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dimarts, de novembre 24, 2009

(OTRO) PROPÓSITO DE ENMIENDA

Con sólo doce entradas en diez meses, he considerado necesario el sentarme unos minutos para reflexionar sobre las causas de esta bajísima productividad. No es complicado identificar el principal impedimento. Hasta hace tres meses (¿ya?) me dedicaba a la redacción de mi trabajo final de carrera. Así, no es que haya escrito poquísimo este año, sino que los textos no iban destinados al blog. Tras acabarlo en septiembre, necesitaba alejarme un poco de la escritura y del portátil, que uso en contadas ocasiones desde entonces. También tenía otros asuntos pendientes, que voy solventando.

Este distanciamiento del portátil ha conllevado, a su vez, que se me haga cuesta arriba el hecho de sentarme delante de la pantalla para producir unos párrafos que pueda subir. Podría no volver a hacerlo: no es ninguna obligación. Pero me gustaba subir entradas al blog, y escribir me gusta y me sienta bien. Escribir, sí; con teclado, poco o nada. Se me ha aparecido la solución cuando he recordado los inicios del blog, abierto en Alemania hoy hace cuatro años. Entonces todavía no tenía el portátil y escribía a mano, en una libreta, una primera versión, bastante completa, de aquellos textos que luego colgaba. Debo, por tanto, aceptar que soy un tipo de bolígrafo y papel, una pareja que me gustaría que fueran mis herramientas de trabajo, y que el ordenador es útil para pasar todo a limpio, darle formato y comunicarme con el mundo --al menos para mí.

dimecres, d’octubre 29, 2008

SECUESTRADO

No lo entiendo. Cada vez me paso menos por aquí y, sin embargo, cuando lo hago, veo que siguen entrando unas diez personas sin que sepa muy bien por qué. A ellas les pido disculpas. Mi atención se halla secuestrada desde hace tiempo por una pareja de textos que reclaman ser finalizados a golpe de teclado. A pesar de las continuas amenazas a las que está sometida mi existencia, sus reiteradas discusiones acerca de cuál de los dos cuenta con mayor preferencia para ser redactado me han permitido, durante mi prolongado cautiverio, retrasar sus exigencias y dedicar buena parte de estos meses a devorar libros acumulados. (Mal hecho, por supuesto: los textos no se escriben solos).

Todo ello ha contribuido a que me aleje de la red y recupere parte de mi frustrado y defectuoso yo analógico.

divendres, de maig 23, 2008

LOS 8 DE MARVEL

Si en el pasado tardé más de 19 meses en llegar a escribir el post número 100, ahora sólo han hecho falta 10 y medio para doblar la cantidad. Para celebrarlo, un texto de los largos (sí, otro). Aquí llega... ¡EL NÚMERO 200!

La leyenda narra que Martin Goodman, propietario de Atlas, la editorial que todavía no era Marvel Comics, llegó a un acuerdo a finales de los cincuenta con la empresa distribuidora de la rival DC para sobrevivir a la crisis que sufría entonces el mercado del comic book. La implantación del Comics Code en 1954, un código de censura interno de las editoras, desencadenó el cierre de la línea de comic books de EC, que a su vez causó el cierre de la distribuidora Leader News, que se llevó consigo a otras muchas pequeñas editoriales que dependían del dinero que Leader les avanzaba gracias a los ingresos que generaban los tebeos de EC. El número de títulos se quedó en la mitad y los dibujantes emigraron a la publicidad o a las tiras de prensa.

A Goodman, además, le falló la distribuidora y despidió a todos sus trabajadores menos a Stan Lee; interrumpió la producción el verano de 1957 durante un año. A pesar de cancelar más de cincuenta cabeceras, Atlas se las arregló, tirando de material realizado con antelación o tal vez incluso de reediciones (desconozco el tema al detalle), para mantener una quincena de títulos en las tiendas. El mes de portada con menos colecciones fue octubre de 1957, que contó sólo con Patsy Walker #73 y el único número de Dippy Duck (distribuidos en julio, seguramente). El periodo de sequía en los quioscos terminó hacia el final del verano, cuando Goodman encontró una nueva distribuidora, la de DC, que sólo le permitía sacar ocho títulos al mes.

Éstas fueron TODAS las cabeceras de Atlas en octubre de 1957

La limitación de ocho títulos al mes a partir de finales de 1957 aparece recogida en varias fuentes:

1. «Goodman made a deal with rival publisher DC to get his few remaining comics to the stands via DC’s own distribution system, which usually carried a few other lines. However, DC agreed to handle only eight Goodman comic books a month». DANIELS, Les. Marvel. Five Fabulous Decades of the World’s Greatest Comics. Harry N. Abrams, Inc., Publishers. Nueva York: 1991. [pp.80-81].

