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dimecres, de març 04, 2009

LA BASURA ES NUESTRO ZEITGEIST

Podría decir que lo encontré entre las páginas de un libro mientras ordenaba la librería de mi hermano mayor, después de su trágica muerte en un accidente de avión en navidades. Podría decir que estaba en casa de mi abuela, traspapelado en un cajón. Que lo he descubierto cubierto de tierra, entre los restos de la demolición de un antiguo colegio femenino de mi pueblo. Incluso, que le hacía compañía a unas bolsas de basura al lado del contenedor.

Pero no. Ni tengo hermano mayor, ni conozco a ningún fallecido por accidente aéreo, ni creo tener ya nada en los cajones de mi abuela. Pero sí encontré una vez un billete antiguo de algún país europeo entre las ruinas de la demolición de un colegio femenino, y mi madre trajo a casa un día una colección de vinilos rescatados de un contenedor.

Lo cierto es que en algún momento del verano pasado, puede que en agosto, al principio de un bloqueo creativo de meses, me dio por revisar un poco el armario para ver si todavía podía tirar algo. De vez en cuando me da por ahí. Aunque parezca mentira, aunque otros puedan tomar por basura algunas de mis pertenencias, mi condición de coleccionista de cómics me ha llevado a desarrollar la capacidad de distribución espacial hasta tal extremo, que consigo el aprovechamiento óptimo de las cuatro dimensiones de nuestro continuo -doy fe, además, de que esta habilidad no es heredada. Según se multiplican los volúmenes de papel grapado o encolado, me veo obligado a abrir grietas en el plano de la realidad e insertar allí, en las nuevas oquedades resultantes, las cada vez más escasas y meditadas adquisiciones.

En esas estaba yo cuando me encontré con esto:

El envoltorio de un producto de Matutano de hace doce años, seguramente expulsado -vomitado, diría yo- a causa de las eternas disputas de coordenadas. Ya ves, por un lado crees que has escontrado sitio para un libro más y por otro se te reaparece un paquete de Matutano de cuando el reestreno de la trilogía de Star Wars. Mi primer impulso fue escanearlo y tirarlo, pero por alguna razón lo he tenido a la vista todos estos meses, cubriéndose de polvo y recibiendo un baño intermitente de luz solar. Casi de inmediato descarté venderlo por Internet debido a los problemas que conlleva (seguro que acababa perdiendo dinero) y porque me sentiría culpable si me lo comprara un pobre diablo. Un amigo me informó hace poco -hay que ver de lo que se entera uno- de que Matutano ya no existía y he decidido que el envoltorio duerma el sueño de los justos aplanándose entre las páginas de un libro.

A buen seguro, este paquete no fue el único que me comí entonces. Guardé, por alguna razón, lo que estaba destinado a convertirse en basura segundos o minutos después de ser consumido. Ahora, el poder sostener esta lámina de plástico en mis manos me lleva a preguntarme cuánto tiempo debe pasar hasta que un desperdicio se transforma en un objeto rebosante de información sobre la sociedad que lo ha producido. O cuánto hasta que pueda volver al mercado revestido de un aura vintage. O cuánto más hasta que se convierta, incluso, en una obra de arte.

Millones de cuestiones similares yacen bajo otros millones más en millones de vertederos en todo el mundo, esperando no ser aireadas jamás por un arqueólogo. No; el destino de los excrementos es ser excavados por la Gran Lombrith. Su mensaje desvela que la información desaparecerá bajo toneladas de residuos de la sociedad de consumo, y la inteligencia que todavía sobreviva mantendrá alejado a cualquiera de los focos de esta civilización.

dilluns, de desembre 08, 2008

DESCENSO AL FUTURO (7)

«For God's sake, be economical with your lamps and candles! not a gallon you burn, but at least one drop of man's blood was spilled for it».

[Lo que viene a ser, según la traducción que manejo: «¡Por amor de Dios, economizad faroles y bujías! No hay un solo galón de aceite que quemáis que no haya costado por lo menos una gota de sangre humana»].

La frase es del capítulo 45 (The Affidavit / Declaración jurada) de Moby Dick, la estupenda novela que Herman Melville publicó en 1851. Melville se refería entonces al espermaceti o grasa de ballena; el siglo y medio transcurrido ha cambiado el objeto, pero no el mensaje.

dimarts, de setembre 02, 2008

DESCENSO AL FUTURO (6)

Entiendo que pueda haber escépticos respecto del fin del petróleo barato, sobre todo después de la bajada de precios de los dos últimos meses. Desde el subidón de junio, que nos trajo la huelga de transportistas y que culminó el 11 de julio con un máximo histórico de 147 dólares, el precio ha bajado hasta por encima de los 100.

El problema, sin embargo, no es tanto el precio del petróleo como nuestra dependencia del mismo y, sobre todo, que se acabará un año o una década de éstas.

El precio actual puede suponer un respiro para la economía, cosa que agradeceremos todos, pero de ninguna manera posibilitará volver a seguir «creciendo» como hasta ahora. Si en España todo se cimentaba en la construcción, que permitía a los bancos crear dinero mediante las hipotecas, bancos que a su vez se hipotecaban internacionalmente, era cuestión de tiempo que alguien no pudiera pagar y desencadenara una bola de nieve que acabara afectando a la confianza, la liquidez, la construcción y el consumo. Bienvenidos al descenso.

Los profetas del crecimiento ilimitado, así como los optimistas tecnológicos, no deben olvidar que «BOOM» es la onomatopeya para una explosión. De efectos devastadores.

dimarts, d’agost 26, 2008

DESCENSO AL FUTURO (5)

Por otra parte, un aumento del precio del petróleo convierte en rentables yacimientos que hace un tiempo no lo eran. Y que sólo lo serán si el precio se mantiene alto; esto es, al alcance de menos gente.

De vez en cuando se anuncia el descubrimiento de algún nuevo yacimiento con la misma alegría que, no sé, una persona inteligente experimentaría ante el hallazgo de un portal que nos comunicara con otra dimensión de la que pudiéramos extraer materias primas y energía limpia sin límite y sin mayor perjuicio para el planeta. Son noticias transmitidas con entusiasmo, pero tramposas.

