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dissabte, d’agost 23, 2008

DESCENSO AL FUTURO (4)

Está claro que necesitamos el petróleo para muchísimas cosas vitales. Indirecta, y casi literalmente, comemos petróleo. Ahora bien, ¿cuánto petróleo queda?

Cuentan que el geofísico Marion King Hubbert predijo en 1956 que los Estados Unidos alcanzarían su pico o cenit en la producción de petróleo (peak oil) hacia 1970. Acertó: desde entonces cada vez extraen menos en su territorio y se han embarcado en unas cuantas guerras en Oriente Medio por el control del hidrocarburo. (¿Quién dijo «democracia» y «lucha contra el terrorismo»?).

La teoría de Hubbert es de cajón. El petróleo y el gas natural son bienes finitos. Mientras se van descubriendo yacimientos no hay ningún problema (aparte de una crisis climática), sólo que un ritmo de extracción mayor crea nuevas necesidades que a su vez incrementan la demanda. Ésta, insaciable, solicita más y más petróleo en el mercado, y así hasta que la cantidad de petróleo bajo tierra es menor que la que hemos extraído y quemado ya. A partir de ahí, la energía invertida en extraer la misma cantidad que antes se dispara. En tanto que nuestras vidas dependen de que sigamos quemando petróleo, si éste se encarece TODO subirá de precio hasta que no podamos pagar nada. Punto final.

Lo mismo que calculó Hubbert para EEUU se ha calculado para el planeta alrededor de... YA. Los más pesimistas sostienen que ya hemos pasado el pico. Otros, que sucederá la década que viene. Incluso los más (recalcitrantes) optimistas aseguran que ocurrirá en esta primera mitad de siglo. Suceda cuando suceda, la teoría afirma que uno no sabe que ha alcanzado el pico hasta años después de haberlo pasado.

Lo peor es que AHORA, mientras todavía disponemos de la energía que nos brinda el petróleo, es cuando deberíamos preparar las infraestructuras de la sociedad para poder vivir sin él. Pero la inercia de nuestro modo de vida no lo permitirá. Aprenderemos cuando nos hostiemos.

dissabte, de juliol 26, 2008

SPECTRA, DÍA 3 (SÁBADO 19) - PROYECCIONES

Sí, lo sé, han pasado más de tres meses desde lo de Spectra, pero no veáis cómo ha crecido el proyecto desde entonces. Una semana de éstas estará acabado (de verdad). Me hubiera gustado rematar el Spectra durante el último mes, pero hasta he aparcado un par de libros para no retrasar lo principal. Aunque lectura nunca me falta: siempre hay Nationals, Imágenes y tebeos acumulados. A lo que iba: la conciencia me impide dejar incompleta esta serie de posts, sobre todo cuando falta tan poco para el final. Al tajo, que esto había que acabarlo algún día, y también me sirve para desconectar un poco.

0. La última tarde del Spectra me planté en el Octubre un buen rato antes de que empezaran los actos previstos. La jornada anterior había descubierto el trabajo de Joan Fontcuberta y me apetecía conocerlo de primera mano gracias a las exposiciones que había instaladas en el sótano del edificio: Deconstruint Osama (Deconstruyendo a Osama) y un montaje parcial de Sputnik. Pude confirmar mis sospechas: Fontcuberta es un cachondo.

0,5. Sin saberlo, estaba ya situado muy cerca del espacio donde iban a tener lugar tanto las proyecciones como las conferencias programadas para la tercera jornada: en el salón de actos del mismo sótano, mejor habilitado para las actividades e intervenciones audiovisuales que nos habían preparado. He de reconocer que tras la saturación de charlas de los dos primeros días, el tercero me resultó más relajado, y a ello contribuyeron tanto la oscuridad, el lugar cerrado y la pantalla como la mano invisible que decidió el orden de las intervenciones.

1. Hacia las 17h, tras una presentación de Mike Ibáñez, el documental Subliminàlia inauguró la tercera jornada de Spectra. Locutado en catalán por el propio Mike, y producido por Mess/Age, me pareció más bien una vídeo creación o un collage que un documental, pero no estamos aquí para discusiones de género. Durante una media hora, ofrece imágenes de anuncios de prensa y de televisión de los años ochenta y principios de los noventa, en los que se detiene para dirigir nuestra atención sobre ciertos detalles que seguro nos han pasado inadvertidos, una serie de imágenes ocultas dentro de otras imágenes que constituyen (o eso pretende transmitir el vídeo) ejemplos de publicidad subliminal.