2. «Marvel initially survived the aftershocks of 1954 better than most because publisher Martin Goodman distributed his comic books through his own distribution company. To save expenses, Goodman shut down his distribution operation and signed a contract with DC Comics, which agreed to distribute a monthly total of eight Marvel through its Independent News Company». WRIGHT, Bradford W. Comic Book Nation. The Transformation of Youth Culture in America. The Johns Hopkins University Press. Baltimore (Maryland, EEUU): 2001. [p.201].

3.
«Goodman convinced Independent News (a distributor owned by rival DC) to distribute their titles. But Independent wouldn’t let him publish forty to sixty books anymore. They’d take only eight a month, and these would contain mostly inventory work». RO, Ronin. Tales to Astonish: Jack Kirby, Stan Lee, and the American Comic Book Revolution. Bloomsbury Publishing PLC. Nueva York: 2005. [p.62].

Eso es lo que dicen las fuentes (también es posible que las dos últimas copien de la primera). Ocho es un número muy exacto, y yo quería saber qué ocho títulos sacaba Atlas/Marvel cada mes. Por supuesto, con la jugada de las colecciones bimestrales, podía producir hasta dieciséis diferentes, pero alternarlas de manera que
al mes aparecieran sólo ocho. Empecé a echar cuentas y no me salían.

Bueno, al principio sí. Entre noviembre de 1957 y septiembre de 1960 Atlas (o lo que quedara de ella, pues su logo dejó de aparecer en las cubiertas) efectivamente sacó ocho comic books por mes. ¿Cuáles? Éstos:

-desde el número #87 al #93 (y último) de Patsy Walker in... Miss America.
-desde el número #74 al #90 de Patsy Walker.
-desde el número #81 al #98 de Millie the Model.
-desde el número #39 al #55 de Two-Gun Kid.
-
desde el número #75 al #92 de Kid Colt Outlaw.
-desde el número #72 al #89 de Love Romances.
-desde el número #55 al #70 (y último) de Battle.
-desde el número #60 al #76 de Strange Tales.
-desde el número #49 al #60 de Journey into Mystery.
-desde el número #55 al #71 de Patsy and Hedy.
-el número #17 de Rawhide Kid, de agosto de 1960.
-el número #7 de My Girl Pearl, de agosto de 1960.
-desde el número #15 al #20 (y último) de Navy Combat.
-desde el número #14 al #29 (y último) de Wyatt Earp.
-desde el número #43 al #60 de Gunsmoke Western.
-desde el número #9 al #19 (y último) de World of Fantasy.
-desde el número #1 al #5 (y último) de Strange Worlds.
-desde el número #1 al #11 de Tales of Suspense.
-desde el número #1 al #11 de Tales to Astonish.
-desde el número #1 al #6 de A Date With Millie.
-desde el número #1 al #6 de Kathy, the Teenage Tornado.
-desde el número #60 al #77 de My Own Romance.

Da igual que se vean los números 100 y 102: Big Premiere Issue!

En total, 22 títulos que, bien repartidos, salieron de ocho en ocho. Los resaltados en negrita son los que mutaron en cabeceras de superhéroes. Se supone (o creía yo, cuando empecé a investigarlo) que la limitación impuesta por DC duró
hasta 1968, cuando Marvel convirtió Tales of Suspense y Tales to Astonish en Captain America y The Incredible Hulk (en abril); nacieron Captain Marvel, The Invincible Iron Man y Prince Namor, the Sub-Mariner (en lo que se conoce como mayo del 68, de conmemoración estos días); Strange Tales se transformó en Doctor Strange, provocando la independencia de Nick Fury, Agent of SHIELD (en junio); y apareció Silver Surfer (agosto). Lo cierto es que la ampliación de colecciones empezó incluso antes del famoso Fantastic Four #1. Retrocedamos.

Tres portadas, dos dibujantes, una única composición

A partir de octubre de 1960 (siempre según la fecha de portada), unos pocos números de Kid Colt Outlaw pasan a mensual, y lo mismo sucede, de forma permanente, con Strange Tales, Journey into Mystery, Tales to Astonish y, muy poco después, también con Tales of Suspense. En abril de 1961 finaliza My Girl Pearl y en junio es sustituida por Amazing Adventures, donde nacería Spider-Man el año siguiente. Estos movimientos ocasionan, si no me he equivocado contando ni me dejo fuera ningún título, que Marvel publique unos meses 11 y otros 9 colecciones hasta mayo de 1961.

Las colecciones más raras no sobrevivieron demasiado

Con Amazing Adventures comienza una oleada de nuevas cabeceras: Linda Carter (septiembre), The Fantastic Four (noviembre), The Incredible Hulk (mayo 1962), The Amazing Spider-Man (marzo 1963), Sgt. Fury and His Howling Commandos (mayo), The Avengers (septiembre), The X-Men (septiembre) y Daredevil (abril 1964). Con pocas variaciones, durante esta época Marvel saca entre 10 y 11 títulos al mes, cantidad que con el paso a mensual de Fantastic Four, Amazing Spider-Man, Sgt. Fury y The Avengers ya no bajará de 11. Luego, unos meses 13, otros 11; después unos 12, otros 13, alguno 15... The X-Men y Daredevil también son mensuales. Es evidente que los muy ajustados ocho quedaron atrás hace tiempo. Eso sin contar los Annuals, claro.

