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dissabte, d’agost 25, 2007

LA VECCHIA ITALIA. LA FUMETTERIA

Tampoco hace mucho que no me paso por aquí, pero a mí me ha parecido una eternidad. Como se suele decir, otros malhaceres me roban el tiempo. Recupero hoy una serie a la que todavía deben quedarle unas cuantas entradas más. Si no os interesa, la puerta siempre está abierta (para irse y para volver), y a esos pocos que pasan por aquí cada día aunque no actualice, muchas gracias.

De tebeos de Bonelli están todos los quioscos llenos, eso ha quedado claro. ¿Pero y de los otros? Menos títulos y en mucha menor cantidad. Con Bonelli da la sensación de que uno podría completar su colección de Tex hasta números de hace más de una década sólo yendo de quiosco en quiosco (os animo a intentar lo mismo aquí con cualquier cabecera). Si seguimos valorando la presencia en quioscos, bastante por detrás, pero segundos al fin y al cabo (bueno, también se veía mucho Diabolik, editado por Astorina), se encuentran los personajes de Marvel, publicados por Panini de una forma bastante más diferente de como los vemos aquí --en esto entraré otro día. De Planeta/DC vi muy poco o nada de nada.

Aunque pueda parecerlo, no fui buscando sólo superhéroes, sino tebeos en general y, puesto que estaba en Italia, enterarme de qué autores italianos hay por ahí (aparte de Hugo Pratt y Manara). Buscaba, sobre todo, una tienda de cómics. No quería un quiosco callejero, de los que está Italia lleno...
...ni buscaba el de estación,
carente de estantería;
tampoco una librería,
con estupenda sección.
Mis ojos sólo bailaban
por una fumetteria.

Esperaba encontrar una parecida a las de Valencia, lo que se dice una librería especializada. Pero no. En Salerno encontramos una, de casualidad, y no tenía nada que ver. Éste es su aspecto exterior:

(si alguien os enseña una foto de Italia sin coches, es falsa)

Por dentro me recordó al aspecto que tendría mi habitación si ésta fuera más estrecha, quitara la cama, cubriera con estanterías cualquier superficie de pared que recibiera luz solar, sacara TODOS los tebeos que tengo en el armario («¡El secreto del carente fondo de armario del Senador, revelado!») y los colocara en doble fila sobre las baldas, volvieran a su emplazamiento original TODOS los tebeos que he ido repartiendo por otros rincones de la casa (o he ido endosando a mi hermano), juntara los cómics que me gustan con los que no, mezclara las colecciones, levantara montones delante de las estanterías desde el suelo a la cintura, dejara pasar un año para que el polvo y la humedad se adueñaran de todo, abriera la puerta al público y dijera «¡Mirad qué montón de mierda tengo a la venta! ¡Busquen, busquen la joya!». Lo que se dice una librería de viejo, pero sólo de tebeos.

He aquí un detalle para los cortos de vista:

(digamos que es de ancha como la foto)

A esta fumetteria hay que entrar con fe y determinación, porque la ausente clasificación de los ejemplares se opone a la empresa que pueda uno tener de localizar algo de su interés. Tras unas horillas (la fe es grande en mí), y después de perderme la segunda vez que intenté acercarme a la tienda, conseguí dar con algunas joyitas.

Como este primer volumen de una recopilación de Fantastic Four, casi con el mismo contenido que el tomo que publicó Panini en junio (tiene un número americano más), 15 euros más barato (podía comprarlo en cartoné por 10, pero nada como la rústica para pasar páginas; además, con 10 tengo dos) y con idéntica introducción de Stan Lee. Editó Comic Art en junio de 1992, antes del desembarco de Panini. Además, conserva los títulos en inglés; Panini podría haberse currado unos títulos como los que aparecieron en la Biblioteca Marvel, que adaptó de maravilla las fuentes originales, pero no ha sido así.

O este tochito de 366 páginas por 3 euros:


Incluye Favola di Venezia, en color, que ya leí en castellano, y Una ballata del mare salato, a la que ya le tenía ganas. Veremos qué tal está. Cayeron más de esta colección de La Repubblica, y el que primero he leído y me ha encantado me era completamente desconocido. ¿Quién? Otro día.


dijous, d’agost 02, 2007

LA VECCHIA ITALIA.TACCHIONI

Mediodía en Piazza Navona. Entre el obelisco, la fontana de Bernini y la fachada de Borromini, legiones de camareros y estatuas humanas se ganan la vida. También algún que otro caricaturista. Son bastante habituales en Roma, y todos se parecen un poco... excepto uno, que se parecía a otro en concreto. Yo había visto ya esos dibujos. Estaba casi completamente seguro. Para salir de dudas, saqué la cámara.