1,5. ¿Era publicidad subliminal? Pues no lo sé. Sobre todo recuerdo las calaveras distorsionadas halladas en el reflejo del capó de un coche o entre las burbujas de una botella, que pueden ser calaveras de verdad (al menos lo parecen), pero quién sabe si fueron colocadas intencionadamente. La publicidad subliminal definitiva es aquella de la que ni el mismo diseñador es consciente.

2. Sin ninguna pausa, como había advertido Mike, dio comienzo la proyección de Los zombis de los zares rojos, un documental grabado de alguna Noche Temática de La2 al que le faltaba algún minuto del principio, tal vez segundos. Buscando, he averiguado que está dirigido por Jerzy Sladkowski mediante la productora de Varsovia Besta Film para las cadenas ZDF y Arte, que lo emitieron como último capítulo de la miniserie documental Geheimes Russland (Rusia secreta; 1996-1998). Su título original: Moskau-Die Zombies der roten Zaren.

2,5. Se puede descargar, pero también lo he encontrado en el youtube vía google video. En alemán, claro. Para conseguir volver a meterme en la piel de mí mismo aquel día de abril, me lo he vuelto a ver a ratos durante la última semana. Lo cierto que es que me estaba enterando de más cosas de las que pensaba, pero por suerte he topado también con una traducción al inglés que me ha ayudado a entenderlo del todo; a pesar de que flaquea (y omite) en algunas ocasiones, me parece que en general es bastante fiel.

3. Los zombis de los zares rojos es un documental sobre la influencia que las señales electrónicas ejercen sobre nuestro organismo. Lo que explican no tiene nada que ver con las torres de alta tensión o de telefonía, sino sobre cómo las señales de baja frecuencia, en ocasiones con mensajes codificados, pueden ser utilizadas para alterar la mente y curar enfermedades físicas o psicológicas o, incluso, manipular la voluntad de las personas a distancia. Según el vídeo, a este tipo de actuación se le llama en Rusia «tratamiento psicotrónico» (a la psicología mediante la electrónica).

3,5. Uno de los mayores expertos en este campo es el Dr. Igor Smirnoff, quien ha desarrollado el método de «psicocorrección» (psychokorrektur), capaz de sanar a pacientes mediante la estimulación del subconsciente. Para introducirnos el alcance internacional del Dr. Smirnoff, el narrador nos informa de que el FBI reclamó sus servicios en 1993 para que aplicara sus técnicas en el asedio de Waco (Texas). Smirnoff pretendía crear mensajes específicos para cada miembro conocido de la secta de los Davidianos que se hallara en la casa, codificarlos, convertirlos en ruido para que sólo fueran perceptibles inconscientemente y emitirlos mediante las señales de teléfono, radio o televisión. Así, dice, saldrían de uno en uno. El FBI no quiso esperar el tiempo que tardaría en prepararlo todo y llevó a cabo la masacre.

4. Tras Smirnoff, el narrador nos presenta a los zombis de Moscú que dan título al documental, un grupo formado por miles de ciudadanos que creen que están siendo constantemente vigilados por las autoridades y que afirman haber sido objeto de experimentos relacionados con el control mental.

4,5. Antes de conocer a algunos de estos zombis, ofrecen un diálogo muy interesante entre un entrevistador y una investigadora, extraído de un documental ruso que una televisión nacional se negó a emitir (parece que presionada por alguna opinión externa). La mujer describe, sin entrar en más detalles debido a la carencia de patente, un líquido que contiene cierto tipo de información y que inyectan en los pacientes. ¿Una locura? Han conseguido que los datos se desplacen por el éter, y la sangre misma es un fluido que contiene nuestra más exacta descripción: ¿por qué negarnos a la posibilidad de información inyectable o ingerible?

5. Acto seguido, la narración nos traslada hasta el apartamento de una mujer que nos relata los síntomas que padece debido al «tratamiento psicotrónico» al que es sometida día y noche. Yerina Koslova lleva al cuello un aparato para neutralizar las ondas psicotrónicas que bombardean el bloque en el que vive, y nos enseña también un gorro de confección casera para protegerse contra el dolor que le provocan las bajas frecuencias.