Es cierto que se descubren nuevos yacimientos. Pero cada vez menos y de los pequeños (aunque les llamen gigantes). Por ejemplo, el del año pasado en la costa de Brasil, con unas reservas estimadas de 8000 millones de barriles. A primera vista puede parece mucho, pero el problema es que no somos conscientes de todo el petróleo que quemamos. Si el consumo actual mundial se mantiene en los 85 millones de barriles diarios, entre todos nos puliríamos el famoso yacimiento en tres meses. Incluso si se lo quedaran todo los brasileños, a su ritmo de consumo actual de unos dos millones al día les duraría 10 años, lo que significa que sí, serían autosuficientes, pero alcanzarían en pico en menos tiempo todavía. ¿De verdad vale la pena?

¿Qué sentido tiene seguir exprimiendo el planeta para estirar este insostenible modo de vida sólo unos años? Por lo visto, el petróleo nos ha cegado tanto y nos ha vuelto tan imbéciles como para que no nos demos cuenta de que si explotamos esos últimos yacimientos ahora, los resultados serán los siguientes:

-una crisis climática global en punto de no retorno.
-unos territorios devastados.
-unas instalaciones millonarias inservibles dentro de pocos años.
-una sociedad acostumbrada a vivir con petróleo SIN petróleo.

¿Tan hijos de puta somos que no nos importa arrasar con todo lo que queda por unas gotas más?

La propaganda capitalista nos ha inculcado a fuego que el crecimiento es bueno. Sin embargo, un organismo cuyas hormonas no puedan controlar y detener tal crecimiento es un organismo enfermo.

dissabte, d’agost 23, 2008

DESCENSO AL FUTURO (4)

Está claro que necesitamos el petróleo para muchísimas cosas vitales. Indirecta, y casi literalmente, comemos petróleo. Ahora bien, ¿cuánto petróleo queda?

Cuentan que el geofísico Marion King Hubbert predijo en 1956 que los Estados Unidos alcanzarían su pico o cenit en la producción de petróleo (peak oil) hacia 1970. Acertó: desde entonces cada vez extraen menos en su territorio y se han embarcado en unas cuantas guerras en Oriente Medio por el control del hidrocarburo. (¿Quién dijo «democracia» y «lucha contra el terrorismo»?).

La teoría de Hubbert es de cajón. El petróleo y el gas natural son bienes finitos. Mientras se van descubriendo yacimientos no hay ningún problema (aparte de una crisis climática), sólo que un ritmo de extracción mayor crea nuevas necesidades que a su vez incrementan la demanda. Ésta, insaciable, solicita más y más petróleo en el mercado, y así hasta que la cantidad de petróleo bajo tierra es menor que la que hemos extraído y quemado ya. A partir de ahí, la energía invertida en extraer la misma cantidad que antes se dispara. En tanto que nuestras vidas dependen de que sigamos quemando petróleo, si éste se encarece TODO subirá de precio hasta que no podamos pagar nada. Punto final.

Lo mismo que calculó Hubbert para EEUU se ha calculado para el planeta alrededor de... YA. Los más pesimistas sostienen que ya hemos pasado el pico. Otros, que sucederá la década que viene. Incluso los más (recalcitrantes) optimistas aseguran que ocurrirá en esta primera mitad de siglo. Suceda cuando suceda, la teoría afirma que uno no sabe que ha alcanzado el pico hasta años después de haberlo pasado.

Lo peor es que AHORA, mientras todavía disponemos de la energía que nos brinda el petróleo, es cuando deberíamos preparar las infraestructuras de la sociedad para poder vivir sin él. Pero la inercia de nuestro modo de vida no lo permitirá. Aprenderemos cuando nos hostiemos.

dimecres, d’agost 20, 2008

DESCENSO AL FUTURO (3)

Tengo la impresión de que muchísima gente vive engañada creyendo que del petróleo sólo se extraen el asfalto, la gasolina y otros tipos de combustibles. Si fuera así, bastaría con acostumbrarnos a estar más quietos y a transportar menos mercancías cuando alcanzara un precio prohibitivo (como si esto no fuera ya complicado). Pero no. Resulta que sin petróleo echaríamos en falta bastantes cosas. En concreto todas aquellas fabricadas con plástico, que es como decir... bueno, no sé el porcentaje exacto, pero sólo tenéis que mirar a vuestro alrededor. Imaginad: ¿sería posible un mercado de cacharros electrónicos sin el plástico? Vale que parece que también se puede fabricar plástico a partir de los vegetales; por poder, se puede, pero si ya están los biocombustibles jodiendo la marrana porque compiten con algunos alimentos básicos, si encima añaden los plásticos «ecológicos» a la ecuación ya sabemos que será para que unos cuantos millones de personas mueran de hambre. Y por ninguna otra razón.

También, aunque parezca mentira, el petróleo es una de las sustancias empleadas para producir fertilizantes (el amoníaco se compone de hidrógeno que extraen de la nafta del petróleo; también a partir del gas natural, otro recurso finito) y pesticidas. Miles de millones necesitamos de cosechas abundantes y continuas. Es fácil adivinar lo que ocurrirá si de pronto volvemos a depender del buen o del mal tiempo, o de la calidad de la tierra, o del mayor o menor impacto de las plagas de insectos. Exacto.

El petróleo barato y abundante ha sido clave para el auge de la globalización, un proceso que nos han vendido como inevitable y beneficioso. ¿Seguirá hablándose de globalización cuando el tráfico mundial disminuya de repente?

PD, 26-VIII, 15:53h: como me informa CL, también es necesario para la fabricación y distribución a gran escala de medicamentos. Pues peor todavía.

dilluns, d’agost 18, 2008

DESCENSO AL FUTURO (2)

En realidad el asunto es bastante sencillo: cuando se acabe el petróleo barato nos iremos todos a cagar, y no hay vuelta de hoja. Las consecuencias podrán ser más o menos apocalípticas, pero el cambio de modelo de civilización no nos lo quita nadie. Allí estaremos, en los albores de la Era Postoleica, aprendiendo lo que dominaban nuestros ancestros del Neolítico (o nuestros tatarabuelos).

Durante el pasado siglo hemos dispuesto de recursos suficientes como para poder vivir TODOS estupendamente, sin que hubiera importado el origen ni el lugar de residencia de nadie. Pero claro, resulta que a unos gilipollas se les ocurrió inventar los países y fomentar el odio entre pueblos, al tiempo que algunas empresas empezaban a cogerle el gusto a eso de forrarse a costa de empobrecer a las tres cuartas partes del planeta. Casualidades de la vida, algunos hemos venido a nacer en uno de esos territorios que tienen lo que tienen porque otros no lo tienen, y si éstos no pueden llegar a tener lo que tenemos, como mínimo nosotros lo perderemos.

