paranoia, ¿a qué tipo de propaganda hemos sido sometidos para considerar loca a una persona que cree que las señales eléctricas (que existen) afectan a su organismo y aceptemos al mismo tiempo como presidente de gobierno de un país a otra persona que cree en un ser superior y eterno (o sea, una ficción)? ¿Por qué las religiones no entran en la categoría de enajenaciones o enfermedades mentales? ¿Por qué la fe no incapacita para los cargos públicos?

6. Para rebatir lo anterior, Yerina Koslova muestra a la cámara un certificado que prueba que ella está mentalmente sana. La acompaña Andre Slepucha, un ingeniero electrónico que afirma que el KGB experimentó con él mientras fue prisionero en los gulags de Stalin en los años 50. Este hombre esconde bajo la boina un alambre que le rodea el cráneo y, bajo mangas y perneras, un sensor en cada extremidad, todos ellos conectados a una petaca central colgada del pecho para protegerse del influjo de las señales. En una de las habitaciones de su piso, reconvertida en taller, Andre aprovecha transistores normales y otros deshechos de electrodomésticos para construir aparatos similares que sirvan para ayudar a otra gente. Cada rincón de su casa está cubierto de cables y filtros para protegerse de las bajas frecuencias propagadas a través de la radio, la electricidad y el teléfono.

6,5. Una película filmada por el Ministerio del Interior ruso sobre los generadores psicotrónicos describe sus efectos nocivos en cuatro etapas: primero uno se siente extraño (unwohl), después pierde la lógica, también la orientación espacial y, por último, la conciencia.

7. El documental finaliza en la clínica del Dr. Smirnoff, quien somete a un paciente a una operación sin cirugía para curarle de la adicción a las drogas. Mediante la psicocorrección antes expuesta, con una computadora y durante pocos minutos, el subconsciente del joven recibe las señales codificadas en forma de ruido que conseguirán «lavarle» el cerebro.

7,5. Debo reconocer que, llegada esta secuencia, cuando oí la palabra que repite el paciente porque significa algo importante para él, «mama», me salí de la narración y se me ocurrió si no sería tal vez un gag. Si no sería todo en realidad un falso documental, una ficción compuesta con el tradicional recurso del manuscrito encontrado, y que ese «mama» constituyera el último grito para despertar nuestra incredulidad. Lo del manuscrito es factible, por cuanto el documental rescata fragmentos de otra serie documental rusa que no se emitió, así como de filmes institucionales. Que sea todo cierto también es muy probable.

8. El Dr. Smirnoff explica en un momento que ha sido requerido por políticos de su país para «corregir» el voto de los ciudadanos. Siempre se ha negado, pero afirma que tal cosa es posible. Puede que sí, y puede que no, no lo sé, pero eso me lleva a formularme una pregunta más: ¿puede un trozo de carne y huesos, animado por impulsos eléctricos, REALMENTE pensar por sí mismo?

dijous, de juny 12, 2008

BOLETÍN ESPECIAL

Interrumpimos la no-programación para ofrecerles un boletín especial:

«El modo de producción y distribución en masa, característico del sistema capitalista, tiene las horas cont...»

A no, quita, que éste era para otro día. Hoy toca otro asunto:

«Este domingo 15 de junio se hará la proyección del Palmarés de Proyecta08 en la tienda FNAC de San Agustín (Valencia). Por limitaciones de tiempo sólo se verán los primeros y segundos premios de cada categoría y el corto ganador del Maratón Avid. Estáis invitados. Os esperamos».

Pues eso. No sé la hora, pero tampoco podré ir. Quien pueda acercarse, tendrá una nueva oportunidad de asistir a una proyección pública de Vides pecuàries, el documental de Pau que quedó segundo (en ex-aequo) en su correspondiente sección del festival.

Se reanuda la no-programación.

PD: no sé qué coño ha pasado aquí que ahora se ven las palabras más separadas; no me gusta.

dijous, de juny 05, 2008

A PROPÓSITO DE INDIANA JONES IV: EPÍLOGO

Vale, tal vez el post anterior no fuera un AGUADOR en toda regla, pero este sí lo es desde la primera frase (¿que no?).

Si Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal no funciona, no es por culpa de los extraterrestres. La crítica fácil consiste en afirmar que los extraterrestres no tienen ninguna relación con la cultura judeocristiana (ahora me entero), como si las piedras de Sankara de la segunda película fueran lo más del cristianismo. No, la cosa no va por ahí. Tampoco vale decir que Indiana sólo va detrás de objetos judeocristianos porque esta mitología ha sido muy importante en su educación. Por suerte, tenemos una aventura entera alrededor de las rocas sagradas indias de marras y toda una secuencia al principio de la primera parte en la que el prota saquea un ídolo peruano en forma de huevo de pascua.

Primero, los extraterrestres tenían que salir tarde o temprano (si es que no lo han hecho ya en alguna de las novelas, comic books o telefilmes, que no lo sé). Otra cosa es que los esperáramos, pero Indiana Jones es puro pulp y los extraterrestres son carne de pulp. Por otra parte, mucho se ha dicho sobre la posible influencia extraterrestre en las grandes civilizaciones de la antiguedad, como en Egipto o en las culturas mesoamericanas. No afirmo que sea verdad, pero ahí existía una relación entre arqueología y vida extraterrestre que debía ser explotada en la saga. Además, el tiempo ha pasado, Indiana se ha hecho mayor y ahora la acción se sitúa 20 años más tarde, a finales de los 50, diez años después de Roswell, en plena Guerra Fría, en el inicio de la carrera espacial y con una necesidad, por ambos bandos, de conseguir tecnología extraterrestre con la que vencer al enemigo. La presencia de los extraterrestres está de sobra justificada. Otra cosa es que el tratamiento sea el acertado.