5,5. Antes de seguir, me gustaría apuntar una cosa. Lo fácil es tachar a esta mujer y al resto de zombis de Moscú como locos. Es reconocible como gag cómico la imagen de un conspiranoico que se fabrica un sombrero de aluminio para que las señales de radio no afecten a su cerebro. Aceptando que esta persona pueda haber desarrollado cierta paranoia, ¿a qué tipo de propaganda hemos sido sometidos para considerar loca a una persona que cree que las señales eléctricas (que existen) afectan a su organismo y aceptemos al mismo tiempo como presidente de gobierno de un país a otra persona que cree en un ser superior y eterno (o sea, una ficción)? ¿Por qué las religiones no entran en la categoría de enajenaciones o enfermedades mentales? ¿Por qué la fe no incapacita para los cargos públicos?

6. Para rebatir lo anterior, Yerina Koslova muestra a la cámara un certificado que prueba que ella está mentalmente sana. La acompaña Andre Slepucha, un ingeniero electrónico que afirma que el KGB experimentó con él mientras fue prisionero en los gulags de Stalin en los años 50. Este hombre esconde bajo la boina un alambre que le rodea el cráneo y, bajo mangas y perneras, un sensor en cada extremidad, todos ellos conectados a una petaca central colgada del pecho para protegerse del influjo de las señales. En una de las habitaciones de su piso, reconvertida en taller, Andre aprovecha transistores normales y otros deshechos de electrodomésticos para construir aparatos similares que sirvan para ayudar a otra gente. Cada rincón de su casa está cubierto de cables y filtros para protegerse de las bajas frecuencias propagadas a través de la radio, la electricidad y el teléfono.

6,5. Una película filmada por el Ministerio del Interior ruso sobre los generadores psicotrónicos describe sus efectos nocivos en cuatro etapas: primero uno se siente extraño (unwohl), después pierde la lógica, también la orientación espacial y, por último, la conciencia.

7. El documental finaliza en la clínica del Dr. Smirnoff, quien somete a un paciente a una operación sin cirugía para curarle de la adicción a las drogas. Mediante la psicocorrección antes expuesta, con una computadora y durante pocos minutos, el subconsciente del joven recibe las señales codificadas en forma de ruido que conseguirán «lavarle» el cerebro.

7,5. Debo reconocer que, llegada esta secuencia, cuando oí la palabra que repite el paciente porque significa algo importante para él, «mama», me salí de la narración y se me ocurrió si no sería tal vez un gag. Si no sería todo en realidad un falso documental, una ficción compuesta con el tradicional recurso del manuscrito encontrado, y que ese «mama» constituyera el último grito para despertar nuestra incredulidad. Lo del manuscrito es factible, por cuanto el documental rescata fragmentos de otra serie documental rusa que no se emitió, así como de filmes institucionales. Que sea todo cierto también es muy probable.

8. El Dr. Smirnoff explica en un momento que ha sido requerido por políticos de su país para «corregir» el voto de los ciudadanos. Siempre se ha negado, pero afirma que tal cosa es posible. Puede que sí, y puede que no, no lo sé, pero eso me lleva a formularme una pregunta más: ¿puede un trozo de carne y huesos, animado por impulsos eléctricos, REALMENTE pensar por sí mismo?

diumenge, de juny 01, 2008

PUREZA AMERICANA

El lenguaje es una máquina de propaganda. Caí (una vez más) en la cuenta cuando me fijé en que se siguen usando términos como afroamericanos, asiáticoamericanos, hispanos, italoamericanos, irlandeses americanos, latinos...

Todo para distinguir a la descendencia de cualquier grupo de gente originaria de cualquier lugar del mundo que en un momento de su vida decidió o se vio obligada a emigrar a los Estados Unidos. Los estadounidenses, muy suyos, se han cuidado mucho de no llamarse a ellos mismos euroamericanos, angloamericanos o germanoamericanos demasiado a menudo, para dejar claro que ellos (los wasp) son los únicos amos y señores del continente. Es sintomático que las denominaciones del párrafo anterior sigan utilizándose hoy en día para especificar que ninguna de esas personas es «americana de verdad».

La propaganda ha llegado a identificar a los «estadounidenses» con los «americanos» de una forma tan incuestionable hasta el punto de que los americanos más antiguos se han visto privados de su gentilicio y sólo se les reconoce si uno se refiere a ellos como «indios», «nativos» o «indígenas».