Cuenta la Gran Lombrith que los países más industrializados son los que lo pasarán peor: «The bigger they are, the harder they fall».

dissabte, d’agost 16, 2008

DESCENSO AL FUTURO (1)

Antes de empezar, me gustaría dejar clara una cosa. El futuro NO será así:


The Jetsons, 1962 (© Cartoon Network / Time Warner)

Cualquier imagen del futuro en la que estemos rodeados de artefactos tecnológicos que nos hagan «la vida más fácil» no es sino propaganda industrial. Extrapolaciones realizadas desde un presente caracterizado por la abundancia de energía barata, que necesita seguir siendo barata durante muchos decenios para que aquéllas se conviertan en realidad. La única finalidad de tal propaganda tecnológica es incentivar el consumo de dichos objetos y mantener la ilusión de que en el futuro tendremos más y mejores. Bien, pues no.

divendres, d’agost 15, 2008

DESCENSO AL FUTURO. INTRO

Huélelo. Respira. Está en el aire. A la civilización occidental le quedan cuatro telediarios. Y el último no será televisado. Desde aquí, a partir de ahora, y sin rigor ni periodicidad alguna, vomitaré teorías, visiones, argumentos, observaciones y silogismos varios sobre el futuro inmediato.

Por si no tuviera bastantes series abiertas. Otra. Además, que me apetecía empezar a usar a la Gran Lombrith, cuya cabeza ya asoma.

ADVERTENCIA: a pesar de todo, ni siquiera los optimistas pueden asegurar cómo será el futuro, por lo que espero que mi versión pueda completar a la oficial y, de paso, abrir los ojos a más de uno (metafóricamente hablando, claro).

¿Pero qué digo? ¿Quién va a escuchar ahora a nadie lo que sea que tenga que decir que le ha sido revelado por una criatura con un nombre tan ridículo como la Gran Lombrith? Tal vez si divido el mensaje en textos cortos...

dilluns, de juliol 14, 2008

DESPEDIDA POR SI ACASO

Visto que a 80 km en línea recta tenemos una central nuclear escacharrada, yo me voy despidiendo de mis pocos lectores por si luego no me da tiempo, que luego con las prisas y las nubes radiactivas ya se sabe.

Qué triste que tendrá que hacer falta un accidente (aquí o donde sea) para callar a todos esos gilipollas que creen que la energía nuclear es la solución y el futuro todo en uno.

dimecres, de març 19, 2008

BULA TERRORISTA

Para aclarar mis sentimientos, me hice la pregunta las pasadas navidades: ¿qué me gusta menos de verdad, las fallas o la navidad? Porque lo habitual es que uno odie las fallas cuando son fallas y haga ascos de la navidad cuando es navidad. Así que hace tres meses me planteé el interrogante y concluí que mi nivel de tolerancia hacia las fallas es muchísimo menor que el que he desarrollado hacia cualquier otra fiesta.

Está claro que la navidad es una invitación al suicidio. No sólo por su lado vomitivo de las reuniones familiares y el sentimiento de soledad que produce en muchos, sino por la exaltación del consumo y la destrucción del planeta. Se celebrará el renacimiento del Sol, pero de nuestros actos se desprende que buscamos aniquilar nuestro hábitat, que queremos destrozarlo AHORA, y que sólo tenemos derecho a hacerlo NOSOTROS.

De mi repulsa a las fallas he descubierto que soporto mejor la invasión ideológica y visual de la navidad que la saturación sonora que termina esta noche. El ruido continuado impide pensar. Respecto del cine, en la carrera aprendimos que uno puede dejar de mirar y no hacer caso del mensaje, pero no podemos dejar de oír. Sobre este mecanismo se construyen las pelis de terror. En esta tortura se basan las fallas. Puedes decidir no ver una sola falla, pero ten por seguro que los falleros harán que te enteres de que están de fiesta.

Lo que más me molesta de los falleros es su impunidad. Pueden montar una carpa enorme en medio de la calle. Pueden prender hogueras enormes en los cruces. Pueden alterar el tráfico de vehículos a su antojo. Pueden hacer estallar artefactos explosivos de cualquier potencia, a cualquier hora, en cualquier lugar y hacia cualquier dirección. Pueden ensuciar los pueblos y ciudades con niveles de mierda que nadie soñaría con ver junta. Pueden cometer faltas gordas de ortografía. Pueden desfilar bajo tu ventana con una banda de música anuladora del libre-pensar y tirando cohetes a las ocho de la mañana. Pueden montar verbenas de madrugada. ¡Y la policía mirando!

Seamos serios: en cualquier país civilizado y con un puñado de leyes estos falleros acabarían sus días en prisión. Pero resulta que vivimos en Valencia, territorio sin ley gobernado por el MAL. Con un poco de suerte éstas serán las últimas fallas que tenga que soportar en mi vida.

O eso, o concesión de bula para todo el mundo DESDE YA para cometer actos terroristas. A ver si los falleros van a ser los únicos que puedan incendiar las calles.

PD: por cierto, siempre me ha llamado la atención la similitud fonética entre «falla» y «fire». ¿Alguien sabe algo?

dilluns, de febrer 11, 2008

EL PROFESOR MAMA DU

Había pensado en un par de posts muy cortos para colgar aquí, pero lo que me he encontrado esta mañana es mucho mejor.

El siguiente anuncio lo ha colocado un joven negro hace unas horas en los parabrisas de los coches del aparcamiento de enfrente de casa:

Ya me siento un poco más dentro de un episodio de Lost o The X Files.

PD: ya os haré saber si el hecho de escanear su texto supone algún tipo de herejía contra el médium, y si éste descarga sobre mí todo su poder en forma de sucesos paranormales como, no sé, tocar una teta.

divendres, de gener 25, 2008

CAMINO DEL DESGUACE

El fin de semana pasado me grabé un nuevo cd de música para escuchar en el coche. No lo uso más que una vez o dos por semana, casi siempre en fin de semana, pero los transportados empezaban a reclamar un poco más de variedad que no fuera Nena, el Doolittle de los Pixies o un curso de checo de Pimsleur. Así, meses después de haber concebido la idea, confeccioné una nueva selección: siete LPs de los Beach Boys anteriores a 1967 y cincuenta canciones de ChuckBerry, amén de un recopilatorio de Kraftwerk y el Surfer Rosa.