Segundo, ni el Arca de la Alianza, ni las piedras de Sankara ni el Santo Grial tienen mayor conexión con el mundo real que una nave extraterrestre. Lo que sí une a los objetos de las primeras películas es el hecho de que Indiana crea en ellos y en su poder, independientemente de a qué religión pertenezcan. Indiana cree en el poder del Arca, en el poder de las piedras y en el poder del Santo Grial. Pero Indiana no cree en la existencia de extraterrestres ni aun teniéndolos delante, ni demuestra interés por ellos ni se esfuerza en sentir ningún tipo de conexión con el tema. Indiana no protagoniza la trama: la ve desde fuera.

Ahí está la clave: la trilogía original consiguió que creyéramos en el Arca, en Sankara y en el Grial porque Indiana creía en aquellos objetos. Si Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal no llega es porque Indiana Jones no cree en E.T.

dimecres, de juny 04, 2008

A PROPÓSITO DE INDIANA JONES IV

El post entero es un AGUADOR de la última película de Indiana Jones. Si no la has visto todavía y tienes intención de hacerlo, no sigas leyendo (aunque a estas alturas seguro que te habrás enterado ya de todo por otras fuentes, y tampoco desvelo tanto).

La semana pasada fuimos a ver Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal. Si bien parece ser que fui el único a quien más o menos le gustó, no nos entusiasmó a ninguno, aunque todos coincidimos en que es entretenida. Por tanto, lo mejor de la película es la labor de los responsables técnicos de la misma: Steven Spielberg (direccción) y Michael Kahn (montaje). Janusz Kaminski también consigue arreglárselas en un terreno que no es el suyo: imitar la fotografía de las anteriores aventuras a cargo de Douglas Slocombe. Y el diseño de producción se le presupone.

Sin embargo, lo dicho: a pesar de convertir dos horas en apenas un rato, no consigue llegar del todo, y al menos yo tuve la sensación de que debería pasar algo más. Me pareció demasiado lineal, demasiado parecida a las distintas pantallas de un videojuego, y creo que alguna pista falsa no le habría sentado mal. Todo ocurre demasiado rápido y sin ser cuestionado.

Eché en falta unas cuantas escenas de diálogo entre secuencia de acción y secuencia de acción. Son esas escenas que en las películas anteriores servían, por ejemplo, para desarrollar la tensión sexual (eso que sólo existe en el cine y la TV) entre Indiana y cualquiera de las mujeres que tocara en aquel momento, o para describir un poco a los personajes. Es como si se hubieran centrado en realizar estupendas secuencias de acción una detrás de otra y hubieran dejado de lado la construcción de personajes. Por ejemplo: de acuerdo con que recuperen a Marion Ravenwood, pero podrían haber hecho que hiciera algo más que sonreír y conducir; de acuerdo con que Indi tenga un amigo que es espía doble, pero... por favor, Indi no es tonto y aquél se merecía cuatro hostias bien dadas y ser expulsado del relato bastante antes de cuando ocurre.

La película me ha llevado a reflexionar sobre esas escenas que faltan, por una parte, y sobre la acumulación de set pieces, por otra. Contrariamente a lo que yo creía, una set piece no es sólo una secuencia de acción que requiera de una preproducción minuciosa, sino toda aquella escena o secuencia que se sostiene por sí sola y que podría sobrevivir con independencia del resto del film; vamos, la escena que se recuerda. Un ejemplo antológico sería la siguiente secuencia de North by Northwest (entre nosotros: Con la muerte en los talones), de Hitchcock, que tuve la oportunidad de volver a ver hace un par de meses, en pantalla grande y en versión original (una maravilla; aquí y en pequeño se le parece pero no tiene nada que ver).



La construcción de esta secuencia es P-E-R-F-E-C-T-A, y no importa si la película contiene unas cuantas más del mismo palo (North by Northwest las tiene). El problema empieza cuando apenas se ofrece información entre set piece y set piece y se encadenan éstas una tras otra sin preocuparse por los efectos de una posible sobredosis. Cuando ocurre esto, es como si en realidad no tuvieran nada que contar y, conscientes de ello, no dejan que respire la película ni nosotros.

No me cabe la menor duda de que la edición en dvd (o Blu-ray, que hay que empezar a actualizarse) de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal incluirá algunas de esas escenas que «faltan». Como alguna protagonizada por la villana Irina Spalko, que es menos villana precisamente porque le falta presencia, capacidad de amenaza y relación con el héroe. Seguro que se han rodado escenas con ella, pero debido a ese nuevo factor en la industria llamado «extras de dvd» se decidiría no incluirlas en el montaje para su exhibición en salas. Los contenidos extra de los dvd han propiciado un curioso escenario: el montaje para salas sacrifica parte de la comprensión de la historia de la película con vistas a un beneficio futuro procedente de la venta o el alquiler de los dvds con la narración «completa». Así, deben existir escenas que desde su concepción sean extras de dvd, lo que ocasiona un debilitamiento del esqueleto de la historia. Los planos, escenas y secuencias que hasta hace poco caían en la sala de montaje, caían porque sobraban. Siempre según el criterio de montador y director, por supuesto, pero el caso es que las escenas eliminadas desaparecían de verdad (podían incluso destruirse), mientras que ahora no todas las escenas descartadas sobran del todo y son recuperadas de la cesta.

