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dimecres, de gener 06, 2010

LISTA DE LIBROS LEÍDOS EN 2009 (y 3)

A lo tonto a lo tonto ya hemos empezado otro año y yo todavía ando repasando las lecturas de los últimos cinco meses. Rematemos ya el asunto:

21. La aznaridad. Manuel Vázquez Montalbán, 2003. [Diario Público. Madrid: 2009]. Lo primero que leo de Montalbán. Es una crónica de la presidencia de Aznar hasta 2003, fecha de publicación del libro y año de la muerte del escritor. No hay que ser muy listo para darse cuenta de que a Montalbán no le caía demasiado bien Aznar; por eso me cae bien Montalbán. La lectura me ha servido para refrescar noticias de los años de instituto y primeros cursos de la universidad, y si bien me ha gustado, habría agradecido bastante referencias a fechas concretas en forma de notas a pie o una lista de artículos de prensa al final (como hace o le hacen a Chomsky).

22. Kirby: King of Comics. Mark Evanier, 2008. [Abrams. Nueva York: 2008]. Con esta biografía de Jack Kirby di por concluida el verano pasado la bibliografía leída para el proyecto de la carrera antes de entregar el trabajo. A pesar de estar escrita por Evanier, ayudante y amigo personal de Kirby en sus últimos 25 años de vida, no me aportó demasiada información novedosa, tal vez porque ya acumulaba la lectura de otros textos y entrevistas. De todas formas, lo importante de este libro no es la redacción en sí, sino las ilustraciones que la acompañan. Editado en cartoné y gran formato, incluye reproducciones tanto de originales de Kirby, a color y en blanco y negro, como de historietas completas. Por todo esto, Kirby: King of Comics es una delicatessen visual. Existe edición española a cargo de Rossell, igual de cuidada que la americana pero no sé yo si igual de recomendable: cuesta 50 euros y a mí me consiguieron mi copia en Londres por menos de 20.

23. El rojo emblema del valor. Stephen Crane, 1895. [Diario El País. Madrid: 2004]. Crane tenía menos de 24 cuando escribió esta novela, dato nada sorprendente viniendo de alguien que murió a los 28 tras una vida intensa como periodista y corresponsal. Llama la atención que sólo los personajes, y nunca el narrador (hasta donde recuerdo y he sido capaz de comprobar con un rápido repaso), usen sus nombres propios (el de pila o el apellido) para referirse entre ellos. El protagonista, el soldado Henry Fleming es, hasta la última página, «el muchacho». Aparte de esto, lo que más me sorprendió es el detalle con el que Crane describe los diferentes estadios de una batalla. Tal vez sea una batalla cualquiera de ubicación desconocida; tampoco es decisiva, pero es la que experimentan los personajes de la historia, una batalla en la que mueren o a la que sobreviven, y para ellos, por irrelevante que sea en la guerra, es importante porque puede que sea la única en la que luchen jamás.

24. Tatuaje. Manuel Vázquez Montalbán, 1976. [Diario Público. Madrid: 2009]. Otro libro que cae de Montalbán gracias a la colección de Público. En este caso opté por la segunda aventura de la serie de Pepe Carvalho. Es una novela negra corta y conseguida, sin más pretensiones que escribir novela negra ambientada en España y con personajes de aquí. Es muy fácil que el año que viene hinque los ojos en otra historia de Carvalho.

25. Muerte en el seminario. P. D. James, 2001. [Círculo de lectores. Barcelona: 2002]. Hacía años que no leía ningún caso del detective Adam Dalgliesh, y mi reencuentro con P. D. James ha sido toda una delicia. No es porque compartamos cumpleaños, pero Mrs. James fue mi escritora preferida durante la adolescencia, y todavía disfruto leyéndola.

26. Crossing the Rubicon. The Decline of the American Empire at the End of the Age of Oil. Michael C. Ruppert, 2004. [New Society Publishers. Gabriola Island, Canadá: 2006]. Un tomaco de 600 páginas sobre los atentados del 11 de septiembre como crímenes de estado que buscaban justificar la invasión de Oriente Medio para controlar las reservas de petróleo. Contrapone hechos documentados a mentiras y contradicciones. Hasta donde se puede demostrar, es un estudio muy bien argumentado. Sigo el tema desde 2006 y sí, estoy con Ruppert. Otro libro para releer, subrayar y estudiar.