Mientras le daba al nero, volví a pensar en el acto mismo de escuchar música en el coche. De escuchar fragmentos sonoros del pasado (en ocasiones, voces de muertos) mientras conduzco un vehículo impulsado con combustibles fósiles. Es un estilo de vida con los años contados. Cuando llevo a mi abuela en coche, no hay vez que no pronuncie una frase parecida: «Hay que ver la de coches que hay. Las dos hileras llenas». Ella nació en un mundo sin coches, y yo espero morir en un mundo sin coches.

Este año se cumplirá el centenario del Modelo T de Ford. Porque, aunque nos parezca increíble, los coches no siempre han estado ahí. Y llegará el día en que desaparezcan, por el bien de la humanidad. El transporte individual motorizado es el pasado, no el futuro. Claro que todo depende de qué clase de futuro desee uno.

Si la humanidad sobrevive a la década siguiente, el escuchar música en el coche será una actividad considerada primitiva y obscena por los habitantes de la segunda mitad de este siglo. Eso es lo que pienso cuando conduzco. Igual que mis abuelos nacieron en un planeta que no reconocen hoy, si por una de aquellas llegara a superar los noventa años, cosa que dudo pues los solteros de nacimiento vivimos menos, yo tampoco sabré en 2070 dónde habrán ido a parar todos los coches.

Walter Lippmann escribe una frase en la primera página del primer capítulo de La opinión pública que sigue vigente, sobre todo en épocas de grandes cambios: «En la vida de cada hombre hubo un instante en que aún estaba adaptado a un entorno que ya había dejado de existir».

El siglo XXI, que espera alcanzar al XXII, no necesita de las costumbres del XX.

Mientras termina el cambio de siglo, cantemos:



Wouldn't it be nice, de Brian Wilson, me acompañará de vez en cuando al volante a partir de ahora.

dimecres, d’octubre 10, 2007

¡SEAMOS LEYENDA!

42%

100% Free Personals from JustSayHi

Yo, por si acaso, he vuelto a correr.

diumenge, d’octubre 07, 2007

HISTORIA A GRITOS

Mi familia tiene una especial habilidad para desaparecer las mañanas de los sábados y dejarme solo con mi abuelo, que no tiene nada mejor que hacer los fines de semana que venir a vernos. Ayer, poco antes de las 11, ya había desaparecido todo el mundo; incluso mi padre, su único hijo. Y yo estaba solo.

Empezó como quien no quiere la cosa, con una pregunta de lo más inocente por su parte: «¿Cómo está eso de la quema de fotos del Rey?». Agotados los temas del teléfono móvil desde que se lo cambiamos por otro que escucha mejor, y el del cinturón de la hernia que quería que le reparásemos, de vez en cuando sale con lo de que Zapatero es un bandolero que va a llevar a este país a la ruina para vengarse de la muerte de su abuelo en la guerra. Le respondí que por mí pueden hacer lo que quieran. En la cabeza tenía una respuesta más larga, pero cuando uno habla con mi abuelo aprende a sintetizar el mensaje al máximo, para que llegue al destinatario con el menor número de repeticiones posibles.

La respuesta larga: quemar una imagen, quemar una bandera, no significa nada más que lo que es: quemar un papel, quemar una tela. Mientras no maten ni quemen aquello que representa, no debería ser delito. Igual que los partidos políticos son el cáncer de la democracia, las banderas son el cáncer de las naciones. En este sentido, no sólo deberían derogarse los artículos 490.3 y 491, de calumnias e injurias contra la corona, sino también el 543 del Código Penal, sobre los emblemas de España y sus CCAA.

Para mi abuelo, por supuesto, la culpa de todo la tiene Zapatero. Y antes que él, los socialistas. Y antes que él, los marxistas. Para mi abuelo el comunismo es algo que debería estar prohibido, exterminado de la faz de la Tierra, porque es un sistema, sí, muy bonito, pero que sólo trae (o ha traído) miseria. Para él, la prueba de que el capitalismo es mejor que el comunismo es el hecho de que en Rusia sólo ha durado 70 años mientras que EEUU lleva más de un siglo sirviendo al capital. Es un argumento. Falaz y ciego, pero argumento.

Mi abuelo se iría antes con los estadounidenses que con los comunistas. Yo no me iría con nadie, pues ambos sistemas se basan en la opresión y la destrucción. Sólo por haber lanzado no una sino dos bombas atómicas, EEUU es un estado criminal. Y decir que no había otra solución no justifica nada. El hecho de que EEUU haya entrado tarde en ambas guerras mundiales, cuando los ejércitos de uno y otro bando estaban lo suficientemente debilitados como para que el suyo, fresco, nuevo y con mejores armas, pareciera el salvador venido de ultramar, es indicativo de su oportunismo. La implosión de Europa y el avance del nazismo le importaban tanto como una mierda de mosca, pues EEUU se preocupa y siempre se ha preocupado por su propio beneficio. Si Truman hubiera sido condenado a 20 años de prisión como otros criminales nazis yo no tendría tantos motivos para quejarme. Pero eso no sucedió.

Mi abuelo luchó con los nacionales. Aunque de pequeño pudiera tener esa imagen maniquea de que un abuelo mío luchó con los buenos y el otro con los malos, ahora es algo que no le reprocho. En una guerra, es más el bando el que te elige a ti que tú quien elige al bando. Es una situación límite de la que si sales vivo ya has hecho bastante.

Es evidente que yo no estaba allí, y mi abuelo me lo recordaba mientras más o menos defendía a Franco. Me explicó que Franco había conquistado parte de África, y que eran tan pocos que jamás habrían ganado de no ser por la desorganización del otro bando. Tal vez sea esto otro mito, tal vez no. Mi abuelo lo repite: mientras los nacionales avanzaban, los rojos estaban de juerga, comiendo y bebiendo. A mí me suena a propaganda. Después de la victoria del Movimiento, dice, las cosas se le fueron de las manos.

Mentó a Franco porque poco antes había dicho, a raíz de las fotos del Rey, que la II República fue un desastre, y que ahora estamos demasiado bien como para pedir más cambios. No le faltará razón, pero no tenemos que agradecer nada a Franco. Por supuesto, yo «no estaba allí». Levantó el país y todo lo que él quiera, pero, y ésta es una pregunta que se le puede hacer a cualquier sistema de gobierno, constitucional o dictatorial, ¿vale la pena nuestro bienestar a costa del malestar de otra gente? ¿Vale la pena apoyar lo que tenemos si lo que tenemos es a costa del peor-estar, del mal-estar o incluso del no-estar de otros pueblos? Respuesta corta: no.