El lenguaje es un almacén de odio con un hambre infinita por etiquetar a las personas.

dimarts, de maig 27, 2008

DECLARACIÓN DE PRO-LÍQUIDOS

Hoy David Raya comparece ante el Parlamento Europeo en Bruselas para exponer su caso, como enfermo de fibrosis quística y diabetes, en contra del Reglamento (CE) 1546/2006 de la Comisión de 4 de octubre de 2006, que modificó las medidas para la aplicación de las normas comunes de seguridad aérea. Los controles de líquidos no tienen otra finalidad que la de que nos gastemos los cuartos en bebidas, cremas y perfumes en la sala de espera. Ni seguridad ni hostias.

Desde aquí, muchos ánimos para David. El Parlamento debe retroceder en este aspecto. Porque, no lo olvidemos, una institución que aprueba un reglamento secreto es una institución fascista.

dimecres, de març 19, 2008

BULA TERRORISTA

Para aclarar mis sentimientos, me hice la pregunta las pasadas navidades: ¿qué me gusta menos de verdad, las fallas o la navidad? Porque lo habitual es que uno odie las fallas cuando son fallas y haga ascos de la navidad cuando es navidad. Así que hace tres meses me planteé el interrogante y concluí que mi nivel de tolerancia hacia las fallas es muchísimo menor que el que he desarrollado hacia cualquier otra fiesta.

Está claro que la navidad es una invitación al suicidio. No sólo por su lado vomitivo de las reuniones familiares y el sentimiento de soledad que produce en muchos, sino por la exaltación del consumo y la destrucción del planeta. Se celebrará el renacimiento del Sol, pero de nuestros actos se desprende que buscamos aniquilar nuestro hábitat, que queremos destrozarlo AHORA, y que sólo tenemos derecho a hacerlo NOSOTROS.

De mi repulsa a las fallas he descubierto que soporto mejor la invasión ideológica y visual de la navidad que la saturación sonora que termina esta noche. El ruido continuado impide pensar. Respecto del cine, en la carrera aprendimos que uno puede dejar de mirar y no hacer caso del mensaje, pero no podemos dejar de oír. Sobre este mecanismo se construyen las pelis de terror. En esta tortura se basan las fallas. Puedes decidir no ver una sola falla, pero ten por seguro que los falleros harán que te enteres de que están de fiesta.

Lo que más me molesta de los falleros es su impunidad. Pueden montar una carpa enorme en medio de la calle. Pueden prender hogueras enormes en los cruces. Pueden alterar el tráfico de vehículos a su antojo. Pueden hacer estallar artefactos explosivos de cualquier potencia, a cualquier hora, en cualquier lugar y hacia cualquier dirección. Pueden ensuciar los pueblos y ciudades con niveles de mierda que nadie soñaría con ver junta. Pueden cometer faltas gordas de ortografía. Pueden desfilar bajo tu ventana con una banda de música anuladora del libre-pensar y tirando cohetes a las ocho de la mañana. Pueden montar verbenas de madrugada. ¡Y la policía mirando!

Seamos serios: en cualquier país civilizado y con un puñado de leyes estos falleros acabarían sus días en prisión. Pero resulta que vivimos en Valencia, territorio sin ley gobernado por el MAL. Con un poco de suerte éstas serán las últimas fallas que tenga que soportar en mi vida.

O eso, o concesión de bula para todo el mundo DESDE YA para cometer actos terroristas. A ver si los falleros van a ser los únicos que puedan incendiar las calles.

PD: por cierto, siempre me ha llamado la atención la similitud fonética entre «falla» y «fire». ¿Alguien sabe algo?

diumenge, d’octubre 07, 2007

HISTORIA A GRITOS

Mi familia tiene una especial habilidad para desaparecer las mañanas de los sábados y dejarme solo con mi abuelo, que no tiene nada mejor que hacer los fines de semana que venir a vernos. Ayer, poco antes de las 11, ya había desaparecido todo el mundo; incluso mi padre, su único hijo. Y yo estaba solo.

Empezó como quien no quiere la cosa, con una pregunta de lo más inocente por su parte: «¿Cómo está eso de la quema de fotos del Rey?». Agotados los temas del teléfono móvil desde que se lo cambiamos por otro que escucha mejor, y el del cinturón de la hernia que quería que le reparásemos, de vez en cuando sale con lo de que Zapatero es un bandolero que va a llevar a este país a la ruina para vengarse de la muerte de su abuelo en la guerra. Le respondí que por mí pueden hacer lo que quieran. En la cabeza tenía una respuesta más larga, pero cuando uno habla con mi abuelo aprende a sintetizar el mensaje al máximo, para que llegue al destinatario con el menor número de repeticiones posibles.

