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diumenge, de juny 21, 2009

DISGRAFÍA URVANA

Las imágenes que van a contemplar a continuación son fiel reflejo, mal que nos pese, de esa esfera de la realidad que preferiríamos ignorar. Espeluznantes fragmentos de nuestra sociedad. Una prueba de que la democracia no es un presente celestial, sino, más bien, un lodazal del que rezuman las más abyectas y contrahechas excreciones.

Aquellos dotados de un mínimo de sensibilidad no deberán dudar y alejarán inmediatamente sus órganos fotorreceptores de esta, por unos momentos maligna, pantalla. De lo contrario, esos mismos ojos acostumbrados a la belleza serán expulsados de sus órbitas por la mera fuerza del horror y la náusea.

Los corazones resueltos que acometan el traspaso de estas últimas líneas fronterizas entre la lectura de un texto agradable y juicioso y la serie de fotografías ofrecidas unos milímetros más abajo, están invitados a seguir descendiendo y a exponerse, sin coacción de ningún tipo, por su cuenta y riesgo, al abismo purulento que ante ellos se despliega.

La primera de ellas pertenece a una campaña de Ayuda en Acción y Renfe y muestra uno de los carteles que podían verse en el interior de los vagones del tren Gandia-Valencia.

«Costruyendo», del verbo «costruir». Más aterradora me parecería la posibilidad de que el autor de esta perla fuera un visionario o un individuo venido de un futuro en el que la forma «costruir» hubiera sido aceptada como correcta.

Una vez roto el hielo pasemos a la siguiente, una exquisitez dedicada a los paladares más avezados.

Ante ustedes, una valla de una obra pública impulsada por el gobierno de la Generalitat ubicada en el carril bici que comunica Gandia y Oliva entre huertos de naranjos (o sea, escondidilla). Si no leen el texto con claridad, ahora procedemos a acercanos al mismo.

Si todavía no lo ven, les explico que una de las grafías más juguetonas del catalán es la «ele geminada» o duplicada (L·L). El texto de la valla presenta una palabra con ele duplicada: «remodel·lació». El problema es que la palabra que sirve de base, «modelar», no lleva, y por tanto tampoco ninguno de sus derivados. En cambio sí llevan «col·lector», «col·lectar» y toda la familia. O estamos ante un caso de mala fe, que en esto del idioma en Valencia la hay, y mucha, o de ignorancia. No es necesario saber de memoria cómo se escribe cada palabra: basta con saber consultar el diccionario.

Por último, pasemos al documento que más hiere de todos. Un cartel que corta algo más que el paso a los viandantes alfabetizados que se acercan por la conocida como la «rotonda del instituto», en el cruce de la Avenida República Argentina con el Paseo de Gandia.

Un poco más cerca...

No sé a ustedes, pero a mí este «exepto» me deja sin palabras.

Todas las instantáneas fueron tomadas la primera semana de este mes. Para echarse a temblar.

dissabte, de juliol 26, 2008

SPECTRA, DÍA 3 (SÁBADO 19) - PROYECCIONES

Sí, lo sé, han pasado más de tres meses desde lo de Spectra, pero no veáis cómo ha crecido el proyecto desde entonces. Una semana de éstas estará acabado (de verdad). Me hubiera gustado rematar el Spectra durante el último mes, pero hasta he aparcado un par de libros para no retrasar lo principal. Aunque lectura nunca me falta: siempre hay Nationals, Imágenes y tebeos acumulados. A lo que iba: la conciencia me impide dejar incompleta esta serie de posts, sobre todo cuando falta tan poco para el final. Al tajo, que esto había que acabarlo algún día, y también me sirve para desconectar un poco.

0. La última tarde del Spectra me planté en el Octubre un buen rato antes de que empezaran los actos previstos. La jornada anterior había descubierto el trabajo de Joan Fontcuberta y me apetecía conocerlo de primera mano gracias a las exposiciones que había instaladas en el sótano del edificio: Deconstruint Osama (Deconstruyendo a Osama) y un montaje parcial de Sputnik. Pude confirmar mis sospechas: Fontcuberta es un cachondo.