El nazismo llenó Alemania de autopistas y promovió una campaña agresiva contra el tabaquismo. Hitler era vegetariano estricto y repudiaba el maltrato a los animales. ¿Estos hechos por sí solos convierten al nazismo o a Hitler en algo bueno? Por supuesto que no.

Aquello que más me fascina es ¿qué lleva a la gente a apoyar unas cosas u otras? Por ejemplo, ¿qué ha llevado a mi abuelo a afirmar que Manuel Azaña era inteligente pero malvado? El artículo de la enciclopedia del País sobre Azaña podría resumirse como la vida de un escritor a quien el traje de político le venía grande, cuyas medidas causaron descontento popular pero que aglutinó a las izquierdas en su segundo mandato. De forma tácita, mi abuelo defiende el bipartidismo, pues no está de acuerdo con que el principal partido de izquierdas, a pesar de no haber ganado unas elecciones, obtenga el poder con la ayuda de los partidos pequeños. Y, por consiguiente, robe un gobierno a la derecha. Es una forma de verlo.

La base de todo es que nos encanta descubrir crímenes y errores del adversario. Aprendemos a ridiculizar al otro sin que nos parezca mal. El problema es que los crímenes del capitalismo, como son nuestros y ocurren lejos, no los vemos. Pero existen y son igual de reprobables. También, son tan grandes que nuestra vista no los abarca.

Este verano vi un anuncio de Dexia, una compañía financiera franco-belga, en una cadena de televisión británica o americana (voy cambiando y no recuerdo dónde veo los anuncios). Me gustó el eslogan: «Short term has no future» (el corto plazo no tiene futuro). El beneficio rápido propio del capitalismo es incompatible con el planeta. Uno de los dos tiene los días contados. Y nosotros estamos en medio.

PD: en resumen, fue una mañana bastante animada. En esta ocasión, como estaba hablando a gritos con mi abuelo, no tuve necesidad de repetirle nada, y casi parecía que, por primera vez, estábamos hablando de verdad.

dissabte, d’agost 25, 2007

LAS PELÍCULAS ENGAÑAN, PERO NO MIENTEN

Esta semana he ido a ver El ultimátum de Bourne. Aparte de comentar que por primera vez los distribuidores españoles han acertado con el título (a saber: The Bourne Identity la estrenaron como El caso Bourne y The Bourne Supremacy como El mito de Bourne; es destacable que cada título original ha buscado una palabra con una más evidente procedencia latina que el anterior, imagino que para ver si nos dábamos por aludidos --con "ultimátum" no han tenido más remedio que respetarla), quería decir, si todavía hay alguien ahí, que no pierda el tiempo yendo a verla o, lo que es lo mismo: ¡corre a verla, no pierdas el tiempo!

Pero no quería escribir (hoy) sobre esta película. Antes de contemplar la última maravilla de Paul Greengrass, proyectaron en la sala el trailer de Invasión, otro remake de Invasion of the Body Snatchers. Después de haber identificado algunas escenas de la versión de Don Siegel («Mi marido no es mi marido»), me sorprendió ver cómo habían convertido una historia que no era de zombies en otra que sí lo parece. La misma trama, hace más de medio siglo, fue interpretada tanto por lo que es, una invasión extraterrestre, como por lo que cada uno quisiera ver en ella según sus ideas y el contexto de la época: la expresión de un miedo a la infiltración de comunistas en territorio estadounidense o una metáfora de la "caza de brujas" emprendida por el senador Joseph McCarthy. Pero no era una película de zombies. Tal vez sea sólo impresión mía, pero es la que me ha asaltado viendo en trailer.

Lo anterior me ha recordado que el cine, las películas, son en sentido estricto una ilusión, una alteración del espacio-tiempo del primer al último fotograma (o del primer al último campo, porque los fotogramas tienen los días contados), pero no mienten. Con la perspectiva que proporcionan las décadas, los investigadores han identificado corrientes dominantes en las diferentes cinematografías. El expresionismo alemán puede tener, como algunos dicen, su único y puro exponente en Das Cabinet des Dr. Caligari, pero rasgos de su estilo contaminaron otras películas alemanas de la época e incluso cruzaron el atlántico para mayor gloria del cine negro. Y nació en Alemania y no en otro lugar porque esas imágenes desquiciadas comulgaban con el sentir de un país que había perdido la guerra.

El éxito de las melodías de Broadway y derivados a finales de los 20 principios de los 30 no se debe tan sólo a una innovación tecnológica o a unas condiciones espectatoriales en las que todavía no existía la televisión. Coincidieron en el tiempo con otra serie de películas que con posterioridad han sido clasificadas como "de monstruos" (Dracula, Frankenstein, Freaks, King Kong, The Invisible Man) y que se estrenaron en los años que siguieron al crash de 1929. Mientras las primeras son pura evasión para alejar de la mente los problemas, las segundas llevan a la pantalla los miedos de una nación que vive tiempos difíciles. Esto se vio reflejado también en las tiras de historietas de los diarios, que vieron nacer aquellos años a Buck Rogers (1929), Tarzan (1929) o Flash Gordon (1934), algunos de ellos adaptaciones de historias pulp, donde también apareció Conan el bárbaro (1932).

Además de las películas de ciencia-ficción con amenaza extraterrestre (léase comunista) como la de Don Siegel, las posguerras también nos han dejado soldados tan habituados al frente que no pueden reintegrarse en la vida civil. Es el caso de Travis Bickle (Taxi Driver) y John Rambo (First Blood), como más representativos de las últimas décadas, pero también de Eddie Bartlett (The Roaring Twenties) y de otros personajes de cine negro que no recuerdo y que se convierten en matones o en boxeadores en los films de los 40-50 (por ejemplo, Crossfire, con Robert Mitchum).