Sí, esos dibujos me sonaban.

Efectivamente.

Vaya si me sonaban.

¡Como que los había visto ya!

Las cuatro caricaturas de la izquierda pertenecen a una recopilación de Vizcarra que vino con el número 1136 de El Jueves (ni idea de cuándo apareció ni ganas de buscarlo). Las de la derecha son las expuestas por el caricaturista callejero. Se dan cierto aire. Mucha casualidad me parece a mí que cuatro de seis hayan aparecido publicadas juntas, lo que me conduce a pensar en distintas posibilidades:

a) puede tratarse de un dibujante español lector de El Jueves y admirador de Vizcarra que ha acabado, por una de esas vueltas que da la vida, copiando el trabajo de su maestro en Roma;

b) o bien podemos hallarnos ante el caso de un dibujante italiano que se convirtió, por uno de esos milagros de la distribución, en admirador de Vizcarra y lector ocasional de El Jueves;

c) o podría tratarse del propio Vizcarra, quien se imita a sí mismo pero en malo e intenta ganarse un sobresueldo en verano (ser dibujante en España está muy mal).

De lo que se entera uno.

diumenge, de juliol 29, 2007

LA VECCHIA ITALIA. INTERMEZZO

Basta de glorificar la salitrosa brisa marina. Nada más refrescante ni reconfortante que sentir en el cuerpo la corriente de aire que empujan los vagones en la parada de metro del Colosseo.

dimecres, de juliol 25, 2007

LA VECCHIA ITALIA. I FUMETTI

(u: ojalá estos italianos se ahoguen entre las montañas de tebeos que editan)

Estaba informado desde hace años de que Francia e Italia son, digamos, los únicos países de Europa que disponen de una auténtica industria del tebeo. Había conseguido, mediante un amigo o a través de mis padres, alguna muestra de lo que allí se editaba. Estaba informado, pero no preparado para lo que me iba a encontrar. Jamás habría imaginado escenario semejante.

Ya en los quioscos de Termini (/términi/) me fijé en la omnipresencia de los tomitos de Tex, el personaje estrella de la casa Bonelli e icono del fumetto. "Fumetto" (fumetti en plural) es la palabra italiana para tebeo, y deriva de los globos de texto que, como nubes de humo (nuvolette), exhalan los personajes de cómic cuando hablan o piensan. Es como si nosotros, en vez de usar la palabra tebeo (derivada de la revista TBO, nacida en 1917 y cuyas siglas todavía no sé qué significan) para referirnos al cómic, hubiéramos expandido el significado de bocadillo para referirnos también a aquél. En tal caso actualmente contaríamos con librerías especializadas en bocadillos y yo sería un impulsivo y apasionado lector de bocadillos. También, como en vez de comérmelos me los leería, no me sobrarían unos quilos.

No sólo puedes encontrar en cualquier quiosco el último número de los principales personajes de Bonelli, sino que también se halla disponible una abundante cantidad de números atrasados, ya sea individualmente (con ediciones originales o reediciones / ristampa) o retractilados de dos en dos. Por doquier, el rey es Tex. Según la Wikipedia, Tex y Dylan Dog venden 800000 copias cada mes (el dato no cita fuente). Aun en el caso de que esas cifras fueran conjuntas, la mitad ya constituye unas ventas impresionantes, que pulverizan las obtenidas actualmente por los superhéroes en Estados Unidos. Si es cierto que esos dos personajes venden 800000 ejemplares cada uno, eso los acercaría a las cantidades de los más vendidos en el mercado estadounidense de hace décadas, lo que convertiría a Bonelli en una editorial realmente popular. Más todavía si tenemos en cuenta que la población de Italia es una quinta parte de la de EEUU. La repanocha, vamos. (Para cifras de ventas de los 60, ver aquí).

Hace cinco años, antes de la colección de Planeta, no tenía ni idea de quién era Tex. La seguí entera, a pesar de las decenas de erratas que podían encontrarse en cada tomo porque las aventuras, oye, no estaban mal. Salieron un par de tomos más (que no tengo pero que todavía se encuentran por las librerías) y ahí acabó la cosa. Tiempo después, Aleta empezó la publicación de otros personajes de Bonelli a los que no he hecho ni caso. Por el precio. Antes de volver desde el aeropuerto de Fiumicino, compré por 2,70 el último número de Nathan Never, el #194. Repito: por 2,70 euros. Por ese precio le doy una oportunidad. Por los 5 euros que pide Aleta por cada número no me lo pienso: NO me lo compro.