0,5. Sin saberlo, estaba ya situado muy cerca del espacio donde iban a tener lugar tanto las proyecciones como las conferencias programadas para la tercera jornada: en el salón de actos del mismo sótano, mejor habilitado para las actividades e intervenciones audiovisuales que nos habían preparado. He de reconocer que tras la saturación de charlas de los dos primeros días, el tercero me resultó más relajado, y a ello contribuyeron tanto la oscuridad, el lugar cerrado y la pantalla como la mano invisible que decidió el orden de las intervenciones.

1. Hacia las 17h, tras una presentación de Mike Ibáñez, el documental Subliminàlia inauguró la tercera jornada de Spectra. Locutado en catalán por el propio Mike, y producido por Mess/Age, me pareció más bien una vídeo creación o un collage que un documental, pero no estamos aquí para discusiones de género. Durante una media hora, ofrece imágenes de anuncios de prensa y de televisión de los años ochenta y principios de los noventa, en los que se detiene para dirigir nuestra atención sobre ciertos detalles que seguro nos han pasado inadvertidos, una serie de imágenes ocultas dentro de otras imágenes que constituyen (o eso pretende transmitir el vídeo) ejemplos de publicidad subliminal.

1,5. ¿Era publicidad subliminal? Pues no lo sé. Sobre todo recuerdo las calaveras distorsionadas halladas en el reflejo del capó de un coche o entre las burbujas de una botella, que pueden ser calaveras de verdad (al menos lo parecen), pero quién sabe si fueron colocadas intencionadamente. La publicidad subliminal definitiva es aquella de la que ni el mismo diseñador es consciente.

2. Sin ninguna pausa, como había advertido Mike, dio comienzo la proyección de Los zombis de los zares rojos, un documental grabado de alguna Noche Temática de La2 al que le faltaba algún minuto del principio, tal vez segundos. Buscando, he averiguado que está dirigido por Jerzy Sladkowski mediante la productora de Varsovia Besta Film para las cadenas ZDF y Arte, que lo emitieron como último capítulo de la miniserie documental Geheimes Russland (Rusia secreta; 1996-1998). Su título original: Moskau-Die Zombies der roten Zaren.

2,5. Se puede descargar, pero también lo he encontrado en el youtube vía google video. En alemán, claro. Para conseguir volver a meterme en la piel de mí mismo aquel día de abril, me lo he vuelto a ver a ratos durante la última semana. Lo cierto que es que me estaba enterando de más cosas de las que pensaba, pero por suerte he topado también con una traducción al inglés que me ha ayudado a entenderlo del todo; a pesar de que flaquea (y omite) en algunas ocasiones, me parece que en general es bastante fiel.

3. Los zombis de los zares rojos es un documental sobre la influencia que las señales electrónicas ejercen sobre nuestro organismo. Lo que explican no tiene nada que ver con las torres de alta tensión o de telefonía, sino sobre cómo las señales de baja frecuencia, en ocasiones con mensajes codificados, pueden ser utilizadas para alterar la mente y curar enfermedades físicas o psicológicas o, incluso, manipular la voluntad de las personas a distancia. Según el vídeo, a este tipo de actuación se le llama en Rusia «tratamiento psicotrónico» (a la psicología mediante la electrónica).

3,5. Uno de los mayores expertos en este campo es el Dr. Igor Smirnoff, quien ha desarrollado el método de «psicocorrección» (psychokorrektur), capaz de sanar a pacientes mediante la estimulación del subconsciente. Para introducirnos el alcance internacional del Dr. Smirnoff, el narrador nos informa de que el FBI reclamó sus servicios en 1993 para que aplicara sus técnicas en el asedio de Waco (Texas). Smirnoff pretendía crear mensajes específicos para cada miembro conocido de la secta de los Davidianos que se hallara en la casa, codificarlos, convertirlos en ruido para que sólo fueran perceptibles inconscientemente y emitirlos mediante las señales de teléfono, radio o televisión. Así, dice, saldrían de uno en uno. El FBI no quiso esperar el tiempo que tardaría en prepararlo todo y llevó a cabo la masacre.