27. El regreso de Don Quijote. G. K. Chesterton, 1927. [Valdemar. Madrid: 2005]. Mi encuentro anual con Chesterton. Creo que ésta me ha resultado su novela más extraña. Empieza con unos que parecen los protagonistas y más adelante se le presta mucha atención a otro personaje. De todas maneras, poco importa en sí la trama. Para quienes gustamos de Chesterton, lo principal es volver a saborear esas situaciones que huelen a él.

28. En torno a los orígenes de la revolución industrial. Eric Hobsbawm. [Siglo XXI. Madrid: 1988]. Sí, lo sé: mi memoria da asco. No sólo eso: también mi capacidad de atención y de elaborar un discurso coherente. Sé que disfruté muchísimo con la lectura de este ensayo. Que se leía muy bien y que tardé poco en acabarlo. Incluso una vez, poco después de leerlo, fui capaz de contar a una amiga algunos de sus detalles. Ocurrió hace dos meses. Ahora, sin embargo, no recuerdo nada relativo a la crisis del siglo XVII que describe Hobsbawm.

29. Historia de la filosofía oculta. Sarane Alexandrian, 1983. [Valdemar. Madrid: 2003]. Es cierto: el primer capítulo está repleto de datos y nombres desconocidos y casi no pillé ni una. Sin embargo, como lector curtido, esto no me desanimó; continué leyendo y obtuve mi recompensa. Abundan historias interesantísimas sobre la evolución paralela de la filosofía oculta con la medicina y las creencias religiosas. Me han resultado especialmente llamativos los apartados relativos a las persecuciones de «brujas».

30. ¿En qué creen los que no creen? Un diálogo sobre la ética en el fin del mundo. Umberto Eco y Carlo Maria Martini, 1996. [Diario Público. Madrid: 2009]. Vamos a ver si me explico. Aunque está muy bien que exista este tipo de diálogos, me parece que parten de una base equivocada, en mi opinión. Este en concreto lo mantienen un convencido (Martini) y un ex-convencido (Eco) que todavía cree y respeta parte de la doctrina de la religión del primero. Si aceptamos como risible que alguien (esté loco o no) empiece a predicar que un gran Monstruo de Espagueti es el creador de todo lo visible y además ha inducido a otros a transcribir sus enseñanzas en unos textos «sagrados», no veo por qué debemos aceptar como «seria» una historia similar apoyada por una institución milenaria criminal. Esto es: que lo que no merece respeto ni consideración alguna no se puede respetar ni considerar. En resumen, que habría agradecido, en tanto que representante de la postura contraria, que Eco le cantara las cuarenta a Martini.

31. El Manifiesto Comunista. Karl Marx y Friedrich Engels, 1848. [Diario Público. Madrid: 2009]. Recuerdo que nuestro profesor de Historia de COU nos advertía sobre los libros políticos, y desde entonces quedé convencido de que era peligroso leerlos a edades tempranas. Él se refería principalmente al Mein Kampf, claro, que aconsejaba robar para no financiar de ningún modo a los grupos nazis que lo editan; «por suerte», eso ya no es necesario debido a que existen copias en pdf. Han pasado más de diez años desde aquellas clases y ahora no he podido resistirme a esta edición del Manifiesto. Es una joyica. Me ha sorprendido sobre todo la vigencia del primer capítulo, «Burgueses y proletarios», sobre las estrategias e intenciones de los propietarios de los medios de producción. En el resto hay cosas que no me convencen, por supuesto, pero me parece un texto muy inteligente.

32. Orlando. Virginia Woolf, 1928. [Diario El País. Madrid: 2002]. Claro, cuando a uno le informan de que Orlando va de un tipo que vive cuatrocientos y pico años, primero como hombre y después como mujer, pues, no sé, yo me había imaginado algo más fantástico, la historia de alguien que, cada cierto tiempo, debe empezar de cero en otro lugar y con un nuevo nombre para que la gente no note que no envejece. Pues va y resulta que no, que como quien no quiere la cosa, la Woolf te endosa una original reflexión sobre el paso del tiempo y la impresión subjetiva que del mismo tenemos cada uno. Que lo de que vive cuatro o cinco siglos y cambia de sexo es cierto, pero aunque la novela cuente eso también, en realidad no va de eso. Una chica lista, esta Virginia.