La respuesta larga: quemar una imagen, quemar una bandera, no significa nada más que lo que es: quemar un papel, quemar una tela. Mientras no maten ni quemen aquello que representa, no debería ser delito. Igual que los partidos políticos son el cáncer de la democracia, las banderas son el cáncer de las naciones. En este sentido, no sólo deberían derogarse los artículos 490.3 y 491, de calumnias e injurias contra la corona, sino también el 543 del Código Penal, sobre los emblemas de España y sus CCAA.

Para mi abuelo, por supuesto, la culpa de todo la tiene Zapatero. Y antes que él, los socialistas. Y antes que él, los marxistas. Para mi abuelo el comunismo es algo que debería estar prohibido, exterminado de la faz de la Tierra, porque es un sistema, sí, muy bonito, pero que sólo trae (o ha traído) miseria. Para él, la prueba de que el capitalismo es mejor que el comunismo es el hecho de que en Rusia sólo ha durado 70 años mientras que EEUU lleva más de un siglo sirviendo al capital. Es un argumento. Falaz y ciego, pero argumento.

Mi abuelo se iría antes con los estadounidenses que con los comunistas. Yo no me iría con nadie, pues ambos sistemas se basan en la opresión y la destrucción. Sólo por haber lanzado no una sino dos bombas atómicas, EEUU es un estado criminal. Y decir que no había otra solución no justifica nada. El hecho de que EEUU haya entrado tarde en ambas guerras mundiales, cuando los ejércitos de uno y otro bando estaban lo suficientemente debilitados como para que el suyo, fresco, nuevo y con mejores armas, pareciera el salvador venido de ultramar, es indicativo de su oportunismo. La implosión de Europa y el avance del nazismo le importaban tanto como una mierda de mosca, pues EEUU se preocupa y siempre se ha preocupado por su propio beneficio. Si Truman hubiera sido condenado a 20 años de prisión como otros criminales nazis yo no tendría tantos motivos para quejarme. Pero eso no sucedió.

Mi abuelo luchó con los nacionales. Aunque de pequeño pudiera tener esa imagen maniquea de que un abuelo mío luchó con los buenos y el otro con los malos, ahora es algo que no le reprocho. En una guerra, es más el bando el que te elige a ti que tú quien elige al bando. Es una situación límite de la que si sales vivo ya has hecho bastante.

Es evidente que yo no estaba allí, y mi abuelo me lo recordaba mientras más o menos defendía a Franco. Me explicó que Franco había conquistado parte de África, y que eran tan pocos que jamás habrían ganado de no ser por la desorganización del otro bando. Tal vez sea esto otro mito, tal vez no. Mi abuelo lo repite: mientras los nacionales avanzaban, los rojos estaban de juerga, comiendo y bebiendo. A mí me suena a propaganda. Después de la victoria del Movimiento, dice, las cosas se le fueron de las manos.

Mentó a Franco porque poco antes había dicho, a raíz de las fotos del Rey, que la II República fue un desastre, y que ahora estamos demasiado bien como para pedir más cambios. No le faltará razón, pero no tenemos que agradecer nada a Franco. Por supuesto, yo «no estaba allí». Levantó el país y todo lo que él quiera, pero, y ésta es una pregunta que se le puede hacer a cualquier sistema de gobierno, constitucional o dictatorial, ¿vale la pena nuestro bienestar a costa del malestar de otra gente? ¿Vale la pena apoyar lo que tenemos si lo que tenemos es a costa del peor-estar, del mal-estar o incluso del no-estar de otros pueblos? Respuesta corta: no.

El nazismo llenó Alemania de autopistas y promovió una campaña agresiva contra el tabaquismo. Hitler era vegetariano estricto y repudiaba el maltrato a los animales. ¿Estos hechos por sí solos convierten al nazismo o a Hitler en algo bueno? Por supuesto que no.