4. Tras Smirnoff, el narrador nos presenta a los zombis de Moscú que dan título al documental, un grupo formado por miles de ciudadanos que creen que están siendo constantemente vigilados por las autoridades y que afirman haber sido objeto de experimentos relacionados con el control mental.

4,5. Antes de conocer a algunos de estos zombis, ofrecen un diálogo muy interesante entre un entrevistador y una investigadora, extraído de un documental ruso que una televisión nacional se negó a emitir (parece que presionada por alguna opinión externa). La mujer describe, sin entrar en más detalles debido a la carencia de patente, un líquido que contiene cierto tipo de información y que inyectan en los pacientes. ¿Una locura? Han conseguido que los datos se desplacen por el éter, y la sangre misma es un fluido que contiene nuestra más exacta descripción: ¿por qué negarnos a la posibilidad de información inyectable o ingerible?

5. Acto seguido, la narración nos traslada hasta el apartamento de una mujer que nos relata los síntomas que padece debido al «tratamiento psicotrónico» al que es sometida día y noche. Yerina Koslova lleva al cuello un aparato para neutralizar las ondas psicotrónicas que bombardean el bloque en el que vive, y nos enseña también un gorro de confección casera para protegerse contra el dolor que le provocan las bajas frecuencias.

5,5. Antes de seguir, me gustaría apuntar una cosa. Lo fácil es tachar a esta mujer y al resto de zombis de Moscú como locos. Es reconocible como gag cómico la imagen de un conspiranoico que se fabrica un sombrero de aluminio para que las señales de radio no afecten a su cerebro. Aceptando que esta persona pueda haber desarrollado cierta paranoia, ¿a qué tipo de propaganda hemos sido sometidos para considerar loca a una persona que cree que las señales eléctricas (que existen) afectan a su organismo y aceptemos al mismo tiempo como presidente de gobierno de un país a otra persona que cree en un ser superior y eterno (o sea, una ficción)? ¿Por qué las religiones no entran en la categoría de enajenaciones o enfermedades mentales? ¿Por qué la fe no incapacita para los cargos públicos?

6. Para rebatir lo anterior, Yerina Koslova muestra a la cámara un certificado que prueba que ella está mentalmente sana. La acompaña Andre Slepucha, un ingeniero electrónico que afirma que el KGB experimentó con él mientras fue prisionero en los gulags de Stalin en los años 50. Este hombre esconde bajo la boina un alambre que le rodea el cráneo y, bajo mangas y perneras, un sensor en cada extremidad, todos ellos conectados a una petaca central colgada del pecho para protegerse del influjo de las señales. En una de las habitaciones de su piso, reconvertida en taller, Andre aprovecha transistores normales y otros deshechos de electrodomésticos para construir aparatos similares que sirvan para ayudar a otra gente. Cada rincón de su casa está cubierto de cables y filtros para protegerse de las bajas frecuencias propagadas a través de la radio, la electricidad y el teléfono.

6,5. Una película filmada por el Ministerio del Interior ruso sobre los generadores psicotrónicos describe sus efectos nocivos en cuatro etapas: primero uno se siente extraño (unwohl), después pierde la lógica, también la orientación espacial y, por último, la conciencia.

7. El documental finaliza en la clínica del Dr. Smirnoff, quien somete a un paciente a una operación sin cirugía para curarle de la adicción a las drogas. Mediante la psicocorrección antes expuesta, con una computadora y durante pocos minutos, el subconsciente del joven recibe las señales codificadas en forma de ruido que conseguirán «lavarle» el cerebro.