33. Guerra y paz en el siglo XXI. Eric Hobsbawm, 2006. [Diario Público. Madrid: 2009]. Parece mentira, pero hay tipos listos que lo son hasta con 92 años. Este libro es una colección de artículos y conferencias que Hobsbawm ha ido redactando en los últimos años sobre un par de temas relevantes en el mundo de hoy y el de mañana: la globalización y el imperio estadounidense. Hobsbawm no sólo ha vivido casi todo el siglo XX, también lo ha estudiado y ha hecho lo mismo con los precedentes, lo que le lleva a señalar que las guerras de hoy no tienen reglas: no luchan y mueren solo soldados, no terminan con la rendición del adversario. También conoce bien el caso del Imperio Británico, con el que el imperialismo actual poco o nada tiene que ver. Al respecto, es curioso que la profesionalización de los ejércitos corra pareja del auge del capitalismo y la pérdida del patriotismo: Hobsbawm apunta que los hombres y mujeres de hoy son capaces de morir y matar por dinero, pero ya no por el estado-nación. Lo dicho, un librito la mar de interesante y esclarecedor que incluye reflexiones acerca del aumento de la violencia, del peligro del uso de la «guerra contra el terror» como política y de la devaluación de la democracia (así como de su difícil o imposible exportación). Acabo ya con una cita sobre esto último: «[los] expertos en relaciones públicas [de los gobernantes] les indican que ha de vérselos gobernando constantemente, y esto, como sabemos por la historia británica de finales del siglo XX, multiplica los gestos, las declaraciones y, a veces, las legislaciones innecesarias» [p. 140].

34. El origen de las especies. Charles Darwin, 1859-1872. [Alianza Editorial. Madrid: 2007]. Una lectura apasionante. Leyéndolo uno se da cuenta de que cualquier elogio que pueda formularse a esta obra y a su autor se queda corto. No sólo está muy bien explicado y estructurado, sino que se nota la prudencia de Darwin a la hora de ir presentando poco a poco las diferentes pruebas en favor de su idea a un público, el de 1859, que bien podía haberle linchado por publicarla. Altamente indispensable.

Mmm... creo que me quedaría componer un repaso general a todos estos títulos, a modo de síntesis. Otro día.

dimecres, de desembre 31, 2008

LISTA DE LIBROS LEÍDOS EN 2008 (2)

En el mes de julio no acabé ningún libro. Fue entonces cuando apreté el ritmo y corregí los tres primeros capítulos del proyecto pensando que ya lo iba a acabar. Pero no. Y al contrario, en agosto me bloqueé y no pude escribir durante un tiempo, lo que me ocasionó un apetito lector que me llevó a devorar once libros en tres meses, hasta el mes de octubre. Son los títulos que siguen:

9. La conspiración de Cristo. La mayor ficción de la historia. Acharya S., 1999. [Valdemar. Madrid: 2006]. 650 páginas de apasionante lectura. Llevaba meses persiguiendo este título de la colección Intempestivas de Valdemar (mi editorial fetiche), con una ausencia absoluta de suerte. En las librerías me decían que estaba agotado o que la distribuidora no lo tenía. Era tal mi interés que telefoneé a la distribuidora y pregunté por el problema: habían enviado sus ejemplares a Barcelona y no quedaba ninguno para Valencia (espero que no haya ningún tejemaneje ideológico por detrás). La librera se enteró de que había llamado a la distribuidora a sus espaldas y me armó medio pollo porque pensó que desconfiaba de ella. Resultado: medio año sin entrar en esa librería. Al final pedí el libro a través de la web de la editorial y en cuatro días lo tenía en casa. Menos de una semana después, estaba listo. Resultado: convicción casi absoluta de la inexistencia histórica de nadie llamado Jesús de Nazaret.

10. Artículos. Mariano José de Larra, 1928-1837. [Cátedra. Madrid: 2000]. Debido a un tipo extraño de superstición, esperé a acabar este libro hasta que no superara en edad a su autor, un suicida de 27 años. La impresión es muy positiva. Y extraña. Por los ecos de la vida urbana actual que resuenan en los ambientes del Madrid de hace casi dos siglos. Muy recomendable. De haber nacido en 1980, Larra habría tenido un blog (más visitado que éste, por supuesto).