Lo que ha ocurrido es algo ya antiguo: las condiciones de explotación y consumo del cine-espectáculo están modificando la misma narrativa de este tipo de películas. En sí no es malo: gracias a que han cambiado las cosas en el cine durante el último siglo ahora tenemos películas de hora y media, y no solamente cortos de uno o dos rollos. Lo que ocurre es que desde que existen los dvds, o nos escamotean parte de la historia en las salas, o nos cuelan escenas intrascendentes en los discos. A la larga será como una vuelta a los seriales, donde pasa de todo porque tiene que pasar de todo (no he visto nunca un serial antiguo, pero sí he leído un puñado de pulp y unos pocos comic books de los treinta, e imagino que debe ser como una combinación de ambos).

Y sí, que vale, que Indiana es hijo del pulp y del serial, pero el desequilibrio de este film no se daba en los anteriores, y lo que queda es una película entretenidísima pero sin alma (o sin alma pero entretenidísima). ¿Será esto causa de la era de zombies que nos ha tocado vivir?

dijous, de maig 01, 2008

ABYECTA 08

Es tiempo ya de explicar cómo nos fue el fin de semana en el festival Proyecta del CEU. La impresión general, no importa los años que pasen desde la última vez que uno asistiera a un atracón de cortos, es que un porcentaje muy elevado es basura. Casi dan ganas de presentar aquellos trabajos en los que he participado de los que no estoy orgulloso porque, como mínimo, están al mismo nivel. Por otra parte, la mínima porción restante tiene cada vez mayor calidad. La lástima son los finales. Un mal endémico en el mundo de los cortometrajes es que pocas veces uno sabe 1) dónde y qué cortar, o 2) cómo acabar. Es lo más difícil de abordar en un corto (no, yo tampoco lo sé, pero me doy cuenta).

Por supuesto, el jurado no premió los mejores cortos. El ganador, My Happy End (tiene tráiler), era muy bueno, pero era de animación y debía haber tenido su categoría correpondiente. Fuera quedó la impecable factura de Pralnia, enviado desde Varsovia, y del corto argentino Al sol en bici, ambos de final fallido o alargado. Mayor error fue no reconocer a Die Kirche im Dorf como corto más redondo. La historia de un cura que quiere conservar su iglesia resulta en principio nada atractiva, pero han conseguido no salirse de la sencillez de la idea, desarrollarla de forma interesante, concluirla de manera acertada y con un tratamiento de imagen que imita a la neblina del interior de una iglesia. Nos quedamos con ganas de haber llegado el segundo día unos minutos antes y haber visto entero La habitación contigua, que tenía muy buena pinta (aquí una muestra de lo que nos perdimos).

Hubo además videoclips, spots y videocreaciones, de los que se salvarían bien pocos. El jurado reconoció a una bazofia fundamentalista católica (era el lugar) que mientras uno no sabía de qué iba parecía que empezaba muy bien, pero pronto perdía el norte y se ponía a adoctrinar mensajes de paz y esperanza. No, gracias. Puede ser algo personal, pero no me gustan las palabras en pantalla más allá de los rótulos o los subtítulos. Cuando se sustituye una imagen de solidaridad por la palabra «solidaridad», hay alguien que no ha entendido nada del lenguaje audiovisual.

¿Y qué pasó con nuestro Vides pecuàries? Nada, que quedó segundo en la categoría de documental. En ex aequo. Mientras bajaba las escaleras con Pau y Revivalista pensaba: «Qué c******s, un ex aequo». Que quede claro: la decepción no viene por quedar segundos ni por compartir el premio. Decepcionante es que igualen Vides pecuàries a Memòries d'una marxa.

Memòries d'una marxa (sobre la Marcha Verde de 1975) contará con las mejores intenciones del mundo pero está mal realizado. Saltos de eje en las entrevistas, mujeres decapitadas por el encuadre, golpes atronadores al micro de corbata por parte de uno de los entrevistados en varias ocasiones, planos desequilibrados o directamente feos, fotografía deficitaria y, sobre todo, errores de estructura que hacen que 1) el espectador se pierda, 2) no sepa hasta pasado un buen rato de qué coño va el documental. Podemos aceptar perder contra Calle Real 70, de mejor factura global pero con otro tipo de carencias no menos importantes. Fue un golpe que nos igualaran con Memòries.

Calle Real 70, sobre Papá Humbertico, un joven músico de hip-hop cubano, es otra cosa. Con mucha apariencia de documental, falla en el enfoque y en la estructura. Lo que más me sorprendió de los documentales seleccionados fue que, durando lo mismo, casi media hora, la percepción del tiempo en cada uno de ellos fuera diferente. Después de ver Calle Real 70 pensé que le sobraban 15'... porque me pareció que duraba tres cuartos, sin recordar que 30 minutos era la duración máxima aceptada. Mi hermano y otro amigo se durmieron con Calle Real 70, lo que tiene mucho mérito, si uno lo piensa bien. No es fácil provocar el sueño en dos personas con un documental de sólo media hora proyectado a media mañana... el primer día del festival, poco tiempo después del descanso y tras un corto que nos llamó a todos la atención (Un juego de toallas). Tiene delito ser tan soporífero a esas horas. Sin embargo, es comprensible.