La tendencia de este principio de siglo la marcan las películas de zombies y de superhéroes. Sabía que se estaba preparando otra versión de Invasion of the Body Snatchers, pero el trailer me cogió por sorpresa («¿Ya?»). La pregunta que se hace siempre ante un remake es: ¿hacía falta? Este interrogante no hace más que desviar la atención sobre otro mayor: ¿por qué Invasion... y por qué ahora? ¿Por qué el mismo año que se ha estrenado otra (28 semanas después) que tampoco es de zombies pero lo parece? ¿Por qué en la misma década en que este subgénero experimenta un resurgimiento? («pues por eso mismo, coño, que es que pareces tonto: Hollywood ve dinero y copia el modelo»; «ya, pero... tienen éxito porque la gente va a verlas, que Hollywood no ratifica un género que no haya sido respaldado por taquilla. No crean géneros así porque sí»).

LAS DUDAS QUE ME ASALTAN:
-¿Vivimos en una sociedad de zombies?
-¿Somos todos zombies?
-¿Tenemos que ser todos iguales y pensar las mismas cosas?
-¿Es inevitable que acabemos convirtiéndonos todos en zombies, en réplicas sin juicio propio?

En lo que respecta a los superhéroes, no creo que sean fascistas, como suele repetirse. Más bien me parecen (en su mayoría) personajes que responden ante una sociedad regida por unos poderes que a) sí son fascistas, b) se inclinan por los poderosos, y c) resultan incapaces de proteger al pueblo, tarea que los superhéroes se ven obligados a realizar ante el fracaso (intencionado o no) de los poderes públicos. Son fantasías de la clase media que desea ser protegida de la delincuencia y las injusticias.

En muchos tebeos el criminal no es entregado a la justicia. Ni siquiera los propios agentes se enfrentan con éxito a él. El superhéroe se enfrenta al villano (a veces por petición expresa del jefe de policía de turno) y éste: a) huye a tiempo, b) es vencido pero logra escapar, o c) es vencido, encarcelado por la policía y se fuga con posterioridad para una ulterior batalla con el protagonista. La justicia fracasa y se deja en manos de los superhéroes. Con un poder así podrían ser dictadores, pero no lo son. En cambio, tienen que preocuparse de llegar a fin de mes.

(Me acabo de perder. ¿Dónde estaba? ¡Ah, sí!). Todo esto también viene a cuento del Capitán América. Cualquiera que no haya leído nunca el Capitán América (yo mismo, antes de leer nada de él) piensa que es un fascista al servicio del gobierno de los Estados Unidos. Eso podría ser verdad en algunas épocas, pero en esencia es una falacia. Steve Rogers no es así, y se ha podido comprobar por última vez en la última saga de Marvel Civil War, en la que el personaje se posiciona en contra del acta de registro promovida por su gobierno (algo que ya ha hecho en el pasado) y a favor de las libertades por las que siempre ha luchado. En este sentido, Matt Murdock / Daredevil tampoco me ha fallado, al contrario de lo que ha ocurrido con Peter Parker / Spider-Man, que se ha convertido en una marioneta en manos de Tony Stark / Iron Man.

Los superhéroes llevan viviendo tranquilamente en las páginas de los comic books desde hace 70 años (oh, casualidad, desde finales de los 30 y la 2ª GM), con trasvases a otros medios (animación, seriales radiofónicos, tiras de prensa, series de TV, películas) de mayor o menor fortuna, pero creo que las adaptaciones cinematográficas de los últimos años han traspasado la categoría de moda para convertirse en signos de nuestro tiempo. Igual que el auge de lo zombi. Los superhéroes han venido para defendernos de algo, y eso no es bueno.

dimecres, d’agost 15, 2007

CÁPSULAS ENCHARCADAS

Hace mucho que no me marco una de cápsulas, así que ahí va:

1.
En un tiempo muerto del pasado fin de semana, estaba releyendo por encima algunos párrafos de A Study in Scarlet (1887), la primera aventura de Sherlock Holmes escrita por Conan Doyle (bien, releyendo no es del todo cierto. Leí todas las historias hace unos años en traducción de Amando Lázaro Ros, y el volumen en inglés lo conservo para saborearlo en las siguientes situaciones: a) estrellado en una isla desierta, b) mi vejez, c) como único entretenimiento después de la llegada del apocalipsis dentro de apenas cinco años), cuando di con unas líneas, al principio del segundo capítulo, en las que Holmes afirma que se esforzará en olvidar una información para él nueva que le acaba de proporcionar Watson, en una de sus primeras conversaciones: que la Tierra gira alrededor del Sol. Desea olvidarla porque es información inútil para él, que no aporta nada a su trabajo.

Me sucede algo parecido con los juegos de cartas, y la noche del domingo volvió a darse la situación. Soy incapaz de recordar casi ningún juego de cartas, y cada vez que juego me tienen que explicar todo de nuevo. Entonces, sí, me suena lo que me dicen, pero yo no habría podido explicar a nadie las reglas, por mucho que haya jugado decenas de veces. También hay, por supuesto, normas tan intrincadas que jamás he podido comprender y por tanto me he quedado sin jugar. Los naipes son, para mí, una forma tonta más de perder tiempo y dinero, y en tanto en cuanto no me aportan nada, formateo de mi memoria el reglamento del juego nada más acaba la partida. Ya tengo mis propias maneras de perder tiempo y dinero, no necesito otra.

2.
Veo esta mañana con asombro reproducida en la portada de El País de ayer la cubierta del último ejemplar de El manglar, una ilustración de Carlos Vermut. Quería hablar aquí de ella, pero ya se me ha adelantado Pons. Aunque existe desde enero, no he descubierto El manglar, estupenda revista de historietas, hasta este mismo mes, hace dos semanas. Ya tengo casi todos lo números (van por el cuarto: el mes que viene, más), que he devorado de la primera a la última línea. Su director, Ricardo Esteban, declara: «Editar una revista de este tipo es una misión imposible, por mucho que la iniciativa se apoye desde Internet y tenga muchos aficionados, las ventas no responden». Es una lástima, y espero que haber salido en la portada de El País cambie para bien la situación. (¿Qué coño para bien? ¡Para muchísimo mejor! Anda, a comprar El manglar, que no se seque. Eso sí, ojito con comprar el número que me falta y vaya a quedarme yo sin él. No, no digo cuál es, que entonces sí que se acaba).

3.
¿Para cuándo van a inventar una estantería infinita donde siempre quepa un libro o un tebeo más?