11. El fabuloso libro de las leyendas urbanas. Demasiado bueno para ser cierto. Jan Harold Brunvand, 1999. [Alba Editorial. Barcelona: 2004]. Una colección de tropecientas historias de lo más variopintas que se han transmitido de individuo a individuo durante las últimas décadas (como mínimo). Muy curioso.

12. Mecanoscrit del segon origen. Manuel de Pedrolo, 1974. [Edicions 62. Barcelona: 1997]. De lo más mejor que he leído este año. Ignoro si esta obra de Pedrolo es conocida en el ámbito hispano, pero por aquí es famosa porque constituye un hito de la literatura de ciencia ficción en catalán. Y qué catalán: sólo por ver hasta dónde fue capaz Pedrolo de llevar el idioma ya vale la pena leerla. La premisa: unos extraterrestres devastan el planeta y sobreviven Alba, de 14 años, y Dídac, de 9. El final: estremecedor. En medio: 150 páginas.

13. Anticuerpos. Kevin J. Anderson, 1997. [Plaza & Janés. Barcelona: 1998]. Esta novela de Expediente X llevaba cinco años en la estantería, esperando su momento. Más años todavía hace que busco Calcinación espontánea, el título que me falta de las novelas de TXF, escrito por el mismo autor, famoso por su labor en series como Star Wars o Dune. No, si al final tendré que hacerme con alguna copia del original inglés, titulado Ground Zero. Digo que como era la última que me quedaba de las que tengo, en cierta manera me la estaba reservando, aunque imaginaba que la historia no iba a ser nada del otro mundo. Es eso exactamente, pero también muy entretenida. De vez en cuando se agradece un texto para encefalogramas planos.

14. ¡Zap! Miguel Ibáñez, 1995. [Futura Ediciones. Barcelona: 1995]. ¡Es un obsequio personal del autor! (moltes gràcies, Mike!). El pobre hombre debió zamparse demasiadas horas de televisión para poder escribir este libro y, en un acto de generosidad, decidió compartir estas páginas con el resto para que no necesitemos someternos a tamaña tortura de forma directa. Un volumen muy extraño con algunas verdades recónditas.

15. La máquina del tiempo. Herbert George Wells, 1895. [Diario El País. Madrid: 2004]. Como ocurre con tantos clásicos que han sido volcados al cine, uno cree conocerlos sin haberlos leído. Nada más lejos de la realidad. Ésta es una novela más extraña si cabe por su breve extensión, característica que precisamente le ha permitido originar tantas versiones.

16. Comic Book Nation. The Transformation of Youth Culture in America. Bradford W. Wright, 2001. [The Johns Hopkins University Press. Baltimore (Maryland, EEUU): 2003]. Un trabajo excepcional. Wright ha culminado una historia del comic book atendiendo a los mensajes que éstos han transmitido en cada década y a cómo los sucesos históricos del siglo XX se han visto reflejados en las páginas de los tebeos estadounidenses. Imprescindible.

17. Monster Show. Una historia cultural del horror. David J. Skal, 1993. [Valdemar. Madrid: 2008]. Un análisis muy interesante y revelador que delata las conexiones entre los acontecimientos traumáticos tan abundantes del siglo XX y el cine de terror. El ensayo ahonda en una reflexión que resumí hace tiempo en una frase: «las películas engañan, pero no mienten». Más todavía que el reflejo del siglo pasado en un género cinematográfico, me ha sorprendido el texto paralelo relativo al desgajo de la figura de la mujer respecto de su función reproductiva, y cómo desde la revolución sexual de los 60 el resultado de la concepción (el hijo) se ha convertido en el personaje monstruoso definitivo. Skal reparte unas pinceladas aquí y allá sobre el tema, desde Frankenstein hasta Rosemary's Baby, sin saciar mis ganas de profundizar en esta línea; lástima que el caótico sistema de notas y bibliografía me dificultará el dar con algún título de referencia. No obstante esto último, muy recomendable (como todo lo que he leído de Intempestivas).