7,5. Debo reconocer que, llegada esta secuencia, cuando oí la palabra que repite el paciente porque significa algo importante para él, «mama», me salí de la narración y se me ocurrió si no sería tal vez un gag. Si no sería todo en realidad un falso documental, una ficción compuesta con el tradicional recurso del manuscrito encontrado, y que ese «mama» constituyera el último grito para despertar nuestra incredulidad. Lo del manuscrito es factible, por cuanto el documental rescata fragmentos de otra serie documental rusa que no se emitió, así como de filmes institucionales. Que sea todo cierto también es muy probable.

8. El Dr. Smirnoff explica en un momento que ha sido requerido por políticos de su país para «corregir» el voto de los ciudadanos. Siempre se ha negado, pero afirma que tal cosa es posible. Puede que sí, y puede que no, no lo sé, pero eso me lleva a formularme una pregunta más: ¿puede un trozo de carne y huesos, animado por impulsos eléctricos, REALMENTE pensar por sí mismo?

dilluns, de juliol 14, 2008

META-PORTADAS (5)

Tal vez hoy, con la portada de la cuarta parte de Radioactive Man #160, nos despidamos del Hombre Radiactivo, pero seguro que tenemos para unas cuantas entregas más sólo con los homenajes que el arte de Jim Steranko ha recibido tanto desde Bongo Comics como desde otras editoriales (incluso podría iniciar una sub-sección dedicada a las composiciones de página de Steranko recreadas por otros autores).

En esta última entrega, el Hombre Radiactivo acude al rescate de sus amigos del Escuadrón Superior, prisioneros de Madam Eczema. Por supuesto, los héroes vencen y todo termina bien, incluso el conflicto alrededor del alter ego del protagonista, gracias a la intervención del ditkiano (o ditkoesque) Plasta el Místico, quien se caracteriza como Claude Kane III para que la reportera Gloria Grand no pueda sumar dos y dos y desaparezcan así las dudas que albergaba respecto de la identidad secreta del superhéroe.

La resolución a «La heroica vida y la mortificante muerte de El Hombre Radiactivo» apareció publicada en el reverso de Simpsons Comics #39 (octubre 1998), con una ilustración de portada a cargo del trío Groening, Morrison y Kane:

Los cuales reincidieron en su profunda admiración por Steranko dibujando una particular versión de la primera portada de Nick Fury, Agent of SHIELD (junio 1968):

Nick Fury no nació con esta serie, sino que llevaba ya unos cuantos años en Marvel, pero sí supuso su independencia tras Howling Commandos y su paso por Strange Tales.

El «Sock it to me» escrito en uno de los cubos de Radioactive Man #160 está muy bien pillado. Es tanto una respuesta al «Who is Scorpio» de la portada de Nick Fury como una referencia a la época en la que supuestamente salió este tebeo del Hombre Radiactivo (mayo 1968). «Sock it to me» es una frase repetida por el coro de chicas en Respect, canción escrita por Otis Redding y reformada e inmortalizada por Aretha Franklin en 1967. Significa algo así como «decir algo sin rodeos», «dámelo» o «dímelo»; se supone que tiene alguna connotación sexual, pero servidor de eso ni idea.

La frase no aparece en todas las versiones que he encontrado. Tampoco en ésta, pero me gustaba. El «Sock it to me» debería ir justo después del deletreo (R-E-S-P-E-C-T), hacia 1'45'':



diumenge, de juny 01, 2008

PUREZA AMERICANA

El lenguaje es una máquina de propaganda. Caí (una vez más) en la cuenta cuando me fijé en que se siguen usando términos como afroamericanos, asiáticoamericanos, hispanos, italoamericanos, irlandeses americanos, latinos...

Todo para distinguir a la descendencia de cualquier grupo de gente originaria de cualquier lugar del mundo que en un momento de su vida decidió o se vio obligada a emigrar a los Estados Unidos. Los estadounidenses, muy suyos, se han cuidado mucho de no llamarse a ellos mismos euroamericanos, angloamericanos o germanoamericanos demasiado a menudo, para dejar claro que ellos (los wasp) son los únicos amos y señores del continente. Es sintomático que las denominaciones del párrafo anterior sigan utilizándose hoy en día para especificar que ninguna de esas personas es «americana de verdad».