Aquello que más me fascina es ¿qué lleva a la gente a apoyar unas cosas u otras? Por ejemplo, ¿qué ha llevado a mi abuelo a afirmar que Manuel Azaña era inteligente pero malvado? El artículo de la enciclopedia del País sobre Azaña podría resumirse como la vida de un escritor a quien el traje de político le venía grande, cuyas medidas causaron descontento popular pero que aglutinó a las izquierdas en su segundo mandato. De forma tácita, mi abuelo defiende el bipartidismo, pues no está de acuerdo con que el principal partido de izquierdas, a pesar de no haber ganado unas elecciones, obtenga el poder con la ayuda de los partidos pequeños. Y, por consiguiente, robe un gobierno a la derecha. Es una forma de verlo.

La base de todo es que nos encanta descubrir crímenes y errores del adversario. Aprendemos a ridiculizar al otro sin que nos parezca mal. El problema es que los crímenes del capitalismo, como son nuestros y ocurren lejos, no los vemos. Pero existen y son igual de reprobables. También, son tan grandes que nuestra vista no los abarca.

Este verano vi un anuncio de Dexia, una compañía financiera franco-belga, en una cadena de televisión británica o americana (voy cambiando y no recuerdo dónde veo los anuncios). Me gustó el eslogan: «Short term has no future» (el corto plazo no tiene futuro). El beneficio rápido propio del capitalismo es incompatible con el planeta. Uno de los dos tiene los días contados. Y nosotros estamos en medio.

PD: en resumen, fue una mañana bastante animada. En esta ocasión, como estaba hablando a gritos con mi abuelo, no tuve necesidad de repetirle nada, y casi parecía que, por primera vez, estábamos hablando de verdad.

dimarts, de setembre 11, 2007

EL MITO DE AL QAEDA

Si hay algo que me toca las pelotas últimamente es que cada vez que hay un atentado en el mundo se diga, bueno, los medios de comunicación repitan, que se trata de un nuevo atentado de Al Qaeda o del terrorismo islámico (o islamista, como corrigieron luego, pues ser islamista es ser radical). Primero, porque cuando atentaba el IRA nadie se refería a sus crímenes como acciones del "terrorismo católico" (o catolicista). O incluso cuando lo hace ETA (¿son occidentales, no? Entonces deben ser católicos fijo). ¿Por qué no dicen que son terroristas católicos? ¿No es lo que son? No, no es lo que es: es terrorismo y punto. Igual que ahora.

A alguien le interesa retratar a los árabes... que por cierto, qué palabra más vaga. Cómo se nota cuando nuestro lenguaje ha tratado a otra cultura como enemiga durante siglos: árabes son tanto aquellos que hablan árabe (lengua oficial en 24 países de dos continentes), como aquellos que habitan la Península Arábiga, como cualquiera que pase cerca y se le ocurra dejarse barba y vestir turbante. Y además es un "moro de mierda". Y, por supuesto, aunque no signifique lo mismo, todos los árabes siguen el Islam. Igual que todos los europeos somos católicos. Lo siento, pero no cuela.

Sigo: a alguien le interesa retratar a los árabes no sólo como "el otro", sino también como "los enemigos", "los malos", "los malhechores" (evil-doers, que decía aquél), como un grupo cohesionado que ataca, como HYDRA, en cualquier lugar del mundo en el momento más inesperado y casi siempre con éxito. Sí, he comparado a Al Qaeda con unos villanos de cómic porque eso es exactamente lo que los políticos y los medios han creado: unos personajes de ficción. Lo peor de todo es que lo están consiguiendo.

Por suerte, poco a poco, la verdad empieza a ser revelada. Es satisfactorio leer los artículos que Loretta Napoleoni ha publicado en El País (2-VIII y 9-IX). En esencia, sostiene que ninguno de los atentados atribuidos a Al Qaeda ha sido planificado ni perpetrado por Al Qaeda. Sí, por supuesto, por grupos de terroristas, pero sin relación entre sí. [Por dios, si hasta me cuesta creer que todos los de ETA se conozcan y estén organizados, como si ETA sólo hubiera una. Si durante las primeras décadas de su existencia dedicaron gran parte del tiempo a dividirse (y ya hace casi medio siglo que empezaron), ¿quién nos dice que no siguen haciéndolo?].