Calle Real 70 abusa de unos bustos parlantes de los que apenas sabemos nada y que vienen a expresar el mismo mensaje, repetido una y otra vez: que Papá Humbertico es una buena persona, que les ha ayudado mucho a todos y que es un icono de la música cubana que no agrada al régimen. Sin embargo, contando como contaban con un músico y con las vistas de las calles y paisajes de Cuba, ni el uno cantando ni los otros como planos de transición se prodigan demasiado. Por no decir que no aparecen. Es cierto que incluyen la actuación de un cantante con público al principio, pero como se encuentra tan al principio que todavía no conocemos a Humbertico, el espectador no puede asegurar que fuera él (si es que recuerda esa escena).

Vamos, que Vides pecuàries era la mejor opción. Por otra parte, después del disgusto, hemos llegado a aceptar que ser seleccionado y proyectado en sala de cine, en un territorio hostil, supuso ya una victoria, y que no podíamos esperar más (nuestra universidad y la del CEU son competidoras). También nos ha quedado claro que el documental fluye y provoca emociones positivas en el público.

La vida festivalera de Vides pecuàries ha empezado, y desde aquí iré informando de los siguientes pasos.

dijous, d’abril 24, 2008

ESTRENO DE VIDES PECUÀRIES

Por si alguien todavía dudaba de la existencia de Vides pecuàries, aquí uno de los carteles:

El estreno en pantalla grande, como finalista de Proyecta 08, está programado para este sábado 26 a las 11h, en la sala 12 de los cines Kinépolis de Paterna. Allí estaremos (si averiguamos cómo llegar).

ACTUALITZACIÓ (25-IV; 16:14h): m'oblidava de la frase promocional!! És aquesta:

«Vides pecuàries, un western crepuscular sobre el present de la ramaderia a les comarques de l'interior».

Demà es projecta i a alguna hora del diumenge serà el lliurament de premis.

dimecres, de març 19, 2008

BULA TERRORISTA

Para aclarar mis sentimientos, me hice la pregunta las pasadas navidades: ¿qué me gusta menos de verdad, las fallas o la navidad? Porque lo habitual es que uno odie las fallas cuando son fallas y haga ascos de la navidad cuando es navidad. Así que hace tres meses me planteé el interrogante y concluí que mi nivel de tolerancia hacia las fallas es muchísimo menor que el que he desarrollado hacia cualquier otra fiesta.

Está claro que la navidad es una invitación al suicidio. No sólo por su lado vomitivo de las reuniones familiares y el sentimiento de soledad que produce en muchos, sino por la exaltación del consumo y la destrucción del planeta. Se celebrará el renacimiento del Sol, pero de nuestros actos se desprende que buscamos aniquilar nuestro hábitat, que queremos destrozarlo AHORA, y que sólo tenemos derecho a hacerlo NOSOTROS.

De mi repulsa a las fallas he descubierto que soporto mejor la invasión ideológica y visual de la navidad que la saturación sonora que termina esta noche. El ruido continuado impide pensar. Respecto del cine, en la carrera aprendimos que uno puede dejar de mirar y no hacer caso del mensaje, pero no podemos dejar de oír. Sobre este mecanismo se construyen las pelis de terror. En esta tortura se basan las fallas. Puedes decidir no ver una sola falla, pero ten por seguro que los falleros harán que te enteres de que están de fiesta.

Lo que más me molesta de los falleros es su impunidad. Pueden montar una carpa enorme en medio de la calle. Pueden prender hogueras enormes en los cruces. Pueden alterar el tráfico de vehículos a su antojo. Pueden hacer estallar artefactos explosivos de cualquier potencia, a cualquier hora, en cualquier lugar y hacia cualquier dirección. Pueden ensuciar los pueblos y ciudades con niveles de mierda que nadie soñaría con ver junta. Pueden cometer faltas gordas de ortografía. Pueden desfilar bajo tu ventana con una banda de música anuladora del libre-pensar y tirando cohetes a las ocho de la mañana. Pueden montar verbenas de madrugada. ¡Y la policía mirando!

Seamos serios: en cualquier país civilizado y con un puñado de leyes estos falleros acabarían sus días en prisión. Pero resulta que vivimos en Valencia, territorio sin ley gobernado por el MAL. Con un poco de suerte éstas serán las últimas fallas que tenga que soportar en mi vida.

O eso, o concesión de bula para todo el mundo DESDE YA para cometer actos terroristas. A ver si los falleros van a ser los únicos que puedan incendiar las calles.

PD: por cierto, siempre me ha llamado la atención la similitud fonética entre «falla» y «fire». ¿Alguien sabe algo?

dilluns, de febrer 18, 2008

«DON'T STOP--- !»