4.
Ja és oficial. Per si no tinguera prou amb l'absència de P., treballant a Mallorca, dilluns D. marxà cap a Buenos Aires per uns mesos. Encara no sé si ha arribat. El cas és que cada cop em resulta més fàcil tancar-me a la Fortalesa de la Solitud per traure endavant el projecte abans que acabe l'any. De P. ja sé que viu més bé que vol, ara sols espere que D. comence a informar prompte de les seues aventures. Passa-ho bé, xicon!

5.
Desde hace semanas o meses (creo que desde que acabó Lost), no sé por qué, me cuesta ponerme a ver películas o series. Tengo, por ejemplo, pendiente desde hace la tira el Paisà de Rossellini. Me encanta Rossellini, pero me da pereza ponerme películas. Sí voy a verlas al cine, pero en casa me resulta mucho más fácil abrir un libro o un tebeo. Y creo que se debe a que esto último es más fácil. En la independencia respecto de la tecnología radica la superioridad de la palabra / imagen impresa (o grabada en tablillas o dibujada en una pared) sobre el cine o la televisión, y será lo que nos quedará cuando nos quedemos sin ordenadores. (Escribo esto más que nada para obligarme a ver Paisà esta noche).

6.
Acabo. A ver, gente que me conoce, que pasa por aquí y que no lee tebeos, y menos todavía de superhéroes (o sea, el 99%). No tengáis miedo a mis entradas sobre tebeos: no muerden. Sé que incluyen muchos nombres y datos, pero intento hacerlas lo más accesibles posible precisamente pensando en vosotros, con la esperanza de que piquéis con alguno. Otro día recomiendo de forma más explícita. Hoy sólo pido que os calcéis las botas de plástico y os adentréis en el manglar. Por probar.

dissabte, de juliol 07, 2007

DOUBLE-SIZED 100TH ANNIVERSARY ISSUE!

Ha amanecido una jornada aciaga en la historia de la distribución en Gandia. Hoy, no hay tebeos. Oremos a Santa Hebdomadaria, patrona de la distribución, para que el lunes tengamos en nuestras manos nuestra ración de cuadernillos de colores:

«Porque nosotros no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él». (I Timoteo, 6.7). [Ésta es la gran verdad que el capitalismo se esfuerza por ocultarnos cada segundo de nuestras vidas].

Un día sin tebeos me proporciona más tiempo para escribir aquí. ¿De qué podría hablar hoy? ¡Espera! Si blogger lleva bien las cuentas, ¡el de hoy es mi texto número 100! (mmm... 100 entradas en unos 20 meses no es un dato para echar cohetes, precisamente. ¡Calla! La gente no tiene memoria, no se lo recuerdes). ¡Empecemos!:

Puede que ninguno le hayáis echado un vistazo a este interesante enlace. Yo insisto. Vale, el texto de Anton Szandor LaVey es una locura paranoica, pero esto no equivale a decir que sea una ficción, pues incluye reflexiones / advertencias interesantes (además de locuras paranoicas y conspirativas, que me encantan). Mi preferida es la del ruido blanco, idea apuntada hace décadas por Umberto Eco:

«En el campo de la música ligera [...] el disco, la radio, el hilo musical, y el juke box proporcionan al hombre de hoy una especie de "continuum" musical en el cual moverse en todos los momentos del día. El despertar, las comidas, el trabajo, las compras en los grandes almacenes, la diversión, el viaje en coche, el amor, la excursión, el momento que precede al sueño, se desarrollan en este "acuario sonoro" en el que la música ya no se consume como música, sino como "rumor". Este rumor se ha hecho hasta tal punto indispensable que sólo dentro de algunas generaciones será posible percatarse del efecto de semejante práctica sobre la estructura nerviosa de la sociedad». [Apocalípticos e integrados (1964), p.291. Tusquets. Barcelona: 2001].

Este argumento, para mí, no incluye sólo la música, sino que puede extenderse a todos los ruidos producidos por los electrodomésticos que nos envuelven, arrullan y adormecen. Ese «dentro de algunas generaciones» es nuestro presente. En este instante, mi entorno sonoro se compone del ventilador del portátil, de una canción que escucha mi madre en el piso de arriba, del rumor de algún vehículo que circula por la calle y de algún ocasional pajarillo. Desde la revolución industrial, el hombre ha cedido el puesto a las máquinas creadas por él como principales generadores de ruido en los núcleos urbanos. Es sintomática la sensación que nos aborda cuando se para el aire acondicionado, apagamos el ordenador, extraemos la llave del contacto del coche. "Así que esto es el silencio", pensamos. "Me incomoda", sentimos. A esta extrañeza e incomodidad se refiere Eco cuando anuncia el efecto que produce el ruido continuado en nuestro sistema nervioso.

Otra consecuencia maligna de los electrodomésticos, no apuntada por LaVey, es la opción de standby, que posibilita que las empresas de energía se enriquezcan las 24 horas del día durante los 365 días del año aunque no estemos usando los aparatos. Esa comodidad, tan práctica a primera vista, de encender el televisor con el mando a distancia, es una herida que le podríamos ahorrar al planeta. El mando a distancia, sin embargo, no es la única excusa para la proliferación del standby en nuestras casas. La aplicación más diabólica del standby son los relojitos que sin venir a cuento acompañan los electrodomésticos. La cadena musical, el microondas, el horno, tienen reloj. El vídeo, el reproductor DVD y la radio. ¿Habéis contado cuántos relojes tenéis en vuestras casas? Demasiados. ¿Y para qué sirven, mas que para gastar luz y recordarnos nuestra esclavitud del tiempo? ¿No nos basta con el reloj del móvil o el de pulsera -quien todavía lleve? ¿No es un incordio, cada vez que se va la luz, poner todos esos relojes digitales en hora? ¿No os genera ansiedad que parpadeen incesantemente, esperando a que cedamos y los pongamos, por fin, en hora? Sabed que cada vez que los ponemos en hora perpetuamos la relación de esclavitud entre el tiempo y nosotros, sus inventores y vasallos. Sabed también que existe otra forma para que dejen de parpadear: desenchufándolos.

Esto del tiempo me lleva a otro texto incluido en Cultura del apocalipsis que, entre licántropos, necrófilos, psicópatas, esquizofrénicos, faquires, satanistas, eugenesistas y la influencia de las sociedades secretas en el orden mundial, más me impactó. Es el titulado «La agricultura, motor maligno de la civilización», escrito por John Zerzan (los valientes lo pueden encontrar aquí en inglés). Ya el título llama la atención, no se puede negar. El primer párrafo dice lo siguiente:

«La agricultura, base indispensable de la civilización, apareció originalmente a medida que surgieron el tiempo, el lenguaje, los números y el arte. Como materialización de la alienación, la agricultura es el triunfo del alejamiento y la línea divisoria definitiva entre la cultura y la naturaleza, y entre unos y otros humanos» (p.367).