Napoleoni escribe que Al Qaeda desapareció tras la batalla de Tora Bora en diciembre de 2001 (donde, por cierto, se decía que los talibanes tenían una base subterránea que dejaba en pañales a las de SHIELD, y hasta Rumsfeld afirmaba* que no sólo tenían una, sino varias). Eso, si existió alguna vez. También cita a Jason Burke, periodista de The Observer, para sostener que Bin Laden era muy impopular hace seis años, incluso entre los suyos, y que Al Qaeda era un grupo casi desconocido fuera de Afganistán. El propio Burke va más lejos. Como él mismo explica a partir del minuto 8 de The Shadows in the Cave, la tercera parte de la miniserie documental The Power of Nightmares. The Rise of the Politics of Fear, producida por Adam Curtis y emitida por BBC Two en octubre y noviembre de 2004, la creación del mito de Al Qaeda se debió a una necesidad de la inteligencia estadounidense de enfrentarse a un grupo cohesionado y jerarquizado, para así poder aplicar su legislación relativa al crimen organizado y juzgar a los cabecillas de los atentados (a Bin Laden) en las embajadas de Tanzania y Kenia de agosto de 1998 aunque no participaran directamente en ellos.

Curtis dice que no hay evidencias de que Bin Laden usara el término Al Qaeda para referirse a su grupo hasta después del 11 de septiembre (curioso, muy curioso), cuando se dio cuenta de que era así como los llamaban, y de que si les seguía el juego de que ellos eran Al Qaeda, una poderosa red terrorista de alcance mundial, parecerían de verdad poderosos aunque no fuera así.

Tenemos, por tanto, que la idea de una organización terrorista internacional con tentáculos capaces de atentar en cualquier lugar del "mundo libre" no existe. Pero es que, si uno lo piensa bien, no puede existir. La imagen de Bin Laden en una cueva con un globo terráqueo decidiendo en qué lugar del mundo va a atentar, llamando por teléfono a la delegación de Al Qaeda del país elegido para ordenarles la acción, que el grupo la lleve a cabo sin rechistar y que después se regodee del éxito... que los telediarios vendan una y otra vez esta idea... es risible. En este sentido, no es extraño que los superhéroes ocupen las pantallas de cine: han venido a enfrentarse a esos villanos de cómic que han inventado los medios (son sus enemigos, al fin y al cabo).

Han creado un enemigo imaginario para distraer a la opinión pública del auténtico enemigo que tiene la humanidad: el ejército de la República de Estados Unidos. Porque... ¿qué otro país va por ahí invandiendo a su antojo? No tienen rival, y eso les hace impunes. Pero no por ello dejan de ser criminales.

*en el minuto 21 de The Shadows in the Cave.

divendres, d’agost 03, 2007

A LA CONQUISTA DEL TELEDIARIO

El día en que Rusia emprende una nueva acción de conquista...

«En una fiesta local organizada para celebrar el éxito de la expedición al Everest, le preguntaron por qué no había llevado la bandera de su país. "Respondí que no había subido al Everest ni por Italia, ni por el sur del Tirol, ni por Austria, ni por Alemania -me dijo Reinhold [Messner], riendo a mandíbula batiente-. Lo había hecho por mí mismo. Saqué mi pañuelo y les dije: 'Esta es mi bandera'. Nadie sube al Everest por nadie. Vas solo y te las arreglas solo -añadió, y su tono se tornó más sombrío-. Todas esas consignas nacionalistas me ponen enfermo. No las soporto"».

Reinhold Messner, entrevistado por Caroline Alexander, autora del apasionado retrato del alpinista publicado en el número de diciembre de National Geographic.

dilluns, de juliol 09, 2007

DESTRUCTO-PUBLICIDAD

Quería esperar a ver si lo volvía a pillar en la radio, por aquello de la exactitud, sólo para repasarlo una última vez, pero para no retrasarlo más, y porque la idea expuesta se transmite de forma clara, ahí va la transcripción de un anuncio retransmitido en la comarca (estoy bastante convencido de que su ámbito es sólo local).

La situación: dos mujeres dialogan alegremente.
MUJER 1: Oye, con esto del cambio climático no sé a dónde vamos a ir a parar.
MUJER 2: Pues a Ventort*, allí he comprado mi nuevo aire acondicionado, y el clima, en mi casa, me lo creo yo. Y además Ventort* te da una buena financiación y garantía de 4 años.
MUJER 1: Claro, tienes razón. Me voy a Ventort*, y en casa, crearé mi propio clima.

[*: el nombre real de la empresa ha sido modificado]

Aparte de presentar una serie de palabras obscenas para los tiempos que corren (resaltadas en negrita), lo que más me preocupa es que estas personas carentes de maldad le cojan gusto a eso del control climático y despierten otras ambiciones.