1. Ahora que más o menos he conseguido equilibrar las redacciones y los interminables ejercicios pendientes de alemán con la escritura del proyecto, la lectura de comic books de los cincuenta y sesenta y de bibliografía especializada sobre ellos, el visionado regular de un par de series y las primeras chispas de unas conexiones sinápticas que meditan sobre el éxodo, me queda incluir un factor más a la ecuación: alimentar el blog.

Tampoco era fácil, pero también he logrado resistirme a abrir ninguna de las novelas que me llaman a gritos desde las estanterías. No, nada de eso: hasta nueva orden, durante un mes como mínimo, debo alejar de mí cualquier libro que no trate de comic books o que no tenga una relación con el proyecto. (No, leer La máquina del tiempo de Wells sólo porque la inventara el Doctor Muerte no cuela).

Y eso, que mis dos neuronas (una para pensar y la otra para pensar lo que la primera tiene que pensar) han olvidado que esto sigue abierto, pero recuerdan perfectamente que le interesa a casi nadie.

2. Unos días después, ya me he recuperado de No Country for Old Men. De acuerdo, no es Fargo, pero ninguna de las otras películas que he visto de los Coen alcanza a Fargo. Tampoco es un film redondo: tengo la sensación de que no le vendría mal un remontaje de la última media hora para reducir entre cinco y diez minutos las escenas de la esposa y la suegra. Sin embargo, cuenta con unas secuencias que, ellas solas, sí deben ser de lo mejor de los Coen. Y sí es más terrorífica y desasosegante que Fargo.

No, no tengo ganas ni tiempo de analizar aquí la película entera ni de establecer todas las comparaciones posibles con Fargo (o con otras: un amigo dice que Bardem es Terminator con peluquín), pero sí quería escribir un poco sobre la escena final. Me descolocó no enterarme demasiado del sueño que cuenta Ed Tom Bell en la última escena, porque no entendí bien las imágenes que describe y porque no conseguía relacionarlas con el resto de la película. ¿Es la escena con su padre un sueño? ¿Es toda la película un sueño? Ahora he vuelto a ver la escena y he leído la transcripción en imdb. Está contando un sueño, después de todo, y lo que sucede en esa escena no tiene porqué tener ninguna relación con el resto.

Lo que sí pensé fue que ese tipo de finales no concluyentes está poniéndose de moda. Las historias no finalizan con el último beso ni con la captura del criminal: mientras los personajes vivan, les seguirán ocurriendo cosas.

Pensaba en los finales de Zodiac y de Cloverfield, que tampoco satisfacían el apetito creado en el espectador por saber que todos los hilos que la narración ha ido presentando son cerrados con respuestas claras. También pensé que los finales de Zodiac, Cloverfield y, ahora, No Country for Old Men suponen un paso más allá en lo que se conoce como «final abierto». No puedo explicar este matiz todavía, pero algo me dice que los finales abiertos de este siglo son «más abiertos» que los del siglo pasado. El que las narraciones deban ser cerradas no deja de ser una convención. El arte imita a la vida en todo menos en una cosa: la vida sigue, aunque sean las de otros.

Me acordé del final de The Sopranos del que tanto se habló el año pasado y que yo no había visto. Dejé de ver la serie cuando en el Plus iban por la segunda o tercera temporada, no porque dejara de gustarme sino por su horario. Eso fue, claro, en la época en que uno debía someterse a los horarios de las cadenas para seguir las series de TV. Todavía tardaré en reengancharme a The Sopranos, pero tras ver el final de No Country for Old Men decidí que debía ver esa famosa última escena del último episodio a pesar de desconocer más de la mitad de las tramas de la serie. Sí, he cometido tal herejía. Y me alegro, porque es una escena fantástica.

Si alguien no quiere verla porque esté siguiendo todavía la serie y piense que el hacerlo se la va a destripar entera, que no tema porque la escena no desvela nada. Si aun así no quiere verla porque el saber que no desvela nada le va a quitar las ganas de seguir viendo la serie, que deje de verla ahora mismo porque la serie no le merece como espectador. Si alguien no ha visto nunca la serie o sólo ha visto episodios o escenas sueltas, ver la siguiente escena le compensará con cuatro de los mejores minutos que han sido emitidos por la televisión esta década. Verla o no verla, en cualquier caso, es responsabilidad de uno.



Yo ya la he visto. Es una escena preciosa que me ha humedecido los ojos y oprimido la garganta de lo bien hecha que está. Además, me ha enseñado que mis sospechas sobre la similitud de este final con el de No Country for Old Men eran ciertas.

No son finales escritos por personas que no saben cómo acabar sus historias. La gente que no sabe cómo acabar sus historias mata a todos sus personajes. Son finales escritos por personas que quieren que sus historias vivan en la mente del espectador tras el último plano. Pasó la época en que la ficción nos ofrecía finales satisfactorios (felices o no) para que cada uno pudiéramos seguir con lo nuestro. Estos «finales más abiertos» expanden la ficción al terreno de la realidad, extienden la duración de las películas hasta mucho después de haber abandonado la sala o apagado el televisor, y se enmarcan en la corriente de una frontera cada vez más difusa y cada vez más amplia entre ficción y realidad, que manifiesta también el uso creciente de elementos narrativos del cine documental en lo que hasta ahora era ficción más o menos pura o, directamente, en la popularización del documental. Siempre ha habido préstamos. Ahora hay fusión.

dijous, de febrer 14, 2008

DESVELADO

He vuelto del cine. No Country for Old Men. Taquicardia. No puedo dormir.

dilluns, de desembre 24, 2007

P'HABERNOS MATAO

Por alguna razón (fascinación por la aeronáutica, por el espacio aéreo, o por la tecnología y el espacio en general), en el siglo XX se estableció que el héroe moderno debía sobrevivir a un accidente de aviación en su primera aventura.