Aunque ahora lo parezca, entonces Marvel no sólo publicaba superhéroes. En un momento tan álgido para el género como fue La trilogía de Galactus (marzo a mayo de 1966), las siguientes colecciones pre-FF seguían en el mercado: Millie the Model, Two-Gun Kid, Kid Colt Outlaw, Patsy and Hedy, Rawhide Kid y A Date With Millie.

Ante el escenario expuesto, sólo pudieron ocurrir dos cosas:

POSIBILIDAD A: El acuerdo de distribución entre Marvel e Independent News se renegoció y fue ampliando con los años.

POSIBILIDAD B: Marvel engañó miserablemente a DC para ganar terreno en los quioscos. Lo que a su vez implica: b.1) Que en DC no sabían contar; o b.2) Que en DC no se preocuparon demasiado por la competencia (esto sí es cierto: las altas esferas despreciaban el estilo Marvel).

¿Alguien conoce cuál es la correcta?

PD: todo esto es algo que me he encontrado en el camino de preparación de mi proyecto final de carrera, que debo haber entregado dentro de justo cinco (5) semanas. Hasta que no lo acabe no informaré con más detalle.

dilluns, de febrer 18, 2008

«DON'T STOP--- !»

1. Ahora que más o menos he conseguido equilibrar las redacciones y los interminables ejercicios pendientes de alemán con la escritura del proyecto, la lectura de comic books de los cincuenta y sesenta y de bibliografía especializada sobre ellos, el visionado regular de un par de series y las primeras chispas de unas conexiones sinápticas que meditan sobre el éxodo, me queda incluir un factor más a la ecuación: alimentar el blog.

Tampoco era fácil, pero también he logrado resistirme a abrir ninguna de las novelas que me llaman a gritos desde las estanterías. No, nada de eso: hasta nueva orden, durante un mes como mínimo, debo alejar de mí cualquier libro que no trate de comic books o que no tenga una relación con el proyecto. (No, leer La máquina del tiempo de Wells sólo porque la inventara el Doctor Muerte no cuela).

Y eso, que mis dos neuronas (una para pensar y la otra para pensar lo que la primera tiene que pensar) han olvidado que esto sigue abierto, pero recuerdan perfectamente que le interesa a casi nadie.

2. Unos días después, ya me he recuperado de No Country for Old Men. De acuerdo, no es Fargo, pero ninguna de las otras películas que he visto de los Coen alcanza a Fargo. Tampoco es un film redondo: tengo la sensación de que no le vendría mal un remontaje de la última media hora para reducir entre cinco y diez minutos las escenas de la esposa y la suegra. Sin embargo, cuenta con unas secuencias que, ellas solas, sí deben ser de lo mejor de los Coen. Y sí es más terrorífica y desasosegante que Fargo.

No, no tengo ganas ni tiempo de analizar aquí la película entera ni de establecer todas las comparaciones posibles con Fargo (o con otras: un amigo dice que Bardem es Terminator con peluquín), pero sí quería escribir un poco sobre la escena final. Me descolocó no enterarme demasiado del sueño que cuenta Ed Tom Bell en la última escena, porque no entendí bien las imágenes que describe y porque no conseguía relacionarlas con el resto de la película. ¿Es la escena con su padre un sueño? ¿Es toda la película un sueño? Ahora he vuelto a ver la escena y he leído la transcripción en imdb. Está contando un sueño, después de todo, y lo que sucede en esa escena no tiene porqué tener ninguna relación con el resto.

Lo que sí pensé fue que ese tipo de finales no concluyentes está poniéndose de moda. Las historias no finalizan con el último beso ni con la captura del criminal: mientras los personajes vivan, les seguirán ocurriendo cosas.

Pensaba en los finales de Zodiac y de Cloverfield, que tampoco satisfacían el apetito creado en el espectador por saber que todos los hilos que la narración ha ido presentando son cerrados con respuestas claras. También pensé que los finales de Zodiac, Cloverfield y, ahora, No Country for Old Men suponen un paso más allá en lo que se conoce como «final abierto». No puedo explicar este matiz todavía, pero algo me dice que los finales abiertos de este siglo son «más abiertos» que los del siglo pasado. El que las narraciones deban ser cerradas no deja de ser una convención. El arte imita a la vida en todo menos en una cosa: la vida sigue, aunque sean las de otros.

Me acordé del final de The Sopranos del que tanto se habló el año pasado y que yo no había visto. Dejé de ver la serie cuando en el Plus iban por la segunda o tercera temporada, no porque dejara de gustarme sino por su horario. Eso fue, claro, en la época en que uno debía someterse a los horarios de las cadenas para seguir las series de TV. Todavía tardaré en reengancharme a The Sopranos, pero tras ver el final de No Country for Old Men decidí que debía ver esa famosa última escena del último episodio a pesar de desconocer más de la mitad de las tramas de la serie. Sí, he cometido tal herejía. Y me alegro, porque es una escena fantástica.