(El estropicio meteorológico, 1987)

dilluns, d’abril 16, 2007

LÍNEAS CIRCULARES

En un despliegue investigador titánico y sin precedentes, una acción de total y absoluto desprendimiento y abnegado sacrificio, labor que jamás volveréis a contemplar en esta página, vuestro demente Senador se ha embarcado esta tarde en una misión de fines completamente divulgativos, con la única finalidad de beneficiar a la comunidad de seres que dicen llamarse humanos y que con él comparten región. Éste es el resultado:

No es que estuviera hastiado, ocioso y desocupado, no, ni siquiera asqueado hasta decir basta del bienamado Premiere, que Dios lo tenga en su Gloria (pero pronto), ni deseara adelantar mi reloj vital medio siglo y emplear mi tiempo en actividades de jubilado, para tratar de comprender mejor qué pasa por el cerebro de mi abuela (que cada día está peor). Mi único fin era experimentar en mis carnes el último día gratuito del nuevo transporte intraurbano gandiense en período de pruebas. Esto es, aprovecharme subrepticiamente del dinero de los contribuyentes y de los servicios municipales de la ciudad que rodea a mi pueblo y que, en consecuencia, no es mi ciudad.

Acompañado como estaba de mi ejemplar de The Book of Illusions, de Paul Auster, en el que me adentré por primera vez hace unas pocas noches para tratar de remediar mi reciente insomnio, subí a las 17:15 horas, abonando el importe de cero euros, a la línea 3 (también conocida como Sector Norte o interna) de L'urbà a su parada delante del Hospital. Mi plan maestro consistía en:

a) acabar de leer el segundo capítulo de The Book of Illusions, en el que se describen algunas películas del desaparecido cineasta Hector Mann. (conseguido)

b) simultanear la magnífica tarea descrita en a) con no uno sino dos viajes gratuitos alrededor de Gandia. (conseguido)

c) robar al Estado. (conseguido)

d) mezclarme con la gente a la que algún día gobernaré. (pachín-pachán)

El momento más crítico de ambos trayectos ha sido cuando, en el primero de ellos, el conductor ha efectuado parada de varios minutos enfrente de la estación de Renfe, ha dado unas zancadas por el interior del autobús hacia una mujer a quien hasta ese mismo instante yo había tomado por una viajera corriente, casi sin mediar palabra ha cogido el bebé que ella protegía plácidamente dormido en su regazo, y se ha apeado para cruzar temerariamente la calle, en dirección hacia otro autobús aparcado, para fardar de niño ante otro conductor. En ese preciso segundo me asaltó la duda de si apearme yo también y dejar para otro día mi viaje en autobús. La escena: un padre y una madre jóvenes, un nuevo empleo en la novísima línea de autobuses de Gandia, un hijo en común, de pocos días, dormidito, el hecho de presumir de bebé ante un compañero de trabajo... Era evidente que el conductor iba a morir en el segundo rollo de película. Y si daba la casualidad de que yo viajaba con él, me tocaría también. En esta tesitura me hallaba cuando, en un acto de gallarda valentía, decidí no levantarme y seguir leyendo a Auster mientras el vehículo seguía estacionado, pues en caso de reiniciar su marcha, el movimiento me impediría proseguir la lectura tan tranquilo. ¡Miré a la muerte a los ojos!

Demasiado común hoy en día, el hilo musical también se ha adueñado de los oídos del pasaje. Blandiendo proclamas y loas del amor heterosexual y la vida en pareja, ha arruinado en parte mi viaje. Ha tenido, sin embargo, un valor enriquecedor en mí, pues me ha recordado que para cuando devenga el amo del mundo y el lombrithismo llegue a cada rincón del alma humana, mi red de propagandistas y genetistas (los conocidos como gen-prop) habrá conseguido erradicar hasta el más nimio resquicio de sentimientos que embrutecen nuestra psique. ¡Un nuevo amanecer para Eugenesia! Y recordando este alentador futuro, he abandonado el segundo autobús (línea 4, Sector Sur, externa) y he encaminado mis pasos de vuelta al hogar.

PD: ¿el resultado de tanta investigación? a) No existen las líneas 1 y 2, b) la 3 y la 4 cada una tarda en efectuar su recorrido media hora casi exacta y, c) dado que para los jubilados mañana (y pasado, y al otro) también será gratis, se van a hartar de dar vueltas.