Alex Raymond procuró que Flash Gordon hiciera lo propio en su primera aparición el 7 de enero de 1934. Debió gustar tanto de la experiencia que repitió en la segunda dominical:

(las rocas de Mongo deben estar acolchadas, digo yo)

Por aquellos años, Jerry Siegel y Joe Shuster crearon a su Superman y, tras llamar a muchas puertas, en 1938 Detective Comics (DC) estrenó la cabecera Action Comics con su héroe en portada. De forma un tanto cutre, los autores resolvieron el origen del personaje en dos viñetas de la primera página. En dos patás, vamos. Años después, otros dibujantes añadirían más detalles al mito. En estas dos viñetas de Curt Swan de 1973, Jonathan y Martha Kent hallan en la cuneta la cápsula que contiene a Kal-El.

(más que un accidente, esto es un suave aterrizaje)

John Byrne modificó un poquirritín el momento en The Man of Steel #1 (X-1986):
(aquí tenemos ya la explosión del impacto y un boquete)

Ciñéndose a la tradición, Jack Kirby y Stan Lee no quisieron ser menos cuando crearon el argumento del origen de los Cuatro Fantásticos, en 1961:

(chocan contra el suelo dando tumbos y me salen enteritos, oiga)

En 2004, los de Lost repitieron la jugada:

(ni un rasguño, como quien dice)

Si hasta ahora hemos asistido repetidamente al surgimiento de los héroes tras sobrevivir éstos a un accidente de aviación, el primer año del siglo XXI trasladó la fórmula desde la ficción a la realidad con un "accidente" televisado en directo.

Tenemos el avión que se estrella. ¿Y los héroes? También. Y en pantalla. Si bien es cierto que desde antiguo se han adaptado al cine los superhéroes de cómic, también lo es el boom que ha experimentado el género esta década desde el 11-S:

-Blade II (marzo 2002)
-Spider-Man (mayo 2002)
-Daredevil (febrero 2003)
-X2: X-Men United (abril 2003)
-Hulk (junio 2003)
-Hellboy (marzo 2004)
-The Punisher (abril 2004)
-Spider-Man 2 (junio 2004)
-Blade:Trinity (diciembre 2004)
-Elektra (enero 2005)
-Man-Thing (abril 2005)
-Batman Begins (junio 2005)
-Fantastic Four (julio 2005)
-X-Men: The Last Stand (mayo 2006)
-Superman Returns (junio 2006)
-Ghost Rider (febrero 2007)
-Spider-Man 3 (abril 2007)
-Fantastic Four: Rise of the Silver Surfer (junio 2007)

Eso hasta ahora (por suerte no he visto ni la mitad, y seguro que me he dejado alguna). Para el año que viene: Iron Man (abril 2008), The Incredible Hulk (junio 2008), The Dark Knight (julio 2008), The Punisher: War Zone (septiembre 2008) y espero que ninguna más. Aparte, en la agenda de Marvel Studios hay una docena larga de proyectos más para los próximos años, como si quisieran sacar tajada de cada personaje de la editorial.

Por alguna razón, el siglo XXI ha ratificado el esquema "accidente de aviación-surgimiento del héroe"; con una notable variación: del clima creado por un accidente real televisado (hecho ficción, hecho mito) ha surgido en pocos años una legión de películas de superhéroes. Los personajes serán ficción, pero la invasión de las salas es muy real. Y yo sigo preguntándome: ¿de qué han venido a protegernos?

dimarts, de novembre 27, 2007

LA FORJA DE UN CONCEPTO

¿Y qué ocurrió en 1900? Pues que George M. Hill publicó en Chicago The Wonderful Wizard of Oz, de Lyman Frank Baum. Tanto el libro como la película del año dorado de Hollywood que fue 1939 son muy recomendables. Seguramente ya sabréis de qué trata: un tornado transporta a la pequeña Dorothy hasta un lugar llamado Oz y todo lo que desea es regresar a la granja de sus tíos en Kansas. La Bruja Buena del Norte le explica que la única persona que puede ayudarla es el Mago que vive en la Ciudad Esmeralda.



A pesar de haber leído el libro dos veces, recuerdo la película mucho mejor, y de la novela sólo me quedan imágenes (las de Denslow) de capítulos extraños y oscuros. En síntesis, lo que ocurre con Dorothy tras iniciar su marcha es que en el camino se encuentra con el Espantapájaros, el Leñador de Hojalata y el León Cobarde. Esto es clave. A la Ciudad Esmeralda llegan los cuatro juntos (y Totó), cada uno con una petición para el Mago: Dorothy quiere volver a Kansas, el Espantapájaros anhela tener un cerebro sobre sus hombros, el Leñador un corazón para amar y el León un poco de valentía para seguir viviendo con dignidad entre los animales del bosque.

De esta forma, y para la posteridad, tenemos a un personaje femenino asociado al hogar (y a los tornados), y a tres personajes masculinos representantes del intelecto, el amor y el coraje. Cuatro personajes cuya combinación el entretenimiento del siglo XX ha demostrado que funciona muy bien.