La propaganda ha llegado a identificar a los «estadounidenses» con los «americanos» de una forma tan incuestionable hasta el punto de que los americanos más antiguos se han visto privados de su gentilicio y sólo se les reconoce si uno se refiere a ellos como «indios», «nativos» o «indígenas».

El lenguaje es un almacén de odio con un hambre infinita por etiquetar a las personas.

dimecres, d’abril 23, 2008

RAÍCES



Georgios: tiene su origen en la unión de las palabras «γη», tierra, y «έργο», trabajar (Wikipedia).
Lombriz: «Vive en terrenos húmedos y ayuda a la formación del mantillo, transformando en parte la tierra que traga para alimentarse, y que expulsa al poco tiempo» (RAE).

dimecres, d’abril 09, 2008

S

«¡Ja! ¡Acabo de aprender a tachar textos!»

10-IV, 23:30h: ahora debería tacharse sólo la frase...

dilluns, de febrer 04, 2008

ARRANCARSE LOS OJOS EN ANALFABESTILANDIA

ADVERTENCIA: las imágenes de este post pueden dañar sus órganos de visión. La contemplación de las mismas llevó a algunos sujetos a volver a saborear en sus gargantas el menú de las navidades pasadas. No está de más poseer un nivel de tolerancia visual superior al necesario para seguir dos minutos seguidos de un episodio de Lo que surja.

Su salud, así como los recuerdos que puede estar a punto de almacenar innecesaria e irremediablemente, queda bajo su responsabilidad.

Ante casos como los expuestos hoy, no sé si reír o llorar. Lo único cierto es que me revuelven las entrañas.

1. El exceso de concordancia del primer ejemplo es hasta tierno. La fotografía corresponde a una calle cercana a mi casa.

Atención al «siguen siendo son los mismos» de la letra pequeña, que redondea la jugada.

2. Sin embargo, aquello que más me calienta la sangre es encontrar faltas de ortografía en carteles más o menos oficiales escritos en catalán. Como el siguiente atentado al idioma perpetrado en un contenedor de Villalonga.

Ese «no hem tires», duplicado, en lugar de un simple «no em tires», me pone de los nervios. Es como si en castellano escribieran «no hemos tires a la basura» en vez de «no me tires a la basura».

Para que no falte la puntilla, el autor no se ha olvidado de ese magnífico «diumengue». O, lo que es lo mismo: «dominguo».

3. Todo lo anterior, aun lamentable, es hasta cierto punto merecedor de perdón. Bueno, no, pero es que el último caso no tiene remedio. Es un ejemplo de mi propio pueblo:

El cartel no tendría ninguna pega si no fuera por ese imposible «amdues costats», que suena tan mal o peor que un hipotético «anbas lados». No es sólo que el «ambos / ambas» español es «ambdós / ambdues» en catalán, sino que el «ambdues» femenino ni siquiera concuerda con el «costats» masculino.

Sólo dos palabras, y las dos están mal. Espero que no exista en el planeta un territorio poblado por gentes que ignoren y desprecien más su propio idioma que los valencianos.

diumenge, de setembre 09, 2007

DUDAS VARIAS: NÚMEROS Y ETIMOLOGÍA

1. Este primer punto lo escribo pensando en el futuro, no tanto para llenar una entrada y que alguien la lea o la ojee en las próximas horas o días como para lanzar esta primera duda y esperar que alguien me la responda en un tiempo ulterior. Cuando hace unos años empecé a estudiar alemán y dimos los números cardinales (raros como ellos solos pero, en tanto que rarillos, se les coge cariño), me llamó la atención el 16, sechzehn, pues su pronunciación me recuerda a su versión catalana: setze.