Empieza fuerte y no hace sino coger velocidad. Yo sabía que el origen de la escritura estaba ligado a la agricultura, por aquello de la necesidad de llevar un control de las cosechas y de las transacciones agrícolas, pero no había caído en que la idea del tiempo (un concepto mental) también es resultado de la Revolución Neolítica. Antes de la agricultura existían, sí, los días, pero no el hoy, ni el mañana, ni el ayer, ni el dentro de un mes ni la semana que viene. El control de la producción agrícola y ganadera exige fijarse en el cambio de las estaciones para determinar cuándo es más conveniente sembrar o segar tal o cual legumbre o cereal, cuándo están en celo las cabras o cuánto dura el embarazo de una vaca. Un ciclo de las estaciones es un año y de repente, con cada circunvolución, somos un año más viejos. Al recolector-cazador paleolítico todo esto se la suda.

Lo del tiempo ya me pareció curioso, pero hay más. La agricultura (como también dice el artículo de Wikipedia sobre la Revolución Neolítica que os he enlazado más arriba) conlleva el sedentarismo y el incremento de la población, cuya densidad y concentración en ciudades empieza a aumentar, lo que a su vez origina las enfermedades endémicas. Nace la propiedad privada, las ciudades estado y la organización social, que han devenido en guerras y en el exterminio masivo de hermanos.

La agricultura no es mejor ni más segura que la recolección porque concentramos nuestros esfuerzos en un número limitado de cultivos (menor variedad de alimento, dieta más pobre) que dependen de las inclemencias del tiempo, culpables de las buenas y las malas cosechas. Éstas son fuente de pobreza, hambrunas y enfermedades.

«El desequilibrio ecológico provocado por los monocultivos y los fertilizantes sintéticos provoca enormes aumentos en las enfermedades y plagas del cultivo; desde la II Guerra Mundial, las cosechas perdidas debido a los insectos se han duplicado» (p.386).

Los libros de texto de nuestro sistema de adoctrinamiento señalan que el paso de una sociedad paleolítica a una neolítica es bueno, y que posibilita el surgimiento de excedentes en la producción (léase "depósito bancario" y "ahorro"), así como la división y especialización del trabajo y el progreso. Todos estos argumentos no son sino justificaciones establecidas desde un punto de vista que justifica el sistema actual capitalista, como si el gérmen del capitalismo tuviera 10000 años y fuera el orden natural de las cosas. Pues bien, no lo es. Si los siglos de progreso de la humanidad que nos han vendido es a costa de un deterioro exponencial del entorno que conducirá a nuestra extinción, el progreso ya no me parece tal. (Claro que... la extinción de las especies no es más que un proceso natural, y si en lugar de extinguirnos regresamos a un estadio anterior, pues no estaría tan mal).

El progreso mismo no es algo real, sino otro concepto mental, un estereotipo, como muy bien explica Walter Lippmann en su libro de 1922 La opinión pública (llevo una semana con él y es el libro más inteligente que he leído en mi vida):

«[La teoría de la evolución] pasó de ser una hipótesis biológica de carácter técnico a convertirse en fuente de inspiración de prácticamente todas las áreas del conocimiento: modales y costumbres, morales, religiones, filosofías, artes, máquinas de vapor, tranvías eléctricos... todo "evolucionó". La palabra "evolución" se convirtió en un término muy general, pero también muy impreciso. [...] El profesor Bury explica cuánto tiempo hubo de transcurrir hasta que la idea de progreso dejó de ser un juguete especulativo. "A las ideas especulativas no les resulta sencillo", dice, "penetrar en la conciencia general de la comunidad y transmitir información, hasta que asumen alguna forma externa y concreta u obtienen el beneplácito de alguna prueba material de naturaleza asombrosa. En el caso del progreso, ambas condiciones se cumplieron (en Inglaterra) entre 1820 y 1850". La revolución mecánica se encargó de proporcionarnos la prueba más asombrosa. "Los individuos nacidos a principio de siglo han visto antes de cumplir los 30 el rápido desarrollo experimentado por la navegación a vapor, la iluminación de pueblos y hogares mediante gas y la inauguración del primer ferrocarril". Milagros de esta índole forjaron en la conciencia del ciudadano medio la idea de la fe en la capacidad de perfeccionamiento del progreso humano». [pp. 102-103. Langre. Madrid: 2003].

Zerzan concluye su texto (y yo también, de paso) con una cita de los antropólogos Richard B. Lee e Irven DeVore, (¡ey! ¡Cita a gente de verdad!) quienes se colocan en el lugar de unos posibles arqueólogos interplanetarios del futuro que arriban a nuestro planeta y hallan restos de «...un periodo muy largo y estable de caza a pequeña escala y de recolección que fue seguido por un florecimiento aparentemente instantáneo de la tecnología... que condujo a una rápida extinción. "Estratigráficamente", el origen de la agricultura y la destrucción termonuclear parecerán básicamente simultáneos» (pp. 389-390).

Ea, ahí queda el último texto largo que veréis por aquí hasta que tenga ganas de volver a perder otra tarde. ¿Cómo? ¿Que debería haber parado hace diez párrafos? ¡Pero entonces no sería un double-sized 100th anniversary issue! ¡Venga! ¡Ahora a por el dos...! ¡...a por el ciento uno!

dijous, de juny 28, 2007

16 DE JULIO DE 1945

Esta mañana me he acordado de esto:

(Bartman #3, VIII-94, página 17; en España, en algún momento dos años después)

...leyendo esto otro:

«Según los cálculos, era posible que la explosión de la Bomba [...] pudiera inflamar el nitrógeno de la atmósfera de la tierra, y por tanto quemar el mundo entero. Las posibilidades de que esto ocurriera se calcularon como tres en un millón. "Parecía un riesgo razonable para seguir adelante"». (Cultura del apocalipsis, página 489).

A todo esto, ya me he acabado el librillo. Otro día os hablo en más detalle de él. Lo compré atraído por este texto, esperando encontrar cosas parecidas. No fue así, pero lo devorado estos días me ha interesado todavía más. Una gracia de libro, de verdad.