Queda bastante para el final, un poco de paciencia.

diumenge, d’octubre 28, 2007

DEATH PROOF Y ALREDEDORES

Abans que res, moltes gràcies Hans per passar-te'n i animar el cotarro.

Vamos allá. Releído lo escrito hasta ahora me pregunto: ¿de verdad tengo algo interesante que decir sobre Death Proof? Pues no lo sé, pero como hay que ir acabando con esto, sí podría aprovechar para matizar y añadir algunos aspectos.

Ambos coincidimos en que es entretenida. Eso, que a veces parece consustancial a las propias películas por formar éstas parte de la industria del entretenimiento, no es tan fácil de conseguir. No se da siempre ni con todo el mundo, por mucho que una película, una vez vista, parece que se haya construido siguiendo punto por punto las supuestas reglas que hay que cumplir para entretener a alguien. Además, el entretenimiento es una impresión subjetiva. Por ejemplo, a mí me entretuvo enormemente, me fascinaron durante sus más de dos horas de metraje, hasta el punto de no parpadear y sonreír como un idiota, las imágenes de El sol del membrillo. A mucha gente (obviamente, que no tiene ni puta idea) le parecerá una mierda de tostón, pero a mí no. Ni a ti, que lo sé de buena tinta. Por tanto, Death Proof entretiene, que no es poco. O nos entretuvo a ti y a mí, y nos basta con eso.

¿Pero por qué? ¿Por qué un film que entretuvo a ambos a mí me gusta y a ti no? Recurres al argumento de que Death Proof es un alegato (otro) a favor de la violencia, que se recrea en ella. Sin embargo, sin una violencia que es real, muchísimas piezas de arte que la representan no existirían. Sin guerras, asesinatos, delitos y crímenes en general, la historia del cine (por centrarme en una de las artes) sería muy otra, y hoy no podríamos disfrutar de películas como Paths of Glory, A Clockwork Orange o Barry Lyndon. ¿Es esto malo en sí mismo? En tanto que sólo habría paz, no, pero... ¡me encantan esas películas! El cine sería otra cosa no sólo en cuanto a temática. También el lenguaje sería diferente (y tú serías feliz). Las guerras, las persecuciones, las revueltas populares, las huelgas, con su mismo movimiento interno crearon la necesidad de descomponer esas acciones en planos comprensibles y útiles para que el espectador supiera qué estaba ocurriendo, quién perseguía o disparaba a quién y hacia dónde coño estaban mirando. Además, sin un cine violento Kubrick habría muerto siendo fotógrafo (aunque no en una guerra, claro). Por otra parte, sólo se representaría la belleza, a lo que no me opongo. ¿Hay algo más bello que Mary Elizabeth Winstead de amarillo y con minifalda? Se ha dicho muchas veces: la felicidad y la vida apacible no venden. Aunque estas palabras muy bien pueden haber sido pronunciadas por alguien interesado en vender violencia. Por supuesto, todo esto son suposiciones que me voy inventando sobre la marcha.

En relación a lo anterior, dices que una película debe responder a patrones éticos. También que es una opinión tuya muy personal. Tuya sigue siendo. A mí me gusta el cine por encima de la ética, y el mismo lenguaje del cine consigue que disfrute lo mismo con una película xenófoba como The Birth of a Nation y con el hito de la propaganda nazi Triumph des Willens. Que la moral no te impida apreciar una buena película (con seguridad todo esto que digo tendrá un límite que me hará vomitar, pero hasta ahora sólo siento tal cosa con los telediarios, en especial con el de Canal Nuez). Por supuesto, aunque no sea fácil, hay que procurar distinguir en lo posible realidad de ficción. Con todo esto quiero decir que la violencia en el cine, si es ficción y está bien narrada, me atrae. Si es real, como la de la televisión, me revuelve las tripas y la detesto. Es otra opinión.

Pero bueno, basta de disquisiciones. Pasemos a Death Proof. Ya he dejado claro que me ha gustado. ¿Pero por qué me ha gustado? ¿Qué me ha gustado?

De la primera parte me fascinó que la película se sostuviera casi sin trama, con una mínima anécdota. Todo gira alrededor de los planes para pasar el fin de semana en la cabaña de lago, conversaciones sobre tíos y la apuesta que tiene a Mariposa por trofeo. Y, tratándose de Tarantino, que se recreara tres cuartos de hora sin mostrar una escena violenta. Nuestras vidas son muy parecidas: planes sobre qué hacer el fin de semana, conversaciones sobre (la falta de) tías y apuestas que pueden tener una cerveza por trofeo (no, Mariposa no está con nosotros). Casi oigo decir a Quentin (como antes pensaron muchos): «¿quién me tiene que decir a mí cómo hacer una película y dónde poner los puntos de giro? Además, ¿acaso la vida real tiene trama? Yo hago la película que me da la gana (o que los hermanos Weinstein me dejan hacer)».

Después, sí, viene la secuencia más sangrienta de la película, que revela una recreación en la violencia compartida por Leone o Peckinpah (algo tendrá que ver la presencia de la sangre en el cine a partir de los sesenta con la extinción del Código Hays de censura en 1967).