18. El horror de Dunwich. Howard Phillips Lovecraft, 1928. [Alianza Editorial. Madrid: 1993]. Quince años ha tenido que esperar este librillo. Fue publicado dentro de la colección de Alianza Cien, aquélla que vendía cada ejemplar por cien pesetas. Era una gran iniciativa, y me apena que no sobreviviera al euro. Al respecto, echo en falta una editorial española que se atreva con formatos económicos de bolsillo; pero de verdad, al estilo de la Reclam de Stuttgart, que desde hace décadas pone en el mercado librillos idénticos en tamaño a los de Alianza Cien, ¡y hasta publica obras en sus idiomas originales! (¿Cómo se atreven? ¡¿Dónde se ha visto eso?!). Sobre la historia de Lovecraft, decir que es lo primero que leo de él, que me ha encantado y que es en verdad aterrador.

19. El poeta y los lunáticos. Gilbert Keith Chesterton, 1929. [Valdemar. Madrid: 2006]. Con éste ya suman trece los títulos de Chesterton digeridos, a un ritmo mínimo de una ración por año. No me ha llegado tanto como otras obras suyas y eso ha hecho que lo leyera con el piloto automático. A pesar de todo, la lectura de Chesterton me sigue resultando muy agradable.

Concluirá en la tercera parte...

dissabte, de juny 14, 2008

HACE 72 AÑOS

Gilbert Keith Chesterton (Kensington, Londres, 29 de mayo de 1874 - Beaconsfield, Buckinghamshire, 14 de junio de 1936).

«¿Cree de veras, reverendo, que usted mismo no lleva su correspondiente aro en la nariz? [...] ¿Se cree que un hombre como usted no lleva estampada su nacionalidad tan claramente como la nariz en mitad de la cara? ¿Se cree usted, acaso, que un hombre tan perdidamente inglés como usted no causaría risa en América? No se puede ser un buen inglés sin ser un buen hazmerreír, amigo mío... Cuanto más inglés se es, tanto mejor hazmerreír se es; los aros en la nariz hacen reír a quienes no los llevan; las naciones son divertidas o nos hacen gracia cuando no pertenecemos a ellas. Pero es mejor llevar en la nariz un aro que ser un fantoche cosmopolita que se corta la nariz para vengarse de su cara que delata de dónde viene».

Cuentos del Arco Largo (Tales of the Long Bow, 1925), de G. K. Chesterton. [La cita es según la traducción de José Luis Moreno-Ruiz, en las páginas 231-232 de la edición de Valdemar].

Si todavía no conocéis a Chesterton, aquí hay una página dedicada a él (también en la columna de enlaces de la izquierda desde hace tiempo), y aquí la lista de libros suyos editados por Valdemar y por Acantilado.

Y un vídeo de regalo:



dimarts, de febrer 07, 2006

COSAS QUE ECHABA DE MENOS

Entre la vida social y los trabajos, llevo unos días parando por casa sólo para dormir y a veces ni eso. Por tanto, hoy toca popurrí antes de que vuelva a salir a la calle, no regrese y caduquen los textos.

1. LOS AUTOBUSES

Algún día aprenderé a leer bien e interpretar las notas al pie en un horario de autobuses.
Cojamos el siguiente ejemplo. Horario de los autobuses de Luisenplatz (Darmstadt) a Dieburg una noche de fin de semana:

0:22h (D2), 672, Dieburg Bahnhof.
0:47h, 5507, Aschaffenburg.
1:17h (D2), 5507, Aschaffenburg.
1:22h (D2),
672, Dieburg Bahnhof.
2:22h,
672, Dieburg Bahnhof.

¿Qué es eso de D2? Bajo la vista y leo, en la parte de Zeichenerklärung:

D2: Verkehrt nur am 26.02 und 30.04.2006.

Parece que quiere decir que sólo circula dos días al año. Pienso para mí que un autobús que sólo circula dos días al año es una gilipollez que no tiene derecho a la vida y me decido por esperar.

Por de pronto, el de las 0:22, que era que el quería coger, no pasa.

Veo venir y dejo irse el 5507, que va a Aschaffenburg pero pasa por Dieburg Bahnhof. Era un autobús que no había visto nunca y al que no subía nadie. Como, por muy aislado que esté el pueblo, no concibo que nadie suba al bus para volver a Dieburg, porque siempre hay gente esperando, yo tampoco subo. Me quedo con el come-come, eso sí.