Si alguien no quiere verla porque esté siguiendo todavía la serie y piense que el hacerlo se la va a destripar entera, que no tema porque la escena no desvela nada. Si aun así no quiere verla porque el saber que no desvela nada le va a quitar las ganas de seguir viendo la serie, que deje de verla ahora mismo porque la serie no le merece como espectador. Si alguien no ha visto nunca la serie o sólo ha visto episodios o escenas sueltas, ver la siguiente escena le compensará con cuatro de los mejores minutos que han sido emitidos por la televisión esta década. Verla o no verla, en cualquier caso, es responsabilidad de uno.



Yo ya la he visto. Es una escena preciosa que me ha humedecido los ojos y oprimido la garganta de lo bien hecha que está. Además, me ha enseñado que mis sospechas sobre la similitud de este final con el de No Country for Old Men eran ciertas.

No son finales escritos por personas que no saben cómo acabar sus historias. La gente que no sabe cómo acabar sus historias mata a todos sus personajes. Son finales escritos por personas que quieren que sus historias vivan en la mente del espectador tras el último plano. Pasó la época en que la ficción nos ofrecía finales satisfactorios (felices o no) para que cada uno pudiéramos seguir con lo nuestro. Estos «finales más abiertos» expanden la ficción al terreno de la realidad, extienden la duración de las películas hasta mucho después de haber abandonado la sala o apagado el televisor, y se enmarcan en la corriente de una frontera cada vez más difusa y cada vez más amplia entre ficción y realidad, que manifiesta también el uso creciente de elementos narrativos del cine documental en lo que hasta ahora era ficción más o menos pura o, directamente, en la popularización del documental. Siempre ha habido préstamos. Ahora hay fusión.

dimecres, de gener 30, 2008

UNA ESCENA MAGNÍFICA

La semana pasada empecé por fin, tras más de medio año de preparación, a redactar el trabajo final de carrera. Está todo tan en el aire que no tengo ni idea de cómo quedará cada apartado en concreto. El caso es que entre el TFC, los libros (¡y comic books!) relacionados que todavía me quedan por leer y los ejercicios atrasados de alemán (y otros asuntos), mi mente no está demasiado por la labor de escribir entradas largas. Sin embargo, de vez en cuando...

Hace un par de noches me vi «Bartlet's Third State of the Union», el decimotercer episodio de la segunda temporada de El ala oeste de la Casa Blanca. O, en breve, TWW 2x13. Es una serie maravillosa.

Sin entrar a analizar demasiado, me encanta ver argumentos políticos en una serie que retrata cómo podría ser, y nunca podrá ser, una administración en Estados Unidos. Una administración que sí, es muy americana, y sí, es muy religiosa, pero que también es muy sensata e inteligente. Me encanta cómo el creador Aaron Sorkin y su pandilla han convertido en imágenes y palabras esa idea de «América». Esa «América» que no es una realidad, sino un concepto: huir de una Europa sucia, aprender de los errores, empezar de cero, ser protagonista de la construcción de un Estado, alcanzar la alfabetización universal y garantizar un servicio sanitario para todos. Esa «América» que no es América, sino la meta que soñaron los ilustrados para la Humanidad. La administración Bartlet es además idealizada e irreal en cuanto todavía no ha mostrado sus garras la CIA (o por aquello de verlo en inglés, si ha salido yo no me he dado cuenta). Pero oye, para eso también está la ficción: para recrear la realidad a nuestro gusto, o para inventar una nueva.

Me encantan los actores y los personajes todos. Una de las cosas que más me sorprendió de la serie cuando empecé a verla hace años en La2 (o en TVE, no recuerdo) fue que dos personajes, Toby Ziegler y Sam Seaborn, se dedicaran a escribir los discursos del Presidente. No que dos personas escriban los discursos (alguien tiene que hacerlo), sino el hecho de que, en una serie de televisión, ¡se estuviera dando importancia a la palabra escrita! ¡A la importancia de una frase bien construida! ¡Al significado de una única palabra en una frase! [Además, «Ziegler» viene de la palabra alemana «Ziegel», que significa ladrillo, por lo que su apellido remarcaría su carácter de «constructor» de frases].

