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dilluns, d’octubre 15, 2007

LOBEZNO DE DAVID AJA

Alejemos el rencor de nuestra vida diaria y permitamos que los buenos sentimientos nos invadan. (Comprobado: el cabreo reduce las defensas del organismo, expuesto a la amenaza constante de los virus y el frío. Resultado: resfriado).

El sábado me llevé una alegría en el quiosco. No estaba el último número de 52*, pero encontré esto:

«¡Hala! ¡Qué portada más molona! ¡¡Y dibuja David Aja, que resulta que ha nacido en la misma península que uno!! Pa' la saca».

Para no parecer tan impulsivo como un comprador patológico de tebeos, lo abro y lo hojeo. Salvo Origins, no he seguido ninguna colección de Lobezno (bueno, algún número suelto), y no me apetecía comprar un número que formara parte de una historia mayor. «Es un especial. Y parece una historia autoconclusiva. Tiene buena pinta».

«Sí que es él: el dibujo se parece al del Daredevil Vol. 2 #88. Y... no me lo puedo creer: ¡¡un artículo DE TRES PÁGINAS sobre el dibujante!! Pues no ha llovido desde que no veo semejante derroche de páginas en un solo artículo. Esto cae. Escribe David Lapham, que no me ha dejado pero ningún buen sabor de boca tras su miniserie Daredevil vs. Punisher: Means and Ends (aunque será cuestión de echar un vistazo a su Stray Bullets para formarme mejor opinión del chico), publicada por Panini a traición en los números 14 a 19 del actual volumen de Daredevil, pero David Aja y el artículo compensan de sobra».

La historia parece un cruce entre Hellboy pero con personalidad y un cóctel descafeinado de Expediente X. El guión no es nada del otro mundo, pero el dibujo merece la pena.

Todo esto me lleva a pensar: ¿qué pasaría si de la noche a la mañana las editoriales volvieran a editar bien? ¡¡Sería la ruina de los lectores!! Por favor, seguid como hasta ahora. Que este número de Lobezno sea recordado como una excepción.

* Que, por otra parte, parece no haber llegado todavía a ningún sitio. Con lo bien que funcionó la distribución durante el temido verano, ¿a qué se pueden deber los retrasos de las últimas semanas? (Sé que a nadie le interesa, pero servidor es quien ha aceptado la propuesta de avisar cada vez que un ejemplar de 52 llega a Gandia. Se trata de mi buena acción anual).

dimecres, d’agost 01, 2007

JUNTITOS ESTABAN LOS TRES

En uno de esos milagros de distribución asincrónica, el viernes pasado podían encontrarse en Palma no sólo el número de 52 correspondiente a la semana pasada, sino también el de hoy y el del miércoles que viene.

Es lo que tiene agosto. Todo lo que puedan adelantar ahora los distribuidores, es tiempo que pueden invertir en vacaciones o en curarse de posibles retrasos futuros.

¡En Palma viven en el futuro!

dissabte, de juny 02, 2007

COINCIDENCIA

Hoy estaba. El jueves, no. Imaginaba que no estaría, pero aún así pasé. No había nada sobre la superficie del expositor de cristal. No debía estar. Me acerqué a escarbar un poco entre los diferentes títulos, pero nada. Todavía el de la semana pasada. Salí a la rotonda y allí, unos metros por delante, andaba ella a punto de cruzar al paseo. Nadie, a la una y media, más estrambótico ni elegante que ella a la vista, con su parasol blanco de bastón de madera (del mismo tono que los paraguas de los chinos). Atraía las miradas. Sabía más o menos por dónde vivía, y me pilla de camino, así que la seguí. ("¿Sigues a la gente, Jordi? Estás enfermo"; Sí, y si tienen un buen culo, mejor, pero no era el caso). Ese barrio es un imán para mis profesores de instituto. Ocho, como mínimo. Y otros dos que no deben vivir mucho más lejos. Algunos, compartiendo escalera. Otros, hasta cama.

En el instituto tenía mala fama. Fama de dura, de exigente. No fue un gran año. Aprobé Filosofía de COU en septiembre, y no guardo tan mal recuerdo. Ahora que pienso, creo que la tuve también en tercero. Por algún rincón debe andar la libreta. La he visto más veces: paseando con una amiga (ella, claro) sobre todo y, este año, también en dos actos de la escuela oficial. No la he saludado nunca, pero me sigue pareciendo una buena mujer. Implicada.

En la acera del parque, desaparece en un portal. Reduzco el paso para no encontrarla todavía abriendo la puerta. El número del portal me llama la atención. Buscaba el último número de 52. Y allí estaba.