Pasan las horas y se confirma:

a) el que hace los horarios de la RMV está como una puta chota.

b) además, no usa ninguno de los medios de transporte de la RMV.

c) la nota al pie D2 es una gilipollez que no tiene derecho a la vida.

El resultado: catarro. Porque resulta, que aunque sea a las 3 y media de la noche, y localizada en Dieburg, en el trayecto desde la parada del bus hasta la puerta de la Wohnheim, en Alemania también hay humedad. Y se ve.


2. CHESTERTON

«Entonces comprendí el significado del humo. El humo era como la ciudad moderna que lo produce. No siempre es opaco y feo, pero invariablemente es malvado y vano.

«La Inglaterra moderna era como una nube de humo. Podía desplegar todos los colores, pero no podía dejar nada más que suciedad. Era nuestra debilidad y no nuestra fortaleza la que ponía aquella variada basura en el cielo. Eran los ríos de nuestra vanidad vertiéndose en el vacío. Habíamos cogido el círculo sagrado del remolino del viento, lo habíamos menospreciado y lo veíamos como el remolino de una charca. Y luego lo habíamos utilizado como un fregadero. Era un buen símbolo de la rebelión de mi propia mente. Sólo nuestras peores cosas iban al cielo. Sólo nuestros delincuentes podían ascender aún como ángeles».

-Gilbert Keith Chesterton, El hombre vivo (1912)

(¡Lo he acabado hoy!)


3. MOVERME

Tras meses de sedentarismo erasmusiano, en enero me traje mis deportivas de correr porque había pensado que ya era hora de volver a hacerlo. Siempre me ha gustado, desde que empecé hace más de seis años, cuando perdí los suficientes kilos como para poder correr sin sufrir demasiado. Sin embargo, con tanta nieve, sin ganas de madrugar, y sin horas de luz por las tardes, no encontraba el momento. Tendrían que obligarme a hacer ejercicio.

Así, arrastrado por el mono de actividad física y fácilmente convencido por Bea, me uní la tarde del jueves a la práctica del schwitz-fit en el Spielhalle de Böllenfalltor, en el campus de Lichtwiese de la TU (al menos creo que es ahí donde me llevaron).

Centenares de personas, capaces por un momento de hacerme retroceder y de dirigirme hacia la puerta (para salir corriendo de allí), se encontraban ya en movimiento cuando llegamos.

La monitora, guía de nuestros cuerpos durante casi una hora y epicentro de la masa, estaba oculta la mayor parte del tiempo a la vista de cualquiera, como nosotros, que sudara en las últimas filas. La mujer daba las instrucciones en alemán, lo que me obligaba a estar con la cabeza siempre levantada y buscándola con la mirada, no para orientar mis orejas y escucharla mejor (ni esforzándose la comprendía uno), sino para ver qué hacía, si no ella, el resto de gente.

Para poder seguir los ejercicios, utilicé la técnica de “imita al que tienes delante”, así que si la chica de delante de mí levantaba la pierna izquierda, fracciones de segundo después yo hacía lo mismo. Y estaba pendiente de no descuadrarme demasiado con ella porque a la mínima que se encontrara en una fase del ejercicio diferente de la mía, me mareaba y perdía el control de mis extremidades. Mi mente no da para más.

Lo peor es que cada vez que le cogía el truco a la coordinación de uno de esos ejercicios combinados (que si levanta recta la pierna derecha y tócate la rodilla con la mano, pasito a la izquierda, nosequé con los brazos, lo mismo con la pierna izquierda,...) cambiaban a otro nuevo que tenía que copiar. Así no me dejaré de sentirme (y ser) un patoso en la vida.

Una última cosa. En contra de lo que pueda parecer, de verdad que fui a hacer ejercicio. En el mundo (y en un pabellón deportivo) hay lo que hay, y uno todavía tiene ojos. Y como se dio el caso que tenía la cabeza siempre al frente, ya estuviera de pie, arrodillado o acostado en el suelo recordando que tengo abdominales (y que me duelen), en mi campo de visión se cruzaron unos culos que sólo pueden calificarse de perfectos. Así, sin más.

Y el jueves, vuelvo.