Pero sobre todo, casi con lo que más disfruto, es con la coreografía de los personajes mientras caminan por los pasillos y los despachos de la Casa Blanca. Lo que pudo empezar como una necesidad narrativa para ofrecer de forma atractiva y dinámica al espectador unos diálogos casi ininterrumpidos, se acabó convirtiendo en la marca visual de la serie. No sólo eso: gracias al hecho de haber dotado de protagonismo al discurso visual, la serie no se limita a contar historias de forma lineal, sino que es ella misma una especie de catálogo de las diferentes maneras de contar una historia (sin pasarse, claro, que esto es TV y ese logro ya lo alcanzó Expediente X). Me gustan los flashbacks de la serie, como por ejemplo cuando al principio de la segunda temporada, después del atentado, vuelven a presentar a los personajes mostrándonos escenas de su vida anterior a su trabajo en la Casa Blanca. En este caso, me parece además una gran estrategia para transmitir a una nueva audiencia la sensación de que todavía pueden engancharse a la serie, que es como si acabara de empezar. Me gustan aún más cuando un personaje se convierte en narrador de esos flashbacks, como hace Josh Lyman en «Celestial Navigation» (1x15) y repite aún mejor en «Noël» (2x10), mi episodio favorito hasta ahora.

Pero ya digo: sobre todo, sobre todo, esos planos de seguimiento con la steadicam me derriten. Quien sea que esté detrás de ese objetivo es (o son) un puto maestro. Y cuanto menos cortes hay, cuanto mayor es la duración de la toma, más me gustan. Mi preferido: ese plano de 2'50'' al principio de «Five Votes Down» (1x04), en el que la cámara se sitúa tanto delante como detrás de los actores, baja con ellos las escaleras y los acompaña por los pasillos de un edificio, los reencuadra desde un plano entero de Sam y Mandy hasta casi un primer plano de C.J., y que alterna a los personajes que entran y salen de plano para mantener conversaciones a dos o a tres voces. Eso ya no es planificación: es una danza coreografiada.

Y el humor, claro. La siguiente escena, del final de 2x13, es un ejemplo. Antes de verla, os pongo en antecedentes. Ainsley Hayes es una republicana a la que contratan como abogada en 2x05 y a la que proporcionan como despacho, cual agente Mulder, un cuarto en los sótanos. El cuarto en cuestión es el «steam pipe trunk distribution venue», que sería algo así como el «lugar principal de distribución de las tuberías de vapor» del edificio; vamos, que ni siquiera está habilitado como despacho. Desde que la contrataron no ha tenido todavía la oportunidad de hablar con el Presidente, por lo que Sam provoca el encuentro. En la escena, Ainsley está eufórica porque ha salido por primera vez en televisión como representante de la Casa Blanca, y viste un albornoz porque ha manchado su vestido tras sentarse en un banco recién pintado. El banco recién pintado es el running gag de este episodio. Me encantan los running gags.

La escena en cuestión:



Y para que no perdáis detalle, la transcripción, que he copiado y adaptado de aquí:

INTERIOR. DESPACHO DE AINSLEY. NOCHE.
Ainsley (Emily Procter) está cantando y bailando Blame It on the Bossa Nova, una canción escrita por Barry Mann y Cynthia Weil que Eydie Gorme popularizó en 1963. No repara en Sam (Rob Lowe) que, a su espalda, se aproxima a la puerta lentamente.

AINSLEY (cantando y bailando): Blame it on the bossa nova with its magic spell... Blame it on the bossa nova that he did so well...

Sam se detiene en la puerta.

SAM: Ainsley!

Ainsley se gira, ríe y continua cantando y bailando.

AINSLEY: Oh, it all began with just a little dance (se aprieta el cinturón) but soon it ended up a big romance.
SAM: Well, I hardly know where to start.
AINSLEY: I was feeling so good after my segment that I went into the sculpture garden. (Sonríe).
SAM: You guys... really, there's a wet paint sign on the bench.
AINSLEY: My assistant went to get me clothes. (Sin dejar de bailar).
SAM: Why are you moving like that?
AINSLEY: I'm blaming it on the Bossa Nova!
SAM (riendo): Okay.
AINSLEY: I know what you mean about that adrenaline high. (Se gira y coge una copa de su mesa). I think I've definitely got it. Plus, the bartender made me a Pink Squirrel Suzy. I'm not the teetotaler you think I am. (Bebe).
SAM: Is there any alcohol in that at all?
AINSLEY: There's a dash of creme d'cacao, my friend.

Ella le ofrece un trago mientras sigue bailando. Sam ríe, se ruboriza, mira al suelo y avanza unos pasos.

SAM: I came down here to tell you...
AINSLEY: Oh, dance with me, Sam!

Ainsley se le acerca bailando. Él parece un poco tímido. Ella se gira de nuevo bailando hacia su escritorio y vuelve a cantar.

AINSLEY: ...a family.

Detrás de Sam, el Presidente Bartlet (Martin Sheen) aparece lentamente en la entrada.

AINSLEY: And when our kids ask...

Ainsley se gira hacia Sam y grita y tira la copa cuando ve a Bartlet en la entrada. Sam también se gira. Mira a Ainsley para ver su reacción.

BARTLET: What's up?
AINSLEY: Mr. President!
BARTLET: I never even knew we had a nightclub down here.
AINSLEY: Oh, my gosh!

Ainsley se gira y apaga la radio rápidamente. Mientras, Sam intenta salvar la situación.

SAM: Mr. President, I don't believe you've met Ainsley Hayes.