Este número, el setze, siempre me ha resultado curioso, pues a pesar de ir detrás del 15 / quinze comparte (o a mí me lo parecía) raíz con el 17 / dèsset / desset / disset (sí, tres formas, qué pasa) y no veía por ninguna parte el 6 / sis que por lógica debería estar en algún lado. A primera vista, el 7 / set se hallaba tras el setze y el dèsset, y no pocas veces, cuando empecé a hablar catalán hace 14 ó 15 años (ahora lo hablo el 90% del tiempo), llamaba setze al dèsset y no recordaba cómo era "dieciséis" (¿"disis"?).

El 16 / setze es curioso por más motivos. En castellano y en portugués es el primer número en el que el orden unidades+decenas establecido (on-ce / on-ze, do-ce / do-ze, tre-ce / tre-ze, cator-ce / cator-ze, quin-ce / quin-ze) se transforma en decenas+unidades (dieci-séis / dezas-seis, dieci-siete / dezas-sete, dieci-ocho / dez-oito, etc.). El inglés y el alemán, por ejemplo, inician las unidades+decenas un poco más tarde, ambos con el 13 / thir-teen / drei-zehn, pero lo respetan más tiempo: el inglés hasta el 19 / nine-teen y el alemán hasta aburrir. En este sentido, es un idioma más honesto, que no modifica una regla ya acordada. El checo (no, no sé checo, pero tengo un libro muy bonito) lo adopta primero que nadie, con el 11 / jede-náct, y lo mantiene como el inglés hasta el 19 / devate-náct para a partir del 20 pensárselo mejor y sumarse al club de las decenas+unidades.

En catalán, francés e italiano el cambio sucede más tarde, con el 17 / dèsset / dix-sept / diciasette. Si bien el 16 / seize francés y el 16 / sedici italiano pertenecen claramente a la familia de los "ze" y los "dici", el 16 / setze catalán se encuentra en territorio extraño porque la lógica diría que es un nombre que le robó al diecisiete. Tiene sentido: en tanto el 16 nació antes que el 17, gozó de preferencia respecto de sus sucesivos para elegir su nombre de entre todos los posibles, y como no le gustó el primero que vio, que debió parecerse a "disis" o a "sisze", pilló el siguiente, el setze, y al 17, que no quería llamarse divuit ni díuit (ni "vuitze", pero es que éste no lo quiso nadie), no le quedó más remedio que adoptar la personalidad múltiple con tres formas escindida más arriba.

Eso es lo que dice la lógica. En realidad, si recurrimos al latín y nos fijamos en el 16 / sedecim, uno se da cuenta de que setze no es sino una deformación y el misterio desaparece.

Para originar otro. Me sigue intrigando que la terminación -ZE (del catalán, del francés, del portugués y, aunque modificada, también del castellano) se parezca tanto al -ZEHN alemán y tenga el mismo uso y significado. Por esto, si hay alguien al otro lado que me sepa responder: ¿Por qué todas las lenguas románicas no efectúan a la vez la conversión de unidades+decenas a decenas+unidades? ¿La terminación -ZE es una herencia del gótico que pasó al latín vulgar? ¿Tiene algo de sentido lo que he escrito?

2. No hay punto dos. Bueno, lo había (y un tercero y un cuarto), pero no pensaba que el primero ocuparía tanto, así que los dejo para otro día.

dilluns, de març 19, 2007

«SI, IO STAIO»

Parece ser que después de todo voy a tener que volver (mierda, ¿dónde me he metido?); gracias a todos. El único problema que le veo a todo esto es que ahora tendré que hablar de cosas, pero bueno, ya se verá la regularidad con que lo hago.

Una cosa curiosa que me pasó ayer fue que vi (por tercera vez, si no me fallan las cuentas) El Padrino. Parte II. Lo digo más que nada para que seáis conscientes de la talla de sucesos asombrosos que tachonan mi vida. Un torbellino de novedades, vamos.