Nathan Never ha sido un descubrimiento (si se puede llamar descubrimiento a un tebeo que se publica desde hace 16 años). En 94 páginas, con un estilo de dibujo muy americano, los autores presentan una historia de thriller de acción y saltos temporales que se lee bastante bien y entretiene, y que me dejaron con ganas de saber qué ocurrirá en los siguientes cinco capítulos en los que se desarrollará todo. Es una historia tipo de protagonista duro y silencioso marcado por un pasado que tiene que resolver unos crímenes, trama que sí, hemos visto numerosas veces, pero por eso mismo no tiene nada que envidiar a otros productos del Imperio, y sobre todo hay que tener en cuenta que está realizado ¡aquí al lado!

El mismo Nathan Never #194 incluye unas páginas en color al final que anuncian otras cabeceras de la editorial. Para que os hagáis una idea del poderío de Bonelli, y sólo a modo de ejemplo, refiero aquí los títulos anunciados en esas páginas (16 en total), llamadas Il Giornale de Sergio Bonelli Editore, y el año de creación de los mismos: Dylan Dog (1986), Demian (2006), Dragonero (el primer número es del mes pasado), Julia (1998), Nathan Never (1991), Brendon (1998), Martin Mystère (1982), Dampyr (2000), Volto Nascosto (a partir de octubre), Magico Vento (1997), Zagor (1961), Bandidos! (un número único, parece ser, a la venta a partir de el viernes) y Tex (1948). No son éstos los únicos personajes de Bonelli; si a alguien le interesa más, no le será difícil dar con el resto de títulos.

Las fechas describen una editorial activa, que no se conforma con vivir de las rentas de personajes creados hace más de medio siglo, sino que en esta década, en este año en curso, sigue colocando títulos nuevos en el mercado. Supongo que ése es el resultado cuando se reúne gente que en vez de querer publicar tebeos quiere HACER tebeos. Así les va.

Mientras decidía si llevarme el Nathan Never o no, se me acercó un hombre joven, trajeado y con maletín, que me preguntó si era el último número. Le respondí que sí, que era el de julio. Su cara de reacción ante el montón de Nathan Never nuevecitos no me pareció tanto la de un seguidor del personaje como la de alguien que se encontraba por casualidad con un viejo amigo. Y creo, creo con seguridad, que en ese momento contemplé ese espécimen de ser humano que ha sido bautizado por los estudiosos como "comprador ocasional". El comprador ocasional existe, yo lo he visto, y habita en Italia.

dimarts, de juliol 24, 2007

LA VECCHIA ITALIA. INTRO

El hedor a orín recibe a quien se apea en la estación Termini (acentúese la primera sílaba en su pronunciación) de Roma. Tras la bienvenida, dando vueltas por los andenes, creo reconocer algo del ajetreo narrado por De Sica hace más de medio siglo, pero me doy cuenta de que sólo se trata de lo que quiero o espero ver basado en mis prejuicios. El orín es información nueva, a la que el olfato se acostumbra pronto tras la primera impresión.

Las estaciones importantes vienen a parecerse todas, y el tránsito y cobijo que reportan favorecen la proliferación de elementos, como el hombre que se me acercó pidiéndome un euro mientras yo intuía el funcionamiento de la máquina expendedora de billetes de tren mediante el método de prueba y error. Pelo corto, cara delgada, mirada perdida, boca entreabierta, saliva verde reseca en la comisura de sus labios. Eso, pienso segundos después de alejarme de él, eso de lo que me acabo de alejar era una vida. De estas vidas había unas cuantas aquella tarde. En esto, y en otras cosas, Termini (y Roma) se parece a la Estació del Nord (y a Valencia), donde el atardecer trae consigo al hombre que permanece demasiado tiempo en el servicio de los hombres y espera ver algo mientras se toca.


Tras deambular por la estación peor señalizada que he visto en mi vida, doy con la biglietteria y consigo mi billete para el sur, en un Eurostar que partirá una hora más tarde que el tren que tenía previsto coger. Con la seguridad de disponer ya de billete, sin embargo, no me importa esperar apoyado contra el enrejado del Mura Serviane en la Piazza dei Cinquecento y leer la última parte de El diablo en la galería D iluminado por un sol en caída libre. (Mierda, ahora me la tendré que releer para enterarme del todo bien; ¿os acordáis cuando las sagas eran algo extraordinario y no una fórmula editorial?).

Y no, por nada de lo escrito aquí odio a los italianos.