Ainsley recupera la compostura y se ajusta el albornoz.

BARTLET (se acerca un poco): Yeah, Ainsley, I wanted to say hello and to mention, you know... "lot of people assumed you were hired because you're a blonde, republican sex kitten" and well, they're obviously wrong. Keep up the good work.
AINSLEY: Yes, sir.
BARTLET (a Sam): You know we're meeting?
SAM: Yes, sir.
BARTLET: Ok.

Bartlet asiente, se gira y sale.

SAM: That could have been worse.

Ainsley sigue paralizada.

SAM: No, probably not. (Y sale).

[A todo esto... buscando el enlace de la steady... ¡me he enterado de que un plano de travelling en inglés no se dice «travelling», sino «tracking shot»! No me importa que los idiomas se presten palabras unos a otros, es algo que ocurre desde hace siglos y forma parte natural de la evolución de las lenguas, pero que lo de «travelling» sea otro ejemplo infame de inventarse palabras que parecen inglesas, como «footing» o «autostop»... me ha dolido].

dimecres, d’agost 15, 2007

CÁPSULAS ENCHARCADAS

Hace mucho que no me marco una de cápsulas, así que ahí va:

1.
En un tiempo muerto del pasado fin de semana, estaba releyendo por encima algunos párrafos de A Study in Scarlet (1887), la primera aventura de Sherlock Holmes escrita por Conan Doyle (bien, releyendo no es del todo cierto. Leí todas las historias hace unos años en traducción de Amando Lázaro Ros, y el volumen en inglés lo conservo para saborearlo en las siguientes situaciones: a) estrellado en una isla desierta, b) mi vejez, c) como único entretenimiento después de la llegada del apocalipsis dentro de apenas cinco años), cuando di con unas líneas, al principio del segundo capítulo, en las que Holmes afirma que se esforzará en olvidar una información para él nueva que le acaba de proporcionar Watson, en una de sus primeras conversaciones: que la Tierra gira alrededor del Sol. Desea olvidarla porque es información inútil para él, que no aporta nada a su trabajo.

Me sucede algo parecido con los juegos de cartas, y la noche del domingo volvió a darse la situación. Soy incapaz de recordar casi ningún juego de cartas, y cada vez que juego me tienen que explicar todo de nuevo. Entonces, sí, me suena lo que me dicen, pero yo no habría podido explicar a nadie las reglas, por mucho que haya jugado decenas de veces. También hay, por supuesto, normas tan intrincadas que jamás he podido comprender y por tanto me he quedado sin jugar. Los naipes son, para mí, una forma tonta más de perder tiempo y dinero, y en tanto en cuanto no me aportan nada, formateo de mi memoria el reglamento del juego nada más acaba la partida. Ya tengo mis propias maneras de perder tiempo y dinero, no necesito otra.

2.
Veo esta mañana con asombro reproducida en la portada de El País de ayer la cubierta del último ejemplar de El manglar, una ilustración de Carlos Vermut. Quería hablar aquí de ella, pero ya se me ha adelantado Pons. Aunque existe desde enero, no he descubierto El manglar, estupenda revista de historietas, hasta este mismo mes, hace dos semanas. Ya tengo casi todos lo números (van por el cuarto: el mes que viene, más), que he devorado de la primera a la última línea. Su director, Ricardo Esteban, declara: «Editar una revista de este tipo es una misión imposible, por mucho que la iniciativa se apoye desde Internet y tenga muchos aficionados, las ventas no responden». Es una lástima, y espero que haber salido en la portada de El País cambie para bien la situación. (¿Qué coño para bien? ¡Para muchísimo mejor! Anda, a comprar El manglar, que no se seque. Eso sí, ojito con comprar el número que me falta y vaya a quedarme yo sin él. No, no digo cuál es, que entonces sí que se acaba).

3.
¿Para cuándo van a inventar una estantería infinita donde siempre quepa un libro o un tebeo más?

4.
Ja és oficial. Per si no tinguera prou amb l'absència de P., treballant a Mallorca, dilluns D. marxà cap a Buenos Aires per uns mesos. Encara no sé si ha arribat. El cas és que cada cop em resulta més fàcil tancar-me a la Fortalesa de la Solitud per traure endavant el projecte abans que acabe l'any. De P. ja sé que viu més bé que vol, ara sols espere que D. comence a informar prompte de les seues aventures. Passa-ho bé, xicon!

5.
Desde hace semanas o meses (creo que desde que acabó Lost), no sé por qué, me cuesta ponerme a ver películas o series. Tengo, por ejemplo, pendiente desde hace la tira el Paisà de Rossellini. Me encanta Rossellini, pero me da pereza ponerme películas. Sí voy a verlas al cine, pero en casa me resulta mucho más fácil abrir un libro o un tebeo. Y creo que se debe a que esto último es más fácil. En la independencia respecto de la tecnología radica la superioridad de la palabra / imagen impresa (o grabada en tablillas o dibujada en una pared) sobre el cine o la televisión, y será lo que nos quedará cuando nos quedemos sin ordenadores. (Escribo esto más que nada para obligarme a ver Paisà esta noche).