Pues bien, me llamó la atención que esta vez se me hizo extrañamente corta (y eso que es más larga que la primera, que revisité hace unos meses). Desconozco cuántos de vosotros habéis visto la película, pero tiene fama de confusa y es fácil perderse en la trama (a mí me pasó la primera vez que la vi). La segunda parte son dos películas, en realidad: la mayoría del metraje continúa la historia poco después de donde quedó al final de la primera parte, y esta historia se intercala con la de cómo Vito Andolini se convirtió en Vito Corleone y formó su familia (tanto la de sangre como la de poder, que con el tiempo resultan inescindibles). La secuela, digamos, recupera personajes y actores de la primera parte, lo que la hace más atractiva al espectador y da a entender que es la continuación de verdad; la precuela, por otra parte, nos presenta algunos de los personajes que ya conocemos, cuando todavía no son ellos, e interpretados por nuevas caras (ambientados en otra época, con otro diseño de producción, diferente fotografía...). Coppola lo sabía y era consciente de que su mayor reto era montar las dos historias de forma que se completaran. «¿Y ahora cómo coño junto yo todo esto?», seguro que pensó.

La respuesta no es fácil, pero el chico lo consiguió (35 añicos tenía cuando la estrenó). ¿Cómo? Así, de memoria y sin habérmela visto parando y tomando (muchas) notas, utilizó (él y el ejército de montadores) la sintaxis del montaje para que en vez de separar y diferenciar las dos historias, estuvieran engarzadas en la edición. Me explico: no pasa de una escena de Michael Corleone (el hijo y heredero del imperio) a otra escena de la historia de Vito con un fundido a negro en medio. Lo que hace es 1) encadenar (por fundido) un plano medio de Michael con otro de Vito o, 2) recurrir a la brusca, pero siempre elegante y eficaz transición por corte (así, a pelo, sin efectos ni hostias). ¿Qué consecuencias tiene esto? El fundido a negro y desde negro separa mucho, muchísimo, dos escenas, tanto que equivale a un punto y aparte o a un cambio de capítulo (o secuencia); esto es: algo se acaba y otra cosa nueva empieza. Los cambios de una escena de Michael a otra de Vito mediante corte provocan tal confusión que durante unos segundos (tal vez incluso hasta que no vuelve a cambiar de plano) tardas en darte cuenta de que se ha vuelto a interrumpir una historia para retomar la otra. Porque, al fin y al cabo, las dos historias son la misma, o la opuesta: la de una familia que se une y la de una familia que se separa.

Pero bueno, a lo que iba. Se me hizo corta porque toda la trama de Michael es consecuencia directa de los hechos de la primera parte. Me sorprendió ver cómo fluía todo y cómo ocurrían las cosas que no podían suceder de otra manera. Hyman Roth le recuerda a Michael el asesinato de Moe Green al final de la primera, y ese crimen arrastra unos lodos que reclaman sangre de Corleone. Michael, que tan asentadito parecía en su trono, ve cómo le salen enemigos por todas partes dentro de sus propias filas y se pasa la primera mitad de la película hablando con unos y con otros y jugando tantas cartas que uno pierde la cuenta. Y si al final de la primera es respaldado por su gente, en ésta acaba solo en la cima, incapaz de confiar en nadie. Ni siquiera de Tom Hagen.

Una curiosidad, que enlaza con lo anterior. Debido a la compañía, vi la película doblada, y esta mañana, al encontrar una escena que quería volver a ver, y verla en versión original, me he dado cuenta (escandalizado) de que el doblaje ni siquiera respeta las frases en siciliano. Casi a las tres horas de película (minuto 51 del segundo DVD), en la escena en la que Michael pide a Tom Hagen que si no cree en él como padrino puede coger la puerta y largarse con su familia, Tom le pregunta por qué le ofende de esa manera para inmediatamente después afirmar que sí, se queda. Allí donde la versión inglesa dice «Si, io staio», en la española se oye «Si, rimango». Alucinante.