De una u otra forma, yo quería explicar todo esto aquí. Sin embargo, sobre todo, me he dado cuenta de que los motivos más importantes por los que disfruté de Death Proof son: 1) me encantan las persecuciones y sus posibilidades cinematograficas (Bullitt, Duel), y 2) amo el slapstick. Es diáfana la conexión con las persecuciones, y no hay que escarbar mucho más para encontrar la relación con el slapstick: eran películas donde se perpetraban locuras cometidas por especialistas. Zoe Bell es ella misma una especialista de cine que en mayor o menor medida es capaz de emprender acciones de las que cualquiera de nosotros saldría con una pierna rota o sencillamente sin vida.

Claro que las secuencias de la película se pueden haber rodado con los vehículos a menor velocidad y después haberse acelerado las imágenes en postproducción, claro que tras la cámara habría un equipo sanitario completo por si ocurría cualquier cosa, pero es la misma Zoe Bell quien da bandazos de un lado a otro del capó, con riesgo de caer, es ese afán por captar la realidad, por capturar imágenes que están "bajo control pero no tanto", por difuminar aún más la barrera entre ficción y realidad en el cine, lo que creo que más me atrae del medio. Capturar la vida. Desde una anodina noche de fiesta hasta una trepidante persecución. (¿En qué quedamos? ¿No repudiabas la violencia real? Errr... estooo... ¡viva Hatari!).

Por eso recomiendo a todo el que pase por aquí (y haya llegado hasta el final), y a mí mismo para disfrutarla otra vez, Chasing Choo Choos, de 1927, donde los actores se mueven por encima y por los lados de un tren como Pedro por su casa.

Departamento de frases que se quedan en el tintero: De Death Proof también me gusta que la edición de sonido en la persecución haya dado protagonismo al ruido del motor y de los neumáticos en la banda sonora, como sucede en Bullitt, de la que se dice, por cierto, que persiguiendo esa realidad que buscaban transmitir fue la primera película de la historia grabada con sonido directo.

divendres, d’octubre 26, 2007

DEATH PROOF (VERSIÓN ABREVIADA)

ATENCIÓN: nivel total de destripe sobre Death Proof.

Antes de seguir con todo esto de Death Proof mañana (espero), todavía puedo sacarme otro post de la manga para concretar de qué estamos hablando. Más que nada porque esto del cine es uno de los medios / negocios / artes más extraños y fascinantes del mundo. En caso de ser consumido en sala, su lugar natural, el espectador paga por recibir un bien que no ha podido valorar antes de percibirlo (compramos una entrada llevados por deseos y esperanzas que nos han llegado a través de una campaña promocional tendenciosa, de un trailer engañoso, de artículos varios o de recomendaciones de amigos), y salimos del cine no con las latas de película dentro de un saco a la espalda, ni siquiera con un disquito de plástico o dos en el dedo, sino con recuerdos sobre las imágenes y sonidos que acabamos de ver y escuchar, y cada uno con los suyos. Pagamos por una historia, para que nos entretengan, sí, pero también para recibir una experiencia y, sobre todo, para tener recuerdos. Recuerdos modificados por las trayectorias vitales de cada uno y sus conocimientos y opiniones previas.

Dicho esto, recordemos un poco la película en cuestión gracias a unos cachos que he encontrado en el tutubo. Primero, la obertura, con The Last Race, de Jack Nitzsche, como banda sonora.



Tras una intrascendente conversación sobre tíos en el coche, llegan a un bar. Las chicas planeaban un fin de semana "sólo para chicas" en la casa del lago de una de ellas, junto a otras amigas que no llegan a aparecer. En la espera, conocen a Especialista Mike. En concreto, Mariposa, gracias a una apuesta formulada por Jungle Julia en su programa de radio sin la autorización de su amiga.



Mariposa se mueve al son de Down in Mexico, reproducida en la gramola y cantada por The Coasters. Poco después, Especialista Mike revela sus verdaderas intenciones con las chicas.



Acompaña, a petición de Jungle Julia a un programa de radio, Hold Tight. Canta Dave Dee. Sobra decir que después de esto ni fin de semana en el lago ni nada. En la segunda parte, Especialista Mike echa el ojo a otro grupo de mozas bien parecidas (no es tonto, no). Una de ellas, Zoë Bell, ha viajado desde Nueva Zelanda hasta EEUU atraída por un modelo concreto de automóvil, y convence a sus amigas para ir a ver el coche. En estas, Kim recuerda a Zoë que tiempo atrás prometió no volver a hacer jamás el "mástil de barco". Como parece que las promesas están para incumplirlas y la tentación es grande, empieza la acción. Y Especialista Mike se une a la juerga...



[De fondo, Riot in Thunder Alley, de Richie Podolor].



...sin saber lo que le espera. Fin.

PD (28-x): mmm... los enlaces del tutubo dicen que los vídeos están no longer available, pero siguen estando en su sitio:

INTRO: http://www.youtube.com/watch?v=4CVaHEDauAo
BAILE: http://www.youtube.com/watch?v=Hi7Tg-AwRZo
CHOQUE: http://www.youtube.com/watch?v=z9LCLdiuSls
PERSECUCIÓN I: http://www.youtube.com/watch?v=TG3ojzl8wj8
PERSECUCIÓN II: http://www.youtube.com/watch?v=0YwdwjZnnVU