6.
Acabo. A ver, gente que me conoce, que pasa por aquí y que no lee tebeos, y menos todavía de superhéroes (o sea, el 99%). No tengáis miedo a mis entradas sobre tebeos: no muerden. Sé que incluyen muchos nombres y datos, pero intento hacerlas lo más accesibles posible precisamente pensando en vosotros, con la esperanza de que piquéis con alguno. Otro día recomiendo de forma más explícita. Hoy sólo pido que os calcéis las botas de plástico y os adentréis en el manglar. Por probar.

dilluns, de juny 11, 2007

LA RESISTENCIA

La Fuerza es poderosa en mí. La siento. No me refiero a la religión de la República Galáctica, sino a la fuerza de resistencia que impide que me ponga con según qué cosas. Por ejemplo, el videoclip que debía entregar el miércoles pero que inconscientemente he ido retrasando hasta optar por acabar presentándolo en septiembre. Tengo los planos. En MPEG-2 y no en AVI, que es como debería tenerlos para editar con Premiere, pero bueno, los tengo. Tengo la música. Más de una, porque todavía no he decidido cuál escoger. El ataque de impotencia que me entró ante el supuesto conversor de MPEG-2 a AVI no me frenó, porque todavía no era importante. Fue visionando y bautizando los planos, con un plano en concreto, uno en el que la cámara avanza a ras de techo a través de tres habitaciones, que me mareé y me entró un dolor de cabeza inhabilitante. Ahí envié el videoclip a hacer puñetas y me despedí de él con un hasta pronto. Tengo que hacerlo, sin duda, pero al tratarse del último trabajo como tal de la carrera, me gustaría quedar contento del mismo y no acabarlo con prisas.

Yo quería. Para inspirarme en esto del montaje no narrativo me había visto la fascinante Koyaanisqatsi (ya os la estáis descargando) y A Movie, ambas analizadas en la biblia de Bordwell. Pero en esto que se me juntaron las ganas de deshacerme de unos cuantos papeles de la habitación, la relectura de la saga del Imperio Secreto del Capitán América (1974), unos episodios de The West Wing, el libro de Bordwell sobre la narración en el cine de ficción y un ligero resfriado, entre otras cosas, y la resistencia vino a manifestarse en forma de dolor de cabeza.

Tras mi primera siesta en un año, y después de unas semanas aparcado, reincorporé el trabajo fin de carrera a mi vida. Tracé los primeros intentos de unos cuadros que deben reflejar las periódicas apariciones del villano de turno, o de personajes recurrentes o fijos, aquellos lugares que se nos presentan en cada número, el avance de subtramas. El número que leí anoche, por ejemplo (primero que leo en inglés), suponía la primera aparición del Amo de Marionetas y de su hijastra Alicia, con quien se inicia la subtrama de la relación de ésta con Ben Grimm / La Cosa.

Por entonces (número 8, noviembre 1962) Alicia no había adoptado todavía el apellido Masters, derivado, cuenta la leyenda, por idea de algún lector del nombre artístico de su padrastro: Puppet Master. Leer estos tebeos en inglés no tiene precio. No sólo porque me los haya descargado, ni porque se trate de escaneados de la edición original, sin intermediarios editoriales de ningún tipo, también porque me permite tener acceso a las cartas que enviaban los lectores a la colección. La Fantastic 4 Fan Page, por lo poco que he visto hasta ahora, era escenario de comentarios y debates (que si no me gusta el nombre de Mr. Fantástico, que si la Chica Invisible no hace nada, que por qué la Antorcha tiene dos manos izquierdas en la portada del número 3, que por qué la Cosa tiene cuatro dedos en cada mano) que los autores de la serie convertían en ideas y argumentos para la misma. Es un espacio de lo más prometedor, sobre todo teniendo en cuenta que en el número 5 ya aparece una carta de Roy Thomas, quien se convertiría en guionista estrella de Marvel en la segunda mitad de la década y que gobernaría el destino de los inquilinos de los pisos superiores del edificio Baxter en los setenta.

Una cosa más. La relación entre Ben y Alicia tiene una base un tanto perversa. Desde el primer número de Fantastic Four sabemos que Ben está, igual que su amigo Reed Richards / Mr. Fantástico, interesado en Susan Storm / Chica Invisible. En el número 8, el Amo de Marionetas se fija en el parecido entre Susan y Alicia, por lo que disfraza a ésta de la Chica Invisible para colarse en la base de los 4F sin levantar sospechas y que Ben, controlado por el marionetista, se enfrente al resto del equipo. El resto de la aventura consistirá en rescatar a Susan y en detener un motín en una prisión, así como los planes de dominio global del villano. Lo perverso reside, no sólo en que tanto Susan como Alicia parezcan menores, sino en que representan el mismo modelo de chica, y en que gracias a esto, Ben puede tener una chica igualita a la de su amigo en físico, uniforme y peinado.

La siesta, por cierto, no me sentó nada bien. Me provoca insomnio por la noche.

dimecres, d’abril 11, 2007

¡KAY-I-AR-BEE-WY!

Me acerco aquí para alejarme por hoy (bueno, ayer) de los sinsabores del premiere, que se me cuelga después de cada acción. Un asco, vamos. Por suerte, las obras impresas en papel no se quedan colgadas (¡viva la tecnología analógica!) y, en un ambiente suficientemente iluminado, sumado al milagroso ejercicio de unos órganos fotorreceptores, sigue siendo posible la lectura de tebeos.

Todavía sin mi dosis mensual de novedades (bueno, ha salido el Crisis Infinita #2, que ha sido extraordinariamente distribuido antes de tiempo, en algunos lugares de España con sorpresa incluida, pero esta vez no caeré), seguiré ejercitándome en las labores de pseudo analista de tebeos. La cosa va como sigue: el lunes por la tarde releí el número 1 de The Fantastic Four (noviembre 1961), tomando notas sobre lo que sucedía en cada página. Estoy ya casi seguro de que dedicaré el proyecto al análisis de las aventuras de la primera familia del Universo Marvel. Parece una tontería, pero todavía no he empezado y ya se está complicando. Por ahora tomo como modelos el libro de Rafa Marín sobre Marvel (leído hace unos años) y el de Manuel Barrero sobre Barry Smith. Ayer no avancé mucho en este sentido: sólo leí unas pocas páginas del libro de Barrero, todavía sobre los inicios de Windsor-Smith en Marvel (su número de The X-Men, tres de Daredevil y dos de The Avengers), ocupado como estaba en perder el tiempo y luchando contra el premiere. Barrero me da pistas sobre en qué cosas fijarme cuando analizo una composición de página, pero no es mi intención desgranar las diagramaciones de Kirby en FF (ahí queda eso), ni estudiar la estructura de un solo número o de una determinada (reducida) cantidad de números alrededor de la misma trama, sino, y hasta que tope con una realidad que me lo impida y me haga variar de rumbo, tratar de describir cómo Stan Lee y Jack Kirby, en los años 60, construyeron, mes a mes, un mundo de ficción ambientado en nuestro presente. Me centraré sobre todo en Los 4 Fantásticos, y en cómo, sin ser conscientes de que estaban haciendo historia, sus creadores iban sacándose personajes de la manga al tiempo que definían las personalidades de la familia, expandiendo los límites del edificio Baxter (su base) hacia fuera, hasta muy lejos en el espacio, y hacia dentro, hasta lo más hondo del alma de las criaturas melodramáticas que pueblan el Universo Marvel. También, por supuesto, el fantástico concepto del continuará y el de los personajes invitados. Con un poco de suerte, alguien ya habrá hecho todo esto y lo habrá publicado en EEUU, así que sólo tendré que conseguir el libro, leerlo y sablearlo. Si no lo ha hecho nadie (bueno, Marín les dedica unas cuantas páginas), o lo que encuentre no se adapte exactamente a mis propósitos, entonces me toca trabajar. Lo que sí hay, según leo en la bibliografía de Barrero, son libros (estadounidenses, claro) sobre el comic-book y la historia del tebeo de superhéroes. Será cuestión de localizarlos.

No será sólo leer la primera década de The Fantastic Four y tomar notas (que no es poco), sino tratar la obra en su contexto. Por supuesto, cuento con gran cantidad de artículos en los propios tebeos, pero debería localizar las fuentes en las que se basan. Por ejemplo, cuando me dicen que Kirby dibujó un tebeo entero de 20 páginas del Capitán América en un fin de semana para suplir un retraso de Steranko en la entrega de su siguiente número sobre la muerte de Steve Rogers (por favor, no vayáis a creeros que el Capi sólo ha muerto este año), me lo creo, vale, seguro que Kirby fue capaz de eso, ¿pero dónde lo ha leído quien lo ha escrito?

Barrero intercala la situación personal de Smith como inmigrante ilegal en EEUU con sus trabajos. Algo así debería hacerse con la vida de Lee y Kirby. Claro que, para alguien como Kirby, quien, según dice Abraham García en un especial sobre el autor de hace años, dibujaba casi mil doscientas páginas anuales (tres y pico al día) durante 1962 y 1963, y una media de 670 al año entre 1958 y 1978, poca vida le debía quedar. Al menos enumeraré todas las colecciones que tenía que dibujar cada mes mientras se ocupaba también de Los 4 Fantásticos. Todavía debo echar cálculos: ya os las diré.

Mmm... yo no quería hablar de nada de esto. Al menos, no así. Sigo teniendo pendiente ampliar unas notas sobre el FF #1 y el DD #163, más que nada para tratar de aplicar el "chip Pavía" y el Modo de Representación Institucional (MRI) al tebeo de superhéroes. Pero ya es